Amarapura, Sagaing y Paleik. Navegando hacia Bagán

Toma de contacto con el tráfico local

Toma de contacto con el tráfico local

Amanece sobre Mandalay. El despertador de nuestros móviles nos anuncia el inicio de otra larga e intensa jornada. Después de haber conocido la ciudad, nos disponemos a recorrer los alrededores de la misma, plagados de lugares interesantísimos por descubrir. Acumulamos energías en el abundante desayuno que incluye nuestro alojamiento, el Sabai Phyu, y nos disponemos a recoger la moto que habíamos reservado la noche anterior en el mismo por 10$ para todo un día, y que se encontraba en bastante buen estado. Necesitábamos un medio de transporte rápido y efectivo para cumplir con la ruta que nos habíamos fijado, y qué mejor que el vehículo por excelencia de Mandalay. En esta ciudad, creo que las motos se cuentan por millones, gran parte de la población dispone de una y la utiliza diariamente en sus desplazamientos. Después de haber contemplado el caos circulatorio que reina en la población, decidimos que el conductor sea, al menos inicialmente, mi hermano Rodrigo, el cual ya contaba con experiencia manejando este tipo de vehículos en países como Vietnam, ocupando yo, pues, la parte trasera del asiento.

Mentiría si dijese que la primera toma de contacto con el tráfico en Mandalay no provoca cierto pánico a quienes se inician en esta actividad, pero lo cierto es que poco a poco, aquel caos circulatorio que parecía no tener ningún sentido empieza a cuadrar en nuestras cabezas, acostumbrándonos progresivamente a las reglas no establecidas que siguen todos los conductores locales y que parecen mantener un cierto orden en la circulación, tales como tocar el claxon antes de adelantar (con el consiguiente ruido que se propaga constantemente por toda la ciudad) y ceder el paso en las intersecciones al primero en llegar.

Repostando al estilo birmano

Repostando al estilo birmano

Para los peatones, debe cruzarse la calle a paso firme y velocidad constante, deteniéndose sólo cuando sea necesario y no dando jamás un paso atrás, ya que los propios conductores son los que calculan las distancias y nos irán esquivando con total normalidad (nosotros también debemos hacer lo propio al conducir, por supuesto). Ésta es la única manera de cruzar las calles, los pasos de peatones no surten ningún efecto y los semáforos sólo regulan intersecciones importantes. La primera vez bien puede parecer un suicidio, pero poco a poco se va cogiendo experiencia y confianza en ello, y el sentimiento de inseguridad comienza a desaparecer, hasta el punto de cruzar casi sin mirar y con una tranquilidad absoluta mientras cientos de motos y otros vehículos pasan por delante y detrás nuestra, tal como hacen los birmanos.

El sistema que utilizan los locales para el repostaje de las motos es, cuanto menos, curioso. Por supuesto, nosotros también recurriríamos a él siempre que fuera necesario. En las calles de la ciudad encontraremos numerosos vendedores de gasolina que se dedican a rellenar botellas de litro y medio con dudosas mezclas y vender su contenido por unos 800 – 900 Kyats.

Lago Taung Tha Man

Lago Taung Tha Man

Tras esta introducción para ayudar a comprender el funcionamiento del tráfico en la zona, comenzamos con el recorrido, pudiendo colocarme a duras penas el casco incluido en el alquiler de la moto, con la hevilla rota y, por su apariencia, más propio para un soldado de las Naciones Unidas que para un motorista. Nuestra breve y primera parada corresponde, pues, con la orilla norte del lago Taung Tha Man, a fin de inmortalizar con nuestra cámara la bonita estampa compuesta por pescadores, búfalos que se adentran a nadar en el propio lago y la vegetación flotante característica del mismo, todo ello envuelto en la suave bruma que se aprecia sobre el lago a primera hora de la mañana.

Poco después, llegaríamos en nuestro flamante vehículo al puente U Bein, el cual data de 1850 y puede ser considerado como el símbolo de Amarapura, ostentando además el título de puente de madera de teca más largo del mundo. Un barquero local nos ofrece un paseo fluvial por las inmediaciones del puente por 6000 Kyats, pero reservamos dicha actividad para el atardecer, a pesar de que los precios sean bastante más elevados para entonces…

Puente U Bein, Amarapura

Puente U Bein, Amarapura

La estampa del puente sobre el lago es muy bonita, y todo el entorno es bastante agradable. Comenzamos el recorrido por el mismo comprando algunos souvenirs artesanos a un grupo de mujeres birmanas que, como la inmensa mayoría de ellas, lucen en su rostro el Tanaka, consistente en unos polvos amarillentos extraídos de la madera del árbol del mismo nombre y que se utilizan como maquillaje y protección solar. A medida que vamos avanzando, los turistas birmanos comienzan a detenernos nuevamente con intención de fotografiarse con nosotros, como ya nos sucedió en algunos puntos de Mandalay. Tras un agradable aunque bastante caluroso paseo casi hasta el final del puente y degustar un coco en un bar situado en la península con la que conecta el puente en su recorrido, volvemos a nuestra moto para continuar con la ruta establecida.

Nuestro próximo destino: Sagaing, hacia el suroeste. Un enorme puente sobre el río Ayeyarwady nos da la bienvenida a esta localidad, obsequiándonos con unas preciosas vistas del río y las verdes montañas plagadas de estupas de diferentes tonalidades de blancos y dorados que coronan la ciudad.

Misión de paz de la ONU en Sagaing...

Misión de paz de la ONU en Sagaing…

Atravesamos, pues, el puente, para adentrarnos en la población en busca del acceso a la colina de Sagaing Hill. Las señalizaciones, nuestros mapas y nuestra intuición nos permiten llegar sin problemas. Aparcamos junto a la entrada de la colina para iniciar una dura ascensión bajo el sofocante calor propio de la época seca de Myanmar, durante la cual intercambiaremos algunas palabras con otros viajeros europeos que se encuentran realizando el mismo trayecto. La cima nos da la bienvenida con varios puestos de souvenirs antes de acceder al recinto del templo que la corona. Aquí, desgraciadamente, tuvimos el único encuentro desagradable que hemos sufrido con un birmano en todo nuestro viaje. Al poco de acceder al templo, se nos acercó un monje pidiéndonos dinero de una manera un tanto amenazante y violenta, a lo cual, dadas las formas, nos negamos. El sujeto se nos encara, mascando lo que los birmanos llaman kumya (práctica muy habitual en Myanmar), una mezcla con propiedades alucinógenas de tabaco con otros ingredientes envueltos en una hoja de betel, la cual ataca los dientes produciendo una coloración negra bastante desagradable, y produciendo una gran cantidad de salivación rojiza que pigmenta toda la boca de dicho color y que les provoca tener que estar escupiendo muy frecuentemente. Este individuo comienza, pues, a escupir repetidas veces muy cerca de nosotros, y sus demandas de dinero se hacen más insistentes, cada vez pidiendo mayor cantidad. La escena es muy desagradable, el rojo del kumya hace parecer que estuviese escupiendo sangre. Finalmente, decidimos darle los 1000 Kyats que solicitó inicialmente para librarnos de él y evitar tener problemas en un país en el que desconocemos las leyes. Al fin y al cabo, estamos de viaje y la cantidad es insignificante, sin embargo las formas me parecieron absolutamente lamentables. Triste hecho haber podido comprobar la mala imagen que este tipo de monjes dan a una institución tan honorable, aunque, afortunadamente, creo que sólo son casos muy aislados.

Panorámica de Sagaing

Panorámica de Sagaing

Tras este incidente y visitar algo desganados el recinto, tomando varias fotos panorámicas de la bonita vista que hay desde arriba, decidimos reponer fuerzas en el restaurante situado junto al templo y que permite comer contemplando la  bonita estampa de Sagaing y el río Ayeyarwady. Los platos no tienen nada de especial, y el precio que nos cobran finalmente (5500 Kyats entre los dos) es bastante mayor al que nos habían ofrecido en un principio. Algo desencantados por estos hechos, decidimos descender hasta nuestra moto para abandonar definitivamente Sagaing y continuar con nuestro camino.

De esta manera, nos dirigimos a la cercana localidad de Inwa, cruzando el puente nuevamente en dirección opuesta. Al llegar al cruce con el río Myitnge (no tengo ni idea de cómo se pronuncia…), punto de paso obligado para acceder a Inwa, comprobamos que la única manera de superarlo es en barca, lo cual nos llevaría a tener que estacionar la moto, pagar la barca y el taxi desde el otro lado del río hasta el pueblo. Decidimos, pues, suspender la visita y cambiarla por otra que teníamos como segunda opción, pero que finalmente constituyó una bonita aventura: las serpientes de Paleik.

Templos abandonados en Paleik

Templos abandonados en Paleik

El trayecto es un poco largo, y la carretera 1 algo peligrosa debido al volumen de tráfico que alberga, pero, en mi humilde opinión, merece la pena llegar hasta aquí. Tras dar varias vueltas y volver varias veces sobre nuestros propios pasos, debido a informaciones contradictorias entre diferentes locales a los cuales preguntamos, conseguimos llegar a la población de Paleik, dentro de la cual también tendríamos que dar varios rodeos y preguntar en varias ocasiones a sorprendidos y tímidos birmanos que parecían no haber visto jamás una persona de rasgos occidentales. Nos adentramos, siguiendo sus indicaciones, en el bosque, y descubrimos varios templos y estupas abandonados e invadidos por la vegetación, como si la naturaleza estuviese reclamando y recuperando lo que siempre fue suyo, pudiéndose escuchar tan sólo el canto de las aves que habitan el bosque. Hasta ahora, todos los templos que habíamos visitado se encontraban cuidados y en buen estado de conservación. Ahora tenemos una nueva visión de ellos, muy diferente y también muy apasionante. Aquí me sentí como un arqueólogo explorando los restos de alguna antigua civilización perdida en el tiempo, 100% recomendable.

Serpientes de Paleik

Serpientes de Paleik

Preguntamos a los únicos lugareños que pasan por la zona sobre cómo llegar al Hmwe Paya, templo al que nos dirigíamos inicialmente. Nos indican amablemente las direcciones a seguir mientras nos observan con curiosidad, y 5 minutos después nos plantamos allí. Adquirimos una necesaria botella de agua por 300 Kyats (un buen precio a pagar por este artículo en Myanmar oscilaría entre 200 y 400 Kyats), y nos disponemos a descalzarnos una vez más y acceder a la pagoda. Atravesamos la figura inicial de Buda sin reparar demasiado en ella, ya que vamos buscando a las 3 inquilinas más famosas del templo: las serpientes que habitan en él. Tras varios minutos de búsqueda sin éxito, ver la pila donde las bañan (cada día a las 11h, aunque nosotros no lo vimos), cientos de fotografías de lugareños con ellas y estatuas de las mismas, volvemos nuevamente a la imagen de Buda que da la bienvenida a la pagoda. Es entonces cuando nos damos cuenta de que, a sus pies, descansan las 3 enormes pitones que habitan el lugar. Nos acercamos sigilosamente y, tras introducir una pequeña donación en una de las urnas destinadas a ese fin, uno de los, suponemos, cuidadores de las serpientes, nos invita a acercarnos más, hacernos fotos con ellas e incluso tocarlas. Por supuesto, accedemos. Tienen un tacto extrañamente suave y templado, agradable. Me atreví incluso a acariciar la cabeza de una de ellas, la cual reaccionó levantándola muy levemente y abriendo parcial y muy lentamente la membrana que recubre sus ojos cuando duermen, infundiendo respeto y elegancia. Preciosa, no se me ocurre otro adjetivo.

Atardecer en Amarapura

Atardecer en Amarapura

Tras esta bonita visita, nos disponemos a regresar nuevamente al puente U Bein en Amarapura a fin de disfrutar de su famoso atardecer. En primera instancia, parece que todas las barcas que realizan el recorrido están ya reservadas, y todo hace indicar que nos perderemos el espectáculo, pero, tras un rato buscando e indagando, un birmano nos ofrece compartir una de sus embarcaciones con otras dos personas que también están esperando, al precio de 4000 Kyats por cabeza. Aceptamos sin dudar, ya que es nuestra última oportunidad y, teniendo esto en cuenta, el precio no es tan elevado. Nuestros agradables compañeros de embarcación resultan ser padre e hija, ambos de nacionalidad francesa, y recorren Myanmar juntos siguiendo un recorrido parecido al que nosotros haremos. El trayecto que realiza la barca es muy sencillo, zarpa, cruza el puente para volver a cruzarlo de nuevo y, finalmente, se detiene en un punto estratégico desde el que veremos ponerse el sol tras los árboles y el propio puente, y desde donde podremos buscar la instantánea perfecta. Como ya he mencionado en diversas ocasiones, el atardecer es un momento muy especial que despierta en mi una tranquilidad y una sensación de bienestar y paz interior difícil de describir, pero si además lo rodeamos de un marco como éste, el resultado es sencillamente espectacular.

Recorrido por la zona sur de Mandalay (click para ampliar)

Recorrido por la zona sur de Mandalay (click para ampliar)

En ese momento, pues, damos por concluido nuestro recorrido por los alrededores de Mandalay, y nos disponemos a iniciar el camino de regreso, efectuando un alto en el camino para cenar unos noodles con acompañamiento al módico precio de 3400 Kyats en total en uno de los muchos restaurantes sin paredes y abiertos a la calle que veremos por toda la ciudad y donde poder degustar platos birmanos.

Tratamos de acostarnos lo más temprano posible, ya que la mañana siguiente tenemos previsto partir a las 5 de la mañana en barco hacia Bagán, nuestro próximo destino. En el Sabai Phyu nos gestionan un taxi para la hora acordada al precio de 3000 Kyats por persona (importante aclarar si los precios son por persona o por vehículo, ya que en Myanmar se juega mucho al despiste con este concepto), y nos plantamos en el muelle una media hora antes de zarpar. Adquirimos los tickets para el barco en la oficina de la Inland Water Transport (compañía naviera gubernamental) instalada en el propio muelle, teniendo que abonar 15$ por persona, un precio superior por ser extranjeros al que pagan los locales. Una vez en el barco, existe una especie de “Apartheid” por el cual los birmanos se instalan sobre el suelo desde la mitad del navío hasta la popa del mismo, mientras que para los extranjeros se suministran una serie de sillas en la zona de la cubierta que va desde la mitad del barco hasta la proa. Supongo que el fin de esto es justificar de alguna manera el elevado precio que cobran a los extranjeros en relación a los locales, aunque yo no tendría ningún problema en pagar el precio estándar y viajar en la cubierta con los birmanos. Sin embargo, no existe esa posibilidad.

Cubierta del barco

Cubierta del barco

El navío es de construcción japonesa y es muy viejo, sí, pero, para ser sinceros, no más de lo que me esperaba. De hecho, la sala de máquinas, visible desde la cubierta inferior, nos sorprendió muy gratamente, pues parecía muy nueva y bien cuidada.

Teóricamente, el barco tarda 14 horas en llegar a Bagán, aunque, en la práctica, y al menos en nuestro caso, ascendió a 21. Supongo que retrasos de estas dimensiones son bastante comunes en estre trayecto. El cambiante fondo del río Ayeyarwadi invita a navegar muy cuidadosamente y midiendo constantemente la profundidad del cauce fluvial a fin de evitar encallar. De hecho, al poco tiempo de iniciar la travesía, y tras contemplar un agradable amanecer navegando, el barco tocó fondo y quedamos parcialmente atrapados, coincidiendo con el tramo del río que pasa frente a la ya conocida por nosotros localidad de Sagaing y el puente que habíamos cruzado el día anterior con la moto.

Equipo de rescate

Equipo de rescate

Gracias a una improvisada embarcación de rescate procedente de esta población y el esfuerzo de ambas tripulaciones, logramos continuar nuestro camino casi dos horas después. Fueron muchas las horas de viaje, pero no se me hicieron pesadas en absoluto, es una oportunidad única para observar el estilo de vida que se lleva a cabo en las aldeas instaladas a lo largo de todo el cauce del río Ayeyarwadi, el cual las llena de vida y movimiento comercial. Durante las paradas, los locales suben al barco para ofrecernos sus productos. Adquirimos en una de esas ocasiones unas samosas, un racimo de plátanos y algunos alimentos más de mano de una joven vendedora, las cuales supondrían nuestra comida del día, regateando el precio hasta 3000 Kyats, tras una dura negociación…

Hacemos buenas migas con nuestros compañeros de viaje, la mayoría franceses, pero también con representación alemana y española. Cenamos un delicioso arroz con vegetales y pollo al curry que nos prepararon en la cocina del barco por 2000 Kyats cada uno. A altas horas de la tarde, cuando la mayoría de mis compañeros de viaje ya descansan, es un buen momento para sentarse junto a la barandilla del barco y simplemente disfrutar de todo esto bajo una temperatura ideal. Tan sólo contemplar cómo vamos recorriendo lentamente la orilla del Ayeyarwadi cubierta por esa leve nieblina que reside en Myanmar, y pensar que estamos en algún punto perdido en mitad del sudeste de Asia, disfrutando de esta aventura tan bonita, me hace sentir afortunado de estar aquí. Todos deberíamos poder tener la oportunidad de viajar, conocer y poder disfrutar de todas estas experiencias tan enriquecedoras.

Mi hermano y el río Ayeyarwadi

Mi hermano y el río Ayeyarwadi

Así pues, a la una de la mañana, tras una larga e inolvidable travesía, llegaríamos en medio de una oscuridad total a Bagán, donde nos aguardaban las maravillas que dejó un reino con el mismo nombre que enloqueció construyendo estupas durante los 200 años que duró, y cuya desaparición es aún un misterio…

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3 respuestas a Amarapura, Sagaing y Paleik. Navegando hacia Bagán

  1. Pingback: Recorriendo el sur de Mandalay en moto… | Destino Kiwi

  2. Andrea Elizabeth Gómez dijo:

    Al leer tu recorrido me transportaste a todos los lugares donde estuvieron, sin duda un país con una esencia única. 🙂 me gustaría algún día visitarlo y andar en moto =D

  3. destinokiwi dijo:

    Vale pero déjame que practique un poco mas antes con ella… jajaja, o mejor aún, tu conduces! 🙂

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