Borneo 2ª parte: el Parque Nacional de Bako

Mono Proboscis

Mono Proboscis

Amanece sobre Kuching, pero nosotros no veríamos la luz del día hasta varias horas más tarde. Comenzaríamos nuestra jornada sin madrugar en demasía, para dirigirnos a la parte oeste de la calle Jalan Khoo Hun Yeang, donde tomaríamos el autobús número 1 en dirección a la localidad de Bako (3,5 ringgits por persona), pues nuestro próximo destino correspondía con el Parque Nacional del mismo nombre, uno de los destinos más esperados del viaje, y probablemente el lugar más indicado del planeta para avistar monos narigudos o proboscis en libertad, especie de la cual os hablaré más adelante. Este Parque Nacional no dispone de una extensión muy grande y es relativamente fácil de visitar, con lo que constituye la opción perfecta para la mayoría de viajeros que deseen ahondar en el contacto con la espectacular naturaleza de Borneo y dispongan de pocos días.

El autobús número 1 parte del citado lugar cada hora en punto a partir de las 7:00h, aunque el hecho de hacer noche dentro del Parque Nacional nos permitía ir sin demasiada prisa (nosotros tomamos el de las 9:00h). Si se quiere trasnochar en Bako, es importante reservar el alojamiento con bastante antelación en la página web oficial del gobierno de Sarawak, ya que dicho organismo administra las únicas opciones disponibles de alojamiento dentro de los Parques Nacionales del estado. En nuestro caso, a pesar de reservar con dos meses de antelación, nos vimos obligados a reservar una habitación en una cabaña de tipo 5 (100 ringgits por noche), algo más cara que las básicas, aunque creemos que finalmente mereció la pena, pues la diferencia es notable.

Vida fluvial en la población de Bako

Vida fluvial en la población de Bako

Volviendo a nuestro traslado, tras poco más de una hora de camino recorriendo los campos tropicales de Borneo y realizando varias paradas intermedias en las que los locales suben y bajan del autobús, nos plantaríamos en el muelle del que parten las embarcaciones rumbo al Parque Nacional, situado en la localidad de Bako. La señalización no es demasiado buena, así que es recomendable prestar atención y preguntar al conductor. Junto al muelle, hay una “oficina de bienvenida” al Parque Nacional. Aunque técnicamente aún no nos encontramos dentro del mismo, ésta es la única vía de acceso, ya que no hay carreteras que lo atraviesen (afortunadamente). En dicha oficina se comprueban las reservas que tengamos disponibles en cuanto a alojamiento se refiere, se confirman los permisos de entrada al Parque y se contrata el transporte en lancha (40 ringgits por persona, ida y vuelta). Como dato curioso, llama la atención el cartel que alerta a los viajeros de la presencia de cocodrilos en las aguas del río Tabo. Aunque no llegamos a divisar ninguno, parece ser que se han llegado a dar casos de ataques a seres humanos…

Embarcaríamos así, finalmente y sin miedo, rumbo al Parque Nacional de Bako, compartiendo lancha con un grupo de turistas asiáticos. Recorreríamos una pequeña parte del río Tabo observando a ambos lados de la orilla el curioso estilo de vida que las mareas marcan a la localidad de Bako, en la que las viviendas, construidas prácticamente sobre el agua, tan sólo disponen de vías fluviales de comunicación. Así, cada casa dispone de sus correspondientes embarcaciones a modo de medio de transporte. Continuando con nuestra navegación, y tras superar la desembocadura del río Tabo, accederíamos a mar abierto, prosiguiendo la línea de costa hacia el noreste. Admiramos el Monte Santubong a mano izquierda, y percibimos como la selva se va haciendo cada vez más frondosa a mano derecha, a medida que nos vamos adentrando en el Parque Nacional de Bako.

Desembarcando en el Parque Nacional de Bako

Desembarcando en el Parque Nacional de Bako

Finalmente, desembarcaríamos en la bahía de Teluk Assam, un reducto en medio de la densidad de la selva que constituye el lugar perfecto para dar la bienvenida a Bako, no en vano allí se encuentra el centro de visitantes del parque, en el que nos reencontraríamos nuevamente con la pareja española de Sevilla con la que ya habíamos coincidido en el autobús de Semenggoh y en Kuching. La belleza salvaje de dicha bahía es espectacular, así como su tamaño. Ya en la misma playa nos toparíamos con uno de los habitantes más emblemáticos del lugar: el jabalí barbudo. Varios ejemplares de dicha especie pululan constantemente por los alrededores del centro de visitantes en una incesante búsqueda de alimento, pues parecen no detenerse nunca.

La verdadera estrella del Parque Nacional, sin embargo, aparecería poco después, no haciéndose esperar. Motivo que atrae a muchos viajeros hasta aquí, su simpático aspecto no deja indiferente a nadie: un mono proboscis, conocido más popularmente como mono narigudo, llamaría nuestra atención desde las copas de los árboles que se sitúan frente al centro de visitantes, mientras se daba un festín con las hojas del mismo. Su presencia cómica a la vez que señorial infunde respeto y tranquilidad, pues es un animal bastante pacífico.

Bajando de los árboles...

Bajando de los árboles…

No sería el único en aparecer, y a lo largo de toda nuestra estancia en Bako divisaríamos diferentes ejemplares alimentándose por la misma zona en varias ocasiones, llegando a contemplar a uno de ellos incluso bajarse de los árboles para sentarse a comer entre las hierbas, algo poco común, pues su vida es mayoritariamente arborícola. En ese momento es posible apreciar realmente su gran tamaño, bastante mayor de lo que esperaba antes de visitar Bako. Estamos hablando de un animal realmente espectacular… es una auténtica pena pensar que esta especie tan asombrosa pueda llegar a desaparecer algún día, pues se encuentra en peligro de extinción y tan sólo habita en la isla de Borneo. Confiemos en que los esfuerzos que se llevan a cabo para su supervivencia en lugares como el Parque Nacional de Bako den su fruto.

Tras realizar el check-in, pasaríamos el tiempo de espera hasta poder acceder a nuestra habitación disfrutando de un suculento almuerzo en el Kerangas Cafe, el único restaurante del parque, compuesto por un pequeño buffet de aceptable calidad en el que realizaríamos todas nuestras comidas por una media de unos 30 ringgits entre los dos. Nuestra habitación se ubicaría en una bonita cabaña instalada bajo unas palmeras de un tamaño descomunal, rodeada de vegetación tropical y pequeños macacos que merodean las inmediaciones en busca de algo que sustraer a los humanos, ¡cuidado con ellos!… el baño es compartido con la otra habitación que existe en la cabaña y las ventanas están provistas de mosquitera.

Jabalí barbudo curioseando

Jabalí barbudo curioseando

Tras dejar nuestros pequeños equipajes en la habitación y recoger tan sólo lo indispensable (repelente, gorra, agua y cámara de fotos), nos dispondríamos, por fin, a adentrarnos en los caminos que recorren el Parque Nacional de Bako. Existe una variedad considerable de trekkings disponibles, cada uno señalizado con diferentes colores, y debemos adaptar nuestra decisión principalmente al tiempo del que dispongamos. Para nuestro primer día, y dado que ya no teníamos mucho tiempo, decidimos hacer los dos recorridos más cortos que parten hacia el sur: Teluk Delima (45 minutos ida) y Tanjong Sapi (30 minutos ida).

El primero de ellos, Teluk Delima, nos conducirá a través de una altísima y muy poblada selva hasta la bahía del mismo nombre. Tras dejar atrás esta frondosidad, se abre ante nosotros un paisaje muy diferente. Una magnífica playa completamente salvaje, sólo para nosotros, abarrotada de pequeños tallos incipientes a modo de astillas y árboles menores que conforman un paisaje único, hábitat de cangrejos ermitaños de todos los tamaños posibles y miles de peces saltarines del fango que se mueven de manera sincronizada a lo largo de la línea de playa. El exótico paisaje es coronado por un enorme muro vertical de roca y vegetación que corta la bahía en su extremo norte, concediéndole todo ello un aspecto mágico al conjunto. Un lugar en el que sentir esa paz que transmite la naturaleza cuando nos sentimos apartados de todo. A mi parecer, trekking imperdible a realizar en el Parque Nacional de Bako.

Teluk Delima

Teluk Delima

Volviendo sobre nuestros pasos, y poco antes de llegar al centro de visitantes, tomamos el camino que se bifurca a mano izquierda hacia el promontorio de Tanjong Sapi. El camino es corto pero algo más duro, ya que se trata de una subida bastante contundente, acompañados por el brutal calor tropical típico de Borneo. Sin embargo, la recompensa que nos aguarda en la cumbre merece la pena con creces, pues las vistas que tenemos de la bahía de Teluk Assam desde allí, sentados con una buena botella de agua en la mano para reponer fuerzas, son espectaculares. Después de completar ambos trekkings, regresaríamos al centro de visitantes del Parque Nacional. Allí, tras varios nuevos encuentros con monos proboscis, y tras reponer fuerzas nuevamente en el Kerangas Cafe, asistiríamos a un momento mágico, único en este viaje. Un atardecer sublime, indescrptible, el penúltimo del que disfrutaríamos durante toda nuestra estancia en Malasia. Un par de horas que, por algún motivo, no olvidaré jamás…

Muchos de los visitantes ya han abandonado el Parque Nacional, y tan sólo los privilegiados que contamos con la posibilidad de trasnochar allí permanecemos en el lugar. Varios pequeños y distanciados grupos de personas caminan tranquilamente o se sientan a lo largo de toda la considerable longitud de la bahía de Teluk Assam, la cual infunde un sentimiento de paz inigualable para entonces. El cielo se va tornando poco a poco más y más rojizo a medida que el sol se va aproximando a la cima del Monte Santubong, el cual corona majestuosamente el horizonte que se extiende sobre las tranquilas y cálidas aguas del Mar de la China Meridional, el cual baña toda la costa norte de la isla de Borneo.

Atardecer en Bako, inolvidable...

Atardecer en Bako, inolvidable…

Como por arte de magia, la silueta de un solitario jabalí barbudo se pasea a lo largo de la línea de playa para regalarnos una estampa preciosa, todo ello bajo un clima envidiable. El enrojecido sol se va escondiendo poco a poco tras el Monte Santubong, apagándose progresivamente hasta privarnos por completo de sus rayos, transmitiéndonos un bonito, alegre y a la vez triste sentimiento de nostalgia que parece estar poniendo fin a este maravilloso viaje, pues en poco más de 24 horas despediríamos definitivamente a la isla de Borneo y al increíble país que es Malasia.

Durante las primeras horas nocturnas, decidiríamos adentrarnos ligeramente en la selva acompañados tan sólo por la iluminación de nuestros teléfonos móviles, pues olvidé la linterna que tenía intención de traer con ese fin, motivo que nos privó de realizar lo mismo en el Parque Nacional de Taman Negara. Esta vez decidimos que nada nos detendría, quizá tan sólo nuestros miedos… pues la jungla se convierte a esas horas en un lugar tenebroso, plagado de sonidos de origen desconocido y sin apenas visibilidad. Toda una experiencia, sin duda. Existen grupos organizados que cuentan con guías nocturnos para adentrarse más en la selva, pero nosotros decidimos hacerlo, en menor escala, por nuestra cuenta, quizá así sería más emocionante…

Rumbo a la bahía de Kecil

Rumbo a la bahía de Kecil

Tras esta descarga de adrenalina, regresaríamos a nuestra cabaña para pasar una bonita noche en medio de la selva, algo menos ruidosa que la de Taman Negara, pero igual de placentera. A la mañana siguiente, con las pilas completamente cargadas, nos dispondríamos a realiza una caminata más larga que la del día anterior a través del Parque Nacional de Bako, pues teníamos intención de realizar el trekking que lleva a las playas de Teluk Pandan Kecil y Teluk Pandan Besar.

Con el objetivo de ahorrarnos tener que completar tanto el camino de ida como el de vuelta a pie, ya que el calor húmedo es brutal, y a este trekking se le une el hecho de ser abierto en algunos tramos (lo cual nos obliga a protegernos en mayor medida del sol), decidiríamos compartir una embarcación que nos llevaría hasta Teluk Pandan Kecil, para volver caminando nuevamente hasta el centro de visitantes, realizando así el trekking tan sólo en sentido de vuelta.

Sea Stack

Sea Stack

Es posible contratar el citado traslado en una caseta instalada con ese fin junto al Kerangas Cafe. Para grupos de más de 5 personas (nosotros conseguimos juntar 6), el precio se convierte en 7 ringgits por persona, mucho más económico que el precio del alquiler de la embarcación completa, el cual se ha de abonar en grupos de 5 personas o menos. Nuestros compañeros de travesía, tal como acordamos de manera improvisada en las inmediaciones de la caseta donde se contratan los traslados en barca, serían una pareja checa y dos chicas españolas, todos ellos muy agradables. Una vez reservado el viaje, nos desplazaríamos todos juntos hasta el muelle ubicado en la zona norte de la bahía de Teluk Assam, donde nuestra embarcación nos esperaba puntual a la hora acordada, y desde donde parten siempre y cuando las cambiantes marean lo permitan, pues gran parte del día el muelle permanece inaccesible para las embarcaciones, teniendo que embarcar o desembarcar en la playa, tal como hicimos a nuestra llegada al Parque Nacional.

Partiendo, pues, entre un inundado bosque de troncos secos, una agradable travesía bordeando las costas de Bako nos llevaría, de esta forma, a la desierta y maravillosa playa de Teluk Pandan Kecil, navegando así junto a la famosa Sea Stack, una curiosa formación de piedra que emerge sobre la superficie marina frente a la citada playa, dotándola de un aspecto impresionante. Tras un agradable baño en sus cálidas aguas, gastando cierto cuidado debido a las advertencias de nuestro barquero por la teórica existencia de cocodrilos en estas aguas, treparíamos hasta el pequeño refugio que se ubica en la pared de roca que forma el extremo norte de la bahía. Desde allí, iniciaríamos una caminata de casi dos horas que nos llevaría de nuevo al centro de visitantes, previo paso por la bahía de Teluk Pandan Besar, y en la que nos cruzaríamos con varios grupos de viajeros.

Teluk Pandan Besar

Teluk Pandan Besar

El trekking comienza (o termina, para aquellos que vengan caminando desde el centro de visitantes) en un curioso paisaje de aspecto lunar compuesto por roca ennegrecida que ofrece unas maravillosas vistas de la playa de Kecil desde las alturas. El recorrido continúa por un paisaje de aspecto bastante diferente al del día anterior, pues la vegetación es de menor tamaño y el recorrido es mucho más abierto y expuesto al potente sol de Borneo. El camino prosigue bajo las mismas condiciones hasta el mirador de la playa de Besar (no es posible bajar hasta ella), el cual ofrece una panorámica absolutamente impresonante que recoge la esencia del Parque Nacional de Bako: mar, playa y selva, elementos entrelazados aquí de una forma magistral. Sentarse a descansar de la caminata y del sol en semejante lugar, contemplando semejante espectáculo, es un regalo que se recibe con enorme satisfacción, creedme…

Desde el mirador de Teluk Pandan Besar hasta el centro de visitantes hay un largo y duro trekking algo montañoso que recorre tramos abiertos y de selva cerrada a partes iguales, siendo importante, insisto, protegerse bien del sol. Aunque dura, una bonita experiencia atravesando la naturaleza más salvaje de Borneo. Muy recomendable a todos aquellos que busquen aventura, en todo el esplendor de la palabra. Así es como ya, prácticamente, diríamos adiós a Borneo y a Malasia.

Trails disponibles en Bako (click para ampliar)

Trails disponibles en Bako (click para ampliar)

Comeríamos algo nuevamente en el Kerangas Cafe, desalojaríamos nuestra cabaña y embarcaríamos, alrededor de las 15:00h, en una de las últimas lanchas de vuelta a la población de Bako, desde donde tomaríamos nuevamente el autobús número 1 hasta Kuching. Pasaríamos otra noche en el Wo Jia Lodge y, a la mañana siguiente, tomaríamos un vuelo con destino Singapur, próxima y última parada del viaje, un lugar completamente diferente y del cual os hablaré en mi siguiente actualización.

Aquí decimos adiós, pues, definitivamente, a un país que nos ha cautivado por muchas razones. Ha supuesto el primero que Monika ha tenido ocasión de visitar en Asia, con el enorme contraste y enriquecimiento personal que ello supone. Para mí también ha sido un viaje diferente, pues a pesar de tener ciertas similitudes con otros países del sudeste asiático, su mayoría musulmana (a diferencia de la mayoría budista de Japón, Tailandia o Myanmar) lo hace algo distinto y, por ende, enriquecedor a nivel cultural. Su impresionante naturaleza, su maravillosa mezcla de culturas, su riquísima gastronomía y la humildad y simpatía de sus gentes, el último y más importante reclamo de un país, han dejado una huella imborrable en nosotros. Un gratificante recuerdo que siempre acompañará nuestra memoria…

Hasta siempre, Malasia.

Despidiendo un país espectacular

Despidiendo un país espectacular