Chiapas 1ª parte: naturaleza en estado puro

Un estado mexicano que, sin duda, no deja indiferente a nadie. Uno de los viajes más emocionantes de toda mi vida, con todo lo bueno y lo malo que esto conlleva. Un destino no apto para todos los públicos, pero que te marca para siempre. Cuando elegimos Chiapas como próximo objetivo, a pesar de habernos informado sobre lugares para visitar, seguridad y precauciones a tener en cuenta, jamás imaginamos la aventura que nos esperaba.

Primer recorrido por Chiapas (click para ampliar)

Primer recorrido por Chiapas (click para ampliar)

Dada la enorme extensión del país, decidimos tomar el autobús Querétaro – Aeropuerto Benito Juárez, en México DF, fletado por la compañía Primera Plus (354 MXN por persona) y, desde allí, el vuelo que reservamos previamente a través de la compañía aérea Interjet (2250 MXN por persona) con destino Tuxtla Gutiérrez, capital del estado de Chiapas:

http://www.primeraplus.com.mx/
http://www.interjet.com/

La compañía Interjet resulta ser una cómoda y económica opción para viajar por toda la geografía mexicana y de los países colindantes, dotada de aviones provistos de un notable espacio entre asientos, e incluyendo algunos productos para tomar durante el vuelo. Así, en aproximadamente una hora y media, aterrizamos en el Aeropuerto Internacional Ángel Albino Corzo, situado al sur de la ciudad de Tuxtla Gutiérrez. Allí, tras encontrarnos a Jorge Campos, ex-portero internacional con la selección de fútbol de México, recogemos el vehículo de alquiler de Europcar que reservamos previamente a través de la web de Rentalcars por 712 MXN para 6 días, precio que se duplica in situ a causa del seguro adicional que conviene contratar, además de la fianza que queda bloqueada temporalmente en la tarjeta de crédito:

http://www.rentalcars.com/

Cañón del Sumidero

Cañón del Sumidero

Al no haber disponibilidad de vehiculos económicos (categoría que habíamos reservado), nos proporcionaron uno de categoría superior, concretamente un Renault Logan manual, muy nuevo y en perfecto estado, el cual sería testigo y compañero en el periplo que nos esperaba. Iniciaríamos, pues, nuestro camino hasta las proximidades de la localidad de Chiapa de Corzo, a través de la carretera 190, buscando el embarcadero de Cahuaré, desde donde iniciaríamos un trayecto en lancha motora con capacidad para unas 30 personas recorriendo el impresionante Cañón del Sumidero, al precio de 200 MXN cada uno (incluyendo los 30 MXN que cuesta la pulsera que permite la entrada al Parque Nacional).

Durante el trayecto, el conductor de la embarcación, el cual hace también de guía, nos va explicando todo lo que vamos viendo añadiéndole ese inconfundible toque de humor mexicano a sus comentarios. Tenemos ocasión de divisar varios cocodrilos en la zona inicial del recorrido, algunos de ellos hembras con crías, así como gran cantidad de aves de diferentes colores, formas y tamaños, sin mencionar las impresionantes paredes verticales que forman el cañón y que, en algunos puntos, alcanzan los 1000 metros de altura sobre el río Grijalva, responsable de esta impactante formación natural. La espetacularidad de las vistas, en algunos puntos, corta la respiración.

Magnífico ejemplar de cocodrilo

Magnífico ejemplar de cocodrilo

Durante el recorrido, visitamos una pequeña gruta que alberga en su interior una imagen de la virgen de Guadalupe, y éste termina en la presa de Chicoasén o de Manuel Moreno Torres, en honor a uno de los ingenieros responsables de su construcción. Allí, realizamos una parada en un puesto situado en otra embarcación, donde tenemos la posibilidad de adquirir provisiones. Tras ello, iniciamos el camino de regreso recorriendo nuevamente el imponente escenario, esta vez en dirección opuesta.

Tras navegar el cañón, nos disponemos a visitarlo desde las alturas, es decir, desde los diferentes miradores que se sitúan a lo largo de la carretera que recorre el Parque Nacional del Cañón del Sumidero, tomando de nuevo los mandos del coche y poniendo rumbo a la caótica ciudad de Tuxtla Gutiérrez, donde efectuaríamos una parada técnica para comer. El lugar elegido para este menester sería Tacos Lupita, un puesto situado en algún lugar que no sabría señalar dentro de la enorme ciudad que constituye la capital de Chiapas, pero donde, por 70 MXN entre los dos, disfrutamos de unos magníficos platos chiapanecos, ante la insistencia de un gran número de moscas que revoloteaban por allí. Este estado es muy pobre, y poco a poco nos iríamos dando más cuenta de ello, hecho que determina los bajos precios que reinan en la zona.

Mirador El Roblar

Mirador El Roblar

Tras la riquísima aunque precaria comida, tomaríamos la Calzada al Sumidero, la cual, como su propio nombre indica, conduce hasta la entrada del Parque Nacional del Cañón del Sumidero, cuya entrada (30 MXN) no debemos abonar, ya que la pulsera que permite el acceso nos fue incluída en el precio de la excursión en lancha a través del río. De esta forma, llegamos al primero de los cinco miradores que encontraremos en el recorrido: el Mirador de la Ceiba. Las vistas del cañón desde lo alto entre una inmensidad tropical de color verde, al igual que en los otros cuatro miradores que nos esperan a continuación, es absolutamente impresionante. Desde aquí, aún se llega a divisar parte de la enorme ciudad de Tuxtla Gutiérrez.

Es entonces cuando, mientras admiramos las bonitas vistas, escuchamos un rugido procedente de la espesa vegetación… ¡¿qué es eso?!… inmediatamente viene la imagen del jaguar a nuestras mentes, y quedamos paralizados con la mirada clavada en las copas de los árboles, mientras nuestros corazones aceleran su ritmo cardíaco de manera inevitable…

Coatíes saltando entre las ramas

Coatíes saltando entre las ramas

Al poco tiempo volvemos a escuchar el mismo rugido, junto al sonido del movimiento de las ramas de los árboles que se encuentran sobre nosotros, aunque no logramos ver nada más. Acompañados de la consiguiente congoja, decidimos volver sigilosamente al coche para continuar nuestro camino. Pensándolo ya más en frío, y aunque nunca lo sabremos con certeza, creemos que es poco probable que se tratase de un jaguar, ya que nos encontrábamos aún bastante cerca de Tuxtla, y éstos suelen vivir en lugares más alejados de la civilización, en el corazón de la selva, donde la vegetación es aún más espesa. Hay más probabilidades de que se tratase de algún tipo de mono o de un ocelote, habitante felino más habitual del Parque Nacional y que también nos hubiera podido dar un buen susto por su parecido al jaguar, aunque con un tamaño menor, pero ambos de gran belleza, como podríamos comprobar algunos días después.

Efectuamos paradas también en el Mirador La Coyota, donde contemplamos un grupo de simpáticos coatíes jugueteando y comiendo entre la vegetación, el Mirador El Roblar, situado tras un agradable paseo entre el bosque tropical desde el aparcamiento, y el Mirador El Tepehuaje, todos ellos con unas impactantes vistas del cañón desde las alturas. Pero, sin duda, al menos en mi humilde opinión, el más espectacular es el último de todos, el Mirador Los Chiapa, situado a 1000 metros de altura sobre el río Grijalva, y donde encontramos el restaurante La Atalaya y un mirador acristalado para la observación de aves. En ese momento, un coro cristiano se encontraba ensayando sus cantos en el interior de la zona acristalada, constituyendo la música ambiental ideal para contemplar semejante paisaje, halo de espiritualidad acentuado por la nieblina y la lluvia que invadieron instantáneamente el enorme cañón. Con toda seguridad, uno de los momentos más bonitos de todo nuestro viaje por Chiapas. Realmente asombroso.

El cañón desde el Mirador Los Chiapa

El cañón desde el Mirador Los Chiapa

Así, daríamos por concluido nuestro recorrido por el espectacular Cañón del Sumidero. Nos dirigiríamos, después, hasta la localidad de San Cristóbal de Las Casas con idea de pernoctar allí y amanecer más cerca de nuestros destinos para el día siguiente: El Chiflón y Montebello. Tomamos, pues, la carretera 190D, la cual cuenta con una caseta de peaje en la que debemos abonar 48 MXN (al menos ése es el precio oficial impuesto por el gobierno, en la segunda parte de mi relato sobre Chiapas entenderéis el por qué de esta aclaración).

En aproximadamente una hora, en la cual me voy adaptando al sistema de circulación y adelantamientos mexicano, nos plantamos en San Cristóbal, y nos alojamos en la sencilla casa de huéspedes Santa Lucía en una habitación doble por 300 MXN para una noche. Aprovechamos la cercanía al centro para dar un pequeño paseo nocturno por el pueblo, aunque volveríamos para visitarlo a fondo más adelante, y cenamos en un pequeño restaurante situado junto al Arco Torre del Carmen por 85 MXN entre los dos. Y así, aún con la mente recorriendo el maravilloso Cañón del Sumidero, termina nuestro primer día en Chiapas. Es hora de irse a dormir y reponer fuerzas, aún falta mucho viaje.

Cascada El Suspiro, en El Chiflón

Cascada El Suspiro, en El Chiflón

Amanecemos muy temprano a la mañana siguiente para ponernos en marcha sobre las 6:00h, ya que tenemos muchas horas de carretera por delante. Tomamos la 190 hacia el sur, hasta la localidad de Comitán, donde nos desviamos a mano derecha para continuar por la 226 hasta El Chiflón, precioso espacio catalogado como centro ecoturístico cuya entrada cuesta 30 MXN por persona, situado tras atravesar la localidad de Tzimol. En este lugar, las pequeñas cabañas y construcciones de la zona están perfectamente integradas en el medio natural, el cual florece en torno al río San Vicente, cuyas aguas color azul turquesa le confieren un idílico aspecto al paisaje.

Recorremos, pues, el sendero que conduce, en sentido ascendente, a las tres cascadas principales de la zona: El Suspiro, Ala de Ángel y Velo de Novia, en la cual se puede apreciar perfectamente la brutal fuerza del agua al caer desde sus 120 metros de altura. El Chiflón es, sencillamente, un paraíso. El color de sus aguas turquesa en contraste con el verde de la vegetación tropical son un auténtico deleite para los sentidos. Incluso fuimos obsequiados, en las proximidades de la cascada Velo de Novia, con un arco iris que convertía el paisaje en una imagen digna de cuentos, a la que sólo le faltaba un unicornio blanco y reluciente…

Emulando a Tarzán

Emulando a Tarzán

Ya en el camino de vuelta, decidimos realizar un alto en el camino para disfrutar de un reconfortante baño en una de las pozas rellenas por esas preciosas aguas, bastante frías, por otra parte. Al reanudar la marcha, tras el agradable baño, mi paso asustó a una serpiente de un color verde intenso y de unos 3-4 cm de diámetro que se encontraba perfectamente camuflada con el entorno, a menos de un metro de mí, la cual optó por desaparecer reptando elegantemente entre la vegetación de la ladera. Ya en el centro de visitantes, lugar de inicio del recorrido, adquiriríamos unas patatas fritas provistas de varias salsas por 20 MXN, a fin de calmar la incipiente sensación de hambre que el baño provocó en nuestros estómagos, ya que aún faltaban algunas horas para la comida.

Era hora de regresar al volante. Volveríamos a Comitán para tomar nuevamente la carretera 190 en dirección sur hasta la población de La Trinitaria, donde giraríamos a la izquierda para continuar por la 307, la cual conduce hasta el Parque Nacional Lagunas de Montebello, nuestro próximo destino. Poco antes de la entrada al parque, pararíamos a comer dos ricas mojarras acompañadas de guarnición en el restaurante Bosque Azul por 60 MXN cada uno. Después, volveríamos unos metros hacia atrás para visitar los restos de la ciudad maya de Chinkultic, poco conocida, poco excavada y mucho menor que otras como Palenque, Bonampak o Yaxchilán. La entrada es gratuita y el paseo por sus verdes campos y sus solitarios resquicios de edificaciones mayas se torna muy agradable. Mención especial merece la vista del bosque y del cenote, sagrado para los antiguos pobladores de la ciudad, que se divisa desde lo alto de la acrópolis.

Restos mayas de Chinkultic

Restos mayas de Chinkultic

Tras la visita a Chinkultic, y ya sin muchas horas de luz por delante, nos adentramos en el Parque Nacional Lagunas de Montebello, cuyo acceso cuesta 20 MXN, debiendo este importe ser abonado en alguno de los accesos a los diferentes lagos que componen el conjunto. He de aclarar que este dinero no va dirigido al gobierno, si no a los ejidos de origen agrícola que controlan el Parque Nacional de una manera ejemplar, tomando medidas de conservación de este maravilloso entorno tales como la prohibición del uso de embarcaciones a motor para no contaminar las aguas de los lagos.

Varios guías nos ofrecen sus servicios en diferentes puntos del parque, pero rechazamos educadamente sus servicios. En la primera bifurcación, sin saber muy bien a dónde nos dirigimos, tomamos el camino de la izquierda, el cual nos conduce a las lagunas Ensueño y Bosque Azul, siendo la primera la más bonita de ellas, aunque también en la que más nos insistirán algunos niños locales para obtener algo de dinero. Varias galletas contentan a un par de ellos, y Jaqueline y su hermano Lalo, los cuales no debían de superar los 5 años de edad, incluso se llevan algunos pesos por su simpatía y su graciosa forma de cantar.

Cinco Lagos, Parque Nacional Lagunas de Montebello

Cinco Lagos, Parque Nacional Lagunas de Montebello

La carretera deja de estar asfaltada tras una pequeña aldea, y aquí decidimos dar la vuelta para volver a la bifurcación inicial, tomando, en esta ocasión, el camino de la derecha, el cual dispone de entradas a los lagos de Montebello, Cinco Lagos y Pojoj. Mención especial merece la vista de Cinco Lagos que tenemos desde el Mirador Laguna La Cañada, cuya belleza difícilmente puedo describir con palabras, y donde reina la misma tranquilidad y sosiego que en todo el Parque Nacional, constituyendo ésta su seña de identidad. En algunos de estos lagos tenemos ocasión de contratar excursiones en balsas de remo construidas con troncos de árboles que a buen seguro deben ser muy bonitas, pero ya no tuvimos tiempo de ello.

Continuaríamos nuestro recorrido hasta la pequeña población de Tziscao, instalada junto al lago del mismo nombre y donde existen varios alojamientos en cabañas a orillas del propio lago. Cruzaríamos todo el pueblo para dejarlo atrás y hospedarnos en las Cabañas Paraíso Tziscao esa noche, cuyo precio es de 500 MXN aunque, gracias a las dotes de negociación entre mexicanos de Eli, el precio descendería a 400 MXN. Las cabañas están regentadas por una bellísima familia local que hace sentir al cliente como si estuviera en casa. Darinel, el padre de familia, nos ofrece una preciosa cabaña de construcción artesana pero muy bien acabada en primera línea del lago, espaciosa, limpia, con agua caliente y una hamaca en la entrada.

Nuestra cabaña en Paraíso Tziscao

Nuestra cabaña en Paraíso Tziscao

Frente a la cabaña hay varios botes de remo que pueden ser usados libremente por los clientes, en este caso, nosotros, ya que es temporada baja y nadie más se deja ver por las inmediaciones. Darinel nos ofrece uno de ellos y, sin dudarlo ni un momento, nos ponemos a remar. Solos, en un bote en medio del precioso lago Tziscao, bajo una temperatura ideal, sobre una enorme masa de agua en calma y alumbrados por las últimas luces del atardecer. Una paz absoluta, un momento que invita a relajarse, a olvidarse de todo lo demás y simplemente a disfrutar del momento. Inolvidable.

Ya casi en medio de la noche, regresamos al embarcadero (un poste clavado en la orilla), y nos dirigimos a la cocina del complejo a cenar quesadillas, huevos revueltos y frijoles por 50 MXN cada uno para, después, irnos a dormir a nuestra idílica cabaña a orillas del lago. Despertar, abrir la puerta de tu cabaña y admirar el lago Tziscao en todo su esplendor rodeado tan sólo de naturaleza, provoca una sensación de paz y bienestar inigualable. Entramos en la cocina y tenemos la ocasión de presenciar cómo Gloria nos prepara el desayuno (50 MXN por cada uno) con las técnicas tradicionales del lugar, ante la atenta mirada de la pequeña Belsi, cuya curiosidad no le permite quitarnos el ojo de encima.

Gloria cocina mientras Belsi nos analiza detenidamente

Gloria cocina mientras Belsi nos analiza detenidamente

Tras el desayuno y una agradable conversación con Gloria y la madre de Belsi, y ante la recomendación de éstas, decidimos iniciar un corto paseo hasta la frontera con Guatemala, situada a poco más de 200 metros de las Cabañas Paraíso Tziscao, tras una pequeña cuesta. En lo alto, un hito nos da la bienvenida al país vecino. Aquí, la frontera es libre, no hay policía, no hay agentes aduaneros, no hay nada. Tan sólo una señal que indica el límite entre México y Guatemala, y una bonita vista de la frontera física que forman varios hitos iguales al que nos dió la bienvenida, instalados intermintentemente a lo largo de un firme cortafuegos que separa en seco las selvas de ambos países, sólo cortado por la laguna Yichén, la cual presume de tener una mitad en cada país, hecho que también le da el nombre de lago Internacional.

Frontera México - Guatemala

Frontera México – Guatemala

Al otro lado de la frontera, nos encontramos con la pintoresca población de Quetzal, enclavada en un bonito entorno selvático ya en tierras guatemaltecas, y donde hay varios puestos que venden principalmente souvenirs de Guatemala. Aún era muy temprano, los puestos permanecían cerrados y la calle desierta, así que tuvimos que esperar un rato visitando parte del pueblo a fin de conseguir una pequeña adquisición para mi rincón viajero.

Así, abandonaríamos nuestra hermosa cabaña y despediríamos a nuestros agradables anfitriones para continuar nuestro camino hacia Palenque, próximo destino en nuestro recorrido chiapaneco. Pero no todo sería tan perfecto, y la tranquilidad de Montebello se iría desvaneciendo poco a poco en nuestro próximo trayecto, en el que conoceríamos la otra cara de Chiapas, una bastante más conflictiva y que crea mayor sensación de inseguridad en el viajero: Ocosingo y la selva Lacandona. La aventura está servida.

Próximamente, en DestinoKiwi. Hasta pronto, amigos…

Listos para navegar el lago Tziscao

Listos para navegar el lago Tziscao

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Una respuesta a Chiapas 1ª parte: naturaleza en estado puro

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