15 horas en Moscú

Un grado bajo cero. Pero no llueve. Tampoco nieva. ¿Frío? Sí, pero, teniendo en cuenta dónde nos encontramos, el tiempo podría ser mucho más duro: Moscú, la ciudad más cara del mundo, o al menos esa es la fama de la que presume… Afortunadamente para nosotros, creo que esto no es una realidad. Puede que no sea la ciudad más barata que podamos imaginar, pero no es más cara que muchas zonas de Reino Unido, sin ir más lejos.

Catedral de San Basilio

Catedral de San Basilio

La historia de cómo llegué hasta aquí junto a mi hermano Rodrigo es bastante fortuita, el motivo real por el que disponemos de 15 horas en la capital rusa no es otro que el hecho de constituir la escala para el vuelo más barato que encontramos tratando de llegar a nuestro verdadero destino en este viaje: Myanmar.

Antes de nada, he de aclarar que es necesario obtener un visado de tránsito que cuesta alrededor de 50€ para entrar en Rusia en estas condiciones, y que se debe hacer con la mayor antelación posible, ya que, al menos en nuestro caso, tuvimos algunos problemas con los plazos establecidos y con los envíos y recogidas de documentación. En la Central de Visados Rusos situada en Madrid nos informarán sobre todo lo necesario al respecto:

C/ Príncipe de Vergara, 126. 28002 Madrid. 902 17 27 77

Así pues, reservamos un vuelo de ida y vuelta para el trayecto Madrid – Bangkok y con escala en Moscú por el módico precio de 480€, a través de la web de la compañía rusa Aeroflot, la cual, curiosamente, mantiene en su logotipo la hoz y el martillo propios de la antigua Unión Soviética, simbología que se volverá a repetir impresa en muchos de los souvenirs que podremos encontrar en las tiendas de la ciudad:

http://www.aeroflot.ru/cms/en

Una vez en la capital tailandesa, conectaríamos con Myanmar a través de Air Asia, pero eso ya es otra historia… que, por supuesto, contaré con todo tipo de detalles en DestinoKiwi. En cuanto a la compañía Aeroflot se refiere, recibimos una grata sorpresa. El estado de las aeronaves es excelente, incluye almuerzos muy completos, bebidas frías y calientes y una pantalla interactiva que nos recordó en gran medida a las todopoderosas compañías aéreas de Oriente Medio. Sólo cabe mencionar un pequeño incidente con el equipo interactivo de uno de nuestros asientos que la tripulación solventó con un reinicio del sistema. Compañía bastante recomendable en líneas generales.

Metro de Moscú

Metro de Moscú

Aterrizamos, pues, en el aeropuerto moscovita de Sheremetyevo a primera hora de la mañana, y tomamos el Aeroexpress, un tren que conecta con la estación de Belorussky por 900 rublos ida y vuelta. Lo cierto es que los barrios periféricos de la ciudad no son especialmente atractivos, y están formados por tétricos edificios rodeados parcialmente en ese momento por secciones de nieve y hielo, y que parecen construidos con el único fin de dar cobijo a los millones de trabajadores que daban vida a las enormes cadenas de montaje que alimentaron el poderío industrial y armamentístico de la URSS, sin detenerse lo más mínimo en el tema estético. Una vez en la estación de Belorussky, podemos acceder a la extensa red de metro de la que dispone Moscú, uno de los atractivos indudables de la ciudad. Paseando por estas galerías, cuya primera inauguración se produjo allá por la década de 1930, bien podríamos pensar que estamos recorriendo un palacio de la época de los Zares. Tomamos un billete sencillo por 50 rublos hasta la estación de Teatralnaya, muy próxima al corazón de Rusia: la Plaza Roja. Como curiosidad, cabe mencionar que, en contra de lo que solemos pensar, el nombre de Plaza Roja procede de un atiguo vocablo en ruso que significa Plaza Bonita, y no del pasado comunista del país más extenso del mundo, ni tampoco del intenso color rojo que domina gran parte de la plaza.

Plaza Roja

Plaza Roja

Es hora, pues, de sacar a relucir nuestros extravagantes abrigos adquiridos en tiendas de ropa usada de Bristol, los cuales nos conferían un aspecto ciertamente curioso y llamativo (por describirlo de alguna forma…), y cuyo único destino era servirnos durante un día para ser abandonados al final del mismo en la capital rusa, ya que, de lo contrario, serían un peso muerto durante nuestro viaje por las calurosas tierras de Myanmar.

Lo cierto es que el centro de Moscú no tiene absolutamente nada que ver con la periferia, y la estética aquí esta mucho más cuidada. El ejemplo más claro es la hermosa Catedral de San Basilio, la cual data del siglo XVI y cuya imagen casi se ha convertido en el símbolo de la ciudad, haciendo gala de una arquitectura y colorido que embelesan la vista de sobremanera, ofreciendo un aspecto exterior impresionante. El acceso al interior cuesta 350 rublos aunque, personalmente, creo que no cumple con las expectativas después de admirar la espectacularidad de sus exteriores. En el otro extremo de la Plaza Roja se encuentra el Museo de Historia de Rusia, en uno de los laterales el centro comercial GUM y, en el otro, el Mausoleo del célebre político ruso Lenin bajo uno de los muros del palacio del Kremlin, símbolo del poder de la Unión Soviética, actualmente reconvertido en un enorme museo que no tuvimos tiempo de visitar.

Tumba del Soldado Desconocido

Tumba del Soldado Desconocido

Así pues, iniciamos nuestro recorrido alrededor del Kremlin en dirección suroeste, encontrándonos en primera instancia con la Tumba del Soldado Desconocido, monumento caracterizado por una llama que jamás se apaga en memoria de los soldados rusos caídos en la Segunda Guerra Mundial frente a la Alemania Nazi. Nuestro recorrido alrededor del palacio se torna algo peligroso debido a las placas de hielo que invaden el suelo, y nos damos cuenta de que todos los vehículos que conforman el denso tráfico de la ciudad están invadidos casi en su totalidad por una capa de suciedad de aspecto bastante desagradable que parece provocado por la nieve y el hielo que azotan Moscú en estas fechas. Desconozco si el motivo es la dejadez de sus propietarios, o el hecho de que estas condiciones ensucien tan rápidamente los vehículos…

Catedral de Cristo Salvador

Catedral de Cristo Salvador

La zona sur del recorrido, sin embargo, nos obsequia con unas bonitas vistas del río Moscova, el propio Kremlin y la catedral de Cristo Salvador, para finalmente volver a la Plaza Roja coincidiendo con la hora de comer a fin de iniciar la búsqueda de algún restaurante que nos convenciera en este menester. Al parecer, dimos en el clavo… tras un rato de búsqueda, nos llama la atención el anuncio de un restaurante ruso-armenio llamado Noyan Tun situado en el centro comercial Nikol’Skaya Plaza. Degustamos platos tales como humus, pollo y fideos armenios, entre otros. La decoración es bonita y llamativa, el servicio correcto, el precio resulta extremadamente barato para lo que esperábamos de Moscú (930 rublos entre los dos), y salimos de allí francamente contentos, para después hacer un pequeño recorrido por el centro comercial GUM, y acercarnos hasta la catedral de Cristo Salvador, la cual habíamos divisado ya desde la lejanía en nuestro trayecto alrededor del Kremlin. La catedral tiene un tamaño imponente, y si ya por fuera es bonita, por dentro es absolutamente espectacular, impecable. Algo distinta de lo que podemos estar acostumbrados en las catedrales católicas españolas, ya que ésta es ortodoxa y su forma y distribución interior difieren al respecto. Como aliciente para visitarla, la entrada es gratuita.

Acto seguido, cruzamos el río Moscova y continuamos bajando por su orilla sur hasta una gigantesca estatua de casi 100 metros de altura que domina toda la zona fluvial, eregida en honor al monarca ruso Pedro el Grande, cuyo sobrenombre le fue otorgado debido a sus dos metros de estatura, para después volver de nuevo a la Plaza Roja y disfrutar de ella iluminados ténuemente por los últimos rayos de sol del día, propiciando así una bonita despedida de la capital del mayor país del mundo.

Recorrido por Moscú

Recorrido por Moscú (click para ampliar)

Así concluyen nuestras 15 horas en Moscú. Debemos tomar los mismos transportes a los que recurrimos en el trayecto de ida para volver al aeropuerto de Sheremetyevo con tiempo de tomar el siguiente vuelo que tenemos reservado con Aeroflot y que nos llevará a una vieja conocida por ambos… Bangkok. Aterrizaríamos en el aeropuerto internacional de Suvarnabhumi a la mañana siguiente y pasaríamos una noche en la capital Tailandesa, en la cual prácticamente no tuvimos tiempo de visitar nada. Os invito a que consultéis mis anteriores posts sobre Bangkok si queréis conocer más sobre esta maravillosa y carismática ciudad.

A la mañana siguiente, tomaríamos otro vuelo que nos llevaría a nuestro destino. Y aquí es donde conectaremos con la siguiente actualización del blog: nuestra llegada a Myanmar, el inicio de una maravillosa aventura que ha dejado una huella imborrable en nosotros. Pero, por el momento, me quedaré con esta bonita estampa del primer alto en nuestro viaje, una ciudad con una historia apasionante y que ha tenido una importancia crucial en el desarrollo de la situación sociopolítica global en todo el planeta… Moscú.

Vista panorámica del palacio del Kremlin

Vista panorámica del palacio del Kremlin

3 respuestas a 15 horas en Moscú

  1. Pingback: Primera parada en el viaje: Moscú, Rusia | Destino Kiwi

  2. José Ciudad dijo:

    Estupenda crónica, un país increible en verdad.

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