Taman Negara, la selva más antigua del planeta

Búfalos de agua

Búfalos de agua

Un numeroso grupo de búfalos de agua que, haciendo honor a su nombre, se encuentran semisumergidos, nos observan fijamente mientras avanzamos, ligeramente molestos por el traqueteo procedente del motor de nuestra embarcación. A medida que remontamos el río Tembeling, la frondosidad de la selva se va acentuando más y más a ambos lados del cauce fluvial, componiendo un espectacular paisaje digno de película de aventuras. La brisa que provoca el propio movimiento de nuestra lancha rebaja considerablemente el calor del día, y el techo del que dispone la misma nos protege parcialmente de un sol implacable. A pesar del escaso calado de nuestra embarcación, ésta toca el cambiante fondo del río en varias ocasiones, y algunos pasos de gran dificultad estrechados por piedras de considerable tamaño sacan a relucir la pericia de nuestro timonel.

Hábitat de dinosaurios

Hábitat de dinosaurios

Hace ya más de 5 horas que dejamos atrás Kuala Lumpur para poner rumbo a la selva más antigua del planeta, pues no ha sufrido grandes catástrofes naturales ni modificaciones significativas durante millones de años: el Parque Nacional de Taman Negara, el primero nombrado como tal en el país en 1938. Ocupa una extensión de nada menos que 4500 kilómetros cuadrados de selva virgen protegida en la zona central de la Malasia Peninsular, toda una maravilla. Con unos 130 millones de años de antigüedad, este lugar ha presenciado la evolución de la naturaleza en todo su esplendor. Imaginar dinosaurios moviéndose entre la densa vegetación que compone semejante paraje eriza la piel, incluso pareciera que aún fuese posible divisar alguno, cumpliendo así con uno de los sueños más deseados de mi infancia. Finalmente no sería posible, ya que hoy en día la evolución ha otorgado a este lugar otras especies tales como elefantes, tigres, o tapires, los cuales, por otra parte, son muy difíciles de avistar en las partes del parque más frecuentadas por seres humanos.

Recorrido por Taman Negara (click para ampliar)

Recorrido por Taman Negara (click para ampliar)

Centrándonos en el lado más práctico para el viajero, hablaremos de cómo llegar hasta aquí desde Kuala Lumpur. La opción más cómoda, y la que nosotros escogimos finalmente dada la escasa diferencia de precio en relación a los autobuses públicos, es contratar el traslado con la compañía NKS (90 ringgits por persona incluyendo un par de trayectos en minibus y otro en lancha, además de la comida del día), la cual dispone de un stand en el hotel Mandarin Pacific de Chinatown, Kuala Lumpur. El primer trayecto consta de un agradable viaje de 3 horas en minibus, inmersos en la vegetación tropical de Malasia, desde la capital malaya hasta la localidad de Jerantut, donde se encuentran el hotel y la oficina principal de NKS. En este mismo lugar se tramita el permiso para visitar el Parque Nacional de Taman Negara y se sirve una comida bastante decente, incluída en el precio del traslado. Decidiríamos completar dicho almuerzo con un par de pomarrosas (rose apple) en calidad de postre. Aunque no están incluídas con la comida, su módico precio no representa un problema (10 ringgits el kg). Ésta es una fruta tropical con cierto parecido a la manzana, de sabor bastante curioso y nada dulce, en contra de lo que nos comentaron las vendedoras. Interesante, en cualquier caso…

Mezquita de Tengku Ahmad, Jerantut

Mezquita de Tengku Ahmad, Jerantut

Mientras Monika descansaba del desmesurado calor reinante tras el almuerzo, yo aprovecharía el tiempo que aún restaba hasta nuestro siguiente traslado para visitar la cercana Mezquita de Tengku Ahmad, dotada de un precioso y colorido diseño. Tras este pequeño paseo por Jerantut, llegaría la hora de tomar el autobús que nos llevaría hasta el muelle de Kuala Tembeling, al cual llegaríamos en aproximadamente media hora. Allí, tras escuchar algunas recomendaciones en materia de seguridad en cuanto al siguiente trayecto y al Parque Nacional de Taman Negara, embarcaríamos rumbo al mismo. Especial cuidado se ha de tener con las resbaladizas escaleras que descienden hasta la lancha, creedme, os hablo desde la experiencia…

La citada embarcación, estrecha y de una longitud considerable, puede albergar alrededor de 15 personas sentadas en grupos de dos y, a pesar de lo rudimentario de su aparencia, es bastante cómoda para afrontar el trayecto de tres horas de navegación fluvial que nos separa de Kuala Tahan, localidad que alberga el acceso al Parque Nacional. Así, embriagados por ese espíritu de aventura que tan bien me hace sentir, iniciaríamos el espectacular recorrido al que hice referencia al inicio de este post. Inolvidable.

Remontando el río Tembeling

Remontando el río Tembeling

De esta manera llegaríamos a la pequeña población de Kuala Tahan, en la cual podemos encontrar diferentes tipos de alojamientos que nos permitirán dormir a las puertas del Parque Nacional de Taman Negara. Nosotros habíamos reservado previamente una habitación doble para dos noches en el HAN Rainforest Resort a través de la web de Agoda, una opción económica pero muy válida (£30 en total). Después del recibimiento y explicación de los servicios disponibles por parte de la compañía NKS (con la que en ese momento contrataríamos el minibus de vuelta a Jerantut por 15 ringgits por persona) nos dirigiríamos al restaurante de la compañía HAN (algo parecido a NKS), propietaria también de nuestro alojamiento, pues desde allí disponen de un servicio de transporte gratuito entre los muelles y el resort, el cual se encuentra aproximadamente a un kilómetro en sentido ascendente. De esta manera, el pick-up todoterreno del que disponen para realizar el citado trayecto nos trasladaría hasta nuestro alojamiento en cuestión de minutos.

Las habitaciones del HAN Rainforest Resort son muy modernas, básicas pero suficientes, provistas de techos y paredes más propias de oficina que de hotel, y provistas de aire acondicionado (al menos la nuestra). El entorno selvático que rodea el complejo es espectacular y está lleno de vida. Los pasillos parecen zoológicos plagados de todos los tipos de invertebados que podamos imaginar, multiplicados en tamaño con respecto a lo habitual para nosotros, aunque bastante pacíficos: mariposas enormes, mantis enormes, cientos de tipos de insectos con los aspectos más extraños que podamos imaginar… aquí se debe mantener especial precaución con los mosquitos, pues estamos en zona de alto riesgo para enfermedades como la malaria. Nosotros usamos el spray de manera bastante recurrente y dormimos con la mosquitera cubriendo la cama. ¡Más vale prevenir!…

Noche en la selva

Noche en la selva

Durante las dos noches que permaneceríamos en Kuala Tahan, bajaríamos a cenar al restaurante Family, situado, al igual que algunos otros, en una barcaza flotante sobre el río Tembeling junto a los muelles. El ambiente allí es extremadamente agradable, y la comida malayo-tailandesa que sirven, muy buena. Podremos optar por distintos tipos de arroz, noodles, pinchos de carne, pancakes, etc. Por unos 40 – 45 ringgits se puede disfrutar de una completa cena para dos personas frente a la salvaje inmensidad de la selva de Taman Negara, disfrutando del atardecer en un entorno espectacular. Una maravilla.

Tras cenar y tomar de nuevo el transporte hasta nuestro alojamiento, nos dispondríamos a pasar nuestra primera noche en el corazón de la selva tropical más antigua del mundo. Allí estábamos nosotros, insignificantes, después de 130 millones de años de historia natural. El croar de las ranas, el chirriar de los grillos, el embelesador canto de las aves nocturnas, el correr del agua. El sonido de la selva en la noche, el sonido de la vida, ése que nos acompañaría durante nuestros sueños más profundos. No puedo ocultar mi atracción por el hecho de pernoctar en medio de la selva… no era la primera vez que tenía la ocasión de vivir una experiencia como ésta.

Bruma matutina sobre Kuala Tahan

Bruma matutina sobre Kuala Tahan

A la mañana siguiente, totalmente recompuestos por la fuerza nocturna de la selva, nos dispondríamos a disfrutar de un tempranísimo desayuno en el propio resort por 15 ringgits cada uno para poner rumbo, finalmente, a la entrada del Parque Nacional de Taman Negara. Descenderíamos hasta los muelles de Kuala Tahan para tomar el water taxi que, por 1 ringgit por persona, nos permite cruzar al otro lado del río. La bruma que se levanta del río Tembeling a esta hora de la mañana le confiere un aspecto increíble, bello a la par que tenebroso, una imagen que mi mente asocia inmediatamente con la palabra aventura, con el concepto de adentrarse en lo desconocido y ampliar fronteras. Motivador.

La orilla opuesta del río alberga únicamente el hotel Mutiara Taman Negara (como podéis imaginar, el más caro de la zona), y nos ofrece una interesante vista panorámica de la modesta población de Kuala Tahan engullida por la vegetación tropical. Dentro del citado hotel se encuentra el acceso al Parque Nacional, el cual cuesta el simbólico precio de 1 ringgit por persona, y de 5 ringgits por cámara. Dentro de la gigantesca extensión que ocupa Taman Negara, tenemos una amplia gama de rutas disponibles. Cada uno puede adaptar la caminata a sus necesidades, siendo posible incluso trasnochar en algunos refugios disponibles en el interior de la selva, aunque desconozco cómo funciona este tema. Nosotros teníamos intención de conocer el entorno durante un día sin realizar trekkings demasiado duros ni demasiado largos, ya que el asfixiante calor de la selva tropical merma las fuerzas de manera significativa. Las provisiones de agua son importantísimas para aventurarse en su interior, así como algo de comida.

Enorme tualang, amo de estas selvas

Enorme tualang, amo de estas selvas

Decidimos utilizar pantalón largo para protegernos contra las sanguijuelas, pues habíamos leído al respecto previamente a nuestra llegada, sin embargo no nos pareció algo realmente necesario, al menos durante la estación seca y realizando trayectos no demasiado largos y mejor acondicionados para el viajero. Así pues, tomaríamos el camino que parte a mano derecha desde la entrada al Parque Nacional, adentrándonos de lleno en la selva a través de una pasarela “anti-sanguijuelas” instalada sobre el suelo, y desde la que se obtienen parcialmente, entre la maraña que forma la frondosa vegetación, unas bonitas vistas del río desde las alturas. Esta selva se encuentra dominada por los tualang, gigantescos árboles de aspecto prehistórico que alcanzan alrededor de 80 metros de altura, y cuyas raíces afloran por encima del suelo formando paredes verticales. Espectaculares.

Caminando entre ellos llegaríamos, pues, al trayecto estrella de la parte visitable del Parque: el Canopy Walkway. Éste está constituido por una serie de pasarelas que forman estrechos puentes colgantes, suspendidos a unos 30 – 40 metros de altura sobre el suelo, y conectados entre las copas de los enormes árboles de Taman Negara. El acceso cuesta 5 ringgits por persona, y cabe mencionar que éste es el único punto dentro de todo el Parque Nacional en el que es posible comprar botellas de agua. El trayecto es francamente divertido, y debe realizarse de uno en uno, dejando una distancia de unos 10 metros por persona. Las vistas que se obtienen de la vegetación tropical desde las alturas son realmente impresionantes, no aptas para personas con vértigo. Aquí es donde se aprecian realmente las dimensiones de la selva en todo su esplendor. El recorrido no es demasiado largo y se puede realizar en unos 15 – 20 minutos.

Canopy Walkway

Canopy Walkway

Tras completar el Canopy Walkway, pondríamos rumbo al monte Bukit Terisek, cuya cima nos ofrece una magnífica vista panorámica que nos da una idea de la densidad y el tamaño de esta selva, pudiendo avistar las colinas circundantes cubiertas de un verdor impenetrable. La ascensión se torna algo dura debido al tremendo calor húmedo que reina en el ambiente, aunque sin dejar de ser un lugar muy accesible y recomendable. Ya en el camino de vuelta, nos toparíamos con un grupo de turistas asiáticos que parecían bastante asustados, detenidos en medio del camino. Cautelosos, nos acercamos hasta ellos, hasta toparnos con la responsable del pánico. Una elegante serpiente, fina, larga y dotada de unas bonitas tonalidades verdosas parece haberse acomodado en los tablones que forman la pasarela, sin que parezca que tenga intención de abandonarlos. Algunos turistas se atreven a pasar rápidamente por la zona lateral del camino, mientras yo me acerco un poco más al animal para tratar de retratarlo con mi cámara. Finalmente, un desafortunado, mal informado y poco respetuoso viajero decide retirarla del camino con una absoluta falta de delicadeza ayudado por la rama de un árbol, olvidando por completo que nosotros somos los que estamos invadiendo el hábitat del animal. Un tipo que debería pensar en destinos completamente diferentes para sus próximos viajes…

Varano buscando alimento

Varano buscando alimento

Tras el encuentro, regresaríamos de nuevo a la entrada del Parque Nacional para, después de disfrutar de un refrigerio en la tienda situada frente a la misma, tomar el camino que asciende, esta vez, a mano izquierda. Al poco de comenzar, un grupo de monos moviéndose entre las copas de los árboles nos mantendrían entretenidos durante un rato. Tras una corta caminata nos plantaríamos en Lubok Simpon, un lugar acondicionado para el baño y ubicado a orillas del río Tahan, afluente del Tembeling, pero dotado de unas aguas mucho más cristalinas y un caudal menor.

A pesar de no haber traído el bañador, no pude resistirme a despojarme de mi ropa hasta quedarme en boxers para disfrutar del refrescante baño al que semejantes aguas me invitaban, allí, en medio de la selva tropical más antigua del mundo, bajo la gigantesca estampa de la altísima vegetación que cubre el otro lado de la orilla. La misma vegetación desde la que llamarían nuestra atención unos horribles chillidos procedentes de una disputa entre monos de la misma especie que habíamos visto con anterioridad. También en este lugar, tendríamos un encuentro con un enorme y tranquilo varano que buscaba algo de alimento por las proximidades de la orilla. Un lugar perfecto para sentir esa conexión con la naturaleza que creo que todos llevamos aún dentro, alejado de la civilización. Un lugar donde limpiar el espíritu de las banalidades de la vida moderna…

HAN Rainforest Resort

HAN Rainforest Resort

Así, daríamos por concluída nuestra visita al Parque Nacional de Taman Negara, regresando a la pequeña localidad de Kuala Tahan para volver a cenar en el restaurante Family, y disfrutar de nuestra segunda y última noche en mitad de la selva, acompañados nuevamente de la vida que ésta desprende. A la mañana siguiente, amaneceríamos temprano para volver a desayunar en el HAN Rainforest Resort y abandonar nuestra habitación para dirigirnos a la parada de autobuses, cercana a nuestro alojamiento, donde nos recogería el minibus que habíamos reservado a través de NKS.

Durante el trayecto de vuelta a la localidad de Jerantut, el minibus efectuaría varias paradas a fin de recoger a algunos locales con intención de desplazarse hasta la citada población. Entre ellos destacaría una familia muy sonriente, agradable y curiosa con nosotros, con la que haríamos muy buenas “migas” a pesar de las barreras lingüísticas. En algo más de una hora nos plantaríamos en la estación de autobuses de Jerantut, desde donde, horas más tarde, iniciaríamos un larguísimo día de transporte hasta nuestro próximo destino, un paraíso del que os hablaré en mi próxima actualización.

Agradable viaje de vuelta a Jerantut

Agradable viaje de vuelta a Jerantut

Mientras esperábamos hasta la hora de salida de nuestro siguiente autobús, visitaríamos un mercado local muy auténtico y muy próximo a la estación, donde adquiriríamos algunos productos a buen precio, y donde los lugareños se alertarían de nuestra presencia con cierto asombro y curiosidad, pues éste no parece un lugar muy frecuentado por personas occidentales. Aún tendríamos tiempo de tomar un par de cafés en un 7 Eleven situado junto a la estación, antes de subirnos a nuestro autobús.

Una vez situados en nuestros asientos, mi mente, ansiosa por conocer nuestros próximos destinos en Malasia, no podía evitar tampoco volver a las selvas de Taman Negara para volver a sentir esa desconexión con la civilización, ese sentimiento de paz. Por todo esto, por su gente, su comida, su cultura, su naturaleza y por muchas más cosas que aún os debo relatar es por lo que nos encanta Malasia…

Taman Negara, el pulmón de la Malasia peninsular, desde el monte Bukit Terisek

Taman Negara, el pulmón de la Malasia peninsular

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