Chiapas 2ª parte: Palenque y un poco de Tabasco y Veracruz

Hace ya varias horas que abandonamos los Lagos de Montebello. Habíamos retrocedido hasta la localidad de Comitán, donde tomamos la carretera de Altamirano (en la cual se debe prestar especial atención a los agujeros en el pavimento), atravesando dicha población y llegando hasta las proximidades de Ocosingo, puerta de entrada a la impenetrable selva Lacandona, la cual toma su nombre de los indios lacandones, cuyo territorio ha sido reducido tristemente casi hasta su desaparición, obligándoles de alguna manera a integrarse con el resto de la sociedad. Hasta este punto, el recorrido había transcurrido con total tranquilidad, pero, para bien o para mal, y para conceder el calificativo de inolvidable a este viaje, todo cambiaría completamente a partir de aquí.

La selva Lacandona

La selva Lacandona

Poco antes del cruce con la carretera 218, nos topamos con un par de troncos de árbol tumbados sobre la carretera, cortando el paso de la misma, y custodiados por un par de hombres. Definitivamente, esto no tiene buena pinta… aún menos cuando uno de ellos se acerca a mi ventanilla. La bajo tan sólo un par de centímetros…
– Buenos días…
– “Una cuotita de 30 pesos, jefe”.
Dirijo la mirada a unas cuantas monedas sueltas que llevo junto a la palanca de cambio del coche.
– ¿Pueden ser 25?…
El hombe asiente levemente tras una mirada de cierta disconformidad, toma los 25 MXN e indica a su compañero que retire uno de los troncos para permitirnos el paso.

Con la sensación de que puedan volver a pararnos en cualquier momento en otro retén, llegamos a la localidad de Ocosingo, donde nos detendríamos unos minutos junto a unos “abarrotes” (tienda muy típica en México que vende un poco de todo: comida, productos de limpieza, etc.) para comprar galletas y algo de beber, a fin de tener alguna provisión para el largo camino que nos espera hasta las cascadas de Agua Azul, nuestro próximo destino. Eli se encarga de salir del coche para comprar, y yo bajo mi ventanilla completamente para comentar algunas cosas con ella. Olvido volver a subirla. Error.

Segundo recorrido por Chiapas, Tabasco y Veracruz (click para ampliar)

Segundo recorrido por Chiapas, Tabasco y Veracruz (click para ampliar)

Eli vuelve al coche, y me giro hacia ella para deleitarme contemplando nuestras ricas adquisiciones por un momento. Al volver la mirada al frente, aparece ante mí y sobre el volante una mano mostrando un inequívoco gesto de petición de dinero, la cual procede de un hombre que me mira fijamente con cara de pocos amigos. “No arranques”, es lo que escucho cuando ya estoy a punto de hacerlo. El hombre apesta a alcohol, y en su otra mano porta varias llaves de mecánico y un trapo que oculta algo más… ¿podría ser un arma blanca?… por el momento, será mejor no poner en riesgo mi cuello arrancando el coche…

La tensión del instante no me deja pensar con claridad, y le entrego una moneda de 5 pesos que tengo a mano. El hombre la guarda y pide más, acompañando la petición de frases tan desconcertantes como “¿cuánto vale tu cabeza?”, “¿cuánto vale tu corazón?” o “aquí huele a dinero”. Eli le entrega un par de duraznos (melocotones) de una bolsa que compramos a un vendedor ambulante durante el camino, y el hombre se los comienza a comer cómodamente apoyado en la puerta del coche, con su cabeza prácticamente dentro del habitáculo. Ante esta situación, tratamos de hablar con él a fin de saber qué quiere exactamente o ver de qué manera podemos salir de ésto. El hombre afirma llamarse Leonel y, tras una extraña conversación, acaba llorando y moqueando sobre la puerta del coche, y también sobre mi brazo, de no haberlo apartado ligeramente. Confiesa que a veces llora cuando está sólo mientras tratamos de calmarlo. La anécdota se vuelve cada vez más incomprensible. Por momentos, su mirada cambia completamente y vuelve a dejar ver ese odio que mostraba inicialmente. Finalmente, Leonel se reitra y nos permite continuar nuestro camino. Al fin, pongo el coche en movimiento, y varios suspiros de alivio invaden el interior del mismo…

Vista desde la carretera Ocosingo-Palenque

Vista desde la carretera Ocosingo-Palenque

Aún con el susto en el cuerpo, abandonamos Ocosingo rumbo al norte, a través de la carretera 199, la cual, desde sus sinuosas curvas, va ofreciendo unas vistas cada vez más impresionantes de montañas cubiertas por una preciosa selva cada vez más frondosa. No hay duda, estamos penetrando en la selva Lacandona, hogar de numerosas comunidades indígenas con una economía extremadamente pobre que administran la zona através de ejidos (agrupaciones que, de alguna manera, controlan las tierras agrícolas comunales), y que aprovechan el paso de los vehículos para recaudar dinero, recurriendo para ello a unas técnicas un tanto dudosas. Estos ejidos tienen poco que ver con los que controlan los Lagos de Montebello de manera ejemplar, a los cuales hice referencia en la primera parte de mi relato sobre Chiapas.

El “modus operandi” de algunos grupos de la zona, los cuales están provistos de machetes con los que despejan la vegetación, consiste en levantar una cuerda al paso de los vehículos a fin de detenerlos, en ocasiones ayudados por los numerosos topes (badenes) instalados en la carretera. El objetivo es obligar a sus ocupantes a comprar sus productos, pedir dinero o, en algunos casos, asaltarles. A menudo, acompañan la cuerda con sus propios cuerpos para detener a los vehículos, lo cual ya ha propiciado varios atropellos a indígenas en la zona. Aunque, afortunadamente, no hemos sufrido todos estos casos, he decidido comentarlo en el blog contrastando opiniones leídas o escuchadas directamente por parte de habitantes de Palenque, a fin de poner en sobreaviso a futuros viajeros. Muchos chiapanecos ya no transitan la carretera que transcurre entre Ocosingo y Palenque debido a estos hechos, y toman rutas mucho más largas, aunque más seguras, para realizar los traslados pertinentes. Realmente es agotador conducir tantas horas en estas condiciones de tensión, aunque el precioso paisaje selvático que vamos admirando nos ayuda a continuar.

Cascadas de Agua Azul

Cascadas de Agua Azul

A fin de evitar estas detenciones repentinas, tratamos de circular siempre detrás de algún camión o autobús y muy cerca de ellos, ya que los citados grupos no intentan detener vehículos pesados, y tampoco tienen tiempo de levantar la cuerda para parar a otro vehículo que les siga de cerca. De esta manera, logramos llegar a las Cascadas de Agua Azul sin mayores incidentes. Tan sólo un pequeño grupo de niñas, tras tomar el desvío que conduce a Agua Azul, nos detienen con la técnica de la cuerda para tratar de vendernos unos plátanos, pero rechazamos la oferta y nos permiten continuar sin problemas.

El acceso a las Cascadas de Agua Azul cuesta 40 MXN por persona. Aparcamos y, tras librarnos de varios niños que nos ofrecen cuidar el coche a cambio de dinero, comenzamos el ascenso por el camino desde el que podremos admirar las bonitas cascadas, anchas y de poca altura, esparcidas por una superficie bastante grande donde tiene lugar la afluencia de los ríos Otulún, Shumuljá y Tulijá. Por desgracia, la tarde se encontraba muy nubosa y no pudimos apreciar los colores que se dejan ver con un día soleado. Dado que éste es un lugar muy turístico y frecuentado en Chiapas, todo el camino se encuentra rodeado de puestos de comida y souvenirs y, tras darnos un reconfortante baño de agua helada en una poza indicada para tal fin, decidimos sentarnos en uno de ellos a comer empanadas (5 por 20 MXN para cada uno, oferta más típica en la zona) que, dicho sea de paso, no parecen sentar demasiado bien.

Jungle Palace

Jungle Palace

Tras la comida, decidimos volver al coche para poner rumbo a Palenque, ya que la tarde va avanzando y no es nada recomendable transitar esta carretera en horario nocturno. Todavía tenemos por delante casi dos horas de viaje intraselvático hasta nuestro destino, trayecto durante el que seguiríamos “persiguiendo” insistentemente camiones y autobuses, a fin de sentirnos más seguros. Finalmente, tras un durísimo y larguísimo día de carretera, podemos leer el cartel de entrada a Palenque. Una extraña pero agradable sensación de euforia y alivio nos invade por dentro… ¡lo hemos conseguido!.

Poco antes de entrar en la población, giramos hacia la izquierda siguiendo las indicaciones para la zona arqueológica, buscando directamente El Panchán, espacio situado en medio de la selva, justo antes de la entrada al Parque Nacional de Palenque, y que alberga en su interior varias posibilidades de alojamiento en diferentes grupos de cabañas. Optamos por reservar un par de noches en uno de los más económicos disponibles, el Jungle Palace (130 MXN la noche por una cabaña para dos personas). He de decir que pasar una noche aquí es una experiencia increíble, la selva rebosa vida. Es imposible escuchar un sólo segundo de silencio, un sinfín de sonidos muy diferentes de origen animal invaden la oscuridad, el sonido de la lluvia tropical, la vegetación empapada de ella, animales de apreciable tamaño que andan sobre el tejado de nuestra cabaña y el colosal rugido de enormes dinosaurios que irrumpe en la noche muy por encima de todos los demás… ¿dinosaurios? Al menos éso es lo que parece cuando los escuchas por primera vez, y lo que pensaron, aterrados, los conquistadores españoles cuando penetraron por primera vez en estas selvas allá por el siglo XVI, hasta que descubrieron que el responsable de ese monstruoso rugido no era otro que un mono de pelaje oscuro… ¡de poco más de medio metro!… el mono aullador o saraguato, especie superprotegida en la actualidad en el Parque Nacional de Palenque.

Delirio nocturno en la selva...

Delirio nocturno en la selva…

Sólo por poder vivir esto ya había merecido la pena llegar hasta aquí. Sin embargo, esa noche tendríamos otro de los grandes sustos de nuestro viaje a Chiapas. Poco a poco empezaría a sentir que algo no iba bien. La fiebre comenzaría a aumentar mi temperatura corporal de forma escandalosa, y un malestar horrible se iría apoderando de mí gradualmente casi hasta el delirio, llegando a mezclarse en mi mente los mundos reales y onírico mientras los ruidos de la selva retumbaban desde el interior de mi cabeza, derivando en unos fuertes temblores que jamás antes había experimentado. Realmente no sé mucho sobre medicina, y mucho menos aún sobre enfermedades tropicales, pero esos síntomas no eran unos augurios muy esperanzadores. La preocupación de ambos era ya más que evidente, y la calma ya estaba perdida. Quiero agradecer desde aquí a Eli su actitud aquella noche, en la que no se separó de mí ni un momento y trató de ayudarme en todo lo que pudo, sin miedo a un posible contagio de ni siquiera sabemos qué…

Casi sin fuerzas, con la vista borrosa y sintiendo que en cualquier momento me iba a desplomar, salí un par de veces a deambular bajo la fuerte lluvia en busca de los baños, los cuales son compartidos y están situados en una cabaña situada en el centro de la porción de selva que ocupa el Jungle Palace. Finalmente, tal y como me estaba pidiendo mi cuerpo desde hacía ya tiempo, logré vomitar. Mi recuperación entonces fue instantánea, la fiebre bajó casi en ese preciso momento y comencé a sentirme mucho mejor. En contra de todas las recomendaciones médicas posibles, decidí automedicarme con unos antibióticos que, fortuitamente, llevaba en mi botiquín viajero de primeros auxilios, siguiendo el tratamiento especificado en el prospecto durante varios días. Ya no volvería a sentirme tan mal como aquella noche. Aún a día de hoy, desconozco a ciencia cierta que fue lo que me pasó, sólo espero no volver a tener que pasar por ello nunca más…

El Palacio, zona arqueológica de Palenque

El Palacio, zona arqueológica de Palenque

A la mañana siguiente, ya parcialmente recuperado, aunque aún con algunas molestias, llegaba un día que llevaba muchos años esperando, y cuando digo muchos probablemente me refiera a más de diez: visitar los restos de la ciudad maya de Palenque, aquellas preciosas ruinas enclavadas en medio de la selva que ya me cautivaron en la pantalla desde España cuando era más joven. Pero antes, nos dirigiríamos a la población moderna de Palenque para desayunar unos tacos en el establecimiento Mr. Taco (calle Benito Juárez) por 53 MXN entre los dos, y adquirir un kg de deliciosos mangos por 9 MXN en un puesto de fruta cercano. Tras ello, nos dirigiríamos nuevamente a la entrada del Parque Nacional de Palenque, esta vez para atravesarla (30 MXN por persona) y continuar hasta el emplazamiento donde se ubica la zona arqueológica (64 MXN), donde hay varios vendedores y guías que ofrecen sus servicios. Accedemos, pues, por fin, al recinto que alberga los restos de la ciudad maya de Palenque.

Tras subir unas pequeñas escaleras, se abre ante nosotros un claro en la selva que nos regala una vista absolutamente espectacular de los edificios más emblemáticos de lo que fue la antigua ciudad maya, entre los que destacan El Palacio (residencia de los gobernantes de Palenque), fácilmente reconocible por su peculiar torre, y el Templo de las Inscripciones, tumba del gran rey Pakal II, figura sin la que no se puede entender la historia de esta ciudad, y que está rodeada de misterios.

Templo de las Inscripciones, tumba del rey Pakal

Templo de las Inscripciones, tumba del rey Pakal

Palenque se fundó en torno al año 100 a.C. y fue abandonada alrededor del 900 d.C. de manera misteriosa, al igual que todas las grandes ciudades mayas, alcanzando su máximo esplendor en el siglo VII, coincidiendo con el reinado de Pakal. El primer misterio que rodea la figura de este rey es la propia lápida de su tumba, en la que aparece él mismo pilotando una nave espacial, o al menos eso es lo que se creía inicialmente. En la actualidad, los arqueólogos han descatalogado esa opción y han explicado la escena de la lápida como el paso de Pakal al mundo de los muertos, aunque aquella teoría ya le otorgó el nombre de “El Astronauta de Palenque” para la posteridad.

Pero hay otros misterios en torno a su origen. Sus costumbres diferían bastante en relación a las costumbres de los demás reyes contemporáneos. Un claro ejemplo de ello es el hecho de ser el único rey maya que utilizó una pirámide como su propio templo funerario. Según los escritos, Pakal murió con unos 80 años de edad, longevidad inusual por aquel entonces, sin embargo, el cuerpo que se encontró en su tumba corresponde al de un hombre de unos 40, bastante más alto que la inmensa mayoría de los mayas de la época, y sin deformidades craneales ni incrustaciones dentarias, tal y como era lo normal en la alta sociedad. Hay diferentes teorías que apuntan a un origen no maya, europeo, o incluso extraterrestre. Sea quien fuere, y aunque probablemente nunca lo sabremos a ciencia cierta, la historia le situó como el máximo responsable del esplendor que alcanzó la ciudad de Palenque en el mundo maya, extraordinariamente querido por su pueblo y, probablemente, el mejor y más carismático gobernante en toda la historia de esta civilización.

Grupo de los Murciélagos

Grupo de los Murciélagos

Frente al Templo de las Inscripciones, tumba de Pakal, se encuentra la tumba de su descubridor, Alberto Ruz Lhuillier, quien entregó toda su vida y su carrera a investigar y descubrir más sobre Palenque y la figura de su rey más insigne. Al otro lado del arroyo, visitamos el Grupo de las Cruces, compuesto por varias impresionantes pirámides que emergen entre el maravilloso verde de la selva, las cuales fueron diseñadas por el hijo de Pakal, Kan B’alam II. Caminamos hacia el norte, atravesamos una estructura correspondiente al juego de pelota (menor en tamaño que el de otras ciudades mayas), e iniciamos el descenso hasta el Grupo de los Murciélagos, menos excavado y, por lo tanto, más invadido por la selva, lo cual le otorga un interesante toque de abandono que nos hace sentirnos un poco más exploradores.

Concluiríamos, de esta manera, la visita a los bellísimos restos de Palenque, para adentrarnos en el museo del sitio, el cual alberga una reproducción de la cámara funeraria de Pakal y, por lo tanto, de la lápida correspondiente al “Astronauta de Palenque”. La original se encuentra aún dentro del Templo de Las Inscripciones, pero está cerrada al público por motivos de conservación y condiciones ambientales en su interior. Es una auténtica pena no tener ocasión de contemplarla. Así, abandonaríamos definitivamente la zona arqueológica para tomarnos una tarde de relax y descanso en medio de tanta aventura. Nos dirigiríamos al centro de la ciudad moderna para tomar un delicioso smoothie de fresa natural (40 MXN) en el café Ha’Ki’, situado en la plaza de la Iglesia de Santo Domingo de Guzmán, y después nos iríamos a disfrutar de otra noche selvática en el Jungle Palace… ¡esta vez libre de fiebre!

"El Astronauta de Palenque"

“El Astronauta de Palenque”

A la mañana siguiente, despediríamos nuestra cabaña para iniciar el camino de vuelta a Ocosingo, desde donde pretendíamos llegar a San Cristóbal de las Casas. Pero esto suponía tener que atravesar nuevamente la conflictiva carretera Palenque – Ocosingo… así que, sin pensarlo mucho más, nos pusimos en marcha nuevamente, realizando la primera parada en la Cascada de Misol Ha, en la que hay que abonar una entrada de 10 MXN al ejido que controla la zona más otra de 20 MXN para Misol Ha como tal. La zona en sí es pequeña, pero la cascada, de 35 metros de altura, es realmente preciosa, y la laguna de temperatura tibia que recibe sus aguas invita a un agradabilísimo baño de manera inexcusable. Una vez más, la impresionante naturaleza de Chiapas nos deja boquiabiertos.

Tras nuestra agradable estancia en la Cascada de Misol Ha, prácticamente vacía por ser primera hora de la mañana, retomamos nuestro camino hacia Ocosingo. Buscamos nuevamente camiones y autobuses a modo de escudo anti-detenciones, pero no encontramos ninguno. Qué extraño… es entonces cuando ya no podríamos librarnos. En una curva, dos mujeres levantan una cuerda a nuestro paso y una de ellas se coloca justo enfrente, bloqueando la carretera. Detengo el vehículo, y la otra mujer se pega a la ventanilla de Eli, quien la baja un par de centímetros. Trata de vendernos un racimo de plátanos por 20 MXN, mientras que la otra opción que nos ofrece es tener que pagar 100 MXN por pasar por allí, en un tono un tanto amenazante… como podéis imaginar, nos decantamos por la primera opción… y, de esta manera, nos permiten continuar nuestro camino.

Disfrutando de la naturaleza en Misol Ha

Disfrutando de la naturaleza en Misol Ha

Aproximadamente una hora después, nos topamos con un kilométrico atasco en la carretera, en medio de la selva. Cuanto menos, inquietante… entonces, un coche de la policía turística que se encuentra justo delante de nosotros comienza a dar la vuelta. Aprovechamos el momento para preguntar a los agentes qué ocurre. Éstos afirman que los indígenas han cortado la carretera y no retirarán el retén hasta que el gobierno ceda a sus exigencias, lo cual podría no ocurrir hasta las últimas horas de la tarde o incluso hasta el día siguiente. Al parecer, estos hechos son bastante comunes en este tramo. Quizá era ésta la razón por la que autobuses y camiones no circulaban esa mañana hacia Ocosingo. Los agentes nos recomiendan dar la vuelta y volver a Palenque, e incluso se ofrecen a escoltarnos hasta las proximidades de Misol Ha, después de haberles comentado lo sucedido con las “vendedoras” de plátanos. Aceptamos y agradecemos enormemente el excelente servicio, para el cual se fueron relevando con las siguientes patrullas situadas en los bordes de la carretera.

Llegamos, pues, nuevamente, y en contra de nuestra voluntad, a Palenque. Decidimos volver al Jungle Palace y reservar otra noche más, con la idea de intentar llegar a San Cristóbal, otra vez, el día siguiente. Por otra parte, no nos importaba en absoluto volver a disfrutar de una tarde en este entorno selvático ni volver a vivir su espectáculo nocturno. Realizamos tanto la comida como la cena en el único restaurante situado en la zona de El Panchán, llamado Don Muchos, y donde sirven comida italo-mexicana bastante buena, pudiendo adquirir, por ejemplo, pizzas por unos 80 MXN y hamburguesas por 60 MXN. Durante la cena, disfrutamos de la actuación de un animado grupo musical que tocaba cumbia colombiana, e incluso nos animamos a salir a bailar varias canciones. Tras ello, apagaron las luces y aparecieron en escena un grupo de jóvenes descendientes mayas que realizaron un impresionante espectáculo donde el fuego sería el protagonista. Así, después de dejar nuestra firma ilustrada junto a la de otros viajeros en la pared de nuestra cabaña, terminó esta bonita noche de improvisación, fuera de nuestro programa inicial de viaje.

Espectáculo de fuego en "Don Muchos"

Espectáculo de fuego en “Don Muchos”

A la mañana siguiente, después de comentar el tema con varios lugareños, decidimos cambiar por completo nuestro plan para los dos últimos días de viaje. Al parecer, había muchas posibilidades de que la carretera Palenque – Ocosingo volviese a estar cortada, con lo cual decidimos sacrificar nuestra visita a las playas de Puerto Arista para regresar a Tuxtla Gutiérrez por el norte, es decir, atravesando el estado de Tabasco, visitando Villahermosa, y atravesando también parte del sur de Veracruz, visitando la playa de Coatzacoalcos, a pesar del gasto en peajes que esto supondría. Jamás imaginamos completar semejante ruta antes del inicio de nuestro viaje por Chiapas.

Así pues, volvemos a abandonar el Jungle Palace nuevamente. A la salida de El Panchán, recogemos a una chica alemana llamada Maxi, la cual se encuentra viajando por todo México, y se dirige al pueblo nuevo de Palenque. La acercamos hasta allí, desde donde continuaríamos por la carretera 199 en dirección norte hasta Catazajá, donde debemos abonar un peaje de 20 MXN. Una vez allí tomamos la 186 en dirección oeste, accediendo así al estado de Tabasco y plantándonos, en unas dos horas, en la ciudad de Villahermosa, la cual nada tiene que ver con Chiapas. Como dijo Leonel, “aquí huele a dinero”, y es que salta a la vista el nivel económico que los pozos de petróleo hallados en el estado han dejado en la ciudad.

Cabeza olmeca en el Parque Museo La Venta

Cabeza olmeca en el Parque Museo La Venta

Estacionamos en el aparcamiento del Parque Museo La Venta, situado en la propia carretera, a la altura de la Laguna de las Ilusiones, cerca del centro de Villahermosa. El paisaje en Tabasco está compuesto en gran medida por humedales y vegetación tropical. Accedemos, pues, al citado museo, en el cual se exponen, al aire libre, las famosas cabezas olmecas encontradas en La Venta (también en el estado de Tabasco). El acceso cuesta 40 MXN a extranjeros y 10 MXN a estudiantes y, en su interior, dispone de un zoológico donde podremos contemplar algunos de los animales más típicos de Chiapas y Tabasco, entre los que destaca el corpulento jaguar, felino de un tamaño y aspecto tan imponente como elegante, de pelaje negro o amarillento con motas oscuras. Adorado por todas las civilizaciones precolombinas como un dios. Definitivamente, creo que no me hubiese gustado encontrarme con él cara a cara en aquel mirador del Cañón del Sumidero en el que el movimiento de las ramas nos hizo pensar en este animal. Aquí, también pudimos admirar la belleza del ocelote, otro de los candidatos para aquel encuentro.

Tras el zoológico, se accede a la zona arqueológica, en la que podremos observar esculturas olmecas de más de 2500 años de antigüedad instaladas entre la llamativa vegetación tropical del parque, y entre las que destacan las ya mencionadas cabezas, algunas de las cuales cuentan con casi dos metros de altura. Impresionantes. En un puesto instalado dentro del parque, adquirimos un pozol (bebida típica en Tabasco elaborada a base de maíz y cacao) de un litro mezclado con horchata por 40 MXN, el cual disfrutaríamos acompañados de una amistosa y agradable charla con los dos simpáticos y jóvenes vendedores.

Nuestros simpáticos amigos tabasqueños

Nuestros simpáticos amigos tabasqueños

Una vez concluida la visita, continuaríamos nuestro camino tomando la carretera 180 hacia el oeste, pagaríamos un peaje de 60 MXN, comeríamos unos tacos acompañados de agua en un precario restaurante de carretera al módico precio de 54 MXN entre los dos y, en algo más de dos horas de intenso tráfico, llegaríamos a la localidad costera de Coatzacoalcos, ya dentro del estado de Veracruz, donde deberíamos abonar otro peaje de 22 MXN. Nos alojaríamos esa noche en un pequeño edificio donde rentan habitaciones bastante decentes enfrente de la playa por 400 MXN. La ciudad es muy industrial y la playa no destaca especialmente por su belleza, pero es muy grande y el baño en aguas del Golfo de México se torna bastante agradable. Dado que tuvimos que suprimir las playas de Chiapas de nuestro itinerario, decidimos visitar al menos otro lugar de estas características. Ya en la noche, dimos un paseo por la animada zona de playa aledaña a la reproducción de una pirámide precolombina que alberga el museo local, y cenamos unas quesadillas en un puesto de la zona por 110 MXN entre los dos.

A la mañana siguiente, iniciaríamos el camino de vuelta a Chiapas, para lo cual tomaríamos la magnífica y solitaria autopista 145D en dirección sur (provista de 3 peajes de 60 MXN cada uno) hasta la caótica capital del estado, Tuxtla Gutiérrez, donde fuimos recibidos por una enorme hoguera encendida por un grupo de manifestantes a modo de protesta contra el gobierno, y que cortaba la arteria principal de la ciudad, teniendo que desviarnos por las estrechas y abarrotadas callejuelas del centro urbano. Efectivamente. De nuevo, estábamos en Chiapas.

Propaganda zapatista

Propaganda zapatista

Finalmente, logramos salir de Tuxtla Gutiérrez en busca de la última visita que haríamos en este viaje: San Cristóbal de Las Casas. Si no habíamos tenido ya suficientes sustos, esta aventura aún nos tiene guardado algo más… poco a poco voy cambiando el semblante de mi cara a medida que nos vamos acercando a la caseta de peaje de la carretera 190D, hasta que confirmo mis sospechas sobre lo que creía estar viendo unos metros antes: los empleados del gobierno no están en sus puestos. En su lugar, en cada caseta, hay un grupo de personas con la cara tapada por pañuelos, dejando ver tan sólo sus ojos. Sí, son guerrilleros. Habían tomado el puesto de peaje. No nos ibamos a ir de Chiapas sin haber tenido antes contacto con los Zapatistas.

Por enésima vez en este viaje, bajo un par de centímetros mi ventanilla, no sin un importante acongoje sobre mi ser. Una chica que parece bastante joven me recibe, tan sólo puedo ver sus ojos, los cuales me miran seriamente: “50 pesos para pasar”. No estoy en condiciones de negarme y, pensándolo bien, es casi la misma cantidad que le pagaría al gobierno por su peaje habitual (48 MXN). Le entrego los 50 MXN, y una compañera suya me entrega un papel en el que se pueden leer mensajes en contra del gobierno de México, y que conservo a modo de “souvenir de Chiapas”: “si te vuelven a parar más adelante, les enseñas esto. Así no tendrás que volver a pagar”, son, más o menos, sus palabras. Entonces, el guerrillero que controlaba la barrera situada justo enfrente de nuestro coche la levanta, permitiéndonos continuar con nuestro camino.

San Cristóbal de Las Casas

San Cristóbal de Las Casas

Aún sin dar crédito a lo sucedido, proseguimos rumbo a San Cristóbal. ¿Esto es real? ¿hemos hablado con Zapatistas? Ciertamente, han sido muy correctos y educados con nosotros. Un grupo armado y tan numeroso podía habernos quitado todo lo que llevábamos si hubieran querido. Entonces, pienso que mis 50 MXN se van a quedar en Chiapas, quizá allí los necesiten más. De haber pagado el peaje oficial, los 48 MXN hubieran sido destinados a otros asuntos, casi con toda seguridad lejos de este estado. Quizá la causa de esta gente sea más noble de lo que las autoridades hacen ver al mundo, pero no puedo entrar a valorar un tema que desconozco casi en su totalidad. Éste es un blog de viajes y no de política. Que cada quien se informe y saque sus propias conclusiones.

Una hora después de este encuentro, llegamos nuevamente a la localidad de San Cristóbal de Las Casas, aquella en la que pasamos nuestra primera noche en Chiapas, esta vez con intención de conocer esta bonita población un poco más a fondo. Sólo tendríamos tiempo de comer tostadas en un puesto (85 MXN entre los dos), sentarnos tranquilamente a tomar un delicioso capuccino con rompope (licor de huevo, leche y vainilla elaborado tradicionalmente por las monjas) acompañado de algunos bombones en el Kakao Natura por 45 MXN, y visitar la plaza 31 de Marzo, en la cual podemos admirar la preciosa Catedral de San Cristóbal Mártir del siglo XVI, pintada en llamativas tonalidades amarillas. Allí, seríamos sorprendidos por una intensa lluvia torrencial que nos obligaría a retirarnos al coche para abandonar San Cristóbal rumbo al aeropuerto Ángel Albino Corzo, al sur de Tuxtla, donde devolveríamos nuestro Renault Logan de alquiler y tomaríamos nuestro vuelo de regreso, dando así por concluida esta inolvidable aventura.

El jaguar, el rey de la selva Lacandona

El jaguar, el rey de la selva Lacandona

Descubrir Chiapas por libre ha sido una de las experiencias más intensas, bonitas y a la vez arriesgadas de toda mi vida, ¡en especial esto último!. Lo he pasado muy bien y también muy mal, pero no cambio todo lo que he vivido ni todas las maravillas que he tenido la suerte de contemplar por nada del mundo. Para aquel que quiera conocer Chiapas sin arriesgarse tanto, también existe la posibilidad de realizar recorridos parecidos a estos a través de tours con diferentes empresas turísticas, más seguros pero mucho más caros en la suma global. Personalmente, siempre he preferido organizarlo y hacerlo todo por mi cuenta en la medida de lo posible, añadirle el factor aventura que le da ese toque tan especial a los viajes, y sin el que los que somos apasionados de esto no podemos vivir.

Queda pues, en mi memoria, tal y como he tratado de describir en este relato, la espectacular naturaleza chiapaneca, su historia y sus habitantes, cuyo carácter no ha permitido nunca que nadie les controle realmente, ni los aztecas, ni los españoles, ni el gobierno mexicano. Espero que, algún día, puedan vivir totalmente en paz dentro del maravilloso entorno natural que con tanta fiereza han protegido desde tiempos inmemoriales.

Hasta la vista, Chiapas.

5 respuestas a Chiapas 2ª parte: Palenque y un poco de Tabasco y Veracruz

  1. Pingback: Todo lo que pasamos en nuestros últimos días en Chiapas… ¡no apto para todos los públicos! | Destino Kiwi

  2. Andrea Elizabeth Gómez dijo:

    Un viaje increíble sin duda un estado muy bonito y aunque hubo mucha adrenalina en algunos puntos del viaje es un destino que sin duda vale mucho la pena visitar!! Las cascadas, selvas y en general los paisajes son un paraíso. Un placer haber compartido este viaje contigo 🙂 y saludos por parte de los Zapatistas 😉

    • destinokiwi dijo:

      Gracias Eli, una aventura inolvidable y un destino muy auténtico. Un placer también para mi haber compartido contigo este viaje, aún nos quedan mucho por ver! Saludos 🙂

  3. Felicidades por ser afortunado al poder hacer un viaje místico, de aventura y conocimiento a tan enigmática cultura, tanto la Maya antigua, como las comunidades descendientes, tu opinión es muy apegada a la verdad. Gracias

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