Riviera Maya 2ª parte: de Tulum a Cancún

Dulce despertar. La ventana de nuestra cabaña muestra una preciosa estampa del cálido mar Caribe. No se puede pedir más. Aún tenemos tiempo de disfrutar de las paradisíacas instalaciones del hotel Diamante K y de un rico desayuno en su restaurante por 240 MXN entre los dos. Tras ello, abandonamos nuestra querida cabaña playera para ponermos en marcha, a pie, hacia las ruinas de la ciudad maya de Tulum, ya que se encuentran situadas a “tan sólo” media hora de camino. Y lo entrecomillo porque el excesivo calor y el hecho de tener que cargar con nuestras mochilas no nos lo pondrían tan fácil…

Ciudad maya de Tulum

Ciudad maya de Tulum

Finalmente, conseguimos llegar hasta la entrada de la zona arqueológica, cuyo acceso cuesta 64 MXN (gratuito a estudiantes y profesores mexicanos). Tulum, o, como la llamaban sus antiguos habitantes, Zamá, la única ciudad maya jamás eregida frente al mar, desarrolló su época de esplendor entre los siglos XII y XV, propiciada por la importancia que tuvo como nexo de unión entre el comercio marítimo y terrestre de entonces. Una vieja conocida para mí, ya que ésta era la segunda vez que tenía la oportunidad de visitarla. La villa esta amurallada, y accedemos a la misma por su puerta norte, disfrutando, nada más atravesarla, de una magnífica panorámica compuesta por templos mayas fundidos con el intenso verde de la pradera y la vegetación tropical del lugar, pudiendo divisar el mar a nuestra izquierda. Impresionante.

Tras haber sido abandonada por los mayas, las iguanas ocuparon la ciudad en su totalidad y, hoy en día, campan a sus anchas por toda la zona arqueológica. Avanzando un poco más hacia el sur, encontramos una pequeña pero bonita playa cerrada al público debido a la anidación de tortugas que allí tiene lugar. Tras ella emerge el Castillo, la construcción más alta de la ciudad, la cual corona de manera imponente la playa accesible al público, a la cual se baja por unas escaleras situadas junto al templo. Dicha playa es estrecha pero preciosa, y las ruinas de Tulum la adornan desde las alturas de una manera soberbia. Al contrario que en mi anterior visita a la ciudad, tanto esta playa como otras de la zona sur de la Riviera Maya se encontraban afectadas por una invasión de algas que, desgraciadamente, le restaban parte de su espectacular belleza natural.

Voladores de Papantla

Voladores de Papantla

Tras un agradable baño en sus aguas, abandonaríamos tanto la playa como la zona arqueológica para dirigirnos al cruce con la carretera 307, atravesando para ello una zona plagada de puestos de souvenirs y restaurantes, y donde también tuvimos ocasión de observar un espectáculo conocido como los Voladores de Papantla. Éstos llevan a cabo un ritual acrobático religioso que tuvo su origen a través de varios pueblos indígenas mexicanos a lo largo de la historia, para el cual 4 personas van descendiendo progresivamente mientras danzan girando sobre un enorme tronco vertical. Es bastante vistoso y espectacular. Aprovecharíamos también para comer, en la zona, un par de baguettes acompañadas de sus respectivos menús (patatas y refresco) por 118 MXN entre los dos. Tras ello, tomaríamos un transporte colectivo que nos llevaría hasta la localidad de Akumal por 30 MXN cada uno, iniciando así nuestro camino de regreso paulatino hacia el norte, el cual terminaría en el punto de partida del viaje: Cancún.

El colectivo nos dejó en el cruce de la carretera con la entrada a la población de Akumal, desde donde hay unos 10 minutos a pie hasta la playa del mismo nombre, la cual está dotada de hoteles y todos los servicios necesarios. Por seguridad, alquilamos una taquilla en el club de playa por 140 MXN, a fin de guardar nuestras pertenencias y poder meternos al agua más tranquilos. Aunque la playa en sí es bonita, también se encontraba algo estropeada por la invasión de algas mencionada anteriormente, y el putrefacto olor que ello conlleva… en cualquier caso, aquí, lo realmente espectacular está bajo el agua…

Recorrido por la Riviera Maya (click para ampliar)

Recorrido por la Riviera Maya (click para ampliar)

Sacamos a relucir, pues, nuevamente, nuestras gafas de snorkel (también se pueden contratar guías que las rentan). Este lugar es famoso por las grandes tortugas marinas que cada año acuden en verano a desovar en él, y no queremos perder la oportunidad de bucear con estos animales en libertad. Iniciamos la inmersión en su busca y, en poco tiempo, nos topamos con la primera de ellas, la cual no parece incomodarse en exceso por nuestra presencia. Incluso nos regala una demostración de su agilidad en el medio acuático. El encuentro resulta una experiencia francamente bonita, 100% recomendable. Tendríamos ocasión de ver varias tortugas más y algunas rayas, cuyo amenazante aguijón nos invitaba a mantener un poco más las distancias, pero cuyo impresionante aspecto también despertó nuestra curiosidad. Lamento profundamente no poder mostrar fotografías de estos encuentros, pero tan sólo disponíamos de una cámara acuática desechable cuyo carrete estaba ya agotado para entonces… el tiburón ballena acaparó casi todas las instantáneas.

Tras estos agradables encuentros, regresaríamos nuevamente al cruce con la carretera 307 para tomar otro colectivo que nos acercaría hasta Playa del Carmen, uno de los puntos turísticos por excelencia de Riviera Maya, por 35 MXN cada uno. Bajamos cerca de la Quinta Avenida, corazón turístico y comercial de la ciudad. Tras buscar varias opciones de alojamiento, nos decantamos por el Hostal 6-15, situado a tan sólo un par de manzanas de la avenida principal, y donde nos ofrecen una habitación doble extremadamente simple, sin ventanas y donde el calor era considerable, pero la cual contaba con ventilador y con un precio muy económico (300 MXN para una noche).

Quinta Avenida, Playa del Carmen

Quinta Avenida, Playa del Carmen

Cenaríamos muy decentemente en una taquería de barrio sin nombre (115 MXN entre los dos), para completar la jornada con una visita nocturna a la concurrida Quinta Avenida, llena de restaurantes, bares, tiendas y, sobre todo, gran cantidad de gente de diferentes nacionalidades. Refrescaríamos nuestra noche recurriendo a un 2×1 en cervezas en el restaurante Las Camelias (50 MXN) y a un par de helados de taro, sabor de origen vegetal muy de moda en México (15 MXN cada uno). Ya a la mañana siguiente, abandonaríamos nuestra precaria habitación para, después de desayunar un paquete compuesto por hot cakes, café y agua de sabores (45 MXN por persona) en el establecimiento Caguamo, dirigirnos al puerto de Playa del Carmen. Recurriríamos nuevamente a la compañía naviera UltraMar, la cual ya utilizamos para nuestra visita a Isla Mujeres, optando en esta ocasión por otro destino: Cozumel, la isla más grande de la Riviera Maya y la tercera de México, con alrededor de 50 km de un extremo a otro. El precio del barco a Cozumel con esta compañía asciende a 300 MXN por persona (ida y vuelta abierta), y el trayecto es casi tan bonito como el de Isla Mujeres, aunque más largo.

Desembarcamos, pues, en la localidad de San Miguel de Cozumel, sobre las 11:00h, tras una bonita primera impresión de la isla. Ésta da la bienvenida al viajero con sus cristalinas aguas, presumiendo de ser uno de los mejores lugares de todo el mundo para practicar el buceo. Gran cantidad de lugareños nos dan la bienvenida tratando de vendernos su servicios, principalmente vehículos de alquiler y excursiones relacionadas principalmente con los arrecifes y sus fondos marinos. Con el fin de recorrer parte de la isla, ya que de otra manera puede resultar bastante complicado, decidimos alquilar un vocho (Volkswagen Escarabajo) descapotable de color dorado durante 24 horas por 500 MXN (más una fianza de 1000 MXN, y sin incluir la gasolina) a través de la compañía Cuarto y Quinto Poder. Siempre quise tener uno y, ahora, al menos, ¡tendría la oportunidad de cumplirlo por un día!

Recorriendo la isla de Cozumel en Vocho

Recorriendo la isla de Cozumel en Vocho

Iniciamos, pues, la búsqueda de alojamiento para esa noche, mientras, poco a poco, me voy acostumbrando a la diferente forma de conducción de nuestro flamante vehículo de… no sé… ¿40 años de edad?… en algunas partes el suelo está carcomido y se ve el asfalto de la carretera, y el ruido de su motor resulta infernal. Pero no me importa. Me gusta mi vocho descapotable, y punto. Por el mismo precio nos ofrecieron un Chevy más moderno, pero no. Yo quería el vocho. Tras varios intentos en diferentes hoteles y hostales, encontramos una espaciosa, bonita y limpia habitación disponible en el Hotel Suites Vima (500 MXN por una noche), la cual dispone de baño privado, televisión y aire acondicionado. Más que correcta, excelente.

Comenzamos, pues, nuestro recorrido por la isla rumbo al suroeste (el norte está prácticamente deshabitado y las carreteras no están asfaltadas, una buena opción de aventura de habernos quedado algún día más en Cozumel). Realizamos varias paradas para disfrutar de las vistas y buscar algún buen lugar para snorkelear. Tristemente, la mayoría de las playas de esta zona están copadas por hoteles, restaurantes o clubes de playa que sólo permiten el acceso previo pago del precio que éstos hayan querido establecer. Para poder disfrutar de alguna de ellas, decidimos pagar el acceso al San Francisco Beach Club (120 MXN por persona, incluyendo un vale de 100 MXN en comida dentro del propio club), el cual dispone también de una piscina bastante decente que incluso cuenta con una barra de bar a ras de agua.

San Francisco Beach Club

San Francisco Beach Club

La playa en sí es bonita o, al menos, lo sería antes de que la hubieran llenado de sombrillas, tumbonas, toboganes, etc. Prácticamente no queda espacio libre en la arena y, para mi gusto, está muy sobreexplotada. Demasiado. Ya que estamos aquí, decidimos colarnos cual niños traviesos en uno de los toboganes hinchables que flotan sobre el agua, cuyo uso en principio está condicionado al pago de una entrada más cara. Tras este acto de rebeldía, y teniendo en cuenta el hambre que ya nos aqueja, pedimos una hamburguesa y un burrito, ambos de pollo, acompañados por sendos refrescos. Todo ello asciende a 320 MXN (suma que, descontando los dos vales de 100 MXN incluidos en la entrada, se queda en 120 MXN). La comida está muy buena, todo hay que decirlo.

Con el vacío de estómago solventado, proseguimos nuestro camino hasta el Parque Ecoturístico Punta Sur, ubicado, como su propio nombre indica, en el extremo sur de la isla, y cuyo elevado precio (240 MXN por persona) nos lleva a tomar la decisión de no entrar. Junto a su puerta de acceso, hay una pequeña capilla, dos restaurantes y una hermosa vista panorámica de la costa y el mar, un lugar ideal para posar con nuestro vocho descapotable, descansar y admirar el paisaje. Tras ello, continuaríamos bordeando la isla en dirección noreste hasta la playa El Mirador, donde un bonito entorno rocoso conforma una curiosa estampa. Aquí, degustaríamos un coco frío (o al menos lo vendían bajo tal eslogan) por 40 MXN, mientras observábamos cómo un grupo de rock filmaba su videoclíp sobre las picudas rocas costeras.

El Mirador, costa este de Cozumel

El Mirador, costa este de Cozumel

Decidimos, pues, volver sobre nuestro camino a fin de aprovechar las últimas horas de luz del día para snorkelear en uno de los lugares que analizamos en el trayecto de ida con esa idea, concretamente el que se encuentra situado poco antes de los hoteles que preceden a la terminal de ferrys de Cozumel. Aquí, la entrada al mar se torna algo complicada debido al suelo pedregoso de la línea de costa pero, sin duda, es un pequeño inconveniente que merece la pena sufrir a cambio de las maravillas que nos esperan en los fondos de Cozumel, una vez que nos coloquemos nuestras gafas de snorkel. Aguas cristalinas, corales, peces de todos los tamaños, formas y colores, una barracuda y varias rayas de diferentes colores y medidas. Un regalo para la vista. Lo mejor de la isla, sin duda, está aquí abajo. Si ésto es lo que se ve a pocos metros de la línea de costa, podéis imaginar cómo deben ser los fondos en los arrecifes del suroeste. Algún día volveré para comprobarlo. Ésa es mi particular excusa para regresar a la Riviera Maya en una tercera ocasión…

Terminaríamos la espectacular inmersión coincidiendo con un bonito atardecer sobre el mar Caribe. Tras ello, nos dirigiríamos nuevamente al coche con idea de volver a la población de San Miguel de Cozumel. Pero nuestro viejo amigo ya no podría más. El vocho no arrancaba. No nos quedó mas remedio, pues, que ponernos en contacto vía telefónica con la compañía que nos lo alquiló, Cuarto y Quinto Poder, la cual nos enviaría otro vehículo con las mismas características, esta vez de color azul, a los mandos de un mecánico que, tras entregarnos el vocho de recambio, se quedaría reparando el otro. Parecía que ya estaba acostumbrado a ello. Así, con nuestro “nuevo” vehículo, nos dirigiríamos a San Miguel y, más concretamente, al supermercado Chedraui, donde cenaríamos pollo rostizado con agua de mango por 60 MXN entre los dos, en unas mesas instaladas allí con el fin de consumir la comida adquirida en el propio supermercado. Así, regresaríamos al hotel para dar por concluido nuestro primer día en Cozumel.

Snorkeleando

Snorkeleando

A la mañana siguiente, nos levantaríamos temprano con la idea de realizar una segunda inmersión en la costa noroeste de San Miguel, cuyos fondos, aún siendo bonitos, no resultarían tan espectaculares como los de la tarde anterior. Tras ello, tendríamos que desalojar la habitación del Hotel Suites Vima e ir a devolver el vocho descapotable al mismo punto en el que lo recogimos. Recorrer la isla de Cozumel con él y su antecesor fue toda una experiencia. Después, nos dirigimos al Starbucks de la Avenida Melgar para desayunar (126 MXN entre los dos) y, acto seguido, acudir al puerto con la idea de tomar el barco de vuelta a Playa del Carmen, todavía con los impresionantes fondos marinos que se extienden bajo la superficie de la isla de Cozumel en nuestras mentes. Toda una maravilla natural.

Desde Playa del Carmen tomaríamos, en el mismo lugar donde nos dejó el colectivo que nos trajo desde Akumal, otro colectivo con destino Cancún, donde pasaríamos los dos últimos días de este viaje. Nos bajaríamos, nuevamente, frente a la terminal de autobuses del centro de Cancún, desde tomaríamos la ruta R1 en dirección a la zona hotelera, apeándonos de la misma en Playa Caracol. Nos dirigimos al hostal Mayapan, situado junto a los gigantescos hoteles Riu, en un centro comercial abandonado que dispone de una envidiable decoración basada en la civilización maya, pero que tuvo que ser abandonado hace varios años debido a los daños producidos por un huracán.

Discoteca Coco Bongo, Cancún

Discoteca Coco Bongo, Cancún

Llegamos al hostal sin reserva previa, tan sólo con buenas referencias del mismo. Finalmente tenemos suerte y disponen de una habitación doble para nuestras dos últimas noches en Cancún. El precio (800 MXN por noche) es algo elevado pero, a pesar de ello es, con diferencia, la opción más barata de alojamiento en la zona hotelera. Al ocupar buena parte del antiguo centro comercial, las zonas comunes del hostal son extremadamente espaciosas, contando también con cocina (desayuno incluido) y una mesa de ping pong que en alguna ocasión utilizamos como pasatiempo.

Durante estos dos días en Cancún, bajaríamos el ritmo que habíamos llevado durante todo el viaje para relajarnos en sus playas, concretamente en Playa Caracol y en Playa Gaviota Azul, y en su ambiente nocturno, focalizado principalmente en las inmediaciones de la archiconocida discoteca Coco Bongo, y donde también destacan otros pubs como el Congo o La Vaquita. Ubicado en la calle que se adentra entre ambos, se encuentra Las Pescadillas, local donde sirven unos deliciosos tacos de pescado que constituirían nuestra cena para las dos noches que pasaríamos en Cancún, por menos de 100 MXN entre los dos. Para las comidas, elegiríamos las quesadillas que preparan en Las Quekas, establecimiento próximo a nuestro alojamiento de buen precio y calidad (13 MXN cada quesadilla y 15 MXN cada sope).

Anochecer en Playa Caracol

Anochecer en Playa Caracol

Las playas de Cancún son bonitas, pero, para mi gusto, no son ni mucho menos las mejores que hemos disfrutado en la Riviera Maya. A pesar de ello, desde Playa Caracol, es posible acceder a la playa de los hoteles Riu, la cual, en la noche, ofrece una vista panorámica del iluminado skyline del centro de la ciudad que constituyó una bonita despedida para este inolvidable y espectacular viaje. Al día siguiente, sería hora de recoger maletas y poner rumbo nuevamente al Aeropuerto Internacional de Cancún.

Sin embargo, no puedo concluir mi relato dejando de recomendar otras visitas que realicé en mi primer viaje a esta zona, hace ya más de 3 años, comenzando con la impresionante reserva de la biosfera de Sian Ka’an, una bahía de aguas cristalinas repleta de fauna local (pelícanos, delfines, tortugas, cocodrilos, etc.) situada a unas 4 horas de camino sin asfaltar desde Tulum hacia el sur, visitable desde Punta Allen. Cabe mencionar también el parque Xcaret, cuyo espectáculo nocturno basado en la cultura mexicana es absolutamente imperdible, y donde también tuve la ocasión de nadar con delfines, tocarlos y alimentarlos. En cuanto al tema arqueológico se refiere, también visite las ruinas de la antigua ciudad maya de Cobá, parcialmente despejada de la selva y que cuenta con ese encanto de no haber sido reconstruida, y, por supuesto, la ciudad maya más famosa del planeta, una de las 7 maravillas del mundo moderno: Chichen Itzá, la cual cuenta también con un ancestral espectáculo nocturno de luces y sonido muy recomendable.

Chichen Itzá

Chichen Itzá

Aquí pongo, pues, el punto y final a mi narración sobre el paraíso mexicano, la Riviera Maya, ese lugar en el que los sueños se mezclan con la realidad para materializar nuestros más instintivos deseos de aventura.

Mis días en México estaban llegando ya a su fín, pero ésto no es todo. Aún queda mucho que contar…

 

2 respuestas a Riviera Maya 2ª parte: de Tulum a Cancún

  1. Pingback: Así terminó mi segundo viaje al paraíso | Destino Kiwi

  2. Hola me gusto mucho tu post y pues Cancun es un verdadero paraíso rodeado de playas muy hermosas.

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