México D.F. y Guanajuato: legado azteca y virreinal

La Piedra del Sol, el Calendario Azteca

La Piedra del Sol, el Calendario Azteca

20 millones de habitantes. La capital, la ciudad más grande del país y una de las más grandes del mundo: Ciudad de México, México Distrito Federal o, más comúnmente llamado por los lugareños, el D.F. Para llegar hasta ella desde Querétaro, tomaríamos, por 255 MXN, el autobús de la compañía Futura que realiza dicho trayecto, y que nos deja en la central de autobuses de Tasqueña, situada al sur de México D.F. Desde allí, tomaríamos el abarrotado metro de la ciudad (5 MXN) hasta la estación de Chapultepec. Cabe mencionar el especial cuidado que se ha de tener aquí con nuestras pertenencias, en referencia al problema de los carteristas. Desde la estación de metro de Chapultepec, y tras un agradable paseo por las inmediaciones del Bosque y el Castillo del mismo nombre, llegaríamos hasta el Museo Nacional de Antropología, un referente arqueológico a nivel mundial, visita imprescindible para todo amante de esta disciplina. La extensa exposición de restos de civilizaciones prehispánicas que se puede contemplar aquí no tiene competidor posible en todo el país. Espectacular.

La entrada al museo cuesta 64 MXN, siendo gratuita para estudiantes. La sala que nos da la bienvenida ya evoca la grandeza del lugar. Tras ella, un enorme patio central presidido por una gigantesca fuente decorada con motivos indígenas nos permite la entrada a las diferentes salas que forman el museo: Teotihuacán, toltecas, mexicas, olmecas, mayas, etc. En la sala mexica/azteca se expone una de las joyas del museo: la Piedra del Sol, conocida también como Calendario Azteca, exquisitamente tallada (se desconoce exactamente cuándo) y que se encuentra en un estado de conservación envidiable. También cabe destacar la enorme cabeza olmeca expuesta en el museo, interesantes restos teotihuacanos o, en la zona maya, el ajuar funerario de nuestro “viejo amigo” Pakal, del cual descubrimos muchos datos interesantes en nuestra visita a Palenque.

Margarita de tamarindo en el Tlatoanis

Margarita de tamarindo en el Tlatoanis

Tras la interesantísima visita, retomaríamos el camino a la estación de metro de Chapultepec, bajo los enormes y modernos edificios construidos en esta zona, para conectar con el centro urbano, concretamente con la estación de Zócalo, nombre que recibe comúnmente la Plaza de la Constitución. Allí, un joven lugareño nos convence fácilmente para cenar en el restaurante Tlatoanis, situado en una de las esquinas de la plaza, en una 4ª planta y dotado de balcones con unas preciosas vistas del Zócalo, el Palacio Nacional y la Catedral de México. Bajo semejante estampa, veríamos caer la noche paulatinamente sobre la ciudad. El menú esta compuesto por 3 platos acompañados de agua de sabor y cuesta 65 MXN, un precio excelente dada su ubicación y su calidad. Tras la cena, sacaríamos a relucir nuestro lado más mexicano para probarnos los sombreros de mariachi, azteca, vaquero, etc. de los que dispone el local, acompañados de una exquisita margarita de tamarindo servida en una jarra de un litro (85 MXN).

Tras un rato agradable, ya sólo nos quedaría tiempo de buscar alojamiento para esa noche. Tras preguntar en varios hostales sin éxito, descubrimos el Hotel Washington. La atención de los recepcionistas es pésima a la par que lamentable, pues afirman que no disponen de personal para mostrarnos las habitaciones libres, invitándonos incluso a buscar alojamiento en otros hoteles. A pesar de ello, los 380 MXN que cuesta la habitación doble, su céntrica ubicación y el hecho de que ya es tarde para seguir buscando, propician que nos decantemos por esta opción. La habitación, completamente contraria a la actitud de los recepcionistas del hotel, es magnífica. Limpia, reformada, bien cuidada, con baño propio y agua caliente.

La Malinche, amante indígena de Cortés

La Malinche, amante indígena de Cortés

A la mañana siguiente, y tras un merecido descanso, nos pondríamos en marcha rumbo al Palacio Nacional, cuya entrada (de carácter gratuito) se encuentra en la calle Moneda. Este edificio data del siglo XVI, aunque ha sufrido numerosas remodelaciones a lo largo de la historia, habiendo constituido la residencia de gran número de gobernantes y un símbolo de poder del estado mexicano. Comenzamos la visita con la exposición sobre su inquilino más insigne del siglo XIX, el ex-presidente Benito Juárez, para continuar con los impresionantes y enormes murales del pintor mexicano Diego Rivera, en los cuales refleja escenas históricas del país, haciendo especial hincapié en las batallas entre aztecas y conquistadores españoles, y retratando gran cantidad de personajes importantes en la historia de México, tales como Frida Kahlo (su esposa), el propio Benito Juárez, Moctezuma (emperador azteca), Hernán Cortés (conquistador español) o la Malinche (amante indígena de Cortés).

Tras un pequeño paseo por los jardines del palacio, abandonaríamos el mismo rumbo al este hasta la Iglesia de la Santísima Trinidad, para volver sobre nuestros pasos hasta la zona noreste del Zócalo, lugar en el que se ubica el museo del Templo Mayor, en el cual se ha despejado parte de la antigua ciudad de Tenochtitlán, capital del imperio azteca, la cual estaba ubicada en el mismo emplazamiento donde se levantó la Ciudad de México. En algunas partes de esta urbe aún podemos ver, bajo los edificios virreinales y actuales, restos de la ciudad azteca. Las piedras que formaban algunas de las construcciones de Tenochtitlán fueron utilizadas por los colonos españoles para levantar algunos de los edificios virreinales que hoy se pueden contemplar en el Distrito Federal. Una auténtica pena, pues de no haber sido así, hoy podríamos disfrutar de una maravillosa mezcla de edificios aztecas e hispánicos en la ciudad.

El Zócalo, la Catedral y el Palacio Nacional

El Zócalo, la Catedral y el Palacio Nacional

Proseguiríamos nuestra visita accediendo al interior de la impresionante Catedral Metropolitana de México, cuya construcción fue iniciada en el siglo XVI. En su interior, cerca de la zona central, llama la atención un curioso péndulo que registra el leve hundimiento e inclinación que sufre la catedral año tras año. Tras abandonar el templo, nos dirigimos a comer al restaurante Zafiro, situado muy cerca del Tlatoanis (establecimiento en el que cenamos la noche anterior), y con unas vistas muy similares del Zócalo. El menú del día ascendió a 57 MXN por persona, incluyendo tres platos, agua de sabor y postre, pudiendo calificar la calidad del mismo como aceptable. Tras el inciso, continuaríamos nuestro recorrido atravesando la peatonal, concurrida y reluciente avenida Francisco Madero hacia el oeste, repleta de establecimientos comerciales y hosteleros, y cuyo cielo está coronado por la enorme Torre Latinoamericana. Los 80 MXN que cuesta subir al mirador situado en su parte más alta nos hicieron renunciar a esa idea, aunque estoy seguro de que debe haber una vista espectacular de la ciudad desde sus 200 metros de altura.

El denso tráfico de la Ciudad de México

El denso tráfico de la Ciudad de México

Proseguimos nuestro camino en la misma dirección para toparnos con el monumental Palacio de Bellas Artes, provisto de una arquitectura impresionante tanto por dentro como por fuera, y cuya inauguración tuvo lugar en 1934. Daríamos un agradable paseo por el parque de la Alameda Central, situado junto al palacio, y continuaríamos nuestro recorrido hasta la Plaza Garibaldi, famosa por sus Mariachi, los cuales ofrecen sus actuaciones por 200 – 300 MXN, aunque, para ser honestos, el pobre ambiente que allí reinaba, al menos en ese momento, me decepcionó considerablemente. Regresaríamos, pues, a la avenida Francisco Madero para tomar unos deliciosos cafés de diferentes sabores acompañados de un par de croissants azucarados en el agradable Bertico Cafe, todo ello por 82 MXN. De esta forma, tomaríamos nuevamente el metro rumbo a la central de autobuses de Tasqueña para dar por finalizada nuestra visita a la enorme y ajetreada capital mexicana, la cual ofrece muchos otros atractivos de los que no tuvimos tiempo de disfrutar. Sin duda, un bonito destino de fin de semana.

Recorridos por México D.F., Guanajuato y San Miguel de Allende. Haz click para ampliarlos:

Centro de México D.F.

Centro de México D.F.

Guanajuato

Guanajuato

San Miguel de Allende

San Miguel de Allende

La otra de las excursiones que narraré a continuación corresponde con una visita que no podíamos dejar de hacer, dada la belleza y la cercanía del lugar con Querétaro: Guanajuato. Capital del estado del mismo nombre, sus orígenes se remontan al Virreinato de Nueva España, más concretamente al siglo XVI, y se deben a la explotación de las minas de oro y plata de la zona. Para llegar hasta aquí, tomaríamos un autobús de la compañía Primera Plus (única que realiza el trayecto Querétaro – Guanajuato, al precio de 211 MXN por persona). Dicho autobús efectúa parada en la localidad de Irapuato, también en el estado de Guanajuato, para después dirigirse a su capital, a la que, finalmente, llegamos casi 3 horas después de nuestra salida desde Querétaro.

Ruta que lleva al centro de Guanajuato

Ruta que lleva al centro de Guanajuato

La central de autobuses de Guanajuato se encuentra a varios kilómetros del centro urbano, lo que nos obliga a tomar la ruta (recordemos, pequeño autobús urbano) que conduce al mismo, la cual es fácilmente reconocible por su bonito diseño “colonial” y porque la encontraremos junto a la salida de la terminal. Su precio es de 6 MXN, y nos apearíamos de ella en la parada situada junto al Mercado Hidalgo, fácilmente reconocible por encontrarse en un túnel bajo la avenida Juárez. Subiríamos, pues, a la superficie de dicha avenida, desde donde rápidamente divisamos el enorme edificio que alberga al citado mercado, dentro del cual hay una gran cantidad de puestos de comida, dulces, artesanía, plata, souvenirs y artículos de todo tipo.

Elegiríamos, dentro del Mercado Hidalgo, el puesto “Carnitas Patlán” para degustar riquísimos tacos y gorditas, ascendiendo el precio final a 90 MXN entre los dos. A modo de postre, compraríamos un par de helados sabor limón y vainilla, respectivamente, a un hombre que se encontraba vendiéndolos en la salida del mercado (10 MXN cada uno). Continuaríamos, pues, recorriendo la avenida Juárez en dirección este hasta la Plazuela de los Ángeles, rodeada de coloridas casas de la época virreinal que le confieren un bonito aspecto. Continuamos por las estrechas calles que, desde este punto, se orientan hacia el sur hasta el pintoresco Callejón del Beso, donde hay una enorme fila de parejas de turistas esperando su turno para tomar la instantánea más buscada del lugar: un beso en el fondo del callejón, tal y como su propio nombre indica.

Plazuela de los Ángeles

Plazuela de los Ángeles

Una vez más, tomaríamos la avenida Juárez hasta la Plaza de La Paz, donde se erige la espectacular Basílica de Nuestra Señora de Guanajuato, cuyo color naranja intenso acapara todas las miradas. En su interior, alberga una imagen de la virgen del mismo nombre, la cual fue, en su día, un regalo de la corona española a la ciudad. Caminamos, después, hacia el noreste, hasta la Plaza del Baratillo. En uno de los callejones que desembocan en ella, concretamente en el Callejón de la Cabecita, encontramos una pequeña pero acogedora posada sin nombre (tan sólo con un cartel de “hospdaje”) en la cual reservaríamos, por 450 MXN, una bonita habitación de aspecto rural para esa noche. Esta posada, dotada de varios pisos y un pequeño patio interior de blancas paredes, me recordó en gran medida a las casas de los pueblos del sur y el interior de España, y más concretamente a los de Extremadura, incluso en su agradable aroma. No sería la primera vez que mi mente relacionaría los parecidos entre el estado de Guanajuato y la comunidad autónoma de mis progenitores.

Tras instalarnos en la habitación, continuamos con nuestra visita, dirigiéndonos hacia el sur hasta el Jardín de la Unión, pequeño pero cuidado hasta el más mínimo detalle, de forma triangular, aspecto colonial, verde y floreado. Un lugar ideal para sentarse a contemplar el ajetreo de locales y turistas, los cuales se congregan los fines de semana en el centro de Guanajuato. En el extremo sur del jardín podemos contemplar el Templo de San Diego escoltado por el Teatro Juárez, en el que destaca una arquitectura que fusiona diferentes estilos de los que nace una fachada mezcla de un templo romano con un edificio virreinal. Muy bonito.

Espectacular panorámica de Guanajuato

Espectacular panorámica de Guanajuato

Continuando por la calle Sopeña en dirección este, y después tomando los pintorescos callejones que se orientan hacia el sur, iniciaríamos la ascensión hasta el lugar donde se ubica el monumento a El Pípila, personaje destacado en el movimiento independentista del siglo XIX. Desde aquí, disfrutamos de una vista panorámica de Guanajuato que sólo puedo definir como mágica. Los vivos colores de las casas e iglesias del centro le confieren un alegre y precioso aspecto a todo el valle en el que se enclava la población, haciendo gala de un colorido que refleja, sencillamente, la esencia de México.

Con estas impresionantes vistas, no somos capaces de negarnos a tomar un litro de michelada con gomimiche (gominolas con salsa de chile) en La Terraza Encantada por 65 MXN, mientras la televisión muestra como la selección de fútbol mexicana cae ante Costa Rica. Tras este inciso, volvemos a bajar al centro, rumbo al enorme, blanco y amurallado edificio principal de la Universidad de Guanajuato, donde, inesperadamente, y tras subir las interminables escaleras de acceso, asistiríamos al Segundo Encuentro de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de la UG 2015, de carácter gratuito y que daría comienzo en breves momentos. El auditorio tiene un tamaño considerable y unos buenos acabados, y en el escenario se sitúan ya los 170 jóvenes músicos que componen la orquesta de instrumentos clásicos que dará el concierto. Además de otras piezas de música clásica, los jóvenes tocarán algunos temas de El Cascanueces, Titanic o Queen, contando con la interesante ayuda de un par de guitarras eléctricas para éste último. He de reconocer que escuchar el tema principal de Titanic en aquel auditorio pone los pelos de punta… espectacular.

Callejoneadas de origen español

Callejoneadas de origen español

Tras dos hora de concierto, coincidiendo con las primeras horas nocturnas, salimos de la universidad, y nos disponemos a descubrir otra faceta de Guanajuato: la noche. El centro urbano rebosa vida para entonces, y el gentío abarrota aún más sus calles. Encontramos, incluso, una exposición de coches modificados en plena calle, en su mayoría de marca Volkswagen y, más concretamente, bochos (nombre que se le da en México al Volkswagen Escarabajo) de todos los colores y formas imaginables. Cenaríamos en una pequeña taquería de la calle Sopeña (65 MXN entre los dos), seguido de unos dulces que adquirimos en un puesto callejero (5 por 20 MXN), para continuar nuestro paseo nocturno contemplando y escuchando las “Callejoneadas”, tradición de origen español en la que varios lugareños, ataviados con trajes muy parecidos a los de los tuneros españoles, conducen a diferentes grupos de gente cantando y bailando entre los callejones de la localidad. Tras ello, nos dirigiríamos a nuestra acogedora habitación con el fin de descansar y ya casi despedir a la maravillosa ciudad de Guanajuato, muestra inequívoca del nexo cultural que une a españoles y mexicanos.

A la mañana siguiente, sin madrugar en exceso, abandonaríamos la posada rumbo a la parada donde debíamos tomar la ruta que nos llevaría, nuevamente, hasta la central de autobuses. Mientras esperamos, aprovechamos para practicar un poco nuestro inglés con un turista neoyorquino. En un país de habla hispana es más probable acomodarse al idioma y empezar a olvidarse del inglés…

Parroquia de San Miguel Arcángel

Parroquia de San Miguel Arcángel

Una vez en la central de autobuses, reservaríamos dos tickets de autobús, a través de la compañía Flecha Amarilla, con destino San Miguel de Allende, nuestro siguiente objetivo del fin de semana, por 98 MXN cada uno. Antes de embarcar, tuvimos tiempo de desayunar unos deliciosos tacos y gorditas de nopal y chicharrón, entre otros sabores, al módico precio de 51 MXN entre los dos, en un puesto situado frente a la terminal.

Más de dos horas después, recorriendo campos que también me recordaban en gran medida a la dehesa extremeña, desembarcamos en la central de autobuses de San Miguel de Allende, desde donde, tras una media hora caminando hacia el este, llegamos a la zona centro, la cual podemos decir que se inicia con la impresionante vista del Templo de la Concepción emergiendo sobre una pared anaranjada y cubierta parcialmente de vegetación. Continuamos caminando hasta la plaza principal, el Jardín Allende, presidido por la magnificencia de la Parroquia de San Miguel Arcángel, la cual nada tiene que ver con los demás templos religiosos mexicanos que hemos podido ver hasta ahora. De arquitectura más innovadora, y construida entre los siglos XVII y XIX, es muy característica por sus extrañas y puntiagudas torres rosadas. Junto a ella se erige la Iglesia de San Rafael, de arquitectura menos grotesca pero pintada con llamativos colores.

Inquietante catrina deambulando por la plaza

Inquietante catrina deambulando por la plaza

En la plaza del Jardín Allende podemos observar, deambulando por allí, a unos inquietantes personajes difícilmente descriptibles. Cuentan con unos 3-4 metros de altura y muestran rostros algo demoníacos, algunos de ellos representan catrinas (característicos dibujos de esqueletos muy típicos en México). En las inmediaciones de la plaza, también tiene lugar un curioso desfile de disfraces que anima un poco más el ambiente, si cabe. Al igual que en Guanajuato, el centro de San Miguel de Allende se abarrota tanto de turistas como de locales los fines de semana, teniendo éste último un ambiente algo más internacional, debido a los miles de jubilados estadounidenses y canadienses que residen en la localidad. Probablemente, ésta sea una de las principales causas que ha propiciado sus elevados precios.

Aquejados por el hambre, nos dirigimos a comer al buffet de la Antojería La Valentina, donde, por 90 MXN cada uno, podemos comer todo lo que queramos entre una variedad de platos bastante aceptable y de calidad, además de incluir una deliciosa y refrescante agua de guayaba, sin mencionar el acompañamiento musical que ofrecen, en el propio local, un par de señores que interpretan canciones típicas mexicanas en directo. Tras resposar un buen rato en el Jardín Allende, iniciamos nuevamente la marcha, rumbo al sur, en busca del Mirador Benito Juárez. Para ello, atravesamos las preciosas calles de San Miguel, coloridas, limpias y acogedoras. Tras la dura subida que constituye el Callejón del Chorro, donde cuenta la leyenda que fue fundada la ciudad, alcanzamos el citado mirador, el cual ofrece una espectacular panorámica de todo San Miguel de Allende, en la que se puede apreciar con mayor exactitud el gran tamaño de la Parroquia de San Miguel Arcángel.

Calles de San Miguel de Allende

Calles de San Miguel de Allende

Tras ello, bajaríamos hasta el sosegado Parque Benito Juárez para sentarnos a disfrutar de su tranquilidad, continuando más tarde nuestro camino hasta el Instituto Allende, el cual, por desgracia, encontramos ya cerrado, pudiendo contemplar tan sólo, desde el exterior, un pequeño patio magistralmente adornado por largas canoas indígenas elaboradas en madera y acompañadas por una bonita vegetación tropical. Decidimos, pues, tomarnos un helado a modo de merienda en la cercana heladería de la marca Santa Clara, muy famosa en México, por 35 MXN.

De esta manera, regresaríamos a la central de autobuses de San Miguel de Allende a fin de tomar otro autobús de Flecha Amarilla que, por 65 MXN por persona, nos llevaría hasta Querétaro nuevamente, dando por concluida nuestra excursión al colorido estado de Guanajuato, un lugar maravilloso en el que descubrir y establecer contacto con la cultura y estilo de vida más auténticos mexicanos.

La belleza y colorido de Guanajuato, nexo cultural que une a mexicanos y españoles

La belleza y colorido de Guanajuato, nexo cultural que une a mexicanos y españoles

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3 respuestas a México D.F. y Guanajuato: legado azteca y virreinal

  1. Pingback: Descubriendo la cultura mexicana más a fondo: el D.F. y Guanajuato | Destino Kiwi

  2. C.Blanco Martin dijo:

    Estupenda narración, muy bien documentada y sobre todo amena para el lector. Eres muy bueno en las exposiciones, dan ganas de viajar, jejeje.

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