Dublín y el Parque Nacional de Wicklow Mountains

Recorrido por Dublin (click para ampliar)

Recorrido por Dublin (click para ampliar)

Mi primera vez en Irlanda… tiempo hace ya que tenía intención de visitar este país insular, pero mis objetivos viajeros fuera de Europa me mantuvieron alejado de dicho destino durante bastante tiempo, a pesar de vivir tan cerca de él. En realidad, la verdadera razón que nos llevó hasta la capital irlandesa no fue otra que el hecho de encontrar un vuelo Bristol – Dublín por el módico precio de £20 ida y vuelta a través de la compañía aérea Ryanair:

https://www.ryanair.com/

Partiríamos, pues, un viernes a las 17h para aterrizar una hora más tarde en la capital irlandesa, y más concretamente en la Terminal 1 del aeropuerto de Dublín. Desde allí, tomaríamos un taxi (7€ por persona) hasta el que sería nuestro alojamiento para las 3 siguientes noches, el Avalon House, en el que habíamos reservado previamente dos habitaciones de 4 personas (aunque finalmente fuimos 7), por 442€ en total. El hostal dispone de una excelente ubicación en Aungier Street, cerca de las principales atracciones del centro urbano, las habitaciones son muy correctas e incluye un desayuno bastante aceptable disponible de 7:30 a 10h.

Temple Bar

The Temple Bar

Teniendo en cuenta la hora de llegada, comenzaríamos nuestra andadura por la ciudad conociendo el que probablemente sea su mayor atractivo: la noche dublinesa. Cenaríamos en el restaurante Nando’s situado en St. Andrew’s Street, una franquicia de pollo peri-peri picante en el que probaría una decepcionante y minúscula pita por 13€, para continuar la noche en la internacional y animada zona de Temple Bar. Ésta recibe su nombre del pub más famoso de toda Irlanda, y aquí también merece la pena mencionar otros pubs como The Quays o The Auld Dubliner, los cuales disponen de música en directo (como en tantos otros locales de la ciudad) y un espectacular ambiente festivo internacional, digno de ser disfrutado con una Guinness, Hop House o cualquier otra pinta de cerveza irlandesa en la mano. 100% recomendable.

Tras nuestra primera noche en Dublín, y después de reponer fuerzas con el desayuno incluido en el precio del Avalon House, nos dispondríamos a iniciar la visita turística y cultural a la ciudad, dirigiéndonos hasta el río Liffey, el cual atraviesa el centro de la capital irlandesa. Disfrutaríamos del recorrido del río hacia el oeste, contemplando algunos de los puentes más famosos de la ciudad hasta llegar al Four Courts, sede del tribunal supremo de Irlanda, destruido durante la guerra civil y reconstruido en la década de 1930 respetando su arquitectura original.

Río Liffey a su paso por Dublín

Río Liffey a su paso por Dublín

Continuamos nuestro camino hasta la prisión de Kilmainham Gaol, hoy reconvertida en un lúgubre pero interesante museo. Sin duda, estamos hablando de una de las atracciones más populares de Dublín, hasta tal punto que es necesario acudir con varias horas de antelación para adquirir las entradas. Tras conseguir las nuestras (4€ por persona), decidimos matar el tiempo de espera hasta la hora concertada (pues la visita es guiada y se realiza en grupos reducidos) en los agradables jardines que rodean al cercano Museo de Arte Moderno de Irlanda, en los cuales es posible admirar algunas obras pertenecientes a esta disciplina, así como el precioso Formal Garden del Royal Hospital Kilmainham. Regresamos a la prisión con aproximadamente media hora de antelación con el fin de visitar el museo que precede a la visita guiada, en el cual se relata la historia de la prisión, de sus personajes ilustres, de los revolucionarios que perecieron aquí durante el proceso de independencia de Irlanda, y un largo etc.

Celda de Kilmainham Gaol

Celda de Kilmainham Gaol

Comenzaríamos, así, la visita guiada a la prisión de Kilmainham Gaol. Escuchar las historias de los reclusos de la prisión, sus condiciones de vida y las ejecuciones que allí tuvieron lugar, todo ello inmersos en tan sombrío lugar, resulta realmente sobrecogedor…. dirigir la mirada al interior de una de esas minúsculas y tétricas celdas, e imaginar allí a 5 personas obligadas a dormir sobre el suelo, y tan sólo ayudadas por una vela para tratar de entrar en calor (creedme, el frío allí dentro en invierno es brutal), resulta una experiencia ciertamente dolorosa, más aún cuando sabemos que muchos de ellos delinquían con intención de entrar allí casi voluntariamente para, al menos, tener algo que comer… duro, sin duda. Uno de esos momentos en los que uno valora su libertad y sus posibilidades.

Tras la visita, repondríamos fuerzas en el cercano Patriot’s Inn, donde, una vez más, erraría en la elección de plato, recibiendo una especie de entremeses fríos en lugar del plato caliente que esperaba. Decepcionante. La siguiente parada prevista, rumbo nuevamente hacia el centro de Dublín, sería más alegre que la prisión de Kilmainham, pues correspondería con la Guinness Storehouse (la cual ocupa una parte de la fábrica de Guinness), todo un ejemplo de cómo elaborar un museo de 7 plantas únicamente a partir de una marca de cerveza, su elaboración, historia, etc. No en vano, estamos hablando de la cerveza negra más famosa del mundo. Previamente habíamos reservado nuestras entradas a través de internet, a un precio de 18€ por persona, ahorrándonos así 2€ y tener que esperar colas para entrar:

https://www.guinness-storehouse.com/en

Guinness Storehouse

Guinness Storehouse

El inicio de la visita comienza con una extensa tienda donde podremos encontrar todo tipo de artículos relacionados con la marca Guinness, para continuar con una detallada explicación del proceso de elaboración del producto y las materias primas que intervienen en el mismo. A medida que vamos ascendiendo por el edificio, podremos informarnos sobre la historia de esta cerveza y su repercusión en el mundo a través de una extensa exposición de artículos y contenido audiovisual, así como una pequeña muestra de olores y sabores. Pero, sin duda, lo más espectacular del Guinness Storehouse es el Gravity Bar, situado en la parte más alta del edificio y el cual dispone de una pared circular acristalada que ofrece una magnífica vista panorámica de 360º de la ciudad de Dublín. El hecho de nuestra tardía llegada quizá empañó en parte dicha espectacularidad, pues la noche ya había caído y la intensa lluvia que azotaba el exterior no permitía admirar las vistas con claridad. A pesar de ello, decidimos disfrutar en este punto del riquísimo sabor tostado de la Guinness, pues la entrada incluye la consumición de una pinta de cerveza… ¿y qué mejor lugar que éste, junto a donde se fabrica?

Exquisito Irish Cottage Pie

Exquisito Irish Cottage Pie

Una vez concluida la visita, de camino a nuestro alojamiento, visitamos la zona medieval prácticamente de refilón, coronada por la Christ Church Cathedral, la cual data del siglo XI. Un poco más hacia el sur podemos encontrar la otra catedral por excelencia de la ciudad, la más grande del país, construida en el siglo XII en honor al patrón de Irlanda, del cual recibe su nombre: St. Patrick’s Cathedral. Finalmente, y tras un largo día, llegamos a nuestro alojamiento, y nos preparamos para nuestra segunda noche dublinesa. Comenzaríamos con una magnífica cena, esta vez más que acertada, en The Old Storehouse, donde tenemos una buena variedad de platos típicos irlandeses de gran calidad a precios razonables (10-16€ el plato aproximadamente). En mi caso, tuve la suerte de disfrutar de un delicioso Irish Cottage Pie por 14€, seguido de un Baileys Cheesecake digno de probar (6€), antes de dejarnos llevar nuevamente por el encanto de los pubs de la zona de Temple Bar…

Quizá debido a ello, a la mañana siguiente amaneceríamos algo más tarde de lo previsto y, tras el desayuno, recogeríamos un monovolumen de alquiler previamente reservado a través de la compañía Hertz (por unos 80€ en total incluyendo el seguro, aunque desconozco los detalles de dicha reserva dado que no la realicé personalmente), el cual deberíamos entregar a la mañana siguiente en el aeropuerto, ahorrándonos así el trayecto en transporte público.

Glendalough, Wicklow Mountains National Park

Glendalough, Wicklow Mountains National Park

El motivo de dicha reserva no era otro que visitar el cercano Parque Nacional de Wicklow Mountains, añadiendo así un pequeño toque de naturaleza a este viaje por tierras irlandesas. Así pues, en aproximadamente una hora de conducción rumbo al sur nos plantaríamos en el centro de visitantes de Glendalough, situado dentro del citado Parque Nacional. Desde este punto es posible iniciar un pequeño trekking que conduce a los dos espectaculares lagos situados en el propio valle de Glendalough, atravesando un cementerio de origen celta escoltado por la Iglesia de St. Kevin y la Round Tower. Un día frío pero soleado nos ayudó a disfrutar de esta maravilla natural para, hambrientos después de la caminata, dirigirnos al cercano The Wicklow Heather, un restaurante de comida irlandesa de muy buena calidad, aunque con un servicio un tanto confuso, y unos precios parecidos a los que nos encontramos en Dublín, los cuales no puedo calificar de demasiado baratos.

Estatua de Molly Malone

Estatua de Molly Malone

Así pues, decidimos iniciar el regreso a la capital de Irlanda para, ya bajo un ambiente nocturno, continuar con nuestra visita a la ciudad. Recorreríamos la comercial y luminosa calle de Grafton St. en dirección norte para después girar a mano izquierda y continuar por Suffolk St. hasta la Iglesia de St. Andrews, junto a la que se encuentra la estatua de Molly Malone, personaje legendario del siglo XVII del que se dice que era vendedora de marisco por el día y prostituta por la noche, y en la cual se inspira una famosa canción popular dublinesa, casi convertida en himno de la ciudad.

Acto seguido, caminaríamos junto a las Casas del Parlamento de Irlanda y el Trinity College, lugar de imporante interés turístico que no tuvimos tiempo de visitar. Prosiguiendo hacia el norte, recorreríamos la concurrida y comercial calle de O’Connell hasta el Spire, una aguja de 120 metros de altura y 3 de diámetro en su base que ostenta el título de estatua más alta del mundo, ¡aunque probablemente no la más elaborada!. Tras ello, regresaríamos a la zona de Temple Bar desde el norte y realizaríamos una rápida visita al Castillo de Dublín, el cual resulta espectacular bajo la iluminación nocturna que posee.

Castillo de Dublín

Castillo de Dublín

Aunque la fortaleza data originalmente del siglo XII, gran parte de lo que podemos admirar hoy en día fue construido en el siglo XVIII. Su historia es larga y rica, y ha sido testigo directo de gran cantidad de importantes acontecimientos para la historia de Irlanda, e incluso sede de diferentes gobiernos en varias ocasiones. El frío y la noche propiciaron el hecho de que las inmediaciones, tanto del castillo como de los jardines aledáñeos, se encontrasen prácticamente vacías en ese momento, dándole un toque aún más épico al lugar…

Acercándonos ya al fin de este relato, y apunto de despedir el maravilloso ambiente de Dublín en nuestra última noche allí, aprovecho para mandar un saludo a Oliver, Rafa, Txiqui, Dani, Asier y Gaizka. Fue un placer compartir esta experiencia con ustedes, caballeros. Como no podía ser de otra manera, mi despedida de Dublín consistió en tomar un café irlandés (café con una generosa aportación de whisky) en medio de una tranquila tarde-noche de domingo bajo el embrujo del maravilloso ambiente de un pub irlandés, y no de cualquiera, sino del más histórico de todos ellos, el pub irlandés por excelencia, el original: The Temple Bar. Volveremos a vernos, Irlanda. Seguro.

Despidiendo Dublín en Temple Bar

Despidiendo Dublín en Temple Bar

 

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