Bagán: la Octava Maravilla del mundo

Recorrido por Bagán (click para ampliar)

Recorrido por Bagán (click para ampliar)

1:00h am. Noche cerrada y oscuridad absoluta. Tras unas 21 horas de navegación surcando el río Ayeyarwady, por fin pisamos tierra firme. El deficiente alumbrado apenas nos permite vislumbrar el embarcadero de Nyaung-U, donde un grupo de taxistas nos espera con los brazos abiertos y el símbolo $ en sus ojos. El cansancio nos permite completar una rápida negociación con dos de los taxistas que ansían que contratemos sus servicios. Acordamos, pues, compartir un carrotaxi (muy típico en Bagán) entre cuatro personas (nuestras compañeras de travesía Isabel y Philippa, mi hermano y yo) por 500 Kyats cada uno hasta el centro de la localidad de Nyaung-U, donde nuestro taxista Tei Tei, ayudado por Nanda (la bonita yegua que tira del carro), nos haría un pequeño recorrido por varios hostales en los cuales preguntaríamos precios y opciones. Durante un tramo del trayecto, Tei Tei incluso me cede los mandos de Nanda, que obedece mecánicamente mis directrices desde la soga, hecho que no deja de sorprenderme teniendo en cuenta que es la primera vez que tengo la ocasión de hacer algo así, a pesar de sentir pena por el animal.

Nanda tirando del carrotaxi

Nanda tirando del carrotaxi

Poco antes de entrar en la población, somos detenidos por las autoridades turísitcas a fin de cobrarnos los 20$ que cuesta teóricamente la entrada a la zona arqueológica de Bagán, aunque su enorme extensión hace difícil controlar esto y muchos turistas abandonan la zona tras haberla visitado sin haber abonado tal cantidad. No fue nuestro caso…

Finalmente, tras dar varias vueltas por la ciudad a bordo de nuestro carrotaxi, decidimos reservar las tres noches siguientes en el Pyinsa Rupa, donde nos ofrecen habitaciones dobles muy sencillas provistas de ventilador por 20$ la noche. Por fin, tras un larguísimo viaje, es hora de dormir. El calor no es suficiente para vencer al cansancio acumulado…

A la mañana siguiente disfrutaríamos del completísimo desayuno incluido en nuestro alojamiento, el cual se sirve en un salón donde coincidiríamos y charlaríamos con otros viajeros de diversas nacionalidades, para después alquilar un par de bicicletas por 1000 Kyats por todo el día en un local situado justo enfrente del Pyinsa Rupa, y salir a recorrer parte de la enorme llanura de Bagán.

Shwezigon Paya

Shwezigon Paya

Iniciamos nuestro camino, pues, rumbo al suroeste, realizando nuestra primera parada en la Shwezigon Paya, una pagoda de grandes dimensiones situada a las afueras de Nyaung-U. Estacionamos nuestras bicicletas junto a la entrada, y dos simpáticas birmanas se apresuran a recibirnos y ofrecerse muy amablemente a guardar nuestras botas, ya que, como es normal en Myanmar, debemos entrar descalzos al templo. Tras la visita, y al tratar de salir sin intención de comprar nada en los puestos de souvenirs que regentaban, su simpatía se desvaneció por completo. El recinto que alberga la pagoda es muy bonito y colorido, y está repleto de turistas, al igual que todos los templos importantes de la zona arqueológica de Bagán, sin que esto suponga un problema para aquel que prefiera lugares más solitarios. Tenemos más de 2000 pagodas repartidas por toda la zona arqueológica, la cual ocupa más de 40 km cuadrados… es extremadamente fácil desviarnos un poco de los recorridos más típicos para disfrutar de momentos de paz en compañía de los paisajes y restos del reino de Bagán, el cual presume de tener una corta pero apasionante historia.

La época dorada de Pagan, nombre que el paso del tiempo transformaría en Bagán, se inició con la llegada al poder del rey Anawrahta en el siglo XI, y sería perpetuada por sus descendientes hasta el punto de que su esplendor la convirtiese en una de las ciudades más importantes de todo el sudeste asiático, llegando a disponer por aquel entonces de unas 5000 pagodas. Sin conocer aún el motivo exacto del declive y desaparición de este poderoso reino, allá por el siglo XIII, todo parece indicar que podría estar relacionado con la llegada de los ejércitos mongoles de Kublai Khan, los cuales habrían invadido y saqueado la ciudad.

Bagán en bicicleta

Bagán en bicicleta

A medida, pues, que vamos continuando nuestro camino hacia el suroeste, rumbo a Old Bagan, las miles de estupas que invaden toda la explanada van creando un paisaje cada vez más mágico y misterioso, el cual se mezcla con la aridez de estos campos y el polvo en suspensión que invade el ambiente, siendo aún más especial cuando decidimos tomar algunos caminos de arena secundarios en los cuales la conducción en vehículos de dos ruedas se torna algo peligrosa, pero que nos conducen hasta antiguos templos solitarios donde poder contemplar en medio de una tranquilidad absoluta el paso de los siglos, conservando aún algunas pinturas budistas originales de la época en el interior de muchos de ellos, y obsequiándonos con las primeras vistas generales de Bagán de las que podremos disfrutar desde lo alto de aquellas pagodas en las cuales sea posible subir hasta su parte más alta. Absolutamente impresionante…

Venta de artículos locales

Venta de artículos locales

De esta forma, llegaríamos hasta uno de los templos más importantes de toda la zona arqueológica: el Ananda, rodeado de toda una red de restaurantes locales y puestos comerciales que lo llenan de vida y ajetreo. Sus dimensiones son considerables y es fácilmente reconocible desde lo alto de otros templos porque su arquitectura difiere ligeramente de la de éstos. Fue construido en el año 1105 y, tal y como en absolutamente todas las estupas de Bagán, dispone de varias galerías interiores que rodean el centro de la misma de forma cuadrangular. Lo más destacable del templo son las 4 enormes estatuas doradas de Buda que alberga en su interior, cada una con una posición de manos y un significado diferente, y cada una de las cuales está orientada hacia cada uno de los 4 puntos cardinales. Tras la visita, decidimos que era hora de reponer fuerzas comiendo en alguno de los restaurantes situados en las proximidades del enorme templo. Nos decantamos por The Moon, un restaurante vegetariano muy agradable y bien decorado donde tuve ocasión de degustar un excelente plato compuesto por piña y crema de coco al curry (ambos comimos por 7000 Kyats incluyendo bebidas). Delicioso. Con toda seguridad, una de las mejores comidas que recuerdo de todo nuestro viaje por Myanmar.

Bupaya Pagoda

Bupaya Pagoda

Tras esta agradable experiencia culinaria, decidimos ponernos a pedalear nuevamente para adentrarnos en la localidad de Old Bagan, aún con el estómago bastante pesado y bajo un calor sofocante… en poco tiempo nos plantamos en el That Byin Nyu, un templo muy importante para los locales y muy activo religiosamente hablando, repleto de birmanos que acuden hasta él para realizar sus oraciones. Al igual que el Ananda, tiene una forma peculiar y es fácilmente reconocible por una estructura principal de forma bastante cuadrada. Este templo data del año 1144 y, con sus 60 metros de altura, es la estructura más alta de Bagán. Realizamos una rápida transacción en un puesto cercano al templo para adquirir la enésima botella de agua del viaje y nos disponemos a visitar su interior, el cual no difiere demasiado del resto de pagodas de la zona y dispone de la misma estructura cuadrada de galerías que albergan diversas imágenes de Buda. Acto seguido, visitamos el cercano Shwegu Gyi Paya, desde cuya parte superior disponemos de una magnífica vista del That Byin Nyu y otros cientos de estupas que adornan el maravilloso paisaje. Nos adentramos aún más en Old Bagan hasta llegar a la Bupaya Pagoda, característica por una reluciente estupa dorada que corona una espectacular panorámica desde las alturas del río Ayeyarwady. Otras dos opciones a visitar en esta localidad son el Palacio Dorado y el Museo Arqueológico, cuya entrada cuesta 5000 Kyats en ambos casos, aunque no puedo dar mi opinión sobre ellos ya que no estuvimos allí.

Abandonamos, pues, Old Bagan, para dirigirnos hacia la zona central de la llanura, efectuando nuestra primera parada en la Shwesandaw Pagoda, donde nos encontramos nuevamente con nuestras compañeras de travesía fluvial, Isabel y Philippa, las cuales nos acompañarían el resto de la tarde, y desde cuya parte alta hay unas vistas absolutamente espectaculares. A la mañana siguiente volveríamos aquí para ver el amanecer…

Dahmmayan Gyi Pagoda

Dahmmayan Gyi Pagoda

Nos acercamos, después, a la Dahmmayan Gyi Pagoda, templo también muy activo religiosamente que en ese momento estaba repleto de gente. Entre todos ellos, llama nuestra atención un numeroso grupo de mujeres birmanas que lucen el atuendo típico de Myanmar y se disponen a tomar una “foto de equipo”. Mientras observamos la escena y las mujeres comienzan a reír, el fotógrafo nos invita a aparecer en la instantánea, dejando nuestra cámara en sus manos para que también retrate la escena con ella, obteniendo así una de las fotos más bonitas de nuestro viaje. Apenas tenemos tiempo de visitar el templo, ya que el sol comienza a caer y tenemos intención de contemplar el atardecer desde lo alto de la siguiente pagoda que teníamos en nuestra ruta: Pyathadar Phaya. El camino hasta aquí es ciertamente largo y duro, ya que se vuelve excesivamente arenoso haciéndolo casi impracticable para las bicicletas, pero, finalmente, conseguimos llegar a la hora adecuada para subir a la pagoda y contemplar el espectáculo. El sol comienza a caer y un cielo rojizo, sólo cortado por los picos de las miles de estupas que colapsan el paisaje, se apodera de la llanura, otorgándole unas tonalidades impresionantes. Una estampa preciosa, aunque, para mi gusto, demasiado abarrotada de gente.

Ananda nocturno

Ananda nocturno

Tras contemplar semejante maravilla, iniciamos el camino de vuelta y somos engullidos por la noche, la cual nos obsequia con dos magníficas vistas nocturnas de los templos Sulamani y Ananda, el primero de ellos tan sólo con su perfil insinuado por la luna, y el segundo de ellos iluminado por las propias luces del templo.

Tras esta bonita despedida para nuestro primer día en Bagán, ya sólo nos quedaría un largo camino en bicicleta hasta nuestro hostal, una ligera cena en el restaurante situado junto a la planta baja (7000 Kyats para 3 personas) e irnos a dormir pensando en seguir descubriendo las maravillas de la zona durante el día siguiente, el cual comenzaríamos extremadamente temprano con el fin de vislumbrar el mayor espectáculo de Bagán: el amanecer. Para ello, nos dirigiríamos a eso de las 5:00 am, nuevamente en bicicleta, hasta la ya conocida por nosotros Shwesandaw Pagoda, y ascenderíamos de nuevo hasta su punto más alto, todavía sumidos en la oscuridad de la noche. Poco a poco fue llegando más gente hasta que la parte alta del templo se llenó casi por completo. Entonces, sobre las 6:00 am, da comienzo el espectáculo. Espectáculo del que hablaré al final de este post, ya que, a la mañana siguiente, volveríamos a disfrutar de él, constituyendo la despedida más bonita inimaginable de este lugar tan especial.

Ciclomotor eléctrico

Ciclomotor eléctrico

Después del amanecer, volveríamos al hostal a desayunar e iniciaríamos la visita a los templos algo menores de la parte este y sur de la zona arqueológica de Bagán, tales como Thambula, Lemyethna, Zan Thi o Dhammayazika, entre otros, inmersos en el mismo bonito paisaje que nos rodeó durante todo el día anterior. Atravesaríamos, después, la población de New Bagan, donde se concentran algunos de los hoteles más caros de la zona, y pararíamos a comer en uno de los restaurantes de la localidad de Myin Ka Bar (9000 Kyats por 3 personas, incluyendo riquísimos zumos de fruta naturales), tras una durísima y larga etapa en bicicleta sin marchas, y con la que subir las cuestas que nos encontraremos por aquí resulta realmente agotador, mucho más si sumamos el asfixiante calor que suele azotar este lugar.

Tras la comida, decidimos iniciar el largo camino de regreso a Nyaung-U, donde aprovecharíamos para descansar un poco en nuestra habitación y reservar un vuelo para el día siguiente hasta la localidad de Heho, desde donde pretendíamos llegar hasta el lago Inle. Reservamos dicho vuelo al precio de 50$ por persona en una agencia próxima a nuestro alojamiento con la compañía aérea Golden Myanmar, de la cual no teníamos absolutamente ninguna referencia. Cenaríamos una especie de “pinchos” en un puesto callejero por 1700 Kyats entre los dos y nos acostaríamos pronto esa noche con el fin de madrugar nuevamente al día siguiente para ir a ver nuestro último amanecer en Bagán.

Panorámica del amanecer

Panorámica del amanecer

En esta ocasión, y después de la paliza en bicicleta que nos dimos el día anterior, decidimos alquilar un ciclomotor eléctrico de dos plazas por 5000 Kyats, para acercarnos nuevamente hasta la Shwesandaw Pagoda. Esta vez no veríamos el amanecer desde lo alto de ella, si no que continuaríamos unos metros hasta una de las estupas de menor tamaño que se encuentran ligeramente hacia el sur, para efectuar una subida algo arriesgada hasta lo alto de una de ellas y disfrutar del amanecer nuevamente, con la diferencia de que esta vez tan sólo estábamos allí mi hermano Rodrigo y yo. Disfrutaríamos de una magnífica vista de la Shwesandaw Pagoda, además de todo el paisaje que ya contemplamos la mañana anterior. Y esta vez sí, ha llegado el momento de describir sin lugar a dudas uno de los momentos más espectaculares del viaje, probablemente el primero en esta lista… ver este espectáculo escuchando tan sólo la llanura, y romper ese semisilencio con nuestras voces únicamente cuando nosotros así lo decidamos, no tiene precio. Es difícil describirlo, es algo que creo que se debe experimentar, pero intentaré dibujarlo en vuestra imaginación de la mejor manera posible…

"Eclipse aerostático"

“Eclipse aerostático”

Poco antes de las 6:00 am, la ténue luz del crepúsculo comienza a iluminar muy levemente los áridos campos de la zona, y empezamos a vislumbrar en medio de la penumbra las miles de estupas que adornan toda la llanura de Bagán, entre las que destacan, junto a la Shwesandaw Pagoda, los enormes templos de Ananda y Dahmmayan Gyi, cuyas siluetas, unidas al polvo en suspensión que hay en el ambiente, crean una estampa tan mágica como espectacular, cubiertos en su parte inferior por una nieblina que está presente en toda la panorámica que llegamos a divisar. Es en ese momento cuando uno crea en su mente la imagen de lo que debió ser el antiguo reino de Pagan durante su época de esplendor, y cómo verían sus pobladores aquel amanecer tan bello que roza los límites de la imaginación, dibujando un paísaje más típico de un cuento oriental que del mundo real. Cuando el astro rey comienza a mostrar la parte superior de su rojiza circunferencia y a invadir el cielo de esa misma tonalidad, se empieza a apreciar la forma de los globos aerostáticos que cada amanecer recorren la llanura (para aquellos interesados, su precio ronda los 300$, y estoy seguro de que debe ser espectacular, pero dicha actividad escapaba a nuestro presupuesto), para, posteriormente, verlos elevarse y surcar ese cielo rojizo, dándole al paisaje un aspecto más impresionante si cabe. Desde nuestra perspectiva, algunos de ellos tapan el sol momentáneamente, creando unos inverosímiles “eclipses aerostáticos”. Ir a ver el amanecer en Bagán es, bajo mi punto de vista, una actividad obligatoria en cualquier viaje a Myanmar. 100% recomendable, mágico, espectacular, se me acaban los adjetivos…

Hasta la vista, Bagán

Disfrutando del espectáculo

Ésta fue la preciosa despedida con la que nos obsequió la histórica ciudad. Ya sólo tendríamos tiempo de volver al hostal para desayunar, hacer un pequeño recorrido por las calles de Nyaung-U y contratar, por 5000 Kyats, un carrotaxi que pasaba por allí para que nos llevase hasta el sencillo aeropuerto de Bagán, desde donde partiríamos en el avión provisto de turbohélices con el que Golden Myanmar realiza el trayecto Bagán – Heho. Esta compañía resultó ser una muy grata sorpresa, superando con creces nuestras expectativas en cuanto a servicios, estado de la aeronave, etc. Muy recomendable.

Así, divisándolo desde el aire, nos despedimos del antiguo reino de Pagan, al cual ni el saqueo de los ejércitos mongoles ni el paso del tiempo le han restado un ápice de su magia, magia que se forjó en sólo dos siglos pero que espero que perdure por siempre en estas tierras. Si tuviese que elegir la Octava Maravilla del mundo, esa sería Bagán.

Amanecer sobre Bagán

Amanecer sobre Bagán

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