Singapur: la ciudad del futuro

La modernidad hecha ciudad, casi como viajar al futuro. La única ciudad-estado del mundo que se sitúa en una isla, un gigante asiático de pequeña extensión enclavado entre las inmensidades de Malasia e Indonesia, aunque con un nivel económico muy superior al de ambos. Casi 6 millones de habitantes concentrados en tan sólo 700 km cuadrados convierten a Singapur en uno de los países con mayor densidad de población del mundo. El resultado de todo esto, unido a la mezcla cultural que allí tiene lugar, es una ciudad vanguardista, única y esplendorosa.

Aeropuerto de Changi

Aeropuerto de Changi

La nota negativa para el viajero con respecto a este desarrollo económico son los precios que ofrece Singapur. Nada tienen que ver con los de sus países vecinos (tirando al alza, claro está…), hecho por el cual muchos nos decantamos por pasar allí apenas un par de días, en nuestro caso, aprovechando nuestro viaje por Malasia. Aún así, trataré de desmontar en cierta medida ese mito para asegurar que es posible visitar Singapur sin perder una fortuna en el intento. Nosotros así lo hicimos. Y qué mejor manera de comenzar el ahorro que utilizando la aerolínea Air Asia, la cual nos había traído desde el aeropuerto de Kuching, en la parte malaya de Borneo, por tan sólo £38 por persona.

Tras una primera toma de contacto con el espectacular aeropuerto de Changi, decidimos trasladarnos sin más demora al centro de Singapur, pues no disponíamos de mucho tiempo para visitar la ciudad. Eran casi las 12 del mediodía y debíamos coger nuestro vuelo de vuelta a Europa a las 8 de la tarde del día siguiente…

Adquirimos un par de billetes de metro en las máquinas expendedoras destinadas a tal fin hasta la estación de Raffles Place por 2,5 dólares de Singapur (SGD). Para hacernos una idea, un SGD equivale a unos 0,65 €. El metro, además de barato, constituye sin duda la forma más cómoda y eficiente de moverse por la ciudad. Moderno, limpio y puntual, una maravilla. Tras una primera visualización parcial de la ciudad en los tramos abiertos de metro, nos apeamos finalmente en Raffles Place, donde un radiante sol ecuatorial nos recibiría con un calor húmedo implacable, creando un fuerte contraste con el aire acondicionado polar que reina en la red de metro. Enormes rascacielos nos rodean desde los 4 puntos cardinales, formando un paisaje urbano ultramoderno absolutamente diferente del que Borneo nos había regalado los días previos. Estamos en otro mundo…

Mochileros en Singapur

Mochileros en Raffles Place

Caminamos hasta el cercano Boat Quay, un bonito paseo fluvial plagado de restaurantes asiáticos de diversa índole. La imperiosa necesidad de comer algo nos hacía un blanco fácil de convencer, y nos sentamos en el primer restaurante que se ofreció a ello, incluyendo un par de cervezas gratis: el Forum Seafood. Diferentes platos acompañados de arroz sumarían la redonda cifra final de 50 SGD entre los dos. Nada que ver con los precios que traíamos en mente desde Malasia, aunque también es cierto que nos encontramos en una zona diseñada para turistas. Honestamente, nos apetecía algo así después de casi 2 semanas en Malasia, pero es posible comer más barato en Singapur si es lo que uno busca.

La principal razón que nos trajo hasta el Boat Quay como primer destino es el hecho de que allí se encuentra nuestro alojamiento para la única noche que pasaríamos en Singapur: el 5Footway Inn Project. Dicho hostel, por llamarlo de alguna manera, es una especie de concepto experimental que no sabría muy bien cómo definir, pero que resulta un lugar bastante agradable. Como casi todo en Singapur, novedoso, original, mezcla de arte moderno con estilo oriental ancestral. Nuestra habitación, dominada por el blanco y el negro, es pequeña pero provista de 2 plantas conectadas por una escalera. Un estilo inusual pero interesante. Aunque habíamos reservado con antelación, no tuvimos que abonar los 96 SGD que nos costaría dicha habitación hasta nuestra llegada. Este precio incluiría todos los cargos, así como un desayuno continental bastante decente (a pesar de que la máquina de café no funcionaba correctamente), el cual se puede tomar en una terraza que ofrece unas bonitas vistas del Boat Quay y de parte del skyline de Singapur.

Mambo Beach Club, isla de Sentosa

Mambo Beach Club, isla de Sentosa

Sin más demora, dejaríamos nuestras mochilas y tomaríamos nuevamente el metro hasta la estación de Harbour Front (3,5 SGD ida y vuelta por persona). Desde allí, se puede conectar fácilmente con la isla de Sentosa, famosa por albergar los Universal Studios de Singapur, un enorme parque de atracciones prácticamente idéntico a cualquiera de los que podemos encontrar en Occidente. Eso sí, muy moderno. Decidimos iniciar el recorrido a pie, cruzando los Universal Studios hasta la playa de Siloso, situada al oeste de la isla de Sentosa. Esta playa, sin tener absolutamente nada que ver con las que habíamos disfrutado en Malasia, está bien para tomarse un baño y escapar del asfixiante calor de Singapur, a pesar de estar repleta de gente. Tras ello, nos permitimos tomar un par de cervezas por 33 SGD (las Coronas más caras que creemos haber pagado nunca…) en el Mambo Beach Club instalado frente a la propia playa, el cual trata de emular el estilo de los clubs más populares de Ibiza, he de reconocer que logrando un ambiente bastante similar. Allí nos “pegamos la fiesta” del viaje… tumbonas, piscina, arena, palmeras, gente de todas partes del globo, música house y rap americano… todo ello en primera línea de playa. ¡Muy recomendable!

Cena vietnamita en Little Saigon

Cena vietnamita en Little Saigon

Así, ya coincidiendo con los últimos rayos de sol del día, iniciamos el camino de vuelta a nuestro hostel. Descubrimos, no sin cierta sorpresa, que el Sentosa Express (Monorraíl que comunica la playa con la estación de Harbour Front) es gratuito. ¿Lo véis? Después de todo… ¡Singapur no es tan caro!. Así, nos colocamos al final de la larga fila de espera y, en poco más de 10 minutos, estamos dentro de dicho transporte. Absolutamente abarrotado. Combinando, pues, el Sentosa Express con el metro, llegamos nuevamente a nuestro alojamiento. Tras una merecida ducha, salimos en búsqueda de una cena especial ataviados con nuestros conjuntos más elegantes, pues será la última de la que disfrutemos en Asia, después de 2 semanas viajando por Malasia y Singapur.

Entonces, el lugar perfecto para dicho menester se cruza en nuestro camino: Little Saigon, en la animada zona de Clarke Quay, situada remontando un poco el río hacia el noroeste de Boat Quay. Como habréis adivinado por su nombre, nos encontramos ante un restaurante de comida vietnamita. E increíblemente buena, todo hay que decirlo. Probablemente, la mejor cena de todo el viaje, además de ser la que lo despide. No se me ocurre una mejor elección. A orillas del río Singapur, envueltos por la animada vida nocturna, la bonita iluminación de Clarke Quay, y los ténues farolillos orientales y candiles del Little Saigon, degustaríamos la más deliciosa bandeja de exquisiteces vietnamitas que podíamos llegar a imaginar, la cual no sería capaz de describir con palabras. Acompañada de dos exquisitos cócteles tropicales, la cuenta ascendería a 60 SGD perfectamente invertidos. Inolvidable…

Merlión

Merlión

Tras la espectacular cena, acudiríamos al corazón de Singapur, situado no lejos de allí: Marina Bay. Esta pequeña bahía concentra los principales atractivos de la ciudad. Accederíamos a ella por su extremo oeste, encontrándonos así en primera instancia con el símbolo nacional: el Merlión. Mitad pez, mitad león, nace como resultado de mezclar el origen de pueblo pesquero de la localidad con el significado del actual nombre de Singapur (ciudad de los leones). Desde este punto, la estatua del Merlión, el cual “escupe” constantemente agua sobre la bahía, domina la abrumadora panorámica de 360 grados que forma la ciudad.

Al sur, los rascacielos del centro financiero se alzan con una altura impresonante. Hacia el este, frente a nosotros, el lujoso y espectacular hotel Marina Bay Sands corona la bahía con su no menor tamaño y su peculiar arquitectura como si de una enorme tabla de surf se tratase. Y en la parte más noreste, el Singapur Flyer, la noria más alta del mundo con sus escalofriantes 165 metros de altura. Llegamos al Merlión justo a tiempo para presenciar el espectáculo de luces y sonido que tiene lugar cada día a las 21:30h frente al Marina Bay Sands (también se puede disfrutar a las 20:00h), el cual convierte toda la bahía en un lugar mágico por unos minutos, maravillando a la multitud que se congrega para entonces a su alrededor, y convirtiendo la visita a Singapur en un bonito sueño nocturno que concluiría nuestra primera jornada en la ciudad.

Skyline de Singapur desde el Esplanade

Skyline de Singapur desde el Esplanade

A la mañana siguiente, tras desayunar en el 5Footway Inn, volveríamos a Marina Bay para tener una visión completamente diferente de la bahía, y con idea de continuar hasta los Gardens by the Bay, situados tras el hotel Marina Bay Sands. Así, bajo la luz del día, volveríamos a visitar a nuestro amigo el Merlión para recorrer la bahía en dirección norte hasta el Esplanade, un edificio dotado de un moderno y curioso diseño que alberga en su interior, entre otras cosas, el teatro más famoso de Singapur, y el cual ofrece una bonita vista panorámica de la ciudad desde su azotea. Continuamos bordeando la bahía hacia el este y, tras el curioso campo de fútbol flotante instalado sobre el agua, giramos en dirección sur para cruzar el innovador puente que comunica con el hotel Marina Bay Sands.

Bajo el colosal hotel se instala un enorme centro comercial dotado de todo tipo de establecimientos, el cual nos ofrece la enésima vista panorámica del Skyline de Singapur, y donde nos detendríamos a tomar un almuerzo. El lugar elegido para ello sería el Toast Box, otra idea novedosa (al menos para nosotros). Un local muy agradable, sencillo pero con un estilo ciertamente clásico nos da la bienvenida. Disponen de tostadas de todo tipo, dulces, saladas, o extrañas combinaciones… Un par de estas innovadoras tostadas acompañadas por sendos cafés kopi (nominación que ya conocíamos tras nuestro paso por Malasia) nos permiten reponer fuerzas para el resto de la mañana. Todo ello por 14 SGD. Acto seguido, abandonamos el centro comercial a través de un puente que cruza la Bayfront Avenue para comunicar con el hotel Marina Bay Sands. Atravesamos su lujosa recepción para acceder a nuestro último destino en Singapur, situado tras el citado hotel: Gardens by the Bay.

Gardens by the Bay

Gardens by the Bay

La primera vista de los gigantescos jardines es espectacular. Lo primero que llama nuestra atención en la lejanía son los llamados “Supertrees”. Como su propio nombre indica, son enormes estructuras artificiales (la más grande alcanza los 50 metros de altura) en forma de árboles gigantes, las cuales serán rellenadas durante los años venideros por gran cantidad de plantas que crecen en su interior, formando así árboles gigantescos. Aún están en proceso, pues los jardines fueron creados en 2012 (este post ha sido escrito en 2016), aunque su visión ya comienza a ser espectacular. Me gustaría tener la oportunidad de admirarlos pasados unos años… quién sabe lo que nos depara el destino…

Tras esta visión general de los Gardens by the Bay, procederíamos a acercarnos a los Supertrees para verlos más detenidamente. Le hacen a uno sentirse realmente pequeño. Allí, junto a la base de estas enormes estructuras, decidiríamos detenernos a comer en el restaurante Peach Garden, situado en un edificio perfectamente camuflado con la naturaleza de los jardines. Por un precio total de 52 SGD disfrutaríamos de un plato de dumplings y una sopa de noodles acompañados por un par de pintas de cerveza Tiger, originaria de Singapur, aunque fácil de encontrar en casi cualquier parte del mundo.

Máscaras africanas

Máscaras africanas

Tras la comida, continuaríamos la agradabilísima visita por parte de la enorme extensión que ocupan estos jardines, creados por el gobierno de Singapur con la idea de convertir una ciudad ya verde en algo más, en una “ciudad en un jardín”. Ésa fue la versión oficial para su lanzamiento. El resultado es absolutamente impresionante, el clima de Singapur favorece el florecimiento de tan espectacular vegetación de una manera asombrosa. Es un lugar donde uno se siente bien, rodeado de verde por todas partes. Visitamos algunas exposiciones de temáticas tales como arte africano o fotografía sobre la naturaleza de Costa Rica, agotando así nuestro tiempo en Singapur.

Deberíamos volver a nuestro alojamiento para realizar el check out y tomar el metro de vuelta al aeropuerto de Changi, llegando un par de horas antes de lo previsto. Esto formaba parte de nuestra planificación del viaje, pues el aeropuerto de Singapur constituye una atracción turística en sí. Dispone de todo tipo de comodidades, salas de descanso con sofás de masaje, “barrios de restaurantes locales” tal como si estuviéramos en plena calle, ocio, ordenadores, videojuegos y un sinfín de novedades respecto a otros aeropuertos. Demostraciones de alta tecnología a cada esquina. Un aeropuerto impresionante, un perfecto escaparate para lo que constituye el ideal de la ciudad-estado de Singapur: la tecnología del futuro.

Recorrido por Singapur (click para ampliar)

Recorrido por Singapur (click para ampliar)

Pobres, ricos, avanzados o atrasados tecnológica y económicamente hablando, todos los países y zonas de Asia me siguen entusiasmando, cada uno a su manera, cada uno con sus encantos. Todos con una naturaleza, una cultura y unos habitantes que dejan una huella imborrable en nuestros corazones. Aquí decimos “hasta pronto” a mi querida Asia. Nuestro regreso no se demorará. En un par de meses, habrá nuevos relatos.

Que el camino continúe, pues…

Marina Bay Sands, Singapur

Marina Bay Sands, Singapur

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