Weston y Brecon Beacons. Hasta pronto, UK

Un punto perdido en mitad del Mar Cantábrico. Allí se encuentra un hombre que pronto cumplirá 31 años, echando la vista atrás en la historia de su propia vida, y sintiendo tanta satisfacción como nostalgia por el camino recorrido. Frente a él, una taza de Capuccino humeante, su ordenador portátil y miles de recuerdos que tratan sobre una inolvidable aventura de 8 meses en el Reino Unido. Sí, ese hombre, soy yo.

Portsmouth

Portsmouth

Una masa inmensa de agua en calma que me invita irremediablemente a la reflexión, mientras el sol atenúa progresivamente la intensidad de sus rayos, preparándose para despedir este 28 de abril de 2015 que quedará para siempre en mi memoria. Es lo único que puedo ver desde los enormes ventanales del Pont Aven, el ferry en el que embarqué en Portsmouth hace ya varias horas, y que me llevará hasta Santander, desde donde me esperan unas 4 – 5 horas de conducción hasta Madrid, mi casa, poniendo así punto y final a otra etapa más de mi vida, una etapa de 8 meses en tierras británicas que ha dejado en mi una huella imborrable, por muchos motivos.

Debo aclarar que la razón de que me decantase por esta opción de transporte no es otra que la necesidad de traer mi coche de vuelta a España, y creo que es la forma más fácil de hacerlo. Reservé con alrededor de un mes de antelación a través de la página web de la compañía francesa Brittany Ferries, por 371€ para el trayecto Portsmouth – Santander:

http://www.brittanyferries.es/

A bordo del Pont Aven

A bordo del Pont Aven

El ferry que realiza estre trayecto, el Pont Aven, es un navío excelente, muy bien cuidado, impecable, con destellos de crucero de lujo, provisto de restaurantes, bares, piscina, cine, actuaciones… todo ello contribuye a que las 24 horas de viaje se hagan bastante llevaderas. Es posible, por ejemplo, disfrutar de un cóctel disfrutando de alguna actuación musical o espectáculo de magia.

Durante la travesía, un grupo de ballenas piloto dejaron ver sus aletas dorsales y las nubes de aire y agua que producen sus espiráculos durante la respiración, dándole un toque aún más especial a esta despedida. Una estampa preciosa.

Mis últimos fines de semana en Bristol, tuve la oportunidad de hacer un par de excursiones con mi amigo Dani, las cuales relataré a continuación. La visita a Weston-Super-Mare fue la primera de ellas, localidad cercana a Bristol (unos 30 minutos en coche tomando la M5 en dirección South West), y que ofrece un ambiente muy veraniego que de cierta manera recuerda al que podemos disfrutar en las costas españolas, acompañados además de un soleado día que potenciaba aún más este símil. Estacionamos en el Parking del centro comercial Sovereign y nos dirigimos a la atracción más vistosa de la localidad, el Grand Pier (cuyo acceso cuesta 1£), un enorme muelle instalado en la kilométrica playa de Weston, y en cuyo interior tenemos un par de restaurantes y una sala recreativa dotada de algunas atracciones bastante innovadoras, donde acuden principalmente los adolescentes de la zona.

Grand Pier

Grand Pier

Decidimos recurrir al típicamente británico fish & chips (pescado empanado con patatas fritas) para comer en uno de los restaurantes instalados en el Grand Pier, por unas 8£, para después continuar recorriendo la playa en dirección norte hasta el Marine Lake, una zona de baño perfectamente preparada que ofrece unas magníficas vistas de la parte antigua de Weston-Super-Mare y de la pequeña península que cierra la laguna. Continuamos nuestro camino un poco más hacia el norte hasta el antiguo muelle, el cual se encuentra cerrado y abandonado, lo cual le confiere un encanto especial, y traslada la mente a épocas pasadas. Acto seguido, tomamos el coche en dirección sur para acercarnos hasta la iglesia de Saint Nicholas, situada en lo alto y que ofrece unas espectaculares vistas de la playa, la ciudad de Weston-Super-Mare y los verdes campos que la rodean.

Pico Pen y Fan

Pico Pen y Fan

De esta manera decidimos poner punto y final a la excursión para regresar a Bristol, desde donde partiríamos el fin de semana siguiente hacia Gales, buscando el Parque Nacional de Brecon Beacons, donde, dada su extensión, y dado que sólo disponíamos de un día, tendríamos que seleccionar los puntos que visitaríamos entre la gran variedad que ofrece. De esta forma, atravesamos el puente de la M4 (6,50£ de peaje, sólo para entrar en Gales, no así para salir) y, en aproximadamente una hora y media, nos plantamos en el centro de visitantes del parque, ubicado junto a la localidad de Libanus. Allí, disfrutamos de un delicioso y abundante lunch compuesto por ensalada y un plato principal, pudiendo elegir entre lasagna o diferentes tipos de pies (pastel de carne), entre otros, a precios razonables.

Acto seguido, nos trasladaríamos al parking desde el que se puede iniciar la ascensión al pico Pen y Fan, punto más alto del Parque Nacional de Brecon Beacons con sus 886 metros. La subida no es excesivamente dura, y el recorrido se puede completar en unas dos horas (ida y vuelta), más el tiempo que queramos invertir en la cima, admirando las preciosas vistas panorámicas de las montañas, lagunas y laderas que sirven de pasto a los rebaños de ovejas que habitan la zona. Muy recomendable.

Sgwd yr Eira

Sgwd yr Eira

Tras el descenso, nos dirigimos a la zona sur del parque con el objetivo de visitar las cascadas que existen en este área, a las que se accede a través de un camino bastante mal señalizado desde una zona de aparcamiento cercana a la localidad de Pontneddfechan, el cual nos llevó a confusión en varias ocasiones. El último salto de agua, Sgwd yr Eira (nombre procedente del gaélico) es espectacular. Tenemos incluso la opción de caminar por el interior de su cortina de agua para buscar la instantánea perfecta, adornada por el arco iris que produce la incisión de los rayos de sol en el vapor que levanta la propia cascada. Con esta bonita imagen, daríamos por concluida nuestra visita al Parque Nacional de Brecon Beacons, y nos dispondríamos a regresar nuevamente a Bristol, ya casi para despedirme de la ciudad…

Despierto en medio de la noche. Miro mi reloj. Las 4 de la mañana. Todo el mundo duerme. Salgo de la sala de butacas del Pont Aven. Los pasillos y salones del ferry están completamente vacíos y reina un silencio absoluto. Parece que no estuviera en el mismo barco de la tarde anterior. Me aventuro a salir a una de las cubiertas de popa, y un frío muy intenso me recibe tras atravesar la puerta. Me agarro a la barandilla y contemplo la oscuridad de la noche. Tan sólo acierto a divisar unos pocos metros de la superficie marina, removida por los enormes motores del navío, gracias a la propia iluminación del mismo.

Las luces de algunos barcos faeneros no demasiado lejanos es casi lo único que adorna la cerrada noche. A mano izquierda, en la lejanía, el faro de la isla de Ouessant trata de llamar mi atención enfocándome intermitentemente. A mano derecha, a pesar de no poder divisarlas en medio de la oscuridad, las costas de la Francia continental. Tras un horizonte que tampoco logro vislumbrar, y alejándome cada vez más, quedó la isla de Gran Bretaña. Mi mente vuelve a ella nuevamente, recorre esas calles de Bristol en las que una parte de mí se quedó para siempre, vuelve a ver las caras de las personas que se cruzaron allí en mi camino, y que fueron las verdaderas artífices de que esta aventura haya sido inolvidable. A esas horas de la madrugada, los sueños se mezclan con la realidad. Dejo atrás muy buenos amigos, con los cuales espero poder seguir contando en el futuro, largas noches de trabajo recorriendo gran parte de la geografía de Inglaterra y Gales al volante, anécdotas de todo tipo e historias entre la que destaca una de ellas muy en especial. Una que ha terminado con esta etapa para llevarme a iniciar otra en otro continente… América.

Compañeros de trabajo

Compañeros de trabajo

Probablemente esperábais el relato de mis últimos días en Myanmar, pero dejo eso para más adelante. Ahora, siento que debo despedir al Reino Unido, United Kingdom o UK, aquel país que me dió la oportunidad de seguir creciendo como persona, de desarrollar una nueva carrera profesional, de vivir una experiencia tan bonita como ésta y de asentar un poco más mi nivel de inglés. Todo ello desde el respeto y la capacidad de empatía de la mayoría de sus habitantes. A buen seguro volveré, ya sea dentro de tres meses, un año o una década. Hasta pronto y gracias por todo, UK.

Ahora, podré disfrutar de unos días en mi querida España natal junto a los míos, para después poner rumbo a un encuentro que llevo 4 meses esperando, y que dará comienzo a una nueva aventura. Porque de eso trata mi vida, de viajar, descubrir y ampliar horizontes. Éso es lo que me anima a seguir adelante.

Próximo destino: México.

Hasta pronto, UK

Hasta pronto, UK

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5 respuestas a Weston y Brecon Beacons. Hasta pronto, UK

  1. Pingback: Así termina una bonita etapa… | Destino Kiwi

  2. C.Blanco Martin dijo:

    Suerte en esta nueva etapa de tu vida, viajero!!

  3. Andrea Elizabeth Gómez dijo:

    Mucha suerte en tu nueva etapa y no tengo duda de que México será un país que también te sorprenderá. Viaja, descubre y amplía horizontes 🙂 te mando un fuerte abrazo globe-trotter!

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