Kuala Terengganu y Pulau Kapas: el paraíso

Olvidando el mundo

Olvidando el mundo

…no llevo ni el reloj ni el móvil encima… aquí no los necesito… aquí la vida funciona a otro ritmo… otro estilo… arena fina blanca, aguas turquesa, hamacas entre palmeras, calor, selva, pájaros… relax… el tiempo no existe…. la civilización tal como la conocemos no tiene cabida. Lo preconcebido tampoco. Es un lugar en el que olvidarse del mundo. Las preocupaciones no cuentan. Nada de lo que fuera de esta isla mantiene nuestra mente ocupada en el día a día tiene la más mínima importancia aquí. Aquí se vive de verdad, en mayúsculas… aquí se vive el momento. Esto es una maravilla… esto es un paraíso… y lo tenemos casi para nosotros solos… pero… retrocedamos tan sólo un día en el tiempo. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Nuestras primeras horas en Pulau Kapas ya nos habían hecho olvidarnos de todo eso…

Volvamos a la localidad de Jerantut, al sur del Parque Nacional de Taman Negara. Su terminal de autobuses había constituido el punto de partida para un larguísimo día de viaje para nosotros, pues desde allí conectaríamos con otros dos autobuses que nos llevarían hasta Kuala Terengganu, uno de los centros religiosos musulmanes más señalados del país, y escala para nuestro próximo objetivo en Malasia: la isla de Kapas. El primer trayecto que comprendería dicho viaje sería Jerantut – Kuantan con la compañía Trans Malaya Express (17,5 ringgits por persona). Un autobús bastante cómodo, limpio, moderno y con aire acondicionado haría muy agradables las 2 horas y media que dura el citado trayecto, recorriendo zonas muy diferentes de la Malasia peninsular. Sin embargo, nuestra corta estancia en la terminal de autobuses de Kuantan no dejaría en nosotros un recuerdo demasiado agradable, dado que los lugareños aquí no nos parecieron en absoluto tan entrañables como en los lugares que habíamos visitado previamente en el país. Quizá fuese sólo una impresión rápida, pues desconocemos la zona por completo.

Autobús Kuantan - Kuala Terengganu

Autobús Kuantan – Kuala Terengganu

Desde allí, tomaríamos otro autobús de la compañía Maju (21 ringgits por persona) que nos trasladaría hasta Kuala Terengganu. Un vehículo, cuanto menos, curioso, algo nuevo para mí. Su interior estaba dotado de una tapicería roja cubierta de estrellas y unos asientos cual butacas de cine, de un tamaño tal que sólo permitía albergar 3 pasajeros en cada fila (un asiento a la izquierda, un pasillo, y dos asientos a la derecha), los cuales harían el inicio de este segundo trayecto realmente cómodo y agradable, tornándose algo más complicado a posteriori debido a los inconvenientes que acarrean 4 horas de viaje sin posibilidad de acceder al baño…

Así, finalmente, y en medio de un atasco de dimensiones bíblicas (¡quizá no sea la palabra más adecuada para la fe que se profesa por estos lares!…) accederíamos, entre llamativas mezquitas, al centro de la localidad de Kuala Terengganu, capital del estado de Terengganu, caracterizado por una sólida cultura islámica. Muy cerca de la terminal de autobuses de dicha localidad se encuentra el Hotel DJ Citi Point, en el cual habíamos reservado una noche previamente a través de la web de Tripadvisor (£13 por una habitación doble de una calidad bastante aceptable). Creíamos que esa tarde-noche ya sólo tendríamos tiempo de dar un pequeño paseo en dirección norte hacia los muelles, donde se instalan varios humildes puestos de vendedores que ofrecen diferentes senseres, aunque finalmente daría para mucho más.

Calles de Kuala Terengganu

Calles de Kuala Terengganu

En Kuala Terengganu nos sentiríamos mucho más observados que en Kuala Lumpur o Taman Negara, puesto que ya no nos encontramos en una zona tan turística, y la curiosidad de los locales se acentúa. En toda nuestra estancia en la ciudad no nos cruzaríamos con una sola persona occidental, un encanto que potencia ese bonito sentimiento de estar viajando lejos, muy lejos, alejados de nuestra sociedad natal, descubriendo mundo. De vuelta a nuestro hotel, y enfrente del mismo, elegiríamos el restaurante malayo Pappa Rich para cenar (53 ringgits entre los dos), muy concurrido y con una variedad interminable de platos bastante buenos a elegir, pese a la enorme confusión organizativa del personal, la cual puede llegar a ser un tanto desesperante…

Importantes dudas que surgieron tras la cena, propiciadas por encontrarnos ya en tan tardía franja horaria, nos asaltarían antes de tomar la decisión de visitar la que sin duda sería la estrella de esta corta estancia en Kuala Terengganu: la Mezquita de Cristal. Nuestro hotel ya no disponía del servicio de traslado que en horas diurnas nos podría llevar al citado lugar, y tuvimos que desplazarnos a la terminal de autobuses en busca de un taxista que cumpliera con este cometido a un módico precio. Rápidamente nos topamos con nuestro hombre. De nombre impronunciable, concertaríamos con él un precio de 20 ringgits hasta la mezquita, más otros 25 si más tarde nos recogía y nos traía de vuelta. La confianza en los lugareños es importante en este tipo de viajes, y es lo único a lo que uno puede aferrarse en determinadas ocasiones, pues el transporte público ya no funciona a esas horas.

Taman Tamadun Islam

Taman Tamadun Islam

El traslado no carecería de cierta incertidumbre, pues, a pesar de la agradable y abierta charla sobre orígenes y religión que tendríamos con nuestro conductor, nuestras mentes criadas en Europa parecen aún jugarnos malas pasadas en determinadas ocasiones, no permitiéndonos confiar totalmente en un taxista musulmán que nos conduce, dentro de su terreno, por estrechos callejones escasamente iluminados en una noche tan cerrada, hacia no sabemos exactamente dónde. Afortunadamente, y como siempre ocurre en estos casos, nuestros temores son infundados. Nuestro amigo no sólo nos deja en la misma puerta de la mezquita, si no que, más tarde, aparecería 15 minutos antes de la hora citada para trasladarnos de vuelta a casa.

De esta manera llegaríamos al Taman Tamadun Islam, un parque temático relativo a la religión musulmana, bastante popular entre los países de dicha creencia aunque completamente desconocido en Occidente. Dicho parque, situado en la urbana isla de Wan Man, consta, entre otras atracciones, de las reproducciones de algunos de los templos de origen islámico más importantes del mundo (en menor tamaño), entre ellos nuestra Alhambra de Granada, aunque a esas horas de la noche ya se encuentra cerrado al público. No así la más espectacular construcción de la isla, situada en la parte más oriental de la misma: la Mezquita de Cristal. Ésta se encuentra en pleno auge a estas alturas de la noche, pues es hora de rezo, y los fieles, ataviados con ropajes de carácter religioso, se van poco a poco aproximando al templo. A pesar de que no hayamos podido acceder a su interior por el hecho de haber coincidido con esta celebración, el solitario exterior y el tranquilo ambiente, tal y como trataré de transmitir a continuación, son espectaculares.

Únicos occidentales en la zona

Únicos occidentales en la zona

Nunca sentiríamos la religión mayoritaria de Malasia tan cerca como aquella noche. Frente a nosotros, la exótica belleza de la impresionante Mezquita de Cristal, prácticamente flotando sobre las aguas, trata de acaparar todos nuestros sentidos en medio de una oscuridad total. Una bonita y ténue iluminación basada en cambiantes colores, menor en intensidad con respecto a la que irradia este templo acristalado el resto del año, nos indica que nos encontramos a finales del Ramadán, el noveno mes del calendario lunar musulmán y una de las celebraciones más importantes para los fieles de dicha religión, época del año caracterizada por la práctica de un ayuno diario que dura desde la salida del sol hasta la puesta del mismo. En diversas y repentinas ocasiones, un impresionante canto de carácter indudablemente religioso procedente del interior de la mezquita, y a través de los potentes altavoces situados en su exterior, invadiría solemnemente toda la isla de Wan Man, produciendo un escalofrío muy real que recorrería mi espalda de arriba a abajo…

Así, tras aproximadamente una hora presenciando semejante espectáculo de luz y sonido, regresaríamos al mismo punto en el que nos apeamos de nuestro taxi, el cual ya nos estaba esperando nuevamente para llevarnos de vuelta a la terminal de autobuses de Kuala Terengganu. Allí, sellaríamos la despedida de nuestro taxista y el reconocimiento a su perfecto servicio con un buen apretón de manos. De esta manera, daríamos por concluido un larguísimo día yéndome a dormir con los reflejos de los cristales de la impresionante mezquita aún en mi retina… y ya pensando en el paraíso que estaba por venir.

Mezquita de Cristal, Kuala Terengganu

Mezquita de Cristal, Kuala Terengganu

Y así llegó el gran día: Pulau Kapas. Uno de los destinos más esperados del viaje. Habíamos pedido un taxi para primera hora de la mañana a través de nuestro propio hotel por 30 ringgits. Kad, un tipo no muy hablador pero que parecía muy correcto, sería nuestro conductor hasta el muelle de Marang. Una vez allí, antes de tomar el barco que nos llevaría a la isla de Kapas, y recordando la honradez de nuestro anterior taxista, decidimos cerrar con Kad el asunto del transporte que necesitábamos para el aeropuerto de Kuala Terengganu, coincidiendo ya con nuestro regreso de la isla. Acordamos un precio de 60 ringgits, aunque, finalmente, y alegando que nos encontraríamos en los días festivos del fin del Ramadán, el precio fijado por Kad ascendería a 100, asegurando que incluso recibíamos un gran favor, pues el precio para ese día deberían haber sido 150… llegados, pues, a este punto, no nos quedaba más remedio que aceptar las nuevas condiciones, incluyendo el pequeño timo…

El muelle de Marang dispone de varias compañías que realizan el transporte en barco hasta Pulau Kapas. Cabe aclarar que la palabra pulau significa isla en malayo, hecho por el cual la encontramos como primera nominación en todas las islas de Malasia. MGH, a un precio de 40 ringgits ida y vuelta por persona, sería la compañía elegida. Una lancha rápida nos trasladaría hasta la isla en cuestión de minutos… y vaya isla… ¿qué puedo decir de este paraíso? Me lo pone difícil…

Bienvenidos a Pulau Kapas

Bienvenidos a Pulau Kapas

Pulau Kapas es una pequeña ínsula de 2 km de diámetro situada a unos 6 km de distancia de las costas del estado de Terengganu, aunque nada tiene que ver con él. Aquí, la tranquilidad es absoluta, apenas hay gente, especialmente si no coincidimos con fin de semana, cuando algunos locales se desplazan hasta allí para pasar el día. Tan sólo un pequeño número de modestos alojamientos perfectamente integrados con el entorno natural se sitúan en la costa oeste, mientras que la costa este, al igual que la mayor parte de la isla, permanece completamente salvaje. La primera palabra que inmediatamente nuestra mente asocia con el paisaje que nos recibe al desembarcar es la de paraíso perdido: agua turquesa, playa de arena blanca, palmeras, sol…

Lo primero que hacemos es dirigirnos al Kapas Beach Chalets, más conocido aquí como KBC, una de las mejores opciones calidad-precio en cuanto a alojamiento se refiere en la isla, tal y como nos habíamos informado a través de diferentes fuentes antes del inicio de nuestro viaje. Previamente a nuestra llegada, habíamos concertado una cabaña para dos noches con ellos a través de e-mail (whackrat@gmail.com). Recordemos que el estrés aquí no existe, así que tomároslo con paciencia hasta recibir contestación. KBC, además de un maravilloso hostel en primera línea de playa compuesto por sencillas cabañas, constituye una especie de comunidad para los trabajadores y voluntarios de la zona, los cuales pasan allí toda o parte de la temporada alta de la isla (entre mayo y octubre aproximadamente), evitando así la época de monzones, donde las lluvias son mucho más recurrentes y la isla permanece prácticamente desierta. Con una gran representación hispanohablante, aunque no exclusiva, un par de días allí bastan para acabar conociendo a todo el mundo, bajo un ambiente muy relajado y agradable.

Esperando la cena con buen ambiente

Esperando la cena con buen ambiente

¿Qué hacer en Pulau Kapas? Pues bien, básicamente relajarse y olvidarse del mundo y del tiempo. Cualquier punto de la costa oeste es maravilloso para este cometido y, a medida que vayamos avanzando playas hacia el norte, unidas por escaleras guiadas por antiguas y encantadoras balaustradas, nos iremos encontrando cada vez más solos. Si hace calor, nos bañamos en sus apacibles aguas. Si nos cansamos del sol, nos tumbamos sobre la arena bajo la sombra de la selva que guarece la costa. Si tenemos hambre o sed, la saciamos en el restaurante situado junto al KBC, de muy buena calidad aunque provisto del mismo sosiego que el resto de la isla. Con esto quiero decir que no es de extrañar que tengamos que esperar una hora hasta recibir nuestros platos (las bebidas llegan bastante antes), ¿pero qué importa? ¿qué es eso del tiempo?… nos encanta esta isla y todo lo que simboliza. Un cartel situado en el citado restaurante nos invita a sumarnos al ambiente que reina en Kapas: “Disculpad, no tenemos WIFI, hablad entre vosotros”. Un excelente mensaje, sin duda. Las noches en este lugar tienen un toque especial, la iluminación de los candiles es lo único que alumbra la arena de la playa, la música embriaga las emociones bajo semejante ambiente y los largos tiempos de espera hasta recibir nuestra cena no se hacen pesados en absoluto, es imposible en un entorno como éste. Las noches en Pulau Kapas también son una maravilla…

Snorkeleando en Kapas

Snorkeleando en Kapas

Renacido el nuevo día, el mar nos llama otra vez. Existen máscaras de snorkel gratuitas para los clientes de KBC, pero nosotros tuvimos que alquilar un par de ellas en el cercano Aquasport Divers (15 ringgits cada uno por 24 horas), dado que las existencias se agotaron. Kapas es tan bonita bajo el agua como sobre la superficie. Pareciera que la vistosa y colorida vida marina se ha contagiado de la tranquilidad y el sosiego que reina en la isla. Peces y corales de muy diversos colores harán las delicias de nuestras inmersiones, quizá de manera más espectacular frente a las costas de la zona noroeste. Parece ser que también es posible divisar tortugas y tiburones, aunque no fue nuestro caso. Cierto es que nuestros recorridos no fueron excesivamente largos ni alejados de la costa. El principal objetivo de este destino, a diferencia del resto del viaje por Malasia, era DESCANSAR. En mayúsculas, cuerpo y mente.

Quizá por ello tampoco nos animamos a realizar el trekking selvático que cruza la isla hasta la olvidada costa este, la cual es más rocosa y algo diferente de la oeste, siguiendo las descripciones de nuestros amigos uruguayos. También es posible visitar la pequeña isla de Pulau Gemia, situada al norte de Kapas, y la cual cuenta con un resort de lujo y una granja de tortugas. Tampoco lo consideramos necesario, un relax absoluto y cierto punto de vaguería nos invadió por completo durante los dos días que pasamos en Pulau Kapas…

El Paraíso

El Paraíso

Dos días que no olvidaremos jamás. Dos maravillosos atardeceres invadidos por la calma más absoluta que mi mente puede llegar a asimilar, bajo la temperatura más perfecta que pueda imaginar, seguidos por un espectáculo de cientos de murciélagos gigantes remontando el vuelo en dirección a la península de Malaca, algunos de ellos comenzando a escasa altura desde la selva, muy cerca de nosotros. Libres, ajenos a esa sociedad de ataduras y presiones en la que vivimos en muchas ocasiones. Sé que es difícil, que el desarrollo turístico finalmente suele invadir este tipo de lugares, pero ojalá nunca cambies Kapas, ojalá las grandes compañías hoteleras nunca lleguen hasta ti y destruyan tu encanto. Ojalá este reducto natural resista el paso del tiempo tal y como nosotros lo hemos conocido. Ojalá volvamos a verte, así, tal y como mi memoria te recuerda. Ojalá. Qué maravilloso paraíso…

Hasta siempre, Pulau Kapas.

Paraíso natural

Paraíso natural

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