Borneo 1ª parte: Kuching y los orangutanes de Semenggoh

Las selvas de Borneo. Sólo el nombre ya me pone los pelos de punta. Durante mi juventud siempre me pareció uno de esos lugares inalcanzables, salvajes, un sueño visible tan sólo en los documentales de televisión. Jamás pensé en poder llegar allí hasta que mi condición de viajero se convirtió en algo real. Y así fue como, tantos años después, llegué a cumplir ese sueño, uno más en una lista interminable de lugares por descubrir, pero uno que no olvidaré jamás…

Aeropuerto de Kuching

Aeropuerto de Kuching

El aeropuerto de Kuala Terengganu había sido testigo del inicio de nuestro viaje hacia el estado de Sarawak, situado en la zona noroeste de la isla de Borneo, perteneciente a Malasia pero dotado de una administración propia prácticamente independiente del resto del país (nuestro pasaporte sería sellado tanto a la entrada como a la salida). El citado viaje constaría de dos económicos vuelos contratados previamente a través de la web de Air Asia. El primero de ellos, Kuala Terengganu – Kuala Lumpur (£29 por persona), vendría marcado por el “susto de nuestras vidas”, pues sufriríamos una brutal turbulencia que nos haría sentir una caída libre de varios segundos, algo que jamás antes había sentido durante un vuelo, y que nos haría ser más conscientes de la no invulnerabilidad de los aviones… algo que, desde entonces, tengo algo más presente cuando he de tomar uno…

Afortunadamente, el susto se quedaría sólo en eso y, en poco más de una hora, aterrizaríamos en Kuala Lumpur. Allí, conectaríamos con el segundo vuelo contratado (también £29 por persona) , el cual nos trasladaría (esta vez sin sorpresas) hasta Kuching, capital del estado de Sarawak, poniendo así nuestro primer pie en la isla de Borneo, ya en medio de la noche… ¡un momento épico! Una vez allí confirmamos lo que ya habíamos leído previamente: El taxi es el único medio de transporte disponible para trasladarse desde el aeropuerto al centro urbano, a un precio fijo de 26 ringgits. Se debe adquirir el ticket en la oficina instalada para tal fin, antes de entregárselo al taxista correspondiente. En nuestro caso, un tipo poco hablador (poco a poco nos daríamos cuenta de que es mucho más difícil encontrar gente que hable inglés en Borneo, a diferencia de la Península de Malaca) pero que nos dejaría en la misma entrada de nuestro alojamiento, tras una primera toma de contacto nocturna con las calles de la sorprendentemente moderna y bien cuidada ciudad de Kuching.

Tomando notas en la zona común del "Wo Jia Lodge", homenaje a "Los Viajes de Hermes"

Tomando notas en la zona común del “Wo Jia Lodge”, homenaje a “Los Viajes de Hermes”

Dicho alojamiento no era otro que el Wo Jia Lodge, el mismo que había utilizado mi hermano Rodrigo durante su visita a Kuching hace ya varios años, y en el cual habíamos reservado 3 noches intercaladas (ya que pasaríamos una en el Parque Nacional de Bako), al precio de £8 por una habitación doble con aire acondicionado. Las habitaciones son muy básicas (la nuestra ni siquiera tenía ventana) y los baños especialmente precarios. Como contrapunto, cabe mencionar la extraordinaria y céntrica ubicación del hostal, así como su agradable zona común para los huéspedes. La única persona que parece trabajar allí durante todo el día (pues no nos topamos con nadie más durante toda nuestra estancia), es un tipo curioso con el que, tras un no demasiado agradable comienzo, finalmente tendríamos una relación bastante amistosa, sirviéndonos de buena ayuda para concretar nuestras visitas, y completando interesantes charlas sobre cultura y religión en Malasia en general, y en el estado de Sarawak en particular.

Dado que ya era bastante tarde, y tras las dificultades para comunicarnos con los dependientes de los rudimentarios restaurantes de la zona de Chinatown, muy cercana al Wo Jia Lodge, decidimos cenar un par de sopas de fideos en polvo preparadas con el agua hervida disponible en uno de los 7-Eleven de la zona, al módico precio de 2,5 ringgits. Ya sólo tendríamos tiempo de irnos a dormir pensando en levantarnos temprano al día siguiente a fin de tomar el primer autobús con destino a la Reserva Natural de Semenggoh, el mejor lugar en el estado de Sarawak para poder contemplar orangutanes en semilibertad… el rey de las selvas de Borneo. Un lugar imperdible.

Reserva de Semenggoh

Reserva de Semenggoh

Para ello, es importante tomar el primer autobús K6 (4 ringgits por persona) en la zona más occidental de la calle Jalan Masjid, el cual parte a las 7:00h y tarda alrededor de una hora en llegar. Durante el trayecto, conoceríamos a una agradable pareja española originaria de Sevilla con la que coincidiríamos casi en todos los lugares que visitaríamos en Sarawak. El autobús nos dejaría frente al acceso a la reserva de Semenggoh, en el cual se abona una entrada de 10 ringgits por persona, y desde allí aún se debe caminar alrededor de media hora hasta la zona en la que se alimenta a los orangutanes. Dicho evento tan sólo tiene lugar a las 9:00 y a las 15:00h, lo cual me lleva a reiterarme en la necesidad de tomar el primer autobús de las 7:00h ya que, si lo perdemos, seguramente no lleguemos a tiempo para presenciar el espectáculo, teniendo quizá que posponerlo por el de las 15:00h, horario que puedo adivinar estará marcado por un calor difícilmente soportable, y que obliga a apurar la vuelta para no perder el último autobús hacia Kuching.

Dicho esto, pasaré a relatar nuestra experiencia con los orangutanes de Semenggoh, una mañana absolutamente inolvidable. Este animal se erige como uno de los más populares de Borneo, pues, junto con la isla de Sumatra, es el único lugar de la Tierra en el que podemos encontrarlos en libertad. En la misma zona en la que se colocará un menú compuesto principalmente por fruta, y que servirá para atraer a la familia de orangutanes que vive en semilibertad en la reserva, se lleva a cabo una explicación previa sobre las medida de seguridad a tener en cuenta por los presentes, tales como dar prioridad de paso a los orangutanes en todo momento y tratar de no molestarlos. En dicha zona también podemos contemplar un enorme cocodrilo enjaulado y paneles informativos sobre los miembros de la familia de orangutanes que habitan Semenggoh. Aquí es donde comenzaría, pues, el impresionante espectáculo natural…

Orangutanes balanceándose sobre nosotros

Orangutanes balanceándose sobre nosotros

Los cuidadores colocan la comida y se retiran. En unos minutos, las ramas de los enormes árboles que conforman la frondosa selva de la zona comienzan a moverse. La emoción se apodera de todos los presentes. Así, tras unos momentos de incertidumbre, entre la densidad de la vegetación, divisamos el pelaje rojizo del primer orangután, deslizándose con gran destreza sobre las plataformas en las que se sitúa la fruta, seguido de un segundo y, al rato, de un tercero. Éste último baja de los árboles para caminar hasta el puesto de comida más cercano a nosotros, ofreciéndonos una visión única. Sus movimientos, su forma de andar, su manera de comer, de coger la fruta… es lo más parecido que jamás he visto a un ser humano dentro del reino animal. Está muy cerca de nosotros, prácticamente libre, sin ningún tipo de cerca o jaula que lo retenga. Ahora, mejor que nunca, entiendo el origen de su nombre. Orang Hutan, en malayo, significa hombre de la selva. Realmente es casi como estar viendo a una persona, aunque con algo diferente que nuestra mente no acaba de encajar. Es un sentimiento extraño, increíble…

El orangután se dirige hacia la muchedumbre, y los visitantes se abren para dejarle el paso libre. El animal camina a unos dos metros de mí. Es posible percibir su fuerza al moverse, su musculatura, su peso… si quisiera hacernos daño no tendríamos ninguna opción… al estar cerca de él se aprecia perfectamente cuán poderoso es. Otros dos orangutanes de menor tamaño se balancean sobre nosotros desplazándose entre las cuerdas instaladas entre las copas de los árboles. Espectacular. Acto seguido, los cuidadores nos conducen hasta otro lugar ubicado en medio de una selva más cerrada, donde divisamos un enorme macho alimentándose junto a una hembra y una cría, los cuales forman una estampa preciosa que refleja a la perfección el espíritu del Borneo más salvaje…

Orangután macho

Orangután macho

Tras presenciar semejante espectáculo, y cuando el calor tropical de la enorme isla comienza a apretar la mañana, iniciamos el camino de regreso a la parada del autobús, desde donde el K6 (otros 4 ringgits por persona) nos llevará nuevamente hasta Kuching, coincidiendo ya prácticamente con la hora de comer, y muy animados tras el apasionante contacto con los orangutanes de Semenggoh.

Tomaríamos un par de rápidos menús basados en pedazos de pollo con patatas en el KFC de la calle Jalan Khoo Hun Yeang (27 ringgits en total), el cual está regentado por personas sordomudas con las que es posible comunicarse por gestos, escritura o señalando la carta. Un lugar agradable y tranquilo. Acto seguido, proseguiríamos nuestro camino hasta la calle del alojamiento (Jalan Main Bazaar), donde visitaríamos varias tiendas de souvenirs y adquiriríamos dos deliciosos helados naturales de la marca local Feli Mio Gelato, los cuales se convertirían en una costumbre para mí en Kuching, y entre los que puedo destacar especialmente un magnífico sabor elaborado a base de cereales, muy diferente a todo lo que haya probado antes en cuanto a helados se refiere.

Kuching Esplanade

Kuching Esplanade

Ya más entrada la tarde, después de un merecido descanso en nuestro hostel, resguardados del sofocante calor reinante en el exterior, saldríamos a recorrer el agradable paseo fluvial de la ciudad de Kuching, conocido como Kuching Esplanade y construido a orillas del río Sarawak. Recomiendo encarecidamente visitarlo tanto de día como de noche, pues las perspectivas cambian completamente debido a su bonita iluminación. El citado paseo comienza prácticamente frente a nuestro alojamiento, en un pequeño castillo de color blanco llamado Square Tower. La misma plaza que lo alberga ofrece, desde la otra orilla del río, unas magníficas vistas del Palacio de Astana, el cual data de 1870 y sirve de residencia para el gobernador de Sarawak, y del moderno edificio de la Asamblea Legislativa del Estado de Sarawak, cuya construcción finalizó en 2009, y cuya impresionante arquitectura lo convierte en uno de los edificios más emblemáticos y representativos de la ciudad de Kuching.

Caminando hacia el este, llegaríamos al templo chino de Tua Pek Kong, el cual data de la década de 1840 y está dotado de un impecable y colorido diseño. Continuaríamos hasta la bifurcación de las calles Jalan Tunku Abdul Rahman y Jalan Abell, donde nos encontramos con una vistosa estatua dedicada a los gatos, animal emblema de la ciudad, pues se dice que el significado de la palabra Kuching es una derivación de “ciudad de los gatos”. Retomando el recorrido sobre nuestros propios pasos, pero en dirección oeste, nos dirigiríamos hasta la calle Wayang para contemplar el pintoresco templo chino de Hong San Si, datado en la misma época que el anterior, y proseguir por la misma calle hasta la Catedral de Santo Tomás, construida en 1848 pero completamente reformada en 1998, adquiriendo entonces una arquitectura bastante moderna.

Catedral de Santo Tomás

Catedral de Santo Tomás

Éste sería el único templo cristiano que visitaríamos en todo nuestro viaje a Malasia, confirmando una vez más el hecho de que este país acoge todas las religiones y es un ejemplo de convivencia armoniosa entre ellas. La catedral, de dimensiones considerables, se encontraba ya cerrada, pero accedimos al recinto que la alberga, en el cual se respira una paz absoluta. Tan sólo nos encontrábamos Monika y yo, nadie más. Un lugar perfecto para despedir el día, presenciar el atardecer y dar la bienvenida a otra calurosa noche de verano (como lo son todas por estas latitudes). Frente a la catedral se encuentra el parque de Padang Merdeka, el cual nos ofrece una impresionante vista algo lejana de la Mezquita de Bandaraya, la cual ya habíamos visto por la mañana, pues se encuentra muy cerca de la parada del autobús que lleva a Semenggoh, pero esta vez bajo una preciosa iluminación nocturna.

Recorrido por Kuching (click para ampliar)

Recorrido por Kuching (click para ampliar)

Concluiríamos nuestro primer día en Borneo en la planta alta del centro comercial Plaza Merdeka, en el cual disponemos de una amplísima gama de puestos de comida local y de otras zonas de Asia. Nosotros nos decantamos por probar algo local, concretamente el Sarawak Laksa, una sopa de noodles rellena de gran cantidad de ingredientes y de un sabor excepcional, acompañada de un refresco de Winter Melon, sabor típico de estos lares. Dos platos acompañados de dos refrescos ascenderían al módico precio de 19 ringgits en total. Su precio y su calidad nos obligarían a repetir lugar para cenar en nuestra última noche en Borneo, dos días más tarde, pero probando diferentes platos del amplio abanico que ofrece.

De esta agradable manera, tras un largo y bonito día empezando a conocer Kuching y sus alrededores, nos iríamos a dormir aún sin ser conscientes de las maravillas que nos esperaban durante los dos días siguientes, pues visitaríamos un lugar único en el mundo, un lugar que quedará para siempre grabado en nuestra memoria, el cual recoge la esencia más natural y salvaje de la isla de Borneo: El Parque Nacional de Bako. Próximamente, en Destino Kiwi…

Río Sarawak, Borneo

Río Sarawak, Borneo