Alexandra, Queenstown y los Catlins

Lluviosa tarde en Central Otago. Aquí, el verano es extremadamente cambiante, registrando diferencias de temperatura de 15 ó 20 grados de un día para otro, pasando de un calor difícilmente soportable a frío y lluvia en cuestión de horas… ya llevamos algo más de un mes por esta zona, hemos estado alojados en dos casas diferentes compartidas con neozelandeses en Alexandra, en las cuales hemos estado más o menos bien, y hace apenas una semana nos trasladamos a Roxburgh debido al nuevo trabajo que encontró Elena en la zona.

Dándolo todo sobre el río Clutha

Dándolo todo sobre el río Clutha

Ha sido un mes de largas, calurosas y duras horas de trabajo, que sin duda se han visto recompensadas por las excursiones que hemos tenido ocasión de llevar a cabo los fines de semana. El pueblo de Alexandra en sí no tiene demasiado que ver, pero es un buen punto de partida para recorrer Otago y adentrarse en las maravillas de Southland y Fiorland. Cabe destacar los restos del puente que cruzaba el río Clutha desde 1882, el cual fue sustituido en 1958 por uno más ancho a fin de albergar un carril para cada sentido de la circulación. Un paseo por el cauce del fotogénico río se torna muy agradable cuando el tiempo acompaña, recomendamos especialmente cruzar el puente y realizar toda o parte de la ruta que conecta siguiendo el curso fluvial con la población de Clyde, situada 8 km al norte. Durante el recorrido me topé con un rudimentario columpio instalado sobre el agua pendiendo de la rama de un árbol que me otorgó un buen rato de diversión cual niño de 10 años…

Cabe destacar un curioso reloj gigante instalado en una colina cercana a la localidad y visible desde cualquier punto de la misma, y que informa constantemente de la hora a sus habitantes. Existen numerosas rutas para los amantes de la bicicleta por la zona, pero desafortunadamente no hemos tenido la posibilidad de hacer ninguna.

Bungy sobre el río Kawarau

Bungy sobre el río Kawarau

La primera de las tres excursiones que hemos realizado desde Alexandra tuvo como destino la turística ciudad de Queenstown, situada a algo más de una hora en coche tomando la carretera 8 hasta Cromwell para después continuar por la 6 hasta la propia Queenstown. Nuestro primer alto en el camino corresponde con el Kawarau Bungy Centre, que básicamente consiste en un vertiginoso puente instalado sobre el río Kawarau desde el que se puede practicar bungy abonando un precio un tanto prohibitivo (180 NZD por persona, lo cual propició que me quedase con las ganas…). El bungy consiste en saltar desde el puente atado por los pies con una cuerda elástica que permite rozar el agua en el punto más bajo de la caída. También resulta impresionante de ver, acompañado de la belleza del entorno natural y el color turquesa de las aguas del río. Pudimos observar varios saltos antes de continuar nuestro camino hacia la localidad de Arrowtown, para lo cual cogemos el desvío indicado en la carretera 6. Esta población data de la década de 1860, cuando el descubrimiento de oro en el río Arrow propició el auge de la misma. Actualmente, una visita a Buckingham Street nos da una idea de lo que fue el pueblo por aquel entonces y un paseo por la misma nos hace retroceder en el tiempo hasta el siglo XIX. De no ser por los coches presentes en la calle, parecería que en cualquier momento nos fuésemos a topar con algún carro tirado por caballos cargado del preciado metal. Las fachadas de las casas conservan el encanto de la época y podemos encontrar en las mismas diversos establecimientos, cafeterías y restaurantes. En cierto modo, la estructura recuerda a un pueblo típico del Oeste Americano.

Arrowtown

Arrowtown

Una vez atravesada Buckingham Street, si continuamos caminando 5 minutos más en la misma dirección llegaremos a los restos del antiguo asentamiento colonial chino que se instaló junto al río. Aún se pueden visitar algunas de las chozas que construyeron entonces, de reducidas dimensiones y, en algunos casos, instaladas aprovechando pequeñas oquedades en las paredes de roca.

Así pues, tras la visita a esta pequeña localidad proseguimos nuestro camino hasta el último destino del día, la internacional población de Queenstown, situada a orillas del lago Wakatipu y, sin ninguna duda, capital de los deportes náuticos y de aventura en Nueva Zelanda. En primera instancia visitamos los Queenstown Gardens, lugar de reunión de sus habitantes y visitantes y donde disfrutamos de un agradable picnic escuchando un concierto que se estaba celebrando en honor al Waitangi Day, que conmemora cada 6 de Febrero la división territorial y pacífica de las islas entre maoríes y colonos británicos (donde estos últimos salieron aventajados). Los jardines están situados en una pequeña península que ofrece unas preciosas vistas del lago Wakatipu en su parte más sur occidental. Bajando hacia la bahía de Queenstown nos topamos con un cosmopolita ambiente compuesto por gran cantidad de establecimientos comerciales y hosteleros y gente de todas la nacionalidades, acompañado de una pequeña playa que permite observar el ir y venir de embarcaciones a los muelles y ofrece también una bonita vista del lago.

Queenstown desde las alturas

Queenstown desde las alturas

Después de un paseo embriagados por este internacional ambiente decidimos subir con el coche hasta el final de Brecon Street para iniciar caminando la ascensión al Skyline Góndola (también se puede subir y bajar en teleférico por 26 NZD), a fin de poder contemplar la famosa panorámica que se puede divisar desde este complejo hostelero. La ascensión no es tarea sencilla, el camino es duro y la pendiente bastante inclinada. En algo más de una hora conseguimos llegar a nuestro destino, deteniéndonos durante el camino en varias ocasiones para recuperar el aliento. Cenar en el restaurante supone unos 70 NZD por persona, así que optamos sólo por contemplar las maravillosas vistas que el balcón ofrece sobre Queenstown y el lago Wakatipu bajo un fondo dominado por los montes Remarkables, la estampa más famosa de la localidad y, sin duda, digna de ver.

La segunda de las excursiones que decidimos llevar a cabo corresponde con una zona mucho más desconocida y poco explotada de Nueva Zelanda, lo cual la hace más especial si cabe, y cuya seña de identidad es la naturaleza salvaje que se puede admirar en ella, incluyendo focas, leones marinos o pingüinos de varios tipos: The Catlins. Para llegar hasta aquí, tomamos la carretera 8 rumbo al sur y más tarde la 90 hasta Gore, desde donde continuaríamos por la 1 hasta Invercargill (aunque en la localidad de Edendale se puede tomar un atajo que no encontramos…).

La ciudad de Invercargill es bastante grande pero tiene poco que ver, aunque es un buen lugar para aprovisionarse antes de adentrarse de lleno en los Catlins. Desde aquí tomamos la South Scenic Route, la cual nos llevaría hasta nuestro destino.

Pingüino Ojigualdo

Pingüino Ojigualdo

Nuestra primera parada en los Catlins tiene lugar en Fortrose, pequeña población desde la que se pueden divisar con bajamar los restos del naufragio del buque Ino, sin embargo, no hubo suerte y no lo pudimos contemplar. Así pues, decidimos continuar hasta el faro situado en Waipapa Point, donde tuvo lugar el peor desastre naval de la historia de Nueva Zelanda: el hundimiento del S.S. Tararua, que causó más de 150 muertes. Y es que los fuertes vientos que soplan en esta zona, el fondo rocoso de la misma y la furia del choque del Océano Pacífico con el Mar de Tasmania la convierten en muy peligrosa para la navegación. Al poco de llegar, tras recorrer un insufrible camino de gravilla con nuestra van, nos topamos con un viajero que nos asegura que en la playa contigua acaba de ver pingüinos. Sin mas dilación, nos dirigimos a ella para comprobarlo por nosotros mismos… ¡el chico estaba en lo cierto!. Nos topamos con un pingüino ojigualdo tumbado en la arena de la playa, observando la inmensidad del mar que le alimenta. Su mirada parece cansada y no parece preocuparse por nuestra cercanía, a pesar de que vigila nuestros movimientos. Probablemente se tratase de un pingüino de avanzada edad o quizá enfermo, así pues decidimos no molestarle más y continuamos caminando por la playa. A la vuelta, nos topamos nuevamente con él, pero esta vez está en pie, con la mirada perdida de nuevo en el horizonte del océano, bajo una tranquilidad absoluta. Un bonito encuentro.

Leones marinos en Waipapa Point

Leones marinos en Waipapa Point

Proseguimos nuestro paseo por la playa hasta el faro de Waipapa, donde nos aguardaría otra sorpresa… justo después de comentar con Elena que probablemente sea difícil ver leones marinos con frío y viento en la playa, veo que comienza a señalarme algo alterada un punto muy concreto en la vegetación que crece sobre la arena situada al lado de la playa opuesto al mar. Al dirigir la vista en esa dirección acierto a divisar entre las plantas un pequeño león marino que nos observa en pie. Aún con la sorpresa en nuestros rostros, repentinamente aparece otro mucho mayor gruñendo por detrás de la espesa vegetación, un macho de 400-500 kg que impone bastante respeto y al que conviene no enfadar demasiado… el susto es mayúsculo, y con la consiguiente congoja nos retiramos varios metros, casi esperando el ataque del enorme animal. Afortunadamente, éste no se produce, y nos tomamos los gruñidos como un aviso de que estábamos demasiado cerca… ¡qué poco ha faltado! Y es que no es nada recomendable interponerse entre un león marino y su salida al mar, ya que obstaculizamos su huida en caso de necesidad y les hacemos sentir incómodos.

Recuperado el ritmo cardíaco normal, nos disponemos a tomarles varias fotos desde una distancia prudencial, lo cual no parece incomodarles. Es entonces cuando descubrimos que es un grupo de 3 compuesto por una hembra, el enorme macho que nos ahuyentó y otro macho más pequeño que parecía más joven.

"Baile" de leones marinos

“Baile” de leones marinos

Acto seguido, la hembra y el joven macho se dirigen a juguetear al mar, unidos en un “sensual baile” que produce nuestra admiración y la de las otras pocas personas allí presentes, bajo el faro de Waipapa Point. Una maravilla para los sentidos poder observar el comportamiento de estos animales en su hábitat y en libertad. Un momento completamente inolvidable.

Decidimos continuar nuestro camino por los Catlins, sintiendo que, con lo que hemos vivido, ya ha merecido la pena con creces esta excursión.

Nuestra siguiente parada es Slope Point, punto situado más al sur de la Isla Sur de Nueva Zelanda y donde podemos observar unos árboles con extrañas formaciones propiciadas por los fuertes vientos que soplan aquí. Hay que aparcar el coche al final de un camino de gravilla (una constante en los Catlins), para recorrer durante unos 15 minutos un verde campo habitado por ovejas hasta llegar a un pequeño faro nada fotogénico y una señal que indica que estamos en el punto más al sur de la isla, acompañado por las distancias hacia el Polo Sur y el Ecuador. Las vistas de los acantilados costeros sobre el mar son muy bonitas.

Bosque jurásico petrificado

Bosque jurásico petrificado

Proseguimos nuestro camino hasta Curio Bay (en este tramo desaparece el asfalto de la carretera para convertirse en un camino de gravilla de 14 km no apto para impacientes), donde podemos admirar los restos fosilizados de un bosque que data del período Jurásico, situado sobre las rocas que emergen frente a la costa. Se pueden apreciar perfectamente los troncos tumbados de los árboles como si estuviesen esculpidos en la roca, muy curioso de ver. El perímetro que se puede visitar está delimitado por una cinta y pudimos ver un par de pingüinos (aunque a una distancia mayor que el de Waipapa Point) con las alas abiertas, suponemos que para secarlas. Anochece sobre nosotros y decidimos dormir en la loma que hay sobre el camping situado entre Curio Bay y Porpoise Bay, con unas bonitas vistas al mar desde el cristal de nuestra van, y después de disfrutar de unos buenos sandwiches de queso y paté españoles, enviados una semana antes por nuestras familias…¡gracias!

McLean Falls

McLean Falls

Después de disfrutar de un bonito amanecer sobre Porpoise Bay, la primera visita que haríamos a la mañana siguiente serían las McLean Falls, cuya entrada está situada a mano izquierda tras la localidad de Chaslands. Hay que atravesar el enésimo camino de gravilla para llegar al aparcamiento desde el que se inicia una corta caminata de unos 20 minutos hasta la cascada, atravesando un bosque que perfectamente podría ser el decorado de Jurassic Park. Hay que fijarse bien en que el camino continua ascendiendo por unas rocas junto a una pequeña cascada (que no son las McLean Falls), ya que si no lo apreciamos corremos el riesgo de perdernos la maravilla que es la cascada principal. Llegamos alrededor de las 9 de la mañana y no había nadie más, así que pudimos disfrutar de ese pequeño paraíso los dos solos. De película.

Cathedral Caves

Cathedral Caves

Era el turno de Cathedral Caves. La entrada cuesta 5 NZD por persona, pero sería un delito llegar hasta aquí y no verlas. En menos de media hora andando desde el aparcamiento, llegamos a una preciosa y gigantesca playa donde uno se siente totalmente libre, que tendríamos que recorrer durante otros 10 minutos andando a mano izquierda hasta llegar a las impresionantes cuevas, de gran altura y no demasiada profundidad, accesibles sólo con bajamar. Esta vez tuvimos suerte y así fue. La nota negativa la pusieron una especie de moscas-mosquitos que habitan estas cuevas y muchas otras zona húmedas del país y que intentan comerte literalmente cuando entras (al menos en verano). Salí de allí con decenas de picaduras en las piernas, las cuales me estuvieron molestando considerablemente durante casi dos semanas…

Poco antes de llegar a la localidad de Papatowai, paramos en un mirador situado a mano derecha que permite contemplar una bonita panorámica de Tautuku Bay, para después continuar hasta las Purakaunui Falls. Un paseo de unos 10 minutos desde el aparcamiento de las mismas conduce hasta la cascada, es bonita, escalonada y bastante ancha, pero sabe a poco después de haber visto las McLean Falls.

Leones marinos en Surat Bay

Leones marinos en Surat Bay

Nuestra penúltima parada de la excursión correspondió con Surat Bay, famosa por su colonia de leones marinos. No nos defraudaron, y tras una caminata de una media hora aproximadamente por la playa divisamos al primero de ellos reposando en la arena, aleteando sobre sí mismo para cubrirse con ella. Prosiguiendo nuestro recorrido por la playa fuimos topándonos con el resto de componentes de la colonia, todos ellos reposando bajo el sol, de diferentes tamaños y donde pudimos apreciar perfectamente la diferencia de colores entre machos (pardo oscuro) y hembras (tonalidades más claras). En el camino de vuelta, atravesando la estrecha playa que conduce hasta el aparcamiento tras recorrer la gran Surat Bay, otro enorme león marino macho volvió a sorprendernos, emergiendo repentinamente del agua con su voluminoso cuerpo para sentarse en medio de la pequeña extensión de arena de la playa, cortando el paso a los caminantes. Después de exhibirse durante unos minutos y, suponemos que sintiéndose algo incómodo por tener varias personas a cada lado de la playa esperando para cruzar, decidió sumergirse nuevamente en el mar para desaparecer tal y como había llegado entre estas frías aguas.

Nugget Point

Nugget Point

Dejamos Nugget Point para el final, un lugar casi místico y que ya era sagrado para los maoríes. No es para menos. Se puede acceder a través de un camino de gravilla que parte de Kaka Point. Poco antes de llegar al aparcamiento se puede parar en un mirador oculto situado en una bahía donde los pingüinos suelen aparecer un par de horas antes del anochecer. Nosotros no pudimos verlos en esta ocasión, e iniciamos la marcha hacia el faro de Nugget Point, atravesando las alturas envueltos en un fortísimo

Recorrido hacia Queenstown

Recorrido hacia Queenstown (click para ampliar)

viento y admirando la belleza indescriptible del paisaje. Las rocas y escarpados acantilados crean un efecto impresionante, y los islotes que se divisan desde el faro, escoltando la inmensidad del Océano Pacífico que permite apreciar la curvatura de la Tierra, forman un conjunto casi mágico. Un lugar donde sentir la fuerza de la naturaleza.

Recorrido por los Catlins

Recorrido por los Catlins (click para ampliar)

La próxima excursión ya estaba decidida, un lugar que tenía muchas ganas de ver desde hace años y una visita en la que tenía puestas unas expectativas muy altas, lo que muchos dicen que es la joya de Nueva Zelanda: Milford Sound. Os lo contaremos muy pronto…

Faro de Nugget Point

Faro de Nugget Point

11 respuestas a Alexandra, Queenstown y los Catlins

  1. Pingback: Un mes recorriendo Otago y parte de Southland | Destino Kiwi

  2. Ciudad Gomez Jose dijo:

    QUÉ MARAVILLA!! Una tierra casi virgen, aunque tengáis que ir de trabajo en trabajo…. !vaya experiencia!!

  3. Marta dijo:

    Impresionante. TODO!!! ¿y los curreles que tal?
    Muchos besos!!!!

  4. Kubala dijo:

    No se me ocurre ningún adjetivo mas a la narración, simplemente esperar nuevas aventuras redactadas por Don Josué !!,

    Un abrazo

  5. marisol dijo:

    Estoy leyendo y me parece estar viviéndolo ,,,,,,Besos

  6. jorge dijo:

    Los Catlins son el reflejo de lo despoblado y virgen que es Nueva Zelanda. Naturaleza y tranquilidad en estado puro. como anécdota, contarles que en las McLean nos encontramos aunos novios haciéndose las fotos de boda….. con el barro llegándoles a las rodillas.
    Disfruten de Milford. Hasta la carretera para llegar es de una belleza inmemsa.
    Sigan disfrutando.
    PD: los leones marinos también nos dieron un buen susto ;).

    • destinokiwi dijo:

      Si, es una maravilla, los Catlins dejaron un muy grato recuerdo en nosotros… mientras que los encontronazos con leones marinos no pasen de simples sustos la cosa va bien!
      Pues ya estuvimos en Milford, tanto la carretera que atraviesa Fiordland como el propio fiordo son mágicos, lo contaremos pronto en el blog. Saludos!!

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