Czestochowa y Zakopane: catolicismo y alta montaña

Recorrido por Czestochowa y Zakopane (click para ampliar)

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5 meses después de nuestro paso por Wroclaw, Krakow y Auschwitz, el destino nos llevaría nuevamente hasta Polonia, esta vez a dos lugares tan importantes y conocidos dentro del país como desconocidos a nivel internacional: Czestochowa y Zakopane. Previamente a nuestra partida habíamos reservado un vuelo de ida y vuelta para el trayecto Bristol – Krakow a través de la web de Ryanair por £58 por persona. Tras una tardía llegada al aeropuerto de Cracovia (sobre las 9pm), habíamos tomado el autobús 208 hasta la terminal de Bosacka (3,80z por persona), donde nos dispondríamos a esperar varias horas cenando y matando el tiempo de diferentes maneras, pues el autobús que habíamos reservado con destino Czestochowa partía a las 2am. Afortunadamente, la Galería Krakowska, aledaña a la terminal de autobuses, nos ofrecería refugio frente al incipiente frío seco nocturno de la Europa Central.

El enorme autobús rojo de dos plantas en el que habíamos reservado un par de plazas a través de la web de Polskibus (19z por persona) apareció puntual en su correspondiente dársena, trasladándonos a la localidad de Czestochowa en un placentero viaje de una hora y media aproximadamente. Sería lo único que dormiríamos esa noche. Una vez allí, seríamos recibidos por un intensísimo frío de madrugada que nos avisaría de la llegada del otoño a la región de Silesia. No quiero imaginarme cómo serán las madrugadas invernales en esta zona… así, sin más dilación, y para evitar la congelación de nuestra cara y extremidades, nos pondríamos en marcha. Nuestro destino en Czestochowa no podía ser otro que el símbolo de la ciudad: Jasna Gora. El lugar de peregrinaje religioso más sagrado de Polonia, y uno de los más importantes de toda Europa en lo que a la Iglesia Católica se refiere, hermanada con ciudades como Fátima en Portugal o Lourdes en Francia.

Ayuntamiento de Czestochowa

Ayuntamiento de Czestochowa

Caminamos hacia el norte hasta encontrarnos con Aleja Najswietszej Maryi Panny, la avenida más importante de la ciudad, aquella que conduce hasta nuestro destino. Tornamos nuestra mirada hacia el oeste, donde llegamos a divisar, tras las nubes de vapor condensado que producimos al respirar bajo semejante helada, el fin de la enorme avenida. Desde allí emergen, imponentes, los 106 metros de altura de la torre principal del santuario de Jasna Gora. Aún no son las 5 de la mañana, la enorme avenida se encuentra completamente desierta, y la iluminación del gigantesco santuario prevalece sobre toda la ciudad mientras esta duerme en medio de una noche cerrada, concediéndole un toque indudablemente sagrado. Impresionante.

Proseguimos, pues, por dicha avenida, hasta la Plaza Wladyslawa Bieganskiego, donde nos detenemos ante el pintoresco edificio del ayuntamiento (Ratusz Miejski). Finalmente, tras recorrer toda la avenida, rodeados de los restaurantes y establecimientos más caros de la ciudad (por supuesto, cerrados a estas horas), llegamos al santuario. En realidad, Jasna Gora es un monasterio Paulino situado sobre una pequeña colina que data inicialmente del siglo XIV, si bien fue ampliado en diferentes ocasiones hasta el siglo XVII.

La Virgen Negra

La Virgen Negra

Poco a poco, algunos transeúntes comienzan a hacer acto de aparición en las inmediaciones del santuario, a pesar del frío y de la tempranez. Quizá se trate de aquellos más devotos, pues el motivo de esta inesperada confluencia corresponde con la celebración que cada mañana tiene lugar a las 6am en la basílica principial del monasterio, en la que se rinde culto a la verdadera protagonista de Jasna Gora. Aquella que le ha concedido el apelativo de sagrado a este lugar, aquella que lo ha convertido en centro de peregrinación para los fieles católicos: la Virgen Negra de Czestochowa. Durante la celebración, ésta aparecerá tras el levantamiento de un portón ornamental que la cubre. Aunque no hay prueba de ello, cuenta la tradición que la imagen fue pintada por el Apóstol San Lucas, y a ella se le atribuye la milagrosa resistencia del santuario y la ciudad ante diferentes conflictos bélicos a lo largo de la historia.

La celebración concluye con las primeras luces del alba, y un agradable ambiente de tranquilidad invade todo el complejo, regalándonos algunas estampas preciosas que juegan con el contraste de las primeras tonalidades de color del día y la simbología religiosa de Jasna Gora. Aun así, el frío sigue siendo implacable, y ponemos rumbo a la estación de tren de la ciudad, deteniéndonos poco antes de llegar para recuperar nuestra temperatura corporal tomando un café hirviendo que nos llena de vida nuevamente. Qué agradable sensación…

Monasterio de Jasna Gora

Monasterio de Jasna Gora

De esta manera abandonaríamos Czestochowa, cual peregrinos. Dos billetes de tren (14z cada uno) nos llevarían esa misma mañana hasta las inmediaciones de Piotrkow Trybunalski, donde llevaríamos a cabo varias visitas personales. Un par de días más tarde, iniciaríamos desde allí el camino hasta nuestro último destino del viaje: Zakopane. Situada al sur de Polonia, muy cerca de la frontera con Eslovaquia, esta población se sitúa como la “capital de invierno de Polonia”, habiendo sido nombrada sede de los mundiales de esquí en varias ocasiones. Esta zona se ha convertido en una de las ciudades más turísticas del país, hecho acrecentado por su cercanía con Cracovia, su inconfundible estilo y el hecho de situarse a los pies de los Montes Tatras, la cordillera más alta de los Cárpatos.

Nada menos que 5 horas de viaje en autobús nos separaban aún de Zakopane. Abonaríamos los 50z que cuesta el citado trayecto por persona al acceder al propio autobús, en la terminal de Piotrkow Trybunalski. Saldríamos a primera hora de la mañana para atravesar nuevamente Czestochowa, Katowice, Cracovia y Nowy Targ antes de llegar a Zakopane. He de decir que una vez pasado Cracovia, el paisaje verde y montañoso se va haciendo más y más espectacular por momentos, adentrándonos poco a poco en ese estilo rural único y típico de esta zona. Pareciera que Heidi y Pedro fueran a aparecer por aquel paisaje con las cabras en cualquier momento…

Hostal Stara Polana, Zakopane

Hostal Stara Polana, Zakopane

Los 15 minutos que duró la caminata desde la estación de autobuses hasta el hostal Stara Polana, situado en la calle Nowotarska, fueron suficientes para comenzarse a enamorar de la arquitectura y el estilo de Zakopane. Un sol y un calor ciertamente inusuales en esta zona, muy diferentes al frío que habíamos sufrido en Czestochowa, nos recibirían y acompañarían durante toda nuestra estancia en la ciudad. Habíamos reservado una habitación doble para una noche en el citado hostal a través de Booking por 115z. Una elección inmejorable: buen precio, buena ubicación, habitación perfecta, desayuno incluído y ese estilo cálido de casa de montaña elaborada con madera robusta tan típico de Zakopane.

Tras instalarnos en nuestra acogedora habitación, y saliendo en busca de algún lugar para comer en dirección al centro urbano, nos topamos con el restaurante Bacowskie Jadlo, al final de la calle Nowotarska, cerca de la intersección con Krupowki, corazón turístico de la localidad. Por 100z entre los dos, disfrutaríamos de algunas de las exquisiteces más típicas de la gastronomía de Zakopane, tales como sopas y diferentes tipos de carnes, acompañados de un par de cervezas polacas Tyskie. Todo muy bueno, en un ambiente muy acogedor caracterizado por el mismo estilo de casa de montaña de madera del que hacía gala nuestro hostal.

"Playa" de Gubalowka

“Playa” de Gubalowka

Tras la copiosa comida, tratamos de iniciar el ascenso al pequeño monte Gubalowka, cuyo inicio se encuentra muy cerca del citado restaurante. El hecho de tener nuestros estómagos llenos en demasía nos lleva a tomar el funicular que traslada a los viajeros hasta la cima del monte (16z por persona) en cuestión de minutos, ofreciéndonos las primeras vistas panorámicas del valle en el que se enclava Zakopane. Gubalowka, a mi parecer, es una visita obligada en la ciudad. En la cima encontraremos todo tipo de puestos comerciales, así como cafeterías y restaurantes, los cuales ofrecen unas vistas soberbias.

Bajo las terrazas de los citados establecimientos, hay una especie de “playa de montaña” acondicionada con arena y tumbonas de uso libre, en la que el mar sería sustituido por una espectacular estampa de la ciudad de Zakopane desde las alturas, rodeada de verdor por los cuatro puntos cardinales, y coronada por los enormes Montes Tatras en el horizonte, los cuales llegan a superar los 2500m de altitud. La espectacularidad del lugar es indescriptible. Tomamos dos de las tumbonas disponibles y nos relajamos un buen rato bajo el sol, contemplando la maravilla que tenemos ante nosotros y sintiendo como el aire puro de la montaña penetra y limpia profundamente nuestros pulmones…

Atardecer sobre Zakopane

Atardecer sobre Zakopane

Tras la recarga de energía, subimos a la terraza de las cafeterías para tomarnos un par de vasos de Grzaniec (12z cada uno), recomendación de Monika. ¿Y qué es eso de Grzaniec? Pues bien, parece ser algo bastante típico en Polonia. Se trata de un vino elaborado utilizando diferentes especias, canela y miel. La principal peculiaridad es que se sirve hirviendo, potenciando así sus supuestos poderes curativos, sobre todo frente a las afecciones de garganta. Lo cierto es que cuando el aire de montaña comienza a refrescar entra bien. Muy bien, creedme. Así pues, ya sólo nos quedaría tiempo para dar un pequeño y relajado paseo por la cima contemplando cómo los Montes Tatras se iban tornando rojizos con la caída del sol mientras una ténue nieblina cubría la población de Zakopane, completando un bello atardecer convertido en un mágico e inolvidable espectáculo.

Puesto de queso Oscypek

Puesto de queso Oscypek

Bajaríamos del monte Gubalowka a pie, acompañados de las últimas luces del ocaso, y completaríamos la jornada con un agradable paseo nocturno por la calle Krupowki, repleta de restaurantes y establecimientos que cumplen a la perfección con los estándares del estilo de Zakopane, trasladándonos por completo al pueblo de montaña centroeuropeo que, no en vano, ha adquirido tanta fama en Polonia. No podemos pasar por alto los numerosos puestos ambulantes de queso ahumado Oscypek, uno de los mejores y más típicos manjares de Zakopane, cuyo sabor único no podemos dejar de probar en sus diferentes variedades. 100% recomendable.

Ya a la mañana siguiente, tras levantarnos temprano y acumular energías en el desayuno continental incluído en nuestra reserva en el hostal Stara Polana, pondríamos rumbo a nuestro principal objetivo del día: Kasprowy Wierch. Con sus 1.987m de altitud, constituye el más accesible de los Montes Tatras, pues existe un trekking que conduce hasta la cima, así como un teleférico con el mismo destino. Dada nuestra falta de tiempo, optaríamos por el medio más cómodo y caro: el teleférico (69z por persona si se paga en taquilla, reservando con antelación el precio es de 99z).

Teleférico del Kasprowy Wierch

Teleférico del Kasprowy Wierch

Para llegar hasta allí, es necesario tomar un minibús (3z por persona) que parte cada 15 minutos desde la parte exterior de la terminal de autobuses de Zakopane hasta Kuznice, situado 5 km al sur de la misma. Una vez allí, si llegamos temprano y tenemos suerte, como fue nuestro caso, no tendremos que esperar más de media hora para acceder al teleférico que asciende al monte. No es raro tener que esperar 3 ó 4 horas en fines de semana o a partir de ciertas horas cuando la meteorología es favorable. ¡Sirva como aviso a futuros viajeros!

Sobrevolando el bosque de coníferas

Sobrevolando el bosque de coníferas

Sobrevolar el enorme bosque de coníferas que se extiende a lo largo de toda la falda del monte Kasprowy Wierch es una experiencia increíble, uno se siente pequeño ante la inmensidad de la naturaleza. El radiante sol que nos acompaña ese día resalta el verdor de la zona, y a medida que nos vamos aproximando a la cima vamos siendo más conscientes de la altitud de la montaña. El bosque va desapareciendo poco a poco para dar lugar a un paisaje más “desolado”, habitado tan sólo por hierbas y pequeños arbustos, los únicos que pueden sobrevivir a semejante altitud. Tras parar en un punto intermedio antes de tomar un segundo teleférico (accesible con el mismo ticket), llegamos finalmente a los 1.987m de altitud en los que se ubica la cima del Kasprowy Wierch. Absolutamente impresionante. El mundo a nuestros pies…

Este monte sirve de frontera natural entre Polonia y Eslovaquia. En el lado polaco, divisamos algunas poblaciones en la lejanía, muchos metros por debajo de nosotros, como si de construcciones de hormiguitas se tratase. En el lado de Eslovaquia, tan sólo montaña. Atravesamos a pie la imaginaria frontera y caminamos por territorio eslovaco. Si el aire de Gubalowka ya era puro, no sé como definir el que respiramos aquí… La estación del teleférico y el observatorio que se sitúa junto a ella son los únicos resquicios de civilización en kilómetros a la redonda.

Caminando por Eslovaquia

Caminando por Eslovaquia

Los picos más altos de los Tatras occidentales rodean la panorámica, destancando sobre todos ellos el majestuoso monte Swinica con sus 2301m de altitud. Valles y lagos completan el maravilloso paisaje. Caminamos, nos sentamos a contemplar y respirar profundamente, volvemos a caminar… y así sucesivamente. Después de disfrutar de semejante entorno durante un rato, nos tomamos un café y un chocolate en la cafetería de la estación del teleférico por 19z en total, resguardándonos así del frescor que, a pesar del maravilloso sol reinante, invade el aire de alta montaña.

Así despediríamos este increíble lugar, iniciando el descenso a través del teleférico, disfrutando nuevamente del espectacular recorrido. En Kuznice, tal y como habíamos advertido antes, ya había un tiempo de espera de 3 horas para acceder al teleférico en sentido ascendente. Afortunadamente habiamos madrugado esa mañana y ya estábamos de vuelta… tomariamos nuevamente, pues, “invitados” por un conductor dotado de una amabilidad inexistente, el minibus hasta Zakopane (recordemos, 3z por persona), apeándonos del mismo en las proximidades de la calle Krupowki, donde disfrutaríamos de un interesante almuerzo en el restaurante Pstrag Gorski (por poco más de 20z cada uno), uno de los más visibles de la zona, ubicado frente al arroyo que discurre junto a la citada calle. La carta dispone de gran variedad de platos de pescado así como de otros platos típicos de la gastronomía polaca, y el aspecto tanto interior como exterior del local es espectacular, acorde al estilo de la ciudad.

Calle Krupowki, Zakopane

Calle Krupowki, Zakopane

Ya sólo tendríamos tiempo de recorrer nuevamente la calle Krupowki, esta vez bajo la luz del día, contemplando algunos carruajes de caballos de aspecto muy llamativo, recoger nuestras mochilas en el hostel y desplazarnos hasta la terminal de autobuses de Zakopane, desde donde partiríamos rumbo a Cracovia. Debido a la densidad del tráfico, el viaje se alargaría casi hasta 3 horas, llegando aún con tiempo suficiente para tomar nuevamente el autobus 208 hasta el aeropuerto, y conectar con nuestro vuelo de vuelta a Reino Unido.

Eso sí, con los pulmones recargados con el aire puro de los espectaculares Montes Tatras. Hasta pronto, Polonia…

Los Montes Tatras dominados por los 2.301 metros del pico Swinica

Los Montes Tatras dominados por los 2.301 metros del pico Swinica