Londres, el corazón de Inglaterra

Típica cabina de teléfono

Típica cabina de teléfono

Si hay una ciudad que defina Inglaterra, ésa es Londres. Sus más de 8 millones de habitantes la convierten, con diferencia, en la ciudad más grande de la Europa occidental. Una megaurbe que, a pesar de su marcado ambiente internacional y cosmopolita, reúne todos los tópicos ingleses con un orgullo abrumador, muchos de ellos exclusivos de esta ciudad: la guardia real, el Big Ben, los taxis y el metro de Londres, el inconfundible color rojo que tiñe cabinas de teléfono, buzones de Royal Mail y autobuses de dos plantas… éstas y un sinfín de distinciones más que hacen de esta capital un lugar único en el mundo, con un carácter propio y muy marcado. Una ciudad en la que todos y nadie se sienten como extraños. La ciudad en la que menos necesitamos “ser ingleses” para sentirnos como en casa…

Para evitar la locura de adentrarse en semejante urbe conduciendo, optaríamos por el medio de transporte más históricamente británico: el tren. Habíamos reservado un par de tickets de ida y vuelta desde la estación de Bristol Temple Meads a London Paddington a través de la web de Great Western Railway por £56,50 cada uno. Así, tras 2 horas de un agradable viaje ferroviario marcado por el verdor de los parajes de la campiña inglesa, arribamos a Londres.

Recorrido por el centro de Londres (click para ampliar)

Recorrido por el centro de Londres (click para ampliar)

En la oficina de turismo de la propia estación de Paddington adquirimos un par de Oyster Cards, sin duda alguna la opción más económica para disfrutar del transporte público londinense, pues las tarifas son infinitamente superiores cuando no hacemos uso de esta tarjeta. Al obtenerla pagaremos un depósito de £5 que se nos reembolsará cuando la devolvamos. Cargamos cada una de ellas con £10 en la propia oficina de turismo (es fácil recargarla a posteriori en las máquinas expendedoras de las principales estaciones, en caso de necesitarlo). Usarla es tan sencillo como aproximarla al círculo amarillo que veremos en los tornos del metro o en los autobuses, tanto al entrar como al salir, a fin de no descontar más del precio correspondiente al trayecto que hayamos realizado.

El metro de Londres, el más antiguo del mundo, es la forma más cómoda de moverse por la ciudad, pues llega prácticamente a todos los rincones de la misma en tiempos récord, y sería casi exclusivamente nuestro medio de transporte por el interior de la capital. Lo tomaríamos, pues, hasta la estación de Hyde Park Corner, comenzando así nuestra visita en Hyde Park, uno de los pulmones de la ciudad, donde el más típico cielo gris nuboso de Londres nos daría la bienvenida. 253 hectáreas de jardines que albergan un agradable lago interior, ubicados en pleno centro urbano. Allí mataríamos el hambre que traíamos con un par de perritos calientes acompañados de una botella de agua, los cuales costaron £8,5 en un puesto ambulante instalado cerca de la estación de metro.

Cambio de guardia en Buckingham

Cambio de guardia en Buckingham

Continuaríamos nuestro recorrido en dirección este, atravesando el Arco de Wellington y Green Park hasta plantarnos en la “humilde morada” de la reina de Inglaterra: El Palacio de Buckingham. Aunque inicialmente fue construido en 1703, no sería hasta 1837, tras diversas ampliaciones, cuando se convertiría en la residencia de la Reina Victoria, primera monarca en habitarlo. Tras su largo y próspero reinado de 64 años se construyó, en su honor y frente al palacio, el monumento Memorial de la Reina Victoria, el cual completa hoy a la perfección el aspecto de Buckingham. Sin haberlo preparado, llegaríamos a las inmediaciones del palacio a las 12 del mediodía. Y sí, ésa es justo la hora a la que se hace el famosísimo cambio de guardia frente a la fachada, la cual se abarrota de turistas en demasía para entonces. Así presenciaríamos el espectáculo más emblemático de la capital británica. ¡Interesante!

Una vez finalizado el cambio de guardia, recorreríamos el agradable lago de St. James’s Park, dudando sobre si realmente nos encontrábamos en éste último o en El Retiro de Madrid, pues el español sería casi el único idioma que escucharíamos caminando por allí. Tras una parada en el concurrido café Benugo (donde degustaríamos un par de dulces acompañados de sendos cafés por £13), la Plaza de Waterloo y la calle de Regent Street nos conducirían hasta Piccadilly Circus, el corazón comercial de la capital, no sin antes mostrarnos los 42 metros de altura de la Columna del Duque de York y la estatua Memorial de la Guerra de Crimea. En Londres todo está hecho a gran escala…

Piccadilly Circus

Piccadilly Circus

Las enormes pantallas de vídeo mostrando anuncios millonarios, su céntrica ubicación en el barrio del Soho y la belleza de los edificios históricos colindantes han convertido a Piccadilly Circus en uno de los epicentros de la vida londinense, punto de encuentro de miles de turistas y locales. La temática ambiental del día correspondía con la Bonfire Night (fecha a la cual hice referencia en un post anterior), pues estábamos a 5 de Noviembre. Muy cerca de allí, en dirección noreste, se encuentra Chinatown, un conjunto de calles que constituyen el lugar ideal para comer barato. ¡Una pequeña parte de Asia en pleno centro de Londres!…

£29,50 entre los dos saciarían nuestros estómagos por completo en el restaurante London Chinatown (comida china, obviamente). Después, tomaríamos Charing Cross Road en dirección sur, buscando Trafalgar Square, plaza en la que una altísima estatua del Almirante Nelson se alza orgullosamente sobre el cielo londinense, acompañado por 4 gigantescos e impresionantes leones. Villano para los españoles, Nelson se convirtió en un héroe para los ingleses al derrotar a las armadas española y francesa pero perder la vida en la épica batalla de Trafalgar. Era de esperar que los ingleses no nombrarían esta plaza como “Plaza de Cádiz”, donde Nelson fue derrotado por las fuerzas españolas en 1797, o “Plaza de Tenerife”, donde, además de contemplar de manera impotente cómo el general Antonio Gutiérrez de Otero anulaba por completo el ataque de la armada británica, Nelson perdió parte de su brazo derecho. Evidentemente, Inglaterra iba a bautizar a su plaza como “Plaza de Trafalgar”, no podía ser de otro modo…

Nelson en Trafalgar Square

Nelson en Trafalgar Square

Continuemos, pues, tras este pequeño brote de orgullo hacia mi pueblo, recorriendo la bonita ciudad de Londres… Actualmente, Trafalgar Square constituye el hábitat de artistas callejeros y el lugar por excelencia donde se congregan diferentes tipos de manifestaciones. Ese día daríamos cuenta de ambos factores, pues tanto algunos espectáculos callejeros como una manifestación en contra del gobierno acaparaban las atenciones de la plaza.

Una visita a Londres no podría considerarse como tal sin admirar ese reloj que simboliza a todo un país: el Big Ben. Ubicado en la zona de Westminster, y a orillas del río Támesis, la enorme torre del reloj constituye en realidad una parte de las Casas del Parlamento. Junto a este edificio, también conocido como Palacio de Westminster, se ubica la Abadía de Westminster. Ambas construcciones juegan un papel crucial en la historia de Inglaterra, y datan inicialmente del siglo XI. La vista del Big Ben desde cualquier parte de Westminster o del cauce del Támesis es histórica, impresionante. Intentamos retratarlo desde todos los ángulos posibles, aunque mi vista favorita es la que se obtiene desde el otro flanco del río en horas nocturnas. Impresionante.

London Eye

London Eye

En la misma orilla este del río nos encontramos con el London Eye, una gigantesca noria de 135 metros de altura desde la que se obtienen unas vistas privilegiadas de Westminster y de toda la ciudad de Londres. La entrada cuesta nada menos que £27 por persona. Pero yo ya había tenido la ocasión de disfrutar de ella varios años atrás, durante mi primera visita a la ciudad, y, sinceramente… ¡no tenía intención de volver a pagar semejante precio!

Trataríamos de merendar algo en la cercana estación de Waterloo. Mala elección, pues esta zona parece caracterizarse por una notable escasez de cafeterías y derivados. Afortunadamente, el Troia se cruzaría en nuestro camino, restaurante turco muy buen ambientado y de buena calidad. La sopa del día y un par de cafés con alcohol de diferentes estilos, muy elegantemente presentados, ascenderían a £18. Así, tras un decepcionante intento de ver los fuegos artificiales del 5 de Noviembre desde Westminster (es preferible acercarse para ello a algunos de los parques de la ciudad), pondríamos rumbo a la estación de metro más cercana para trasladarnos hasta Hammersmith, zona en la que nos hospedaríamos esa noche. Por un tema exclusivamente económico, habíamos reservado una habitación doble en el Abercorn House Hostel por £42,24 a través de Hostelbookers, un alojamiento sencillo pero correcto.

London Tower y Tower Bridge

London Tower y Tower Bridge

Esa noche cenaríamos pollo asado peri-peri en el restaurante Nando’s de Hammersmith (£26,70 incluyendo bebidas) para, tras una rápida visita a un par de pubs de la zona, irnos a dormir para reponernos de cara al día siguiente. Tras despertar, un rápido y barato desayuno adquirido en la tienda del propio hostel (£5,50 entre los dos), nos daría las energías necesarias para poner nuevamente rumbo al centro a través del metro. La estación de Tower Hill nos daría los buenos días, ideal para visitar dos de los puntos fuertes de la capital británica: la Torre de Londres y el Tower Bridge. El primero de ellos, la Torre de Londres (London Tower), es un inexpugnable castillo de origen normando fundado en el siglo XI y ampliado en numerosas ocasiones hasta nuestros días. La historia de esta fortaleza es larga y oscura, pues los emprisionamientos, torturas y ejecuciones llevadas allí a cabo a lo largo de la historia le fueron otorgando una fama terrible. Historias de fantasmagóricas apariciones por parte de las almas torturadas allí han rondado siempre este lugar, especialmente la de Anna Bolena, una de las esposas del rey Enrique VIII mandadas decapitar por él mismo…

Tower Bridge desde el muelle de St. Katharine

Tower Bridge desde el muelle de St. Katharine

Frente al lúgubre castillo se levanta, sobre el río Támesis, el monumental Tower Bridge, el puente levadizo más famoso del mundo, construido en 1894 bajo un inconfundible estilo victoriano. Casi tan icónico para Londres como el Big Ben, este monumento se merece un completo álbum fotográfico desde cualquier perspectiva posible, tanto de día como de noche. El buque-museo HMS Belfast, el enorme edificio en forma de pirámide puntiaguda del hotel Shangri-La y la moderna arquitectura del Ayuntamiento de Londres componen un interesante telón de fondo para el Tower Bridge.

Un par de cafés y un pequeño tentempié en el café Paul de Three Quays (£8) completarían el precario desayuno que adquirimos en el hostel. Tras ello, nos dirigimos a la calle de Great Tower, donde tomaríamos el único autobús que utilizaríamos en todo el fin de semana, sustituyendo al metro sólo por esta vez. No recuerdo qué línea era, pero cualquiera que parta hacia el oeste desde este punto nos llevará a nuestro próximo destino, pues no se encuentra demasiado lejos de allí: la Catedral de San Pablo (St. Paul’s Cathedral). Construida en el siglo XVII sobre otra iglesia anterior que ya se encontraba en este emplazamiento desde inicios del siglo VII, el inmenso templo actual (111 metros de altura) domina esta parte de la ciudad desde su enorme cúpula, una de las más grandes del mundo. Nos encontramos ante la catedral anglicana más importante del país, y su interior es tan grandioso como su exterior. Una visita imperdible en Londres.

Camden Town

Camden Town

Decidiríamos comer en el exclusivo restaurante italiano Coppa Club, situado frente a la misma entrada de la Catedral de San Pablo, hecho que eleva sus precios de manera considerable (£27,80 entre los dos). El decepcionante tamaño de las raciones, aunque con sabores originales y muy agradables, nos hace salir de allí con hambre. Pero no hay problema… en Londres hay opciones para todos los gustos, y mataríamos ese hambre en un lugar infinitamente más barato, uno de los más diferentes y característicos de Londres: Camden Town. El metro nos llevaría hasta allí en poco tiempo. Seríamos recibidos por un barrio marcadamente alternativo, en el que una mezcla de gentes muy diferentes dan vida y color a sus calles. Calles repletas de tiendas y puestos especializados en todo tipo de artículos a muy buen precio. Así llegaríamos a la estrella de este barrio, situada junto al canal que lo atraviesa: Camden Market. En este mercado callejero podemos disfrutar de una amplísima variedad de comidas procedentes de muy diferentes partes del mundo. Una maravilla. O al menos lo sería de no ser por la exagerada cantidad de gente que abarrota el lugar, y que convierte los tiempos de espera en algo inafrontable, en algunos casos. Supongo que un día menos señalado debe ser más agradable.

Se busca elefante perdido en Londres...

Se busca elefante perdido en Londres…

Elegimos un puesto de comida tibetana cuyos propietarios son una familia originaria de Nepal, en el que los tiempos de espera parecen asumibles. Incluso charlamos un poco con ellos durante la espera, intentando no molestarles mucho mientras cocinan. Los dumplings fritos rellenos de vegetales que preparan resultan una saludable exquisitez. Completaríamos la tarde, tras un segundo paseo por Camden, con una sabrosa merienda en el cercano café indio Inhabition, donde un chocolate caliente, un chai latte y una crepe rellena nos costarían £10,80. En el interior, varios carteles anuncian de manera jocosa sobre la pérdida de un elefante en Londres, incluyendo algunos detalles sobre el animal y un teléfono de contacto, solicitando ayuda para encontrarlo. ¡Esto es Camden, señores! La imaginación no tiene límites…

Y aquí, en este lugar tan especial, es donde despediríamos definitivamente a la capital británica, tras un bonito fin de semana que dejaría un grato recuerdo en nuestras memorias, más agradable del que traíamos previamente. Aunque este relato corresponde con nuestra visita en otoño de 2016, no puedo dejar de recomendar algunos de los lugares de los que pude disfrutar en mi primer viaje a Londres, varios años atrás. Entre ellos cabe destacar la zona de Greenwich, donde, además del Museo Marítimo Nacional, podremos visitar el Observatorio de Greenwich, desde el cual parte el original Meridiano 0 del planeta.

Egipto en el British Museum, años atrás

Egipto en el British Museum, años atrás

Sería un crimen no referenciar en este apartado al British Museum, posiblemente el museo más importante del mundo en lo que a historia y arqueología se refiere, destacando especialmente la parte de Egipto, Grecia y las antiguas civilizaciones de Oriente Medio, entre otras. Un paseo por el adinerado barrio de Chelsea y los exclusivos almacenes Harrods también puede ser interesante para vivir de cerca la parte más opulenta de la ciudad. Con todo y con ello, os invito a todos a perderos por las calles de Londres para descubrir las miles de sorpresas que nos aguardan, pues esta guía no deja de ser algo básico orientado a una primera toma de contacto con la capital.

Esta ciudad se ha ganado un poco más nuestros corazones por su multiculturalidad, su capacidad de abrirse al mundo, acoger a cualquiera que lo desee, evolucionar y adaptarse a los tiempos, todo ello sin perder un ápice de su esencia clásica. Y es que las posibilidades de esta ciudad parecen no tener límites. Un fin de semana no es ni mucho menos suficiente para conocerla a fondo. Puede que ni siquiera un año allí lo sea…

¡volveremos, pues! ¡Hasta pronto, Londres!

La luna sobre el Palacio de Westminster y su Big Ben

La luna sobre el Palacio de Westminster y su Big Ben