Riviera Maya 1ª parte: en busca del tiburón ballena

Isla Mujeres, Riviera Maya

Isla Mujeres, Riviera Maya

Riviera Maya, estado de Quintana Roo, costa este de la península de Yucatán. Más de 3 años después de la primera visita a uno de mis lugares favoritos en todo el mundo, llegó el momento de regresar. Ruinas mayas, selva, playas de fina arena blanca, peces de colores, tortugas, rayas, palmeras y las paradisíacas tonalidades azul turquesa del mar Caribe. Siempre quise volver para completar mi visita con lugares que quedaron pendientes tras aquel primer viaje por estas tierras, tales como la isla de Cozumel, isla Mujeres, Cancún, Akumal… aunque, para ser sinceros, mentiría si no revelase el verdadero motivo por el que decidí volver, la persecución de un sueño de la infancia, el cual, por aquel entonces, no parecía más que una utopía irrealizable: nadar junto al pez más grande del mundo, el enorme tiburón ballena. No podía desaprovechar esta oportunidad, ya que parte de mi estancia en México coincidió con la mejor época del año para poder realizar esta actividad: finales de julio y principios de agosto, cuando cientos de estos animales se congregan en las cálidas aguas del Caribe en busca de su alimento favorito: el plancton.

Iniciamos nuestro camino, pues, en la central de autobuses de Querétaro, desde donde, por 365 MXN, tomamos el ya citado en otras ocasiones autobús de Primera Plus que nos lleva hasta el Aeropuerto Internacional de Benito Juárez, en la ciudad de México. Allí, tomaríamos el vuelo que habíamos reservado tan sólo unos días antes a través de la página web de la compañía aérea de bajo coste Volaris, al precio de 2.747 MXN por persona:

http://www.volaris.com/

Espectacular atardecer sobre México

Espectacular atardecer sobre México

Así, en poco más de dos horas, y tras una preciosa puesta de sol sobre las nubes, nos plantamos en el Aeropuerto Internacional de Cancún, puerta de entrada por excelencia a la Riviera Maya. Tomamos un autobús de ADO que nos acerca hasta la terminal de autobuses del centro de la ciudad (64 MXN por persona), desde donde nos dirigimos a pie hasta el Haina Hostel. Allí, habíamos reservado una habitación doble para una noche prácticamente un día antes por 580 MXN, a través de la web de Expedia:

http://www.expedia.mx/

La habitación dispone de aire acondicionado, ventilador, baño privado, nevera y una televisión en la que no se ve nada. En líneas generales, es más que aceptable. Nos dirigimos al cercano Parque de las Palapas para cenar unos riquísimos burritos en un puesto callejero por 75 MXN entre los dos. De esta forma, nos iríamos a dormir con el fin de abandonar la ciudad a la mañana siguiente rumbo a la cercana Isla Mujeres. Dejaríamos las playas de la zona hotelera de Cancún para nuestros últimos días en Riviera Maya.

Surcando el Caribe

Surcando el Caribe

Tomaríamos, pues, la ruta R1, la cual para en la Avenida Tulum (por el lado opuesto a la terminal de autobuses), rumbo a Puerto Juárez (10,50 MXN por persona). Una vez en el puerto, adquirimos nuestros tickets para Isla Mujeres en la taquilla de la compañía UltraMar (146 MXN por persona para el trayecto de ida y vuelta, con fecha y hora de vuelta abierta). El viaje en los llamativos barcos amarillos de la compañía es muy agradable, amenizado por un par de jóvenes que tocan y cantan música latina mientras tenemos el privilegio de contemplar el espectacular colorido de las aguas del mar Caribe, el cual nos va ofreciendo diferentes cambios de tonalidades azules y turquesas que parecieran estar pintadas en acuarela. Maravilloso.

En poco tiempo llegamos a Isla Mujeres, cuya paradisíaca estampa alegra la vista de sobremanera, y donde los barcos parecen estar volando sobre sus sombras proyectadas en el lecho marino, perfectamente visibles a través de las cristalinas aguas de la zona. Desembarcamos, y decidimos alquilar un carrito de golf (vehículo más típico para recorrer las cortas distancias de la isla) a uno de los muchos lugareños que nos lo ofrecen en cuanto abandonamos el puerto. Su precio asciende hasta los 550 MXN a través de la agencia Prisma, debiendo ser entregado antes de las 17:00h, tiempo suficiente para visitar toda la isla (4-5h). Antes de recorrerla, decidimos buscar alojamiento para dos noches. Tras varios intentos, dada la poca disponibilidad por estas fechas, encontramos una bonita habitación con aire acondicionado disponible en la Posada Suami por 400 MXN la noche, precio nada desdeñable teniendo en cuenta la época y el lugar en el que nos encontramos. La ubicación, céntrica y cercana a la playa y la zona de bares y restaurantes, es perfecta.

Tortuga Blanca

Tortuga Blanca

Instalamos nuestros senseres en la habitación y nos disponemos a iniciar nuestro recorrido por la isla en nuestro flamante carrito de golf, el cual dispone tan sólo de dos pedales: acelerador y freno. Conducirlo a lo largo de Isla Mujeres, donde reina el tráfico de este tipo de vehículos, resulta francamente divertido. Tanto Eli como yo tratamos de ocupar siempre el puesto de conductor, de una manera más o menos pacífica. Al poco de abandonar la población por la costa oeste, realizamos la primera parada junto a una estatua de un tiburón ballena que da la bienvenida a Isla Mujeres (al día siguiente, trataríamos de buscar la foto con el animal real), todo ello bajo un precioso fondo tropical de palmeras y aguas turquesas, lo cual es una constante en todo el recorrido por esta bellísima isla.

Continuamos nuestro camino hasta la Granja de Tortugas (30 MXN por persona, aunque a los americanos les permiten pagar bastante más en dolares aplicando un extraño cambio de divisas…), donde crían y liberan tortugas marinas pertenecientes a las especies Laúd, Carey, Caguama y Blanca, llamando ésta última mi atención especialmente, la cual resalta sobre las demás por su llamativo color blanco impoluto… ¡si pudiera me hubiera llevado una! Preciosa…

Tiburones, rayas y tortugas en armonía

Tiburones, rayas y tortugas en armonía

Fuera del criadero, junto a la playa, existe un recinto marino vallado que alberga tortugas adultas, rayas y tiburones nodriza, los cuales impresionan bastante por su envergadura. La vista desde el muelle que comprende uno de los laterales del recinto es espectacular, y se pasa el tiempo volando observando la pacífica convivencia que reina entre todos sus inquilinos. Cuando nos quisimos dar cuenta, ya llevábamos media hora analizándolos visualmente…

Continuamos nuestro recorrido y, tras varias paradas para contemplar el paisaje, llegamos a Punta Sur, donde se emplaza un pequeño templo maya junto al faro. Dado que el acceso es de pago y el templo se encuentra prácticamente destruido, decidimos disfrutar de la vista desde el parque aledáñeo, caracterizado por algunas estatuas que emulan motivos mayas, acompañadas por una enorme y realista estatua de una iguana. No en vano, cientos de estos animales campan por aquí a sus anchas, adornando el rocoso paisaje en el que reinan los bonitos colores del fondo marino. Tras haber llegado hasta el extremo más meridional de la isla, retomamos nuevamente el camino hacia el norte, deteniéndonos a comer en el Indio Restaurant, donde disfrutaríamos, en una mesa instalada sobre la arena de la playa, de un delicioso ceviche de camarón acompañado de un par de margaritas, todo ello muy típico por estos lares, y cuyo precio final ascendió a 250 MXN entre los dos. El restaurante se ubica en un lugar espectacular, junto a una pequeña pero magnífica playa de arena fina blanca provista de camas y hamacas disponibles para sus clientes, y con un bonito manto verde de vegetación tropical tras de sí. Era el momento de un placentero baño en sus tranquilas y cálidas aguas, inolvidable…

Polivalente carrito de golf

Polivalente carrito de golf

Tras el agradable rato, ya sólo tendríamos tiempo de regresar al pueblo para devolver, no sin algo de tristeza, nuestro querido carrito de golf, testigo de un hermoso día recorriendo Isla Mujeres. Invertiríamos el resto del día en disfrutar de Playa Norte, la playa más famosa y concurrida de la isla, y en buscar un buen precio para realizar la excursión en busca del tiburón ballena al día siguiente. Finalmente, el lugar elegido fue Scuba Garrido, situado justo enfrente de la Posada Suami y donde, una vez más, las dotes de negociación entre mexicanos de Eli consiguieron el envidiable precio de 1.100 MXN por persona (algunos de nuestros compañeros de embarcación del día siguiente llegaron a pagar alrededor de 1.800 MXN por persona por la misma excursión a través de otras agencias).

Ya en la noche, tras disfrutar de un mágico atardecer en los muelles instalados en la zona occidental de Playa Norte y de dicha playa bajo la ténue iluminación nocturna de la isla, nos dirijimos a cenar una enorme pizza familiar (más que suficiente para dos personas) acompañada de agua de horchata en la Pizzeria Rock (240 MXN entre los dos), situada en la concurrida calle Miguel Hidalgo, la cual se llena de vida a esas horas. Tras ello, nos acostaríamos pronto para estar a la mañana siguiente a las 8:00h en la puerta de Scuba Garrido, aunque los nervios apenas me dejarían dormir. Íbamos a ir en busca del tiburón ballena con el objetivo de snorkelear con él… y eso, no es cualquier cosa… llevaba muchísimos años esperando ese momento. Sólo deseaba que pudiéramos hacerlo realmente, ya que encontrarlos no es 100% seguro y esto depende de muchos factores. Aún así, en ésta época parece que las posibilidades de avistamiento aumentan considerablemente.

Precioso atardecer en Playa Norte

Precioso atardecer en Playa Norte

Así pues, llegó el día. Noé, el patrón de la embarcación, nos conduce desde Scuba Garrido hasta el puerto, donde todos nuestros internacionales compañeros de excursión ya se encuentran esperándonos. Parece que somos los últimos en llegar. Noé se ayudará de un joven lugareño llamado Chuster, estudiante de biologia, durante la excursión. Nos explican algunas medidas de seguridad a tener en cuenta, tales como la prohibición de tocar a los tiburones o de usar crema solar que no sea biodegradable, ya que ambos factores pueden dañar a los animales. Nos proveen de unas gafas de snorkel y un par de aletas a cada uno, y ponemos rumbo al noreste en busca de los dominós, nombre que reciben localmente los tiburones ballena, debido a la pigmentación de puntos blancos distribuidos sobre su piel grisácea. Estos animales suelen medir alrededor de 12 metros de longitud, aunque se cree que pueden alcanzar los 15 e incluso los 18, llegando a pesar más de 20 toneladas. Durante el camino, me estremezco tan sólo imaginando cómo será nadar con semejante criatura.

Las dos horas de camino hasta la zona donde se suelen alimentar resultan, como toda buena espera, muy largas. Durante el recorrido divisamos algunos grupos de delfines en la lejanía, y charlamos un poco con algunos compañeros y con nuestros guías. Finalmente, llegamos a una zona en la que ya hay varios barcos parados, y acertamos a divisar algunas personas metidas en el agua provista de sus equipos de snorkel. Pero no vemos nada más. Parece que, de momento, no es uno de los mejores días para ver tiburones ballena en la superficie. Probablemente, el plancton se encuentra más abajo. Noé tiene varias conversaciones por radio a fin de encontrarlos y… entonces… aparece algo. Vemos una aleta y parte de una cola gigantes, y por momentos también se acierta a divisar su enorme boca abierta buscando alimento en la superficie. Espectacular. Grande. De verdad, muy grande. Es el adjetivo que mejor lo define. La primera sensación que recorre el cuerpo es miedo, miedo de saltar al agua en mar abierto sabiendo que hay un monstruo de 12 metros debajo de nosotros, a pesar de que sepamos que es totalmente inofensivo.

Primer contacto visual...

Primer contacto visual…

Aparecen varios tiburones más. Hacemos 4 grupos de dos personas cada uno a fin de llevar a cabo las inmersiones de manera controlada. Eli y yo formamos el grupo 3. Aún debemos esperar para saltar. Las caras de nuestros compañeros de embarcación, a medida que van subiendo a la cubierta tras haber buceado con un tiburón ballena, lo dice todo. Asombro, incredulidad, todos suben boquiabiertos. El grupo 2 salta al agua. Es nuestro turno. Nos colocamos nuestras gafas de snorkel y nuestras aletas. Nos sentamos sobre el borde de la embarcación, con nuestros pies rozando el agua. Tras un rato, el grupo 2 vuelve a cubierta. “¿Preparados?” es lo que nos dice Noé mientras dirije la embarcación frente a la trayectoria por la que parece que va a pasar el tiburón. Vamos a saltar justo en el lugar hacia el que se dirige el gigantesco animal.

Es difícil describir lo que pasa por mi mente en esos instantes. Llevo soñando con este momento desde que, con 9 ó 10 años, ya elaboraba “libros caseros” de tiburones, ballenas y delfines junto con mi hermano Rodrigo. Quién me diría a mí por aquel entonces que hoy, más de 20 años después de empezar a dibujar y soñar con este animal, iba a encontrarme con él cara a cara… y es que la vida puede ser maravillosa…

Cara a cara con el tiburón ballena

Cara a cara con el tiburón ballena

“¡¡Ahora, al agua!!” Noé da la señal, y Chuster, Eli y yo saltamos al agua.. lo primero que veo es el abismo que se extiende por las profundidades, no quiero saber cuántos metros tengo por debajo de mí en ese momento. Levanto la cabeza y miro al frente. Nunca olvidaré ese momento. Nunca. Lo tengo ahí, a escasos metros de mí. Un gigantesco tiburón ballena atrae todos mis sentidos de manera irremediable, mi vista se pierde entre los deslumbrantes puntos blancos que lucen sobre su piel de color grisáceo, de un tono mucho más claro de lo que imaginaba, probablemente influido por el brillo del sol sobre su lomo. Avanza hacia nosotros, mostrando una boca gigantesca que aún permanece cerrada. Bajo el agua, el miedo desaparece por completo para convertir el momento en algo mágico. El animal que tengo frente a mí es impresionante, increíble, espectacular, enorme, precioso, infunde respeto y admiración. Sencillamente, lo más bonito que he visto en toda mi vida…

El tiburón continúa avanzando, y el asombro me mantiene paralizado. No tiene intención de parar, da por hecho que soy yo el que se tiene que apartar, soy el más pequeño. Me siento insignificante ante su majestuosidad. Estamos en su hábitat, en su mundo, aquí manda él y hay que respetarlo. Finalmente, consigo volver a controlar mi cuerpo y me aparto ligeramente para que no me arrolle. Continúo aleteando junto a él mientras lo contemplo de manera hipnótica, a poco más de un metro de distancia. Casi puedo tocarlo. Sus branquias son gigantescas, una pierna mía cabría en ellas perfectamente. A pesar de que Chuster dijo que no perdiésemos el contacto visual entre nosotros, ya no sé dónde están ni él ni Eli. A decir verdad, creo que en ese momento no se ni cómo me llamo, he olvidado absolutamente todo, y tan sólo disfruto de esta espectacular inmersión. La velocidad del tiburón no es excesivamente elevada y nos permite seguirle unos pocos minutos con nuestras aletas. Tras ello, el colosal escualo comienza a nadar hacia el fondo hasta que desaparece en la inmensidad del mar con un elegante y lento coleteo.

Cumpliendo un sueño

Cumpliendo un sueño

Entonces, encuentro a Chuster y Eli, y Noé pasa a recogernos con la embarcación. Subimos a la cubierta nuevamente. Aún no lo puedo creer. Acabo de nadar junto a un tiburón ballena. Ha sido increíble. Los sentimientos que ha despertado ese encuentro en mi ser son indescriptibles. Es un sueño hecho realidad. Todavía tendríamos ocasión de hacer dos inmersiones más cada uno junto a otros tiburones ballena que fueron apareciendo, igual de espectaculares que el primero. El único punto negativo de la excursión es la elevada afluencia de gente que se congrega en el lugar. Apenas pude disfrutar de la última inmersión debido a este hecho. Es por esto que el gobierno trata de poner un control en cuanto al límite de embarcaciones y personas que pueden viajar en cada una diariamente hasta allí. De otro modo, los animales se acabarán estresando y probablemente abandonando la zona o cambiando sus hábitos.

Todavía con la euforia en el cuerpo, iniciamos el camino de regreso. No puedo ni quiero borrar las imágenes de lo que he visto de mi mente. Se quedarán ahí para el resto de mi vida. Durante el camino, Noé y Chuster nos ofrecen refrescos y sandwiches y, ya junto a Playa Norte, en Isla Mujeres, nos invitan a comer ceviche y beber cerveza sobre sus mansas aguas, utilizando nuestros chalecos salvavidas a modo de mesas flotantes. Acto seguido, y coincidiendo con las primeras horas de la tarde, nos dirigimos nuevamente al puerto para dar por concluida la excursión, donde una empleada del gobierno nos haría una pequeña encuesta sobre la calidad del servicio y el número de embarcaciones y personas que hemos visto en la zona de los tiburones, a fin de mantener el control mencionado anteriormente sobre ello.

Música en directo en Café del Mar

Música en directo en Café del Mar

El resto del día nos dedicaríamos tan sólo a relajarnos y sumergirnos de nuevo en nuestros recuerdos más recientes para volver a encontrarnos con el tiburón ballena. Un buen lugar para ello es el Café del Mar, que toma su nombre del archiconocido pub ibicenco para trasladar parte de su espíritu al atardecer de Isla Mujeres, acompañado de un elegante y sosegado concierto en directo. Por 140 MXN, disfrutaríamos del espectáculo saboreando un Mojito y un Blue Hawaiian, respectivamente. Tras ello, repetiríamos cena en la Pizzeria Rock y daríamos por concluido este día tan especial y, con ello, nuestra visita al paraíso que es ésta isla.

A la mañana siguiente, tomaríamos el barco de vuelta a Puerto Juárez, en Cancún. Desde allí, la ruta R1 nos acercaría nuevamente hasta la terminal de autobuses, donde tomaríamos uno de la compañía Mayab (92 MXN por persona) hasta nuestro próximo destino: Tulum. Tras dos horas recorriendo una carretera que ya me era familiar (la 307), llegamos a la terminal de autobuses de Tulum, y decidimos comer en el cercano y pintoresco restaurante Charlie’s, de calidad bastante buena, por 253 MXN entre los dos. Tras ello, tomamos uno de los taxis que se encuentran en la propia entrada de la terminal de autobuses a fin de llegar al Gran Cenote, situado a unos 3 km de la localidad de Tulum. El precio de la carrera asciende a 60 MXN.

Gran Cenote

Gran Cenote

La entrada al Gran Cenote cuesta 150 MXN y, a pesar de llegar apenas una hora antes del tempranísimo cierre (el cual tiene lugar sobre las 16:00h), aprovechamos la visita al máximo. Las instalaciones del cenote cuentan con todos los servicios necesarios (baño, vestuario, taquilla, alquiler de snorkel…). Este tipo de formaciones kársticas tienen su origen en la extensísima red de grutas subterráneas inundadas que agujerean toda la península de Yucatán como si de un queso Gruyère se tratase. En algunos puntos de esta red, el techo de las grutas acaba cediendo y formando los cenotes. Bucear en ellos, entre estalactitas, estalagmitas y columnas sumergidas es una experiencia única y de una belleza tan peculiar como espectacular.

En esta ocasión sólo pudimos snorkelear (con nuestras propias gafas) en el Gran Cenote bajo el vuelo de la colonia de murciélagos que allí habita, aunque es posible realizar recorridos mucho más largos buceando con botella, un deporte de alto riesgo sólo apto para expertos en la materia. Recomiendo también la visita a otros dos cenotes que visité en mi anterior estancia en Riviera Maya: el Ik Kil, cuya belleza exterior no tiene competidor posible, y el Dos Ojos, donde pueden tener lugar intensas horas de buceo. El Gran Cenote es la mejor combinación que he encontrado hasta ahora entre belleza exterior e interior en este tipo de formaciones. Muy recomendable.

Diamante K, Tulum

Diamante K, Tulum

Tras la bonita visita al cenote, tomaríamos, en la entrada del mismo y por 150 MXN, un taxi hasta la zona hotelera de la playa de Tulum, y más concretamente al Diamante K, un hotel ecológico que, para mi gusto, roza la perfección. Sus instalaciones cuentan con cabañas de varios precios instaladas frente al mar Caribe (nosotros reservamos una noche en una de las más baratas: 600 MXN), y el entorno es una maravilla. Cuenta con una bonita decoración muy bien integrada en la naturaleza, cocoteros, hamacas, sillas, tumbonas y camas sobre la fina arena blanca que comprende el suelo. También cuenta con una ducha comunitaria, por definirla de alguna manera, curiosa, y una pequeña playa incluída junto al restaurante del hotel, en el cual cenaríamos por 380 MXN entre ambos. Ésta estancia fue el pequeño “lujo” del viaje.

Bonito ambiente nocturno

Bonito ambiente nocturno

Al caer el sol, la ténue iluminación del recinto le confiere un mágico aspecto al mismo y, a partir de las 23:00h, los empleados cortan la electricidad (uno de los detalles por los que se autodenomina hotel ecológico), quedando tan sólo iluminado por algunas antorchas, dotándole de un toque aún más ancestral y especial, permitiéndonos disfrutar de un precioso cielo estrellado que nos recuerda, una vez más, la piel moteada con puntos blancos del majestuoso tiburón ballena, acompañados por el sonido de la suave rompiente de las pequeñas olas que se integran a la perfección con esta noche caribeña del mes de julio.

Una noche inolvidable, por muchos motivos. Probablemente, la más especial de toda mi estancia en México. Hago mía una frase que leí en una ocasión y que describe muy bien este momento: “En las cortas noches de verano, los sueños parecen más largos”. Al día siguiente, la vida me daría la oportunidad de volver a disfrutar, varios años después, de las ruinas de la única ciudad maya costera jamás construida: Tulum. Próximamente, aquí, en DestinoKiwi.

Hasta pronto, amigos.

Estampa grabada en mi mente de por vida

Estampa grabada en mi mente de por vida

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3 respuestas a Riviera Maya 1ª parte: en busca del tiburón ballena

  1. Pingback: ¡Volviendo a la Riviera Maya en busca de un sueño! | Destino Kiwi

  2. Andrea Elizabeth Gómez dijo:

    Riviera Maya, sin duda un lugar que parece un paraíso! Creo que las palabras se quedan cortas al intentar describir la sorprendente excursión con el tiburón ballena, nadar con éste sorprendente animal es algo que recordaré siempre. Muy bonita narración!!, quedo en espera dela segunda parte. Te mando un fuerte abrazo desde México =D

  3. destinokiwi dijo:

    La semana que viene la tendrás! sí, ese recuerdo ya no nos lo quita nadie. Gracias por todo tu apoyo en México, volveré! yo también te mando un fuerte abrazo desde España.

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