El temazcal, purificación física y psíquica

100 grados centígrados de temperatura. En medio de una oscuridad total y dentro de un reducido espacio retumban contundentes tambores y cantos mayas. El vapor de agua me abrasa la piel y el calor que accede a lo más profundo de mi cuerpo con cada inspiración me dificulta llevar a cabo esta sencilla tarea tan básica para la vida. Ríos de sudor mezclado con el agua de los vapores descienden vertiginosamente sobre mi piel. Una sensación de agobio me invade incontroladamente, mientras mi cabeza busca la parte inferior del habitáculo, la cual se mantiene a una temperatura ligeramente más fresca. “Tengo que salir de aquí”, es la única prioridad que contempla mi mente durante los 5 primeros minutos de este proceso…

Temazcal

Temazcal

Entonces, poco a poco, todo iría cambiando, y una situación tan límite físicamente hablando me conduciría a un estado de trance que me llevaría a abandonar todos mis miedos y mi consciencia corporal para integrarme por completo en un viaje espiritual a lo más profundo de mi ser. Aunque la oscuridad es total, mis ojos permanecen cerrados con fuerza. La adrenalina y la euforia del momento me invitan a gritar y acompañar los espectaculares cantos indígenas que nuestro guía espiritual va marcando, siendo para mí imposible describir lo que siento en esos momentos.

Sí, me encuentro en medio de un temazcal maya, técnica ancestral llevada a cabo también por otras civilizaciones americanas a lo largo de la historia bajo diferentes nombres. Las propiedades terapéuticas de esta práctica son espectaculares, tanto a nivel físico como psíquico, y puedo dar fe de ello. Esta práctica se lleva a cabo en el interior de una especie de iglú de piedra, también conocido con el propio nombre de temazcal, dentro del cual se realizan, normalmente, 4 puertas. Una puerta consiste en un baño de vapor procedente de rocas incandescentes acompañado por hierbas aromáticas, de unos 15 minutos de duración, encerrados dentro del temazcal. En una de estas sesiones se pueden llegar a alcazar los 100 grados de temperatura y, tras todo el proceso, podemos haber perdido unos 2 kg de peso.

Después de haber desaprovechado mi primera oportunidad para acudir a un temazcal en Chiapas, dispondría de una segunda ocasión que no dejaría escapar, esta vez en Querétaro, llevada a cabo por un grupo que inspira sus actos en la cultura maya. Además, no estaríamos hablando de cualquier celebración, si no de la correspondiente al año nuevo maya, para el cual había programado un temazcal de nada más y nada menos que 9 puertas, llamado “el viaje a Xibalba” o, lo que es lo mismo, al inframundo maya. Alrededor de 15 asistentes tendríamos que entrar en el “iglú”, en traje de baño, coincidiendo con las primeras horas de la noche para no abandonarlo hasta el amanecer, al cual recibiríamos como personas completamente nuevas, tras una larguísima noche de purificación espiritual, otro de los objetivos principales de esta práctica.

Ritual de introducción al temazcal

Ritual de introducción al temazcal

El ritual dió comienzo con una introducción llevada a cabo fuera del temazcal, ya en la noche, junto a la hoguera de la que, a posteriori, saldrían las piedras incandescentes que darían temperatura al interior. Durante dicha introducción, acompañada por tambores y cánticos ancestrales, se da la bienvenida a los asistentes y se pide permiso, de alguna manera, a las deidades mayas o “abuelos”, inspiradas en elementos de la naturaleza, para iniciar el temazcal. Simbólicamente, cada asistente corta un pequeño fragmento de su cabello para quemarlo en la hoguera y, de esta manera, liberarnos de aquel pasado que aún nos sigue atormentando. Tras la introducción, accedemos al interior del temazcal a través de su pequeña puerta, la cual se ha de cruzar gateando, y nos sentamos en círculo alrededor del agujero central, dentro del cual se van introduciendo, acto seguido, las piedras procedentes de la hoguera. Así, la puerta se cierra, y una oscuridad total invade el habitáculo. Todo está preparado…

Un sonido de cuerno procedente de una enorme caracola da la señal, y alguien derrama un cubo de agua sobre las piedras incandescentes, mientras los tambores comienzan a sonar súbitamente… la temperatura se dispara de manera inmediata, y entonces tienen lugar esos primeros 5 minutos brutales de los que hablé al inicio de este post… durante la primera puerta, nuestro guía espiritual nos invita a sentir el vínculo que tenemos todos con la tierra, con la naturaleza, a despertar nuestra conciencia y nuestras emociones. Los sentimientos son espectaculares, la atmósfera que se crea en el interior del temazcal nos integra por completo con su cometido.

Tras una durísima primera puerta, algunos asistentes abandonan el temazcal. Después de un descanso, la entrada se bloquea nuevamente, e iniciamos la segunda puerta. En ella, nuestro guía nos invita a recordar aquel momento de dolor en nuestras vidas que no soportamos y que siempre tratamos de evitar recordar. Pensar en él, asumirlo, aceptarlo, superarlo y continuar hacia adelante. El silencio que reina después sólo es roto por desgarradores llantos de dolor que surgen del asfixiante calor reinante, procedentes de algunos asistentes. Sobrecogedor.

Posando con el "iglú"

Posando con el “iglú”

Tras la segunda puerta, algún compañero más nos abandona. En la tercera, nuestro guía nos invita a reflexionar sobre nuestros orígenes, nuestros ancestros, nuestra familia, quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos. Siempre me ha resultado interesante reflexionar sobre ello, pero, creedme, hacerlo en éstas condiciones le da otro enfoque totalmente diferente, otra dimensión a nuestros pensamientos y a nuestro estado psíquico. El estado de consciencia en esos momentos está muy por encima de lo físico. La temperatura, el aroma, los cantos indígenas, la atmósfera, es un todo difícilmente descriptible.

En la cuarta puerta, pediríamos permiso al dios jaguar para entrar en su mundo, apoyándonos en ese símil para tratar de comprender por qué usamos nuestras garras para atacar, convenciéndonos a nosotros mismos de usarlas tan sólo como defensa a lo largo de nuestra vida, tomando el respeto como forma de ser. Tras la cuarta puerta, iniciaríamos un descanso bastante largo, propiciado por la falta de leña para calentar las piedras para las 5 puertas restantes. Según nuestro guía espiritual, nada es casual, y ésto se vió influenciado por la falta de voluntad de los asistentes para completar las 9 puertas, invitándonos a trabajar en ese campo a nivel personal para el futuro.

Así pues, se decide sustituir las 5 puertas restantes por la “puerta del guerrero”, para la cual sólo se me ocurre un apelativo: brutal. Se introducen todas las piedras disponibles, incandescentes, en el agujero central del temazcal. El volumen de las mismas es unas tres veces mayor que en las primeras cuatro puertas, y la duración de dicha puerta también es mayor de lo habitual. El vapor que se eleva desde las piedras incandescentes centrales tras derramar agua sobre ellas, abrasa la piel de una manera insoportable. Llega un momento en el que ya casi no sé ni dónde estoy, creo que mi cerebro funciona a otro ritmo bajo esas condiciones. Ya todo me da igual, sólo pienso en ser fuerte, me vengo arriba. Los cantos se hacen más y más intensos, y prácticamente todos los asistentes se suman a ellos. El retumbar de los tambores mantiene mi ritmo cardíaco, y mi piel se hace líquida. Gritos de sufrimiento y dolor con cierto toque de euforia se suceden en el interior del temazcal. Nuestro guía espiritual nos invita a cerrar los ojos y, de repente, en medio de todo aquello, un cubo de agua tibia cae sobre nosotros. Jamás antes sentí semejante alivio.

Todo ha terminado. La puerta se abre, y las primeras luces del alba penetran ténuemente en el interior del temazcal. Mientras tomamos un riquísimo té con el fin de rehidratarnos un poco, todavía dentro, nuestro guía espiritual comienza a poner el punto y final a esta increíble experiencia, dando la bienvenida al nuevo día, tras una limpieza tanto interna como externa a nivel personal y de grupo. Desde mi perspectiva, puedo escuchar sus palabras mientras contemplo su silueta de inconfundibles rasgos precolombinos entre la débil iluminación que entra por la puerta. Los guerreros que hemos aguantado hasta el final somos invitados a enunciar unas palabras sobre lo que ha significado para nosotros esa noche. De esta forma, doy las gracias a todos los asistentes por compartir esta experiencia conmigo, afirmando que, de entre todos los bonitos recuerdos que me llevaré de México, éste ocupará un lugar muy especial.

¡Temazcal superado!

¡Temazcal superado!

Así, abandonamos el temazcal como personas nuevas, tras haber renacido física y espiritualmente durante una noche entera dentro del mismo. Y es que, sin habernos dado cuenta, además de haber experimentado una purificación psíquica, hemos limpiado nuestra piel, nuestros poros, hemos eliminado toxinas, hemos fortalecido nuestro corazón y hemos mejorado nuestra circulación sanguínea, entre otros muchos benificios. Aún así, he de aclarar que el temazcal está contraindicado en personas con problemas físicos importantes, sobre todo relativos al sistema circulatorio. Ya sólo nos queda, pues, dirigirnos al suculento desayuno que nos espera tras esta hazaña a fin de reponer energías e hidratarnos nuevamente.

Me siento muy orgulloso de poder decir que he superado mi primer temazcal. Considero que es una forma espectacular de demostrarse a sí mismo la propia fuerza de voluntad, el valor y la resistencia personal que sin duda tenemos y, en muchos casos, desconocemos. Además, es una experiencia espiritualmente muy enriquecedora, y que os recomiendo a todos desde aquí, a pesar de su manifiesta dureza.

¿Volvería a hacerlo? Quién sabe…