Praga, ciudad de cuento

Verdes montañas cubiertas de bosque van pasando rápidamente ante nuestras miradas, pequeños y bonitos pueblos de estilo muy europeo van apareciendo súbitamente alrededor de la vía férrea. Atravesamos parte de la República Checa a bordo del LEO Express, la mejor opción que encontramos para trasladarnos desde Cracovia a Praga, pues el motivo de nuestra visita a esta ciudad es principalmente su cercanía al sur de Polonia, completando así nuestra semana en dicho país con 2 días más en la capital de la República Checa, poniendo la guinda del pastel a nuestro viaje. Habíamos reservado el citado transporte con más de un mes de anterioridad a través de la página web de LEO Express por 798 Coronas Checas (CZK) entre los dos, equivalente a unos 30€.

LEO Express

LEO Express

Dicho ticket incluye un trayecto de poco más de 2 horas en un autobús de la compañía muy correcto (incluyendo un pequeño dulce y algo de beber) desde Cracovia hasta la estación de tren de Bohumin, localidad situada muy cerca de la frontera entre Polonia y República Checa y perteneciente a ésta última. Como único contrapunto del viaje cabe mencionar el desafortunado comentario del conductor del autobús al término del mismo, el cual nos hace saber que le molesta que riamos en el interior del vehículo, algo incomprensible para mí. No obstante, Monika me comentó que no es la primera vez que le ocurre algo así en Polonia, supongo que las diferencias culturales son mayores en determinadas circunstancias.

En la estación de Bohumin tomaríamos el magnífico tren de LEO Express, limpio, nuevo y de un aspecto imponente. Incluido en el precio de la reserva que mencioné anteriormente. Atravesaríamos así buena parte del país hasta plantarnos en la capital, Praga, en unas 3 horas y media, disfrutando durante el trayecto de un par de platos de pollo tikka y un café no incluidos en la reserva (220 CZK en total), servidos en formato de comida de avión por las azafatas del tren.

Disfrutando de nuestro palacio

Disfrutando de nuestro palacio

En el punto de información turística de la estación de Hlavni Nadrazi, ya en Praga, adquirimos la Prague Card para dos días, la cual da derecho a utilizar todo el transporte público urbano de manera ilimitada, así como a entrar a los principiales puntos de interés turístico. Aunque su precio asciende a 1250 CZK por persona, constituye un importante ahorro si se tienen un gran número de visitas en mente dentro de la ciudad. Más información en su página web: Prague Card

Así, nos dispondríamos a instalarnos en nuestro hotel, situado extremadamente cerca de la estación de tren. HOTEL con mayúsculas. El lujo del viaje. No acostumbro a reservar este tipo de habitaciones, prefiriendo elecciones más sencillas y económicas, pero éste era parte del regalo de cumpleaños de Monika, y opté por algo más especial: el Boscolo Prague. Un palacio de estilo neoclásico de 5 estrellas absolutamente espectacular, provisto de un spa climatizado en la planta baja accesible gratuitamente para los clientes a determinadas horas, televisión por cable en las habitaciones, juego de café y té, minibar, etc. Aunque el ambiente de los empleados y huéspedes del hotel es demasiado “pijo” para mi gusto, las instalaciones son impresionantes. Al ser un regalo, no desvelaré el precio de la reserva (depende de las fechas), aunque os dejo un enlace a su página web para posibles interesados: Hotel Boscolo

Torre de la Pólvora

Torre de la Pólvora

Aquella tarde ya sólo tendríamos tiempo de disfrutar del spa del hotel, tomarnos un par de fotos con la cercana Torre de Jindrisska, construida en el siglo XV bajo un pintoresco estilo gótico, y de cenar en el delicioso restaurante italiano Green Tomato hasta saciarnos por completo (703 CZK entre los dos), antes de irnos a dormir a nuestra habitación más propia de reyes de otra época…  Amaneceríamos, a la mañana siguiente, con una agradable taza de café en la cama para, acto seguido, iniciar nuestro recorrido por la preciosa ciudad de Praga. Realizaríamos el check out de nuestro hotel de ensueño para volver a la realidad (dejando allí las maletas con idea de recogerlas posteriormente), pues las dos siguientes noches las pasaríamos en un hostal más cercano al aeropuerto (nuestro punto de salida de la ciudad) y más ajustado a nuestro presupuesto para el viaje.

La situación del Boscolo Prague es ideal para iniciar la visita a la Ciudad Vieja (Stare Mesto). Así, tras un magnífico y abundante desayuno en la agradable cafetería U Maurizzia, compuesto por pequeñas pizzas cuadradas, bollería y un café (280 CZK entre los dos), nos dirigiríamos a la Torre de la Pólvora (Prasna Brana), puerta de entrada por excelencia a la Ciudad Vieja. Esta torre también es de estilo gótico y también data del siglo XV, alcanzando los 65 metros de altura. Se encuentra anexionada a la monumental Casa Municipal de Praga, cuya tonalidad amarillenta forma un curioso contraste con el color ennegrecido de la Torre de la Pólvora. La entrada a ésta última está incluida en la Prague Card, y su parte más alta ofrece una bonita vista panorámica de la ciudad, aunque más adelante nos daríamos cuenta de que no la mejor. Aún así, ya vamos vislumbrando la maravillosa estampa de esta ciudad de cuento.

Reloj Astronómico de Praga

Reloj Astronómico de Praga

Un placentero paseo por las callejuelas del Stare Mesto entre coches clásicos nos conduce hasta la Plaza de la Ciudad Vieja, el verdadero corazón de Praga. Gran cantidad de edificios históricos construidos mayoritariamente entre los siglos XII y XIV rodean la plaza y la convierten en un lugar fantástico, el cual congrega diariamente miles de visitantes. Un grupo de música local que cuenta con algunos instrumentos bastante curiosos anima en ese momento el ambiente. La estrella de la plaza, al menos a pie de calle, podría ser el Edificio del Ayuntamiento, el cual funcionó como tal hasta el siglo XVIII, y el cual presume de contar con el reloj medieval más famoso del mundo: el Reloj Astronómico de Praga. Además de marcar las horas, éste representa también el calendario y las óribtas del sol y la luna, y cuenta con un complicado mecanismo que lo hace funcionar. Una oscura leyenda, tal como en otros muchos lugares de Praga, sobrevuela la figura del reloj, pues se dice que las autoridades locales de entonces mandaron quemar los ojos de Hanus, el maestro relojero que diseñó semejante obra de arte e ingeniería, a fin de que no repitiera o mejorase su obra en otras ciudades, manteniendo así la exclusividad del Reloj Astronómico en Praga. Brutal…

La subida a la Torre del Ayuntamiento también se encuentra incluida en la Prague Card, y las vistas que ofrece desde las alturas superan cualquier expectativa al respecto. ¡Totalmente impresionante! ¡una maravilla!. A mi juicio, la estampa más bonita de Praga. Aquí uno se da cuenta de que la verdadera protagonista de la Plaza de la Ciudad Vieja es la Iglesia gótica de Nuestra Señora de Tyn, la cual pasaba más desapercibida a pie de calle, parcialmente ocultada entonces por otros edificios de menor tamaño, pero visible en todo su esplendor desde las alturas. Sus dos espectaculares torres picudas coronan toda la panorámica de una manera inverosímil, otorgándole ese estilo tan típico de Praga, más propio de cuentos de princesas y caballeros que de la historia real, no me cansaré de repetirlo durante todo el post… nos tiraríamos un buen rato admirando semejante estampa e inmortalizándola con nuestras cámaras una y otra vez. ¡Podréis ver el resultado si termináis de leerme!

Recorrido por Praga (click para ampliar)

Recorrido por Praga (click para ampliar)

Tras ello, bajamos de la torre y, en la zona noroeste de la plaza, accedemos al interior de la tranquila Iglesia de San Nicolás, continuando después hacia el norte hasta el Barrio Judío (Josefov), el cual fue concebido tras la unión de las dos comunidades judías existentes en la zona durante la Edad Media, y en el que encontraremos un gran número de referencias al famosísimo escritor de origen judío Franz Kafka, pues nos encontramos en su tierra natal. Nuestra primera visita dentro de esta zona de Praga correspondería con la Sinagoga Maisel, la cual cuenta en su interior con un pequeño museo sobre la historia de los judíos en Praga, y cuya entrada está incluída en la Prague Card.

Tras la visita, nos detendríamos a comer en el Kolonial, un curioso restaurante cuya decoración está basada en la historia de la bicicleta. Allí entablaríamos contacto con la cerveza checa, cuya fama la sitúa entre las mejores del mundo, muchos afirman que la mejor. Aunque más adelante tendríamos ocasión de probar marcas como Pilsner Urquell o Staropramen, en mi humilde opinión ninguna supera a la que probamos en este local: Velkopopovicky Kozel oscura, refinada y con un tacto y un sabor espectaculares. Un par de jarras de Kozel acompañadas de un par de platos típicos checos elaborados a base de diferentes tipos de salchicha sumarían la razonable cantidad de 255 CZK y constituirían el amuerzo del día. Reconfortante, sin duda.

Antiguo Cementerio Judío

Antiguo Cementerio Judío

Con las energías recuperadas, accederíamos al interior del Antiguo Cementerio Judío, situado justo enfrente del Kolonial, y accesible también con la Prague Card. Este lugar es tan sobrecogedor como impactante. Aunque no se sabe a ciencia cierta, se cree que este cementerio se utilizó entre los siglos XV y XVIII, constituyendo el único lugar en toda la ciudad en el que las personas de creencia judía podían ser enterradas, acumulando así capas de tumbas a lo largo de los siglos, pues dicha religión dicta que, una vez enterrados los cuerpos, éstos no deben ser trasladados, y el tamaño del recinto no es demasiado grande. Todo ello ha dado lugar a un inquietante aspecto en el que las lápidas se juntan unas con otras conformando una visión espeluznante. Uno de los lugares más impactantes de Praga, sin lugar a dudas. En esta zona, hay más sinagogas visitables y cuya entrada está incluída en la Prague Card, pero nosotros decidimos aprovechar lo que restaba de día en conocer otros puntos de la ciudad.

Puente de Carlos

Puente de Carlos

Así, tras contemplar el auditorio Rudolfinum, tomaríamos un par de cafés bastante caros y escasos (145 CZK entre los dos) en el restaurante Marina, instalado en un barco de dimensiones considerables que flota sobre el río Moldava y ofrece unas bonitas vistas del mismo y del antiquísimo Puente de Carlos (Karluv Most), nuestro próximo destino. Éste data del siglo XIV, y recibe su nombre del rey Carlos IV, quien aprobó su construcción para comunicar las dos zonas más importantes de Praga: el Stare Mesto y el Mala Strana. El puente cuenta con 500 metros de longitud y 10 de anchura, pues fue diseñado para el tráfico de carruajes. Se encuentra majestuosamente decorado con 30 estatuas situadas a ambos lados del puente, y su vista junto con las torres de entrada situadas a ambos extremos del mismo es, una vez más, digna de cuentos. Preciosa. El único punto negativo es el constante exceso de turistas que abarrotan el puente. Quizá el momento perfecto para fotografiarlo sea el amanecer, aunque desgraciadamente no tuve ocasión de comprobarlo.

La Casa Danzante

La Casa Danzante

Proseguiríamos nuestro camino rumbo al sur adentrándonos en la Ciudad Nueva (Nove Mesto) con la intención de visitar la Casa Danzante (Tancici Dum), un curioso edificio moderno que se retuerce sobre sí mismo de una manera un tanto inverosímil. No lejos de allí, tomaríamos el metro (para su uso, basta con mostrar la Prague Card en caso de que sea necesario) en la estación de Karlovo Namesti hasta Namesti Republiky, con el fin de recuperar nuestras maletas en el hotel Boscolo y tomar nuevamente el metro hasta la estación de Dejvicka, situada en una zona de Praga completamente nueva para nosotros. Cerca de dicha estación se encuentra el que sería nuestro alojamiento para las dos noches siguientes, las últimas de este viaje por el sur de Polonia y Praga: el Hostel Dakura de la calle Narodni Obrany, donde habíamos reservado las dos noches por 40€ buscando la opción más económica a través de Trivago.

Como era de esperar, estamos en un lugar completamente diferente del hotel Boscolo, pero nuestra habitación doble es más que suficiente para nosotros y el ambiente del hostal nos hace sentirnos muy cómodos. Una opción muy válida para visitar el Castillo de Praga y la Ciudad Pequeña (Mala Strana), situados relativamente cerca de allí, y con buenas conexiones con el aeropuerto. Ambas noches cenaríamos en el impronunciable Starvceska Krcma por unos precios que oscilarían entre 400 y 600 CZK en total, un restaurante de comida checa y buenas hamburguesas dotado de un maravilloso ambiente compuesto por decoración medieval, horno de leña y luz de candiles, y situado tan sólo a unos metros de nuestro alojamiento. Las largas esperas hasta recibir nuestros pedidos se hacen muy agradables en semejante entorno y acompañados de una buena cerveza checa…¡Muy recomendable!

Restaurante Starvceska Krcma

Restaurante Starvceska Krcma

A la mañana siguiente, comenzaríamos el día relativamente temprano para poner rumbo al Castillo de Praga, situado unos 15 minutos caminando hacia el sur desde nuestro alojamiento, accediendo así al mismo por su entrada norte. Antes de ello, realizaríamos un alto en el camino a fin de desayunar en el Coffeeroom situado junto a la parada de tranvía de Prazsky Hrad por 317 CZK en total (un par de cafés, un par de croissants y un pequeño panini). Una vez dentro del enorme recinto del Castillo de Praga, el más grande del mundo (aunque se trata más bien de un conjunto arquitectónico, no de la idea de castillo amurallado que nos viene inmediatamente a la mente), comprobamos que la Prague Card nos concede el acceso gratuito a los puntos más importantes del mismo, pudiendo ampliar la visita a nuestro antojo previo pago de las entradas complementarias. Bajo mi punto de vista, los lugares incluidos en la entrada básica son más que suficientes para hacernos una idea de lo que es la residencia de los presidentes de la República Checa, anteriormente también de los presidentes de Checoslovaquia, de los Reyes de Bohemia e incluso de los emperadores del Sacro Imperio Romano Germánico. Tendremos acceso, pues, a la Catedral de San Vito, el Antiguo Palacio Real, la Basílica de San Jorge y el Callejón del Oro.

Así, tras ver un pequeño desfile de una parte de la Guardia Real del Castillo, iniciaríamos la visita al enorme complejo. Mención especial merece la espectacularidad de la Catedral de San Vito, visible casi desde cualquier punto de Praga. Su construcción se inició en el siglo XIV aunque no sería terminada hasta varios siglos más tarde. En el Antiguo Palacio Real podremos contemplar, entre otros valores, una réplica exacta de las Joyas de la Corona Checa, compuestas por la Corona de San Wenceslao, el Manto de Coronación, el Cetro y el Orbe Real. Objetos de un valor incalculable, el más preciado tesoro de la historia de la monarquía en esta región. Los originales se guardan bajo 7 llaves a cargo de diferentes personalidades del país, pudiendo sólo abrirse cuando es acordado entre todos en ocasiones especiales.

Callejón del Oro

Callejón del Oro

Continuando nuestro recorrido hacia el este, frente a la sencilla belleza del estilo románico de la Basílica de San Jorge se ubica un pequeño mercado en el que nos atrevimos a degustar, por 60 CZK, el extremadamente sabor azucarado del Trdelnik, un exquisito dulce de forma cilíndrica muy típico en República Checa. También existe la opción de añadirle chocolate por 75 CZK, pero creo que eso ya sería demasiado empalagoso para mi paladar…

La última visita incluída en la entrada básica del castillo corresponde con el Callejón del Oro, situado en su extremo más oriental. Este lugar traslada realmente al visitante a la Edad Media. Su pintoresca belleza es completamente diferente a la del resto del castillo, pues estamos hablando de un estrecho callejón repleto de diminutas casas de colores restauradas tal y como lucían en la época, habitadas por aquel entonces mayoritariamente por orfebres (de ahí el nombre de Callejón del Oro), y donde también podemos visitar la casa donde vivió a posteriori el escritor Franz Kafka. Existe una galería que recorre casi todo el callejón por su planta alta en la que podemos observar una extensa exposición de armamento medieval muy interesante.

Molino junto a la Isla de Kampa

Molino junto a la Isla de Kampa

Así pues, abandonando el Castillo de Praga por su acceso este, y después de admirar la maravillosa vista panorámica de la capital checa desde este punto, nos disponemos a descender hasta la zona conocida como la Ciudad Pequeña (Mala Strana), mucho más tranquila que el Stare Mesto. Allí, nos detendríamos a probar algunos pequeños platos locales en el restaurante U Schnellu (270 CZK entre los dos, incluyendo la propina). Tras reponer fuerzas, atravesaríamos la Plaza de la Ciudad Pequeña (Malostranske Namesti), contemplando sus iglesias, para continuar hasta el Puente de Carlos, el cual ya visitamos el día anterior, pero ésta vez desde su extremo oeste. Al sur del puente, accederíamos fácilmente a pie a la Isla de Kampa, la cual tiene un toque artístico diferente al resto de Praga, y dispone de un parque de dimensiones considerables que ocupa la mayor parte de su superficie, y donde tienen lugar diferentes actuaciones y ferias a lo largo del año. Ese día había puestos de comida procedente de países de la Europa Oriental, aunque nuestro apetito ya estaba saciado. La “costa oeste” de la isla ofrece unas vistas bonitas y sosegadas, adornadas por el canal del río que forma la propia isla, algunos molinos de agua y varios restaurantes que harán las delicias de los más románticos…

Ya sólo tendríamos tiempo de desplazarnos hasta la calle Ujezd para seguirla hacia el sur, hasta dar con la parada donde es posible tomar el funicular que sube hasta lo más alto del Monte Petrin, el parque más grande del centro de Praga. Tras una larga espera, logramos acceder al mismo, completando un agradable recorrido de ascensión hasta lo más alto del parque, apeándonos en la segunda y última parada del trayecto. Allí se sitúa la Torre de Petrin, la cual se asemeja en cierta manera a la Torre Eiffel de París, aunque infinitamente menor en tamaño. Aún así, desde su parte más alta es posible obtener una vista absolutamente espectacular de todo el centro de Praga desde las alturas. Tanto el acceso al funicular como a la torre están incluidos en la polivalente Prague Card.

El Castillo desde el Monte Petrin

El Castillo desde el Monte Petrin

De esta manera, y coincidiendo con las últimas horas de la tarde, iniciaríamos el camino de regreso al Hostel Dakura, tomando para ello uno de los muchos tranvías que recorren la calle Ujezd hacia el norte hasta la estación de metro de Malostranska, desde la cual conectaríamos con la de Hradcanska, cercana a nuestro alojamiento. Todo ello, como no podía ser de otra manera, incuido en nuestra Prague Card, la cual caducaba al término de la presente jornada (la adquirimos por dos días). Desconozco cuántas veces he mencionado las palabras “Prague Card” en este post, pero creo que son más que suficientes para justificar su rentabilidad… mi recomendación al respecto es clara, pues se gana en comodidad y ahorro al obtenerla.

Tras cenar nuevamente en nuestro querido Starvceska Krcma, nos dispondríamos a pasar nuestra última noche en Praga, agotados después de dos días de intensa caminata. A la mañana siguiente nos desplazaríamos en metro hasta la estación de Nadrazi Veleslavin, donde tomaríamos el autobús 119 hasta el Aeropuerto Internacional de Praga. Allí accederíamos al vuelo que habíamos reservado previamente a través de la web de Ryanair por 182€ entre los dos con destino Londres. Así, no sin cierta nostalgia, despediríamos esta ciudad digna de cuentos y este precioso viaje de 10 días por parte de Polonia y República Checa, conociendo un poco más a fondo los encantos de la Europa Central y su riquísima historia, empezando ya a pensar en nuestra siguiente aventura, la cual implica volver a mi amada Asia… el cuerpo ya me lo pedía…

Muy pronto, en DestinoKiwi. ¡Hasta la próxima!

Plaza de la Ciudad Vieja de Praga

Plaza de la Ciudad Vieja de Praga