El horror de Auschwitz-Birkenau

Me encuentro ante uno de los desafíos más duros a los que me he enfrentado en la producción de DestinoKiwi: transmitir lo que sentí en este lugar. Considero que hay visitas que, siendo mucho más desagradables que una bonita ciudad, una playa paradisíaca o un paraje montañoso, nunca deben dejar de hacerse. Aunque sea sólo para honrar la memoria de los cerca de un millón y medio de personas que allí sufrieron y perecieron de una forma tan degradante. Un millón y medio de personas, personas como tú y como yo. Lo escribiré otra vez, porque se lee demasiado rápido para asimilar la cifra. Un millón y medio de personas exterminadas. En 4 años. Un millón y medio…

Auschwitz I

Auschwitz I

Para que no caigan en el olvido, para comprobar el horror al que ser humano es capaz de llegar, para que estemos alerta en el futuro con idea de prevenir que algo así no vuelva a suceder jamás. Todos deberíamos visitar Auschwitz al menos una vez en la vida. Porque ésto que os voy a contar no es ciencia ficción. Esto es real, ocurrió aquí no hace tanto tiempo, y es peor que la más horrible película de terror que podamos imaginar. Como bien habéis supuesto, nuestro próximo destino correspondería con Auschwitz-Birkenau, el campo de exterminio más grande creado por los Nazis durante la Segunda Guerra Mundial. 40 kilómetros cuadrados diseñados únicamente con la finalidad de destruir seres humanos… todos sabemos más o menos lo que pasó allí pero, creedme, ver aquellos lugares en persona despierta un sentimiento completamente diferente.

Desde la estación de autobuses de Cracovia tomaríamos un minibus (14z por persona) que nos trasladaría en poco más de una hora hasta la entrada del museo memorial de Auschwitz (en la localidad de Oswiecim, que viene a ser Auschwitz en polaco), el primer campo de concentración que se construyó aquí y que operaría como “zona administrativa” para el posterior campo de Birkenau. La entrada al complejo es gratuita, si bien es conveniente reservar los pases con anticipación a través de su página web.

"El trabajo os hará libres"

“El trabajo os hará libres”

Al llegar allí encontramos mucha más gente de la que esperábamos, pero accedemos sin problemas. Tras un breve control de seguridad, accedemos a lo que en su día fue el campo de concetración, dándonos la “bienvenida” el mismo mensaje que recibió a los reclusos traídos hasta aquí entre 1940 y 1945: “Arbeit macht frei” o, lo que es lo mismo, “el trabajo os hará libres”, en alemán. ¡Qué hijos de puta! (lo siento, no se me ocurre otra palabra en este momento, nunca antes usé una expresión así en mi blog, pero la ocasión lo merece). No trataré esto como una mera visita turística más, pues lo veo como una experiencia a nivel personal que os recomiendo a todos a pesar de su dureza. Por lo tanto, no explicaré cada barracón o cada lugar punto por punto, aunque trataré de transmitiros lo que se puede llegar a sentir allí.

Veremos las condiciones en las que malvivían, trabajaban de manera forzosa y morían los reclusos, en su gran mayoría judíos traídos de toda Europa como consecuencia del odio visceral que Hitler acabó concediendo a esta etnia, aunque también contaba con otros grupos tales como soldados rusos o gitanos. Sentiremos un escalofrío muy real recorrer todo nuestro cuerpo al ver montañas levantadas con el pelo cortado a las víctimas al ingresar en Auschwitz, sus zapatos, sus maletas… pertenencias amontonadas en cantidades industiales y perdidas en el tiempo esperando a unos dueños que nunca regresarían a por ellas. Sus caras fotografiadas y acompañadas por cada uno de sus nombres… difícil describirlo.

Pared de fusilamiento

Pared de fusilamiento

A mi juicio, creo que merecen especial atención dos puntos en la parte de Auschwitz I, dos puntos que hacen humedecer los ojos de manera irremediable. Sendos carteles piden silencio por respeto al gran número de personas que en ambos fueron asesinadas. El primero de ellos sería la pared de fusilamiento. Detenerse frente a ella encoge el corazón. Y mucho. Varias coronas de flores rezan por las almas de los caídos. Una de ellas muestra la bandera de Polonia. He de decir que Monika fue muy valiente por venir conmigo hasta aquí, pues alrededor de 300.000 de sus compatriotas fueron asesinados en este complejo a manos de los alemanes. Supongo que debe ser aún más difícil cuando se trata de tu propio pueblo, la gente sale bastante afectada de este lugar.

El otro y aún más impresionante si cabe es la cámara de gas. La única de las muchas que había en Auschwitz-Birkenau que aún queda en pie, pues los Nazis no tuvieron tiempo de destruirla con el fin de eliminar pruebas ante la inminente llegada de los rusos, tal como hicieron con las demás. No soy capaz de describir lo que se siente al entrar allí. Me detengo entre las 4 paredes en las que se encerraba a las víctimas, sin ser conscientes del destino que las aguardaba. Trato de imaginar esos momentos, trato de imaginar la cantidad de gente que fue asesinada allí de una manera tan horrible, tan infame, los últimos, desesperantes y angustiosos instantes de sus vidas arrebatadas. Mi mente se colapsa, no estamos preparados para algo así. Miro al techo y advierto una pequeña ventana cuadrada, la cual se abría tras las ejecuciones para evacuar el gas Zyklon-B, el cual acababa aquí, y en una sola sesión, con la vida de 200 personas en unos minutos de sufrimiento inimaginable:

“El Zyklon-B reaccionaba con la humedad ambiente interna proporcionada por las personas, y estas sufrían en primer lugar sofocación. Posteriormente perdían el control de los esfínteres por la pérdida de oxígeno en los tejidos (anoxia anóxica). Como resultado de ello, las víctimas se orinaban y defecaban sin control, mientras que las mujeres en regla menstruaban desmesuradamente. Posteriormente venía la inconsciencia, la muerte cerebral, el coma y la muerte, entre 20 o 25 minutos de introducidas las dosis del gas. La muerte no es instantánea como se puede deducir si no una sofocación creciente en las victimas.”

Cámara de gas

Cámara de gas

Fragmento extraído de elholocausto.net

Qué clase de ingeniero es capaz de diseñar algo así? ¿cómo puede el ser humano llegar a esto?… tras abandonar el habitáculo donde se liberaba el gas, pasamos a ver los hornos crematorios, donde los cuerpos eran incinerados tras una muerte inhumana. Después, abandonamos la cámara. Algunos de los presentes no pueden evitar las lágrimas tras abandonar semejante lugar…

En el museo, leeremos todo tipo de detalles sobre el principal artífice de esta “brillante” idea, Heinrich Himmler, comandante jefe de las SS y mano derecha de Hitler, así como sobre los horribles experimentos científicos del doctor Mengele sobre algunos de los reclusos, o testimonios sobre los repetidos intentos de fuga de los mismos. Pero, dentro del horror, y por tratar de extraer algo positivo de todo este genocidio, también podremos informarnos sobre historias de supervivientes, reencuentros, bebés nacidos en Auschwitz que consiguieron sobrevivir, historias de personas que dieron su vida por ayudar a otras… (el ser humano también puede ser bondadoso y generoso hasta el extremo) y, sin duda, una de las mejores noticias: los Juicios de Nuremberg. Aquellos en los que se condenó a morir en la horca a los principales responsables de Auschwitz y de todo el Tercer Reich que sobrevivieron a la guerra (desgraciadamente, algunos de ellos lograron escapar). Una pena incluso quizá insuficiente después del dolor que infringieron a tantas personas inocentes…

El tren de Birkenau

El tren de Birkenau

Así, concluiríamos la visita a Auschwitz I. Pero ésto no es todo… aún nos faltaba la otra parte del complejo, la más grande, el campo de exterminio por definición, aquel diseñado como “solución final” por la Alemania Nazi: Birkenau, también conocido como Auschwitz II. Existe un servicio gratuito de autobús que comunica ambas zonas en unos 10 minutos, y el cual tomaríamos después de comer en el económico Art Burger (39z entre los dos), situado muy cerca de la entrada al museo, al otro lado de la calle Stanislawy Leszczynskiej.

La primera vista de Birkenau corta la respiración. La idea de que un espacio de semejante tamaño haya sido concebido única y exclusivamente con la idea de exterminar personas escapa a mi entendimiento. Mis ojos no alcanzan a ver donde terminan los barracones del campo. En medio del silencio, a pesar de haber bastante gente, atravesamos la entrada del campo de exterminio. La misma entrada que tomaba ese famoso tren que todos hemos visto en películas y documentales, y que venía repleto de judíos deportados de varios países europeos, especialmente de Hungría. A su llegada a Birkenau, el grupo de médicos del complejo, liderado por Josef Mengele, seleccionaba una pequeña parte de los prisioneros para realizar trabajos forzosos o servir de conejillos de indias para sus experimentos científicos. Se separaba a estos “afortunados”, y el resto de personas traídas en el tren (la inmensa mayoría) pasaban directamente a las “duchas”.

Selección de prisioneros...

Selección de prisioneros…

Al menos, eso es lo que se les hacía creer. Completamente ajenos a su destino, hombres, mujeres, niños, ancianos, familias enteras cargadas con todas sus pertenencias, y tras un largo y duro viaje sin ningún tipo de provisión, accedían al interior de la cámara de gas. Allí, la ducha que ellos esperaban sería sustituida por un baño de Zyklon-B. Nunca saldrían con vida de este lugar… A diferencia de la cámara de gas que visitamos en Auschwitz, la cual podía alojar 200 personas, las cámaras más grandes de Birkenau llegaban hasta las 2500. En esta parte del complejo había 4 crematorios provistos de cámara de gas, las cuales funcionaron a pleno rendimiento especialmente en 1944. Del millón y medio de personas que se estima que pudieron morir en todo el complejo de Auschwitz, mas de un millón lo hiceron en Birkenau.

La vía del tren dividía el complejo en dos partes, y hombres y mujeres se encontraban separados. Pasear por los viejos raíles resulta sobrecogedor… aún se puede observar un vagón que formó parte de uno de los trenes utilizados para traer judíos amontonados como si de animales se tratase. He de reconocer que Birkenau me impactó aún más que Auschwitz I. La tristeza que desprende este lugar embriaga el alma de una manera inimaginable, además, el día se había tornado tan gris como el recuerdo de este horror, después del intenso sol que tuvimos en nuestra visita a Cracovia.

Finalmente, Auschwitz fue liberado. Anatoly Saphiro, el primer oficial ruso que accedió al campo de exterminio tras la huída de las tropas alemanas, dejó algunos testimonios como éstos:

Barracones de Birkenau

Barracones de Birkenau

“Entramos en la mañana del 27 de Enero de 1945. Nos encontramos gente vestida con harapos. No parecían seres humanos, tan sólo esqueletos vivientes. Su aspecto era terrible.”
“Preparamos comida para ellos. Algunos murieron tras probarla porque sus estómagos ya no funcionaban.”
“Había sangre, excrementos y restos humanos por todas partes. El hedor era insoportable. Algunos de mis soldados me rogaron que les dejase marchar, pero teníamos una misión que cumplir.”

Entre los restos de los dos crematorios principales de Birkenau (destruidos por los propios alemanes para eliminar pruebas del genocidio), se erige actualmente un monumento en memoria de todos los caídos durante el Holocausto Nazi, traducido en los idiomas de las víctimas. Aunque el español no se encuentra entre ellos (el más parecido que encontraremos es el judío sefardí), la placa viene a decir lo siguiente:

“Que este lugar, donde los Nazis exterminaron un millón y medio de hombres, mujeres y niños, mayoritariamente judíos de varios países de Europa, constituya para siempre un grito de desesperación y una advertencia para la humanidad.”

Zapatos esperando a sus dueños...

Zapatos esperando a sus dueños…

Así, de esta forma tan terrible, concluiría mi aventura en Polonia. En un lugar inhóspito, en la visita con el recuerdo más duro que probablemente haya hecho nunca en un viaje. Me voy satisfecho de haber aprendido tanto sobre este país, su cultura y su historia, bella y amarga al mismo tiempo. ¿Qué mas puedo decir de Auschwitz? Pues bien, tan sólo me queda pensar que tantísimas personas no murieron de esta forma en vano, que hoy tenemos la oportunidad de compartir una pequeña parte de su inmensa agonía para que la humanidad jamás olvide lo que pasó aquí. Creo que merecen que lo pasemos mal tan sólo durante un día para informarnos de lo que sucedió en este lugar, aprender y tratar de que esto jamás vuelva a repetirse en el futuro, ya que la historia es cíclica y, tarde o temprano, todo tiende a volver… ellos lo pasaron mucho peor, durante mucho más tiempo. Algunos ni siquiera tuvieron la oportunidad de conocer algo diferente en sus cortas existencias… niños que nunca supieron lo bonita que puede ser la vida. La historia nunca se olvidará de vosotros…

"A la memoria de los hombres, mujeres y niños que cayeron víctimas del genocidio Nazi. Aquí yacen sus cenizas. Que sus almas descansen en paz."

“A la memoria de los hombres, mujeres y niños que cayeron víctimas del genocidio Nazi. Aquí yacen sus cenizas. Que sus almas descansen en paz.”