Kuala Lumpur, crisol de culturas

Ese aroma indescriptible, único e inconfundible en las calles, esa comida tan diferente, barata y maravillosa, ese calor húmedo tropical que ahonda en lo más profundo de nuestras sensaciones, esa flora y fauna tan espectaculares como variopintas, esa cultura tan distinta y envolvente, esa gente tan curiosa con el viajero, siempre tan sonriente y agradable. Ese continente al que amo con locura: Asia. Poco más de un año ha pasado desde que te visité por última vez… ¡pero cuánto te he echado de menos!

Malasia destaca por su multiculturalidad

Malasia destaca por su multiculturalidad

Tras conocer Japón, Tailandia y Myanmar, esta nueva aventura nos trasladaría hasta Malasia y Singapur, países que nos mostrarían sus maravillas durante poco más de dos semanas de intenso viaje, y cuya diferencia más significativa con los anteriores quizá sea su religión mayoritaria, un factor siempre influyente en la cultura de un país. A diferencia de los 3 anteriores, de creencia principalmente budista, tanto Malasia como Singapur son mayoritariamente musulmanes, aunque muy abiertos a otras religiones.

Nos centraremos, pues, inicialmente, en el primero de ellos, el cual ocupa la mayor parte de la península de Malaca y el norte de la isla de Borneo: Malasia. Si bien conserva su toque original auténtico, no hay que olvidar que nos encontramos ante uno de los países más avanzados del sudeste asiático, dotado de buenas infraestructuras y transportes, constituyendo una de las mejores opciones para que aquellos que se inicien como mochileros en el sudeste asiático comiencen a enamorarse de este continente. El destino perfecto para que Monika completase su primer viaje de estas características en mi compañía. Cabe mencionar también, como en todo viaje a un país tropical, la conveniencia de revisar las vacunas recomendadas y, en su caso, incorporarlas a nuestro organismo con anterioridad al inicio del viaje. Enfermedades como la malaria y el dengue están presentes en Malasia y carecen de vacuna, así que también es muy recomendable tomar medidas contra los mosquitos tales como sprays y mosquiteras.

Airbus A380 de Etihad

Airbus A380 de Etihad

Un vuelo de Etihad reservado un par de meses antes a través de su página web (ayudándonos de Kayak y Skyscanner para encontrar el mejor precio) nos llevaría desde Londres hasta Kuala Lumpur, la flamante capital de Malasia, previo paso por Abu Dhabi. El precio ascendería hasta £440 por persona incluyendo los trayectos Londres – Kuala Lumpur y Singapur – Londres. Aunque ya conocía la indudable calidad de esta compañía, puedo afirmar que ésta se multiplica al volar en uno de los prácticamente nuevos Airbus A380 de los que la aerolínea dispone para realizar el trayecto Londres – Abu Dhabi. Sencillamente espectacular.

Tras las 7 horas de vuelo de este primer trayecto, sin embargo, y ya antes de llegar a Malasia, nos llevaríamos la primera gran sorpresa del viaje. Aterrizaríamos con retraso en la capital de los Emiratos Árabes Unidos, provocando la pérdida de nuestro vuelo de conexión con Kuala Lumpur. Etihad nos asignaría otro para la mañana siguiente, con lo cual llegaríamos a la capital malaya con unas 9 horas de retraso, obligándonos a replanificar toda nuestra visita a la ciudad. Dado que estos contratiempos son siempre posibles, considero que es mejor tomarlos como parte de la aventura, disfrutando así de otra nueva experiencia totalmente improvisada.

Abu Dhabi desde nuestra ventana

Abu Dhabi desde nuestra ventana

Atravesamos, pues, el control de pasaportes para entrar en los Emiratos Árabes Unidos, algo completamente fuera de nuestros planes iniciales, y nos dirigimos a pasar la noche en el hotel Premier Inn, por cortesía de Etihad y a modo de enmienda por el retraso sufrido. Sin duda, éste sería el alojamiento más lujoso de todo el viaje, y sin pagar nada por él…¡seamos positivos! El hotel se encuentra dentro del propio aeropuerto, dispone de una cena y un desayuno muy completos incluídos, y nuestra impecable habitación ofrece unas curiosas vistas de la calurosa periferia de Abu Dhabi envuelta en la nube de polvo que emerge del inmenso desierto que rodea y pareciera que engulle a la ciudad. Muy diferente, ¡interesante!. Así, a la mañana siguiente y ya más descansados, proseguiríamos nuestro camino, esta vez sí, rumbo a Malasia.

Tras casi otras 7 horas de vuelo, llegaríamos al Aeropuerto Internacional de Kuala Lumpur sobre las 22:30 h. Allí, tras atravesar el control de pasaportes (la mayoría de nacionales europeos no necesitan visado para una estancia inferior a 90 días) cambiaríamos unas pocas libras por ringgits, moneda oficial de Malasia (lo justo para cenar algo y llegar al centro urbano, pues el cambio en los aeropuertos es siempre desfavorable). Descenderíamos hasta la planta baja del aeropuerto en busca de la terminal de autobuses y, tras adquirir nuestro billete al centro con la compañía Star Shuttle (10 ringgits por persona), mataríamos el tiempo de espera cenando arroz con pollo y una botella de agua por tan sólo 12 ringgits entre los dos (2,6 €, sí, así de asequibles son los precios por estos lares…). El sabor picante y especiado de esos pedacitos de pollo activaría inmediatamente mi memoria a través del sentido del gusto como por arte de magia. Fue entonces cuando realmente me sentí de nuevo en Asia. Qué bonita sensación…

The Travel Hub, nuestra casa en KL

The Travel Hub, nuestra casa en KL

En aproximadamente una hora de viaje nocturno, nuestro autobús nos dejaría frente al centro comercial Mydin de la calle Jalan Tun Perak, frente a la Torre del Maybank. Desde allí, tan sólo un corto trayecto a pie atravesando el barrio de Chinatown (casi desierto ya a esas horas de la noche) nos separaba de nuestro alojamiento: The Travel Hub. Previamente, habíamos reservado allí 3 noches a través de HostelBookers por £44 en total. Una habitación extremadamente sencilla pero provista de aire acondicionado nos daría la bienvenida y acogería el profundo sueño que necesitábamos tras el larguísimo viaje. Malasia esperaba ansiosa a mostrarnos sus maravillas…

A la mañana siguiente, tras el desayuno incluído en el hostel (compuesto tan sólo por café y tostadas, aunque servido en la planta alta del edificio, la cual dispone de una terraza con bonitas vistas de la ciudad), nos dispondríamos a realizar nuestra primera real toma de contacto con las calles de Kuala Lumpur o, como la conocen los locales, KL. La capital de Malasia, repleta de edificios de gran altura aunque relativamente pequeña comparada con otras ciudades del sudeste asiático (unos 2 millones de habitantes), es un buen escaparate para el resto del país. Si la mezcla de culturas ya es una de las señas nacionales de identidad, este rasgo se acentúa aún más en su capital.

Recorrido por Kuala Lumpur (click para ampliar)

Recorrido por Kuala Lumpur (click para ampliar)

Aún siendo un país de mayoría musulmana, la convivencia pacífica entre diferentes culturas y religiones es ejemplar, pudiendo encontrar un templo chino, otro hinduista y una mezquita en la misma calle y no lejos unos de otros. Malasia es el mejor ejemplo de que la diversidad étnica, respetada y bien aprovechada, enriquece culturalmente un país de una forma inimaginable. Una de las mayores beneficiadas de este enriquecimiento cultural es sin duda la gastronomía, la cual mezcla con maestría rasgos de la comida india, china o popular malaya, entre otras, dando como resultado uno de los países más atractivos y variados para comer no sólo en Asia, sino en todo el mundo. Puedo dar fe de ello.

Así pues, tras pasear por la animada calle principal de Chinatown, Jalan Petaling, muy colorida y llena de puestos ambulantes de todo tipo, y aprovechar para cambiar una cantidad más importante de libras por ringgits en una de las casas de cambio ubicadas en dicha calle (mucho más favorable que en el aeropuerto, como era de esperar), nos dirigiríamos a la estación de Kuala Lumpur, desde donde tomaríamos, por tan sólo 2,5 ringgits por persona, el tren que lleva hasta las Batu Caves. Muy bien señalizado y fácil de encontrar. A modo de aviso para gargantas frágiles, cabe tener cuidado con el fortísimo contraste de temperaturas entre el calor tropical exterior y el aire acondicionado funcionando a toda máquina dentro de tiendas y medios de transporte. A nosotros nos costó un buen catarro ya a nuestra vuelta a Europa.

Batu Caves

Batu Caves

Tras un bonito viaje con vistas a la ciudad y la vegetación selvática que habita la zona, nos plantaríamos en la estación de Batu Caves, muy cercana al santuario del mismo nombre. Éste, situado al norte de la ciudad de Kuala Lumpur, se trata de un espectacular complejo de cuevas que se adentran en una pequeña colina y que están provistas de templos y otros símbolos de carácter religioso, concretamente hinduistas, dedicados al dios Murugan. La vista de la colosal estatua dorada que marca el inicio de las escaleras que ascienden a la cueva principal, la cual se adentra entre el verdor de la vegetación tropical que cubre la colina caliza, es impresionante, grandiosa. El intenso calor que nos azotaba ese día, y que adivino que suele ser bastante normal aquí, hace que la ascensión sea algo más dura, pero bien merece la pena. A diferencia de otras cuevas menores, la entrada a la principal es gratuita, pues es un importante punto de peregrinaje religioso para los hindúes, y el interior de la misma es tan espectacular en altura como el exterior. Al final de la cueva nos encontraremos con el templo del dios Murugan, el cual aparece ante nosotros parcialmente iluminado por los rayos de sol que atraviesan la apertura que el techo de la cueva tiene en ese punto, concediéndole un aspecto interesante, algo más espiritual.

Mono disfrutando de su botín

Mono disfrutando de su botín

Es importante tener en cuenta que todo el complejo está habitado por una extensa colonia de monos que no dudarán en arrebatarnos la comida y las pertenencias que dejemos descuidadas. No fue nuestro caso, pero otros visitantes contaron con menos suerte y tuvieron que despedir con total impotencia su almuerzo… y hablando de almuerzo, ¡llegó la hora de comer! Accederíamos, pues, al interior del Dhivya’s Café, ubicado en un pequeño edificio comercial que se sitúa frente a la enorme estatua dorada mencionada con anterioridad. Por 13,5 ringgits entre los dos tomaríamos un par de refrescos, un tosai y un poori. Éstos son una especie de formas geométricas de tamaño exagerado y hechas con una masa que no nos convence demasiado. Salvaremos a las salsas que lo acompañan, bastante buenas.

Tomaríamos de nuevo el tren de regreso a la estación de Kuala Lumpur y, acto seguido, visitaríamos el cercano templo Sri Mahamariamman, también de carácter hindú. Al casi inexistente precio de 0,20 ringgits, dejamos nuestro calzado en el ropero instalado en la entrada, pues sólo es posible accceder al interior del templo descalzos. Éste es completamente diferente a las cuevas de Batu, pequeño pero muy limpio, bonito y bien cuidado. Llaman mi atención en especial la colorida torre de entrada al templo, decorada con gran cantidad de tallas basadas en motivos religiosos, y las pequeñas pero elaboradas estatuas de Ganesha, famoso dios hindú provisto de cabeza de elefante y cuerpo humano, situadas casi ocultas al final del templo. Al abandonar el mismo, entablaríamos conversación con un lugareño de origen indio que se interesaría por nuestra procedencia y nos sorprendería con buenos conocimientos de la actualidad política europea así como con una conversación sobre la presente Eurocopa de fútbol en Francia, aprovechando la ocasión para hablarnos sobre algunos familiares que, tal y como nosotros, emigraron a Reino Unido para buscarse la vida. Un tipo agradable, como suele suceder en Malasia.

Ganesha

Ganesha

Nuestro próximo destino era el motivo principal por el que muchos viajeros acuden a Kuala Lumpur, el símbolo por excelencia del país: las Torres Petronas. Para llegar hasta ellas, tomaríamos el metro en la cercana estación de Pasar Seni en dirección a Gombak, pero apeándonos en la tercera parada: KLCC (2,1 ringgits por persona para dicho trayecto). Ése es el nombre del centro comercial que se sitúa bajo las enormes torres gemelas. Ésta estación es una auténtica ciudad bajo el subsuelo, repleta de establecimientos y restaurantes. Ascenderíamos a la superficie en la calle Jalan Ampang y… allí aparecerían ante nosotros, gigantescas, majestuosas, las Torres Petronas de Kuala Lumpur. Las había visto tantas veces en televisión, en internet, en fotografías… pero creedme, no es posible hacerse una idea de su tamaño hasta que no las admiras en vivo desde su base. El cuello duele, la vista no alcanza a vislumbrar sus 450 metros de altura, son absolutamente imponentes. Construidas en 1998 por la compañía petrolera Petronas, fueron los edificios más altos del mundo durante 5 años y, aún hoy en día, son las torres gemelas más altas del mundo.

Atravesamos el centro comercial que se sitúa en su base para acceder al Parque KLCC, dominado por el Lago Symphony, el cual dispone de varios chorros de agua que se iluminan en la noche con objeto de decorar la estampa de las torres. Desde aquí, se obtienen unas vistas aún más espectaculares de ellas, si cabe. Todo el parque está limpio y cuidado al detalle, cuenta con una piscina para niños y una curiosa estatua de una ballena realizada con espejos que corona la parte sur del lago. Tras tomar mil y una fotografías de las Petronas, subiríamos al Sky Bar del Traders Hotel, situado justo enfrente de las torres, en el lado opuesto del parque. No puedo imaginar una panorámica más bella del KLCC desde las alturas. A nuestros pies, el parque, y, frente a nosotros, impresionantes, las Torres Petronas nos muestran sus guiños arquitectónicos a la mayoritaria cultura islámica del país, además de sus descomunales dimensiones en todo su esplendor.

Las Torres Petronas

Las Torres Petronas

El acceso al bar, el cual cuenta con piscina interior, es gratuito, aunque las consumiciones son bastante caras para lo que suelen ser los precios malayos (26 ringgits por una pinta de cerveza Tiger). Con todo ello, y bajo mi humilde opinión, es una visita absolutamente imprescindible en Kuala Lumpur. Conseguimos una mesa junto a los enormes ventanales del bar. 3 cervezas serían suficientes para quedarnos allí hasta recibir la noche. Admirar las Petronas desde este punto, bajo las diferentes tonalidades del atardecer, para continuar admirando su iluminación nocturna, es uno de los recuerdos más bonitos que este viaje grabó en nuestras memorias. Un par de horas que jamás olvidaré. Mágico, no se me ocurre otro calificativo…

Con muy buenas sensaciones, despediríamos, no sin algo de tristeza, a las espectaculares Torres Petronas para poner rumbo a la calle Jalan Alor, donde una animada y abarrotada vida callejera nos ofrece un sinfín de posibilidades para cenar. Nos decantaríamos por el Triple Gold Kitchen, donde, por 30 ringgits en total, tomaríamos un par de sabrosos platos de arroz y noddles de diferentes variedades acompañados por sendos refrescos. Ya sólo nos quedaría contemplar la enorme Torre Menara KL (420 metros de altura) de camino a nuestro alojamiento, The Travel Hub, despidiendo así nuestro primer y maravilloso día en Malasia. Y esto no había hecho más que empezar…

Paseando por Little India

Paseando por Little India

A la mañana siguiente, tras repetir desayuno con algo más de tranquilidad, decidimos que no podíamos abandonar Kuala Lumpur sin haber experimentado un viaje en su monorraíl. Así, nos dirigimos a la cercana estación de Maharajalela para tomar dicho medio de transporte hasta Medan Tuanku (2,5 ringgits por persona). Recorrer la capital de Malasia a unos 7 metros sobre el suelo tiene su encanto, se disfruta del viaje mucho más que en el metro, se obtiene una nueva visión de la ciudad. El motivo de apearnos del monorraíl en Medan Tuanku no era otro que visitar el barrio de Little India, el cual calificaré de un tanto decepcionante, pues en lugar de puestos de artefactos relacionados con la cultura india o telas de origen hindú tal y como yo esperaba, resultó ser un extensísimo mercadillo principalmente textil en el que poder encontrar ropajes y velos de todos los colores inimaginables para mujeres musulmanas. Aún así, y a pesar del brutal calor que nos azotaba provocándome un incesante chorreo de sudor recorriendo mi espalda de arriba a abajo, resultó un paseo interesante, pues no deja de ser una opción de ver algo diferente a lo cotidiano para nosotros. A diferencia de otras zonas de Kuala Lumpur, apenas nos cruzamos con personas occidentales, y nos convertimos en el centro de atención de los lugareños, hecho quizá potenciado por el color rubio intenso del pelo de Monika.

Edificio del Sultán Abdul Samad

Edificio del Sultán Abdul Samad

Continuaríamos nuestro recorrido hacia el sur hasta la Plaza Merdeka, centro representativo de la independencia de Malasia, pues aquí tuvieron lugar hechos importantes en dicho proceso. Frente a ella se sitúa el edificio del Sultán Abdul Samad, el cual data del siglo XIX y presume de una bonita arquitectura islámica al estilo “las mil y una noches”, y en el que actualmente residen algunas instituciones gubernamentales. La mala fortuna nos acompañaría en esta ocasión, pues toda la zona se encontraba en obras y no pudimos disfrutar plenamente de ella. Apenas pudimos vislumbrar una pequeña parte de la belleza que desprende la cercana mezquita Masjid Jamek por el mismo motivo.

Prosiguiendo un poco más hacia el sur llegaríamos por enésima vez a Chinatown, visitando esta vez los templos chinos de Sin Sze Si Ya y Guan Di, siendo éste último el más colorido y espectacular. Los fieles realizan en el interior de dichos templos diferentes rituales en los que el incienso es el protagonista. Aunque desconozco su significado, la tranquilidad que se respira embriaga los sentidos, y nos invita a quedarnos más tiempo del planeado en un principio. Los templos están abiertos al público, algunos ciudadanos de origen chino (uno de los grupos mayoritarios de Malasia) incluso nos invitan a entrar al templo haciendo gala una vez más de la hospitalidad típica malaya. Muy agradable.

Templo de Guan Di

Templo de Guan Di

Tras concluir las visitas planeadas para esa mañana, Monika, haciendo gala de una gran valentía, acudiría a su cita con un dentista de origen chino que nos había recomendado el recepcionista de nuestro hostel, a fin de solventar un pequeño problema en un diente: Lim Dental Surgery, en la calle Jalan Sultan, también en el barrio de Chinatown. La consulta es bastante seria y el doctor trabaja bien, puede sacar de un apuro al viajero. Nosotros quedamos muy satisfechos con el resultado, por el módico precio de 250 ringgits el empaste. La primera prueba de fuego para el mismo, la cual pasaría con nota, consistiría en comer en el restaurante Arabesque de la calle Jalan Petaling un par de deliciosos aunque diminutos rolls de pollo acompañados por sendos refrescos por un precio total de 36 ringgits.

Ya sólo tendríamos tiempo de pasear hasta la enorme y “futurista” Mezquita Nacional, la cual puede albergar hasta 15000 fieles y data de la década de 1960, para continuar el recorrido buscando la entrada al parque de Taman Tasik, la cual no parece fácil de encontrar. El asfixiante calor, la falta de información y las cuestas nos hicieron desistir en la búsqueda para regresar al albergue, descansar un poco y salir a cenar.

Monorrail de Kuala Lumpur

Monorrail de Kuala Lumpur

El lugar elegido para este cometido sería el más cercano posible a nuestro hostel, el Old China Cafe, uno de los restaurantes más recomendados por los lugareños en Chinatown, y el cual teníamos ganas de probar desde que llegamos, aunque en hora punta es difícil conseguir mesa. Tras lograrlo, disfrutaríamos de la maravillosa cena de despedida que Kuala Lumpur merecía. Destacaré especialmente el postre del que disfrute allí, elaborado a base de durián, una fruta picuda de considerable tamaño y un olor terrible, aunque un sabor espectacular y completamente diferente a lo que se espera. Tailandia y Myanmar ya me dejaron con ganas de probarlo, aunque su desagradable olor no me lo permitió hasta ahora. Debí haberlo hecho antes. Muy recomendable.

Concluiríamos nuestra última noche en la acogedora y multicultural capital malaya preparando nuestras mochilas para abandonarla al día siguiente, a fin de proseguir nuestro viaje hacia el espectacular Parque Nacional de Taman Negara.

Malasia ya nos estaba cautivando, pero esto era sólo el pricipio de la aventura…

Las Petronas haciéndonos sentir pequeños

Las Petronas haciéndonos sentir pequeños. Espectaculares

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