Día 4. Ayutthaya: historia viva de Tailandia

Baan Lotus

Baan Lotus

Amanecemos en Ayutthaya con la primera luz del alba. Al asomarnos por nuestra ventana, descubrimos el agradable jardín con laguna incluida del que dispone el Baan Lotus Guesthouse en su parte trasera, y que la noche anterior había pasado desapercibido para nosotros (debido a la lógica ausencia de luz a esas horas). Desayunamos en la recepción del propio alojamiento, donde nos ofrecen tostadas con café y un plátano por 50 bahts cada uno. Todo está muy bueno y nos sienta de maravilla, más teniendo en

Esperando a nuestro tuk-tuk

Esperando a nuestro tuk-tuk

cuenta el enclave en el que estamos. Sobre la laguna del jardín, hay una casa de madera provista de hamacas y una mesa que completa el estilo de la casa tradicional tailandesa en la que se instala el alojamiento. Todo un lujo para el relax.

La simpática señora que regenta la casa nos ofrece un servicio de tuk-tuk en el que recorreríamos los puntos más importantes de Ayutthaya por 200 bahts cada uno. Aceptamos sin dudar, ya que los precios que ofrecen los “tuktukeros” de la zona por el mismo servicio rondan los 500 – 600 bahts. Andando es prácticamente imposible verlo todo en un día, y es el tiempo del que disponemos. Mientras esperamos a que llegue el tuk-tuk a recogernos, nos relajamos en las hamacas de la laguna con el cantar de los pájaros tropicales del jardín como hilo musical.

Media hora más tarde aparece nuestro vehículo, a manos de un conocido de la propietaria del Baan Lotus. Éste conduce relativamente bien (teniendo en cuenta la locura de la que hacen gala algunos conductores tailandeses y el caos circulatorio que reina por estos lares).

Wat Yai Chai Mongkon

Wat Yai Chai Mongkon

Nuestra primera parada es el Wat Yai Chai Mongkon (20 bahts por persona). El conductor nos deja media hora para verlo, poco tiempo para admirar tanta belleza. El encanto de los templos de Ayutthaya reside en la antigüedad de los mismos, éste en concreto fue fundado en el siglo XIV, aunque la parte más importante data del siglo XVI. Las estupas y estatuas de buda están adornadas con unas vestimentas amarillas que provocan un bonito contraste con el blanco antiguo de la piedra en que están construidas. Cabe destacar la enorme estupa principal y el buda reclinado. Visita imprescindible en esta ciudad, aunque esté un poco alejado del centro.

En el camino al Wat Lokkayasutharam, el siguiente “templo” (por llamarlo de alguna forma, ya que lo único que queda en pie es un enorme buda reclinado, más grande que el anterior), nos aguardaría uno de los peores sustos del viaje. Un despistado conductor apareció en nuestro carril circulando en sentido contrario, a la entrada de la carretera. Gracias a la pericia de nuestro “tuktukero” y a que el otro conductor pudo frenar a tiempo, evitamos un choque frontal. Faltaron centímetros… ¡sentí cómo se me encogió el corazón! Dentro de lo que cabe, la suerte estuvo de nuestro lado…las medidas de seguridad para los pasajeros que van en la parte de atrás de los tuk-tuks son inexistentes.

Wat Chaiwatthanaram

Wat Chaiwatthanaram

Una vez recuperados del susto, y después de visitar brevemente el Wat Lokkayasutharam (entrada gratuita), nos dirigimos al que, para mí, es el templo más impresionante de Ayutthaya; el Wat Chaiwatthanaram. La entrada cuesta 20 bahts, pero nosotros no entramos, ya que desde fuera se acierta a ver prácticamente lo mismo, y admirar más si cabe su grandiosidad, al poder contemplar todo el edificio en su conjunto. Su arquitectura recuerda al archiconocido Angkor Wat de Camboya, y es que éste templo también tiene una clara influencia jemer, lo cual se puede apreciar en sus estupas con forma de mazorca de maíz.

Wat Phu Khao Thong

Wat Phu Khao Thong

A continuación, el tuk-tuk se aleja considerablemente de la ciudad para acercarnos hasta el Wat Phu Khao Thong (entrada gratuita), situado junto a una estatua del rey Naresuan montado a caballo. Este templo es también bastante espectacular, tiene forma piramidal y su altura y color blanco no pasan desapercibidos. Elena se entretuvo jugueteando con las vacas que pastan plácidamente bajo la pirámide. Para protegernos del sol (el cual nos abrasaba con bastante fuerza), nuestro conductor nos prestó un par de sombrillas muy útiles, con las que subimos hasta lo alto del templo sin problemas. Una vez arriba, se puede acceder a un pequeño altar situado al final de un pasillo ridículamente estrecho, teniendo en cuenta el tamaño del templo.

En el tramo final del recorrido visitamos lo que se conoce como Centro Histórico de Ayutthaya, formado por gran cantidad de templos en bastante mal estado, circunstancia provocada por el saqueo al que sometieron la ciudad los birmanos en el siglo XVIII. Budas decapitados y ruinas de templos medio derruidos se acumulan en esta zona. Primeramente paramos en el recinto donde están los elefantes en los que se puede montar para visitar el centro. El conductor, muy sonriente y con toda la buena intención del mundo, nos guía hasta un cuadrilátero donde se ofrecen espectáculos en los que estos paquidermos son los protagonistas, convencido de que quedaremos encantados. Nada más lejos de la realidad, el maltrato animal del que allí se hace gala nos horroriza. Los elefantes son pinchados constantemente por sus cuidadores con un terrible punzón que les deja el cuello marcado, de esta forma consiguen que hagan lo que ellos desean. Realmente sufrimos viendo aquello, no tardamos mucho en volver con nuestro conductor para que siga con nuestro recorrido.

Elefantes en el Centro Histórico de Ayutthaya

Elefantes en el Centro Histórico de Ayutthaya

La última parada del tuk-tuk corresponde con el Wat Phra Si Sanphet (50 bahts), otro de los templos más famosos de Ayutthaya. Junto a él hay un templo algo más moderno, provisto del típico tejado tailandés, que aloja una estatua dorada gigante de Buda sentado (al que Elena sacó cierto parecido conmigo). El tuktukero se despide en este punto de nosotros y, dado el buen servicio recibido, decidimos compensarle con una pequeña propina de 20 bahts, lo cual nos agradece amablemente. Continuando hacia el este, nos encontramos con un bonito lago adornado con puentes y pequeños templos de llamativos colores entre los que emergen antiguas estupas jemeres. El contraste compone un exótico paisaje digno de admirar. Continuando en la misma dirección, llegamos hasta el Wat Mahathat (50 bahts), dentro del cual se encuentra la famosa cabeza de Buda enclaustrada en las raíces de un árbol. Dado el cansancio y el asfixiante calor, decidimos no entrar y concluir nuestra visita de la parte histórica de Ayutthaya. Desde fuera conseguimos hacer una foto lateral de la famosa cabeza (doblando la esquina que hay hacia la derecha de la entrada).

Aunque un poco tarde, es hora de comer. Tomando la calle que sube hacia la izquierda desde la entrada del Wat Mahathat, encontramos una especie de restaurante al aire libre con mesas de piedra donde comían un buen número de lugareños (señal inequívoca de que es barato y se come bien, los restaurantes para turistas tienen precios un tanto abusivos, siempre teniendo en cuenta los precios que se manejan en Tailandia). Pedimos unos noodles, pinchos de pollo con una salsa exquisita cuyo origen aún desconozco, una ensalada y algún pequeño acompañamiento, además de una botella de agua (todo ello por algo más de 100 bahts). Probablemente sea el día que mejor hemos comido en todo el viaje, sabores auténticos de la gastronomía local, sin excesivo picante (aquí prácticamente toda la comida pica bastante…).

Delicatessen tailandesa

Delicatessen tailandesa

Después de tomar unos helados de postre, nos dirigimos al Baan Lotus para recoger las mochilas y partir de nuevo hacia el muelle donde se coge el transbordador que nos llevará de vuelta a la estación de tren de Ayutthaya. Mientras esperamos el barco, un simpático monje con la típica túnica naranja habla con nostros un rato, por primera vez un tailandés reacciona hablando de flamenco y castañuelas en vez de fútbol cuando descubre que somos españoles.

El viaje de vuelta en tren nos costó algo más que el de ida (20 bahts por persona) dado que el tren era un “expreso”, el cual nunca apareció (algo más o menos habitual en Tailandia). Tuvimos que esperar una hora más para coger el siguiente tren con destino Bangkok.

Recorrido por Ayutthaya (click para ampliar)

Recorrido por Ayutthaya (click para ampliar)

Llegamos a la estación de Hua Lamphong (Bangkok) alrededor de las 20:30 – 21:00. En unos 20 minutos nos plantamos en nuestro alojamiento para esa noche (500 bahts la habitación doble), llamado New Road Guesthouse, el cual ya habíamos reservado a través de internet. La entrada está bastante bien cuidada, sin embargo, al entrar en nuestra habitación, descubrimos que se trata de un zulo al más puro estilo de secuestrador mexicano. Calor insoportable (aunque con un ventilador que no aliviaba en exceso), sucio, pequeño y con la pared descascarillada. Con toda seguridad el peor alojamiento de todo el viaje. Aun así, nos sirvió para pasar una noche. Esta pequeña decepción no mancha uno de los días más impresionantes de nuestro viaje a Tailandia. Nos quedamos con la imagen de como debió ser Ayutthaya en su época de esplendor: Espectacular (más aún de lo que es ahora).

2 respuestas a Día 4. Ayutthaya: historia viva de Tailandia

  1. Pingback: Descubrimos las impresionantes ruinas de Ayutthaya | Destino Kiwi

  2. Tony dijo:

    Chicos, que guapo!!!
    Josuelo, ahora te pareces a un pequeño Buda,jeje.
    Es increible como se aprovechan los viajes. Tened cuidado a ver si en esa habitacion ha habido asesinatos,jiji.
    Josu, a mi parecer a faltado alguna foto, como la de tu parecido con el Buda, o la habitacion del albergue.
    Un abrazo chicos!!!!!

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