Kandy y Nuwara Eliya. El tren de las Tierras Altas

Despertamos en el Eagles Rest Homestay, en las proximidades de Kandy. Las frondosas vistas tropicales de las montañas colindantes son tan espectaculares como lo eran al atardecer, aunque iluminadas de manera muy diferente por el implacable sol de la mañana. Una vez más, nos sorprendemos por el sublime paraje natural en el que nos encontramos. La agradable señora que se ocupa del negocio nos sirve un completísimo desayuno en el balcón de la planta baja del hostal mientras Honey, el cariñoso gato de la casa, exige nuestras caricias. Un inicio de día que no me importaría repetir por toda la eternidad…

Batallón de infantería en Kandy

Batallón de infantería en Kandy

Cargados de energía, tomamos nuestro tuk tuk rumbo al centro de Kandy. Bueno, casi. Aparcar en el centro es prácticamente misión imposible. La calle que circunvala el Estadio de Bogambara es una buena alternativa. Atónitos, advertimos que un batallón de infantería del ejército nacional se encuentra dentro del recinto del citado estadio. Parece que están entrenando diferentes posiciones y movimientos en formación, mientras un grupo de chavales dirime un disputado partido de fútbol en uno de los campos de entrenamiento. Así pues, tras invertir algo de tiempo en las inesperadas distracciones que nos ofrece el estadio, iniciamos nuestro recorrido por la que fue la última capital de los reyes de Sri Lanka hasta el siglo XIX, cuando el reino de Kandy, el último de carácter nativo, se convirtió definitvamente en colonia británica pasando a formar parte de Ceilán. Hoy en día está considerada como la capital cultural del país.

Comenzamos nuestra ruta a pie por la ciudad ascendiendo hacia el este hasta dar con el Royal Palace Park (también conocido como Wace Park), donde abonamos una simbólica entrada de 100 rupias por persona. Este parque ofrece una bonita vista panorámica de la ciudad de Kandy, aunque parcialmente oculta debido a su frondosa vegetación. También parece ser el lugar “oficial” donde las parejas muestran su amor públicamente. Todos y cada uno de los bancos del parque se encontraban ocupados por parejas locales, a cada cual más acaramelada. Tras el romántico paseo, y continuando con nuestra ascensión, llegaríamos hasta el Arthur’s Seat, donde, esta vez sí, tenemos una vista panorámica completa y extraordinaria del lago y de toda la población. Tras admirarla durante un rato, retomaríamos el mismo camino, esta vez en sentido descendente, efectuando un alto en el restaurante – hotel Nathashiya para descansar del calor y tomar un café, un helado y un batido (decepcionantemente caliente) por 860 rupias.

Templo del Diente de Buda

Templo del Diente de Buda

Acto seguido, descendemos hasta la orilla del Lago Bogambara para acceder directamente al Templo del Diente de Buda (Sri Dalada Maligawa), el lugar más sagrado de Sri Lanka y uno de los más importantes en todo el mundo budista. Cuenta la leyenda que el diente que alberga este templo fue salvado de la incineración del maestro tras su muerte, hace ya unos 2500 años. Con el fin de protegerlo contra los posibles saqueos, el diente fue trasladado de la India a Sri Lanka, concretamente a la ciudad de Anuradhapura, donde se mantuvo oculto durante siglos. A lo largo de las épocas venideras, la reliquia del diente de Buda sería trasladada a Polonnaruwa para, después de algunos traslados más, acabar en Kandy, donde permanece actualmente. Para este cometido se levantó el templo que tenemos ante nosotros, allá por el siglo XVI. Cabe mencionar que, al igual que en otros templos religiosos, las mujeres deben entrar con los hombros y los muslos cubiertos. El templo es un lugar esplendoroso y muy bien cuidado, parece que las 1500 rupias que cuesta la entrada son bien invertidas.

La bandera budista multicolor nos da la bienvenida en los jardines previos al templo, y nos regala la primera vista de la torre octogonal que alberga al Diente de Buda. Como en todos los templos orientados a esta religión, debemos acceder al mismo descalzos. Aquí es donde entra en juego el negocio del ropero, pues hemos de abonar 100 rupias por cada par de zapatos / sandalias que dejemos allí. Finalmente, pues, podemos cruzar el puente que sobrepasa el foso que rodea al templo para acceder a su abarrotado interior. Los fieles que se congregan allí se cuentan por miles, los esrilanqueses sienten verdadera devoción por este lugar. Tras un rato de espera guardando una cola en la cual el más avispado llega antes (es decir, sin demasiada organización…), accedemos al diminuto interior del octógono. Y allí, dentro de una pequeña estupa dorada que domina el centro del habitáculo, es donde se guarda el diente del maestro. Hasta ahí es hasta donde podemos llegar, pues la reliquia se muestra tan sólo en ocasiones muy especiales. Rodeamos la estupa en el sentido de las agujas del reloj (tal como indica esta religión), siguiendo al flujo de gente que se encuentra allí rezando prácticamente mientras camina, hasta abandonar nuevamente el octógono.

Lago Bogambara

Lago Bogambara

Junto al templo del Diente de Buda, es posible disfrutar, con la misma entrada, de los agradables exteriores de la zona y del Museo del Mundo Budista, una exposición temática sobre la presencia del budismo en diferentes países de Asia. Frente al citado templo, nuevamente al otro lado del foso, hay varios templos menores visitables tanto budistas como hinduistas, así como uno cristiano: la iglesia anglicana de San Pablo. Resquicio de la época colonial europea, fue construida a mediados del siglo XIX. En su solitario interior respiramos una paz absoluta que contrasta fuertemente con el bullicio que invade el Templo del Diente de Buda. Detrás de la iglesia, volveríamos a divisar a nuestros queridos paquidermos. Un par de elefantes encadenados que, suponemos, se utilizan en los desfiles culturales que a menudo tienen lugar en la localidad, en los que se cubre a estos animales con luces y ropajes de diferentes colores.

Tras estas visitas, pararíamos a comer en el caro y turístico (aunque muy agradable) Empire Café, de estilo colonial y situado en Temple Street, junto a la entrada de los jardines del Templo del Diente de Buda. Un par de deliciosos wraps acompañados por sendos refrescos y un helado sumarían la cifra de 2200 rupias. Tras ello, concluiríamos nuestra visita a la ciudad de Kandy con un agradable y sosegado paseo a lo largo de buena parte de la orilla norte del Lago Bogambara, rodeado de un frondoso e intenso verde tropical y dominado por la pintoresca isla que sirvió en su día al rey de Kandy como harén.

¡Cena polaca en el hostel!

¡Cena polaca en el hostel!

Antes de regresar a nuestro tuk tuk, pasaríamos por el supermercado Cargills del centro urbano para dejarnos 1215 rupias en productos varios destinados a la cena y la reposición de provisiones para el viaje del día siguiente. Ya de vuelta en nuestro hostal, coincidiríamos con Monika y Michal, una pareja polaca con la que haríamos muy buenas migas, llegando a compartir con nosotros productos de su tierra que Monika (nuestra Monika) echa mucho de menos y que también son muy de mi agrado, dentro de lo que es mi experiencia en Polonia: vodka Zubrowka y embutido Kabanosky… ¡ahí es nada! Acabaríamos, pues, nuestra última noche en Kandy con una cena de lo más animada, y que daría pie a un segundo encuentro varios días más tarde en el corazón de las Tierras Altas. ¡Saludos pareja, gracias por todo!

Al día siguiente, nuevamente apenados (algo muy común en los alojamientos de Sri Lanka), abandonaríamos el Eagles Rest Homestay. Otro completísimo desayuno nos llenaría de energía para iniciar el camino hasta nuestro próximo destino: Nuwara Eliya, ya en las Tierras Altas. Ponemos rumbo al sur, pues, con nuestro tuk tuk, tomando la carretera A1 y conectando con la A5 en Peradeniya. Poco a poco, el trazado se va volviendo más y más ascendente. Maravillosos campos de té comienzan a rodearnos a ambos lados de la carretera, invadiendo las montañas emergentes. Cada vez nos vemos obligados a realizar más paradas para contemplar la belleza de los paisajes que se muestran ante nosotros de tan esplendorosa manera. No hay duda, estamos entrando en las Tierras Altas de Sri Lanka, aquellas que escogieron los colonos británicos, y no por casualidad, para producir el que sería, probablemente, el mejor té del mundo: el té de Ceilán, Ceylon Tea.

Campos de té en Mackwoods

Campos de té en Mackwoods

Nos detenemos en el Tea Bush Hotel, cuyo aparcamiento ofrece unas soberbias y kilométricas vistas de las cascadas de Ramboda Falls y de los valles, montañas y lagos que forman este impresionante entorno natural. De postal, sin duda. Poco después, llegamos a la primera de las fábricas de té visitables gratuitamente en esta vasta región: Blue Field. Fácilmente reconocible por sus tejados azules, la fábrica se ubica, como no podía ser de otro modo, en un entorno natural maravilloso, rodeado de verdes colinas invadidas por plantaciones de té. Al ser domingo, nos quedaríamos sin ver la maquinaria de la fábrica en funcionamiento, aunque podríamos pasear libremente por sus instalaciones (tanto el interior del edificio como las plantaciones) impregnándonos del aroma del té para, acto seguido, probarlo en el “bar” del lugar, abonando tan sólo 310 rupias por los cuatro dulces que elegiríamos como acompañamiento.

Tras un par de paradas panorámicas más, nos detendríamos en otra de las fábricas de té más famosas de la zona: Mackwoods Labookellie. Dado que ya habíamos visitado el interior de una productora de té, aquí nos dedicaríamos únicamente a disfrutar del té gratuito que se nos ofrece en la terraza. Ésta se sitúa en un lugar privilegiado, frente a las impresionantes plantaciones que cubren completamente el valle que forma el río Ramboda Oya a su paso. Un lugar idóneo para relajarse y olvidarse del resto del mundo, dejándonos embriagar por las propiedades del mejor té del mundo. Imperdible. Poco más de una hora después de haber retomado nuestro camino, Rekin superaría satisfactoriamente la primera “etapa de montaña” del viaje, arrivando sin ningún problema a la localidad de Nuwara Eliya. Si, es posible recorrer las Tierras Altas en tuk tuk, teniendo en cuenta el pertinente aumento del gasto de combustible, claro está. Pararíamos a comer en el hotel Royal Residence (1210 rupias en total), donde comenzaríamos a denotar los vestigios de lo que fue en su día el centro neurálgico del negocio del té durante la época colonial. Salvando las diferencias, nos sentimos un poco más cerca de Inglaterra nuevamente, incluyendo el clima…

Victoria Park, Nuwara Eliya

Victoria Park, Nuwara Eliya

Sin dejar de hacer buen tiempo, el aire aquí es mucho más fresco (lo cual es un alivio después del calor de Kandy), y el lugar perfecto para disfrutar de un día como éste es el Victoria Park de Nuwara Eliya (entrada de 300 rupias por persona). Allí, el estilo colonial se hace aún más patente, y su mezcla con estilos asiáticos unido al buen estado en el que se mantiene el parque le confieren un aspecto tan agradable como las sensaciones que despierta en nosotros. No podemos negarnos un rato de relax tumbados sobre su inmaculado césped, disfrutando de los últimos helados de los que disponían en el quiosco del parque. Pareciera que todo estuviese preparado para nuestra llegada…

Al otro lado de la carretera principal, el edificio de la Oficina de Correos se ha convertido en uno de los más visitados de la localidad. También de origen colonial, pues data de 1894, su pintoresco aspecto y su torre del reloj no pasan desapercibidos. Así, finalmente, tras estas visitas, llegamos al Lake View Holiday Home, en el cual habíamos reservado una noche a través de Booking por 16$ (desayuno básico incluido) en habitación doble. Cabe mencionar que es preferible estacionar el tuk tuk cerca de la carretera principal, pues las brutales cuestas que conducen al hostal no son aptas para cualquier tipo de vehículo… este hecho también contribuye a que su ubicación nos conceda unas vistas privilegiadas del Lago Gregory y de esta parte de Nuwara Eliya desde las alturas. El chico que regenta el negocio es, como siempre ocurre en Sri Lanka, una gran persona. Un tipo muy sonriente, tímido pero dispuesto a ayudar en todo momento, preocupado por nuestro bienestar y nuestras posibles necesidades de transporte (aunque en nuestro caso, tenemos un tuk tuk que se ocupa de esta parte del viaje…).

El lago Gregory desde las alturas

El lago Gregory desde las alturas

Mataríamos el resto del día con un sosegado paseo a orillas del Lago Gregory (una parte es de pago), impregnados por la tranquilidad y la considerable caída de temperaturas que se produce a estas horas de la tarde/noche en esta zona, la cual nos obliga al uso de chaqueta. El mantenimiento de los parques que rodean la orilla del lago es ejemplar, y éste constituye un punto de reunión social para locales y foráneos, además de albergar el circuito de carreras de caballos que los colonos británicos construyeron aquí en su día, así como la práctica de algunos deportes náuticos. Cenaríamos en el exclusivo restaurante Indian Summer, donde degustaríamos algunos manjares típicos de la India por 2300 rupias en total. Y, así, concluiríamos nuestro primer día en las Tierras Altas. O al menos ésa era nuestra intención. Cuando pretendíamos comenzar a dormir, nuestros vecinos nos sorprenderían con el inicio de una fiesta que se alargaría hasta altas horas de la noche, y que se vería acompañada por la música “techno-esrilanquesa” procedente, a todo volumen, del templo budista situado en la orilla opuesta del lago. Parece ser que nuestra estancia había coincidido con una fiesta religiosa que tiene una duración de 3 días, y que nos dificultaría el sueño de sobremanera aquella noche. ¡Cosas que pasan!…

Recorrido por Kandy y Nuwara Eliya (click para ampliar)

Recorrido por Kandy y Nuwara Eliya (click para ampliar)

A la mañana siguiente, habiendo dormido no en demasía, desayunamos y ponemos rumbo a la cercana localidad de Nanu Oya. Allí es donde tomaremos el tren que habíamos reservado un par de días antes en Kandy (más información en mi anterior post), pues Nuwara Eliya como tal no dispone de estación. Durante el traslado, divisamos desde el tuk tuk un par de grupos de recolectores de té trabajando a velocidades vertiginosas, hoy es día laborable. En su mayor parte, estas trabajadoras, conocidas como tea pickers, son mujeres de etnia tamil, y realizan un trabajo muy duro a cambio de salarios mínimos. Ellas son mucho más productivas que los hombres, localizan más rápidamente las hojas válidas para la producción de té y pueden tomar varias en cuestión de un segundo. Continuando con nuestro recorrido, en poco más de media hora, nos plantamos en la estación de tren de Nanu Oya.

El tren de las Tierras Altas de Sri Lanka está considerado como uno de los ferrocarriles más impresionantes y escénicos del mundo. Y puedo dar fe de que es así. Aunque se podría considerar que el citado trayecto parte de Kandy y continúa mas allá de Ella, El tramo Nanu Oya – Ella está considerado como el rey de reyes, el más espectacular de todo el recorrido. No nos lo podíamos perder, aunque hubiésemos alquilado un tuk tuk para este viaje, prescindiendo así del transporte público. Ése era el motivo de realizar ese corto trayecto en lugar de partir desde Kandy. Habíamos decidido aparcar nuestro tuk tuk en la estación de Nanu Oya para recogerlo al día siguiente, realizando así el trayecto de ida y vuelta en tren, durante días consecutivos, pasando una noche en Ella. Esto sumaría un total de unas 6-7 horas de tren, algo parecido a lo que tardaría el tren sólo de ida desde Kandy hasta Ella. Otra opción para aquellos que deseen alquilar un tuk tuk para recorrer Sri Lanka sin perder la oportunidad de disfrutar de este recorrido en tren, es concertar con la empresa de alquiler la contratación de un conductor que traslade el tuk tuk entre las dos estaciones deseadas. Suelen cobrar alrededor de 50$ por este servicio.

El tren de las Tierras Altas

El tren de las Tierras Altas

Pues bien. Llegó el momento. El antiguo tren llega puntual a la estación de Nanu Oya. Accedemos al Observation Saloon, el último vagón, portando con nosotros los tickets que habíamos adquirido días antes en Kandy. Este vagón está provisto de grandes ventanales en su parte posterior pensados para regalar la vista de los pasajeros con el espectacular paisaje que nos espera. Realmente, las vistas desde cualquier vagón del tren son casi igual de impresionantes, como comprobaríamos durante el trayecto de vuelta. El tren inicia lentamente la marcha. Comienza nuestro viaje. Cámaras listas. Aún no somos conscientes de las maravillas que nos esperan durante las casi 4 horas siguientes (la vuelta será mas rápida). El tren comienza a ascender y pronto los campos de té se apoderan de las montañas colindantes. Estas vías fueron construidas aquí por los británicos allá por el siglo XIX, los cuales eran incapaces de prescindir del medio ferroviario en sus colonias. El hipnótico traqueteo del viejo tren le da un toque épico al viaje. Adoro este medio de transporte. Valles, montañas, bosque, pueblos, té y mas té… es difícil describir las sensaciones que nos invaden durante este histórico trayecto.

El tren llena de vida cada estación en la que efectúa parada durante el camino. Pequeños comerciantes aprovechan el momento para tratar de vender sus productos a los pasajeros (nosotros adquirimos varias samosas picantes por 20 rupias cada una). Los carteles que anuncian el nombre de cada una de estas estaciones, escritos en inglés y en cingalés, se convierten en una de las señas de identidad del viaje, recordándonos que esto, señores, es Sri Lanka. Bajo mi humilde opinión, es una de las actividades obligatorias a realizar en todo viaje a este país. Recorrer esta zona, en este medio de transporte, desde lo alto de semejantes paisajes, es un conjunto ineludible. Con el consiguiente cuidado, me aventuro a sentarme sobre el suelo de la entrada completamente abierta de nuestro vagón, a sentir cómo el viento fresco golpea mi cara, a sentir la libertad, allí, en el corazón de la isla de Ceilán… inolvidable… absolutamente inolvidable…

Surcando las montañas de Sri Lanka

Surcando las montañas de Sri Lanka