Sur de Gales, tierra de dragones y mazmorras

El dragón rojo de Gales

El dragón rojo de Gales

Bosques, prados, playas de ensueño, castillos medievales… antaño, este idílico paisaje constituyó el hábitat de dos poderosos dragones, uno blanco y otro rojo. Tras siglos de batalla entre ambos, Ddraig Goch, el ejemplar rojizo, logró abatir a su congénere blanco, el cual se interpreta en la mitología galesa como el vivo reflejo del mal. Cuenta la leyenda que, de esta manera, el dragón rojo pasó a ser el símbolo del país y el elemento más representativo de su bandera. Y es que, contemplando los maravillosos y verdes paisajes de Gales, bien pudiera parecer que esta bestia alada fuese a despegar súbitamente en cualquier momento tras alguno de los numerosos castillos con los que cuenta esta nación.

Nación mucho menos poblada que su vecina Inglaterra, aunque también parte del Reino Unido junto a ésta, Escocia e Irlanda del Norte, pero con un encanto especial que siempre me ha cautivado. Ha llegado la hora de descubrirla más en profundidad, comenzando por su zona sur, más próxima a Bristol y por lo tanto más accesible para mí en estos momentos. Además de ser la zona donde se concentran las grandes ciudades de Gales, cuenta con maravillosos enclaves naturales e históricos. Aunque nosotros realizamos diversas visitas en diferentes ocasiones, trataré de ordenarlas de manera lógica atendiendo a su situación en el mapa. Tomaré los mandos de mi vehículo y, con la inestimable compañía de Monika, nos dispondremos a atravesar uno de los dos gigantescos Severn Bridge (puentes que unen el Suroeste de Inglaterra con Gales, uno en la carretera M4 y otro en la M48) y cuyos peajes rondan las £6, debiendo ser abonados tan sólo en dirección Gales.

Tintern Abbey

Tintern Abbey

Así, recorreremos el sur de esta nación de Este a Oeste, comenzando con su extremo sureste más emblemático: Tintern Abbey (entrada de £5,5 por persona). Esta abadía data originalmente del siglo XII y fue abandonada bastante más tarde, lo cual le otorga un toque fantasmagórico espectacular, especialmente en el interior del templo principal, una de las construcciones más impresionantes en lo que al estilo gótico británico se refiere. Ya no dispone de tejado, pero los altísimos muros que la forman ensombrecen su interior, cuyas enormes columnas son iluminadas por la luz que penetra a través de sus ventanales arqueados, creando una estampa de película. Una maravilla para los amantes de la fotografía y la historia.

Así, desde Tintern Abbey, iniciamos nuestro camino rumbo al oeste, deteniéndonos en la sosegada localidad de Chepstow, donde puedo imaginar un estilo de vida agradable y relajado. La belleza de sus calles, sus casas, sus interiores cuidados hasta el más mínimo detalle y expuestos intencionadamente al público, en definitiva, su tranquilidad, no pasa desapercibida. Perfecta para escapar del bullicio de la gran ciudad y relajarse. No podemos abandonar la localidad sin mencionar el Castillo de Chepstow, el cual data de la misma época que la Tintern Abbey, y ofrece un agradable paseo por sus verdes inmediaciones. Es posible visitar su interior por £5, aunque nosotros no lo hicimos.

The Orange Crate, Chepstow

The Orange Crate, Chepstow

Mención especial merece también el pequeño establecimiento The Orange Crate situado en Beaufort Square, donde degustamos un par de exquisitas y densas sopas vegetales del día junto con un par de saludables sandwiches por tan sólo £12 entre los dos, para terminar disfrutando de uno de los mejores cafés que he tenido la suerte de probar en Reino Unido (£2-3 dependiendo de la variedad) sentados en un cómodo sofá instalado con vistas al sosegado ritmo de vida que se lleva a cabo en el exterior, todo ello acompañados de una música muy tranquila y relajante. Un momento mágico.

Proseguimos, pues, con nuestro recorrido hacia el oeste. Tomamos la carretera M4 para atravesar la primera de las grandes ciudades de Gales, Newport, y continuar hasta la capital, Cardiff, de la cual ya hablé con anterioridad:

https://destinokiwi.wordpress.com/reino-unido-2014/cardiff-liverpool-warwick-y-la-navidad/

Tomando la carretera A470 desde Cardiff en dirección norte llegaremos hasta la localidad de Merthyr Tydfil, situada en un enclave natural maravilloso que hace las veces de bienvenida para adentrarnos en el Parque Nacional de Brecon Beacons, del cual también hablé con anterioridad:

https://destinokiwi.wordpress.com/reino-unido-2014/weston-y-brecon-beacons-hasta-pronto-uk/

Recorrido por el sur de Gales (click para ampliar)

Recorrido por el sur de Gales (click para ampliar)

Merthyr Tydfil, sin ser una gran ciudad, es la localidad más importante de la zona y en la que se concentran los principales servicios. He de reconocer que me encantan las poblaciones que conservan su nombre en gaélico. Es entonces cuando realmente siento que no estoy en Inglaterra, el embriagador sonido de este impronunciable idioma en la radio traslada a otra época, no en vano estamos hablando de una de las lenguas más antiguas del mundo, mucho más que el inglés, motivo de orgullo de los galeses. Los intentos ingleses de prohibirlo en épocas pasadas nunca llegaron a cuajar en las zonas rurales del centro y norte del país, donde el gaélico continúa siendo el primer idioma.

Tomando la A465 desde Merthyr Tydfil hasta Swansea me encontré con una de las carreteras más bellas por las que he conducido trabajando en tierras británicas, adornada majestuosamente por bosques, valles, lagunas y vida rural. La otra manera de llegar hasta Swansea, y la más convencional, vuelve a ser la M4 desde Cardiff, previo paso por Port Talbot. Ésta última es una ciudad fea. Muy fea, no nos vamos a engañar. Gigantescas chimeneas emergen desde sus numerosas industrias y se hacen visibles ya desde varias millas antes de llegar a la población, posicionándose como una de las zonas portuarias más importantes de Gales. Supongo que esta faceta no tan atractiva turísticamente hablando también es necesaria para el desarrollo de la nación.

Castillo de Oystermouth

Castillo de Oystermouth

Tras atravesar Port Talbot, finalmente llegaremos a Swansea, la cual nada tiene que ver con su ciudad vecina. Moderna, lo cual crea un fuerte contraste con los pequeños pueblos galeses, espaciosa, verde y agradable. Nos encontramos ante la segunda ciudad de Gales en tamaño e importancia, por detrás de Cardiff. En este punto es donde conectaré nuestro recorrido en este post con el fin de semana que pasamos conociendo Gower y Pembroke. Decidimos, pues, detenernos a disfrutar del paseo marítimo bañado por la playa que forma la bahía de Swansea antes de continuar nuestro camino hacia el auténtico primer objetivo de aquel fin de semana: la Península de Gower. Ésta se sitúa inmediatamente al oeste de Swansea, y un inusual sol de invierno nos concedería la gracia de poder disfrutar de esta maravilla natural en su máximo esplendor.

Nuestra primera visita en esta preciosa región correspondería con el Castillo de Oystermouth, situado aún dentro de la bahía de Swansea, dentro de la localidad de The Mumbles. Este castillo de origen normando data del siglo XII y, aún estando dentro de la población, es posible disfrutar de la bonita estampa del castillo sobre la “moqueta verde” que cubre la mayor parte del territorio galés, acertando a divisar el mar y parte de la bahía desde allí. Muy recomendable. Acto seguido, nos dirigimos hasta la localidad de Penmaen, donde aparcaríamos para iniciar a pie el camino que conduce hasta Three Cliffs Bay, el cual parte a mano derecha poco antes de llegar al Holiday Park del mismo nombre.

Three Cliffs Bay

Three Cliffs Bay

En apenas 10 minutos, nos plantaríamos en lo alto de la playa y nos detendríamos a contemplar la maravillosa estampa de la Three Cliffs Bay, una bahia no demasiado grande que cuenta con 3 pequeños picos en su extremo sureste, los cuales conceden una curiosa imagen de la playa, la cual cambia considerablemente por el efecto de las mareas, como otras tantas en esta zona de Gran Bretaña. Tras esta primera visión, descenderíamos por un camino bastante embarrado y no cómodo en demasía para completar un bonito paseo por las dunas y la playa, disfrutando de un sentimiento de libertad inigualable… como contrapunto, nuestro amigo el sol comenzaría aquí a despedirse de nosotros para dar paso a la nubosidad más típica de esta zona, después de habernos regalado su presencia durante buena parte de la mañana. Aún así hemos de considerarnos afortunados por no haber tenido que continuar nuestro viaje bajo la lluvia, lo cual hubiera sido lo más normal en esta zona y época del año.

El próximo alto en el camino correspondería con el Castillo de Oxwich, el cual calificaré de un tanto decepcionante, a pesar de que el entorno y la playa del mismo nombre son agradables. El pequeño castillo dispone de una edificación anexa más moderna que no acaba de encajar con la fortaleza. Aún así, disfrutamos allí de un agradable almuerzo con las provisiones de las que disponíamos. Tras ello, continuaríamos hasta el último y más espectacular de los lugares que visitaríamos dentro de la Península de Gower: Rhossili. Abonaríamos £2 por el uso del parking instalado en la localidad, pues no parece fácil encontrar otro lugar para estacionar gratuitamente.

Playa de Rhossili

Playa de Rhossili

Desde este punto, las vistas de los acantilados y la descomunal playa de Rhossili desde las alturas cortan la respiración. Es difícil imaginar su tamaño sin haber estado allí. Nos detenemos embobados admirando tanta belleza natural y tratando de retratarla una y otra vez con el objetivo de nuestras cámaras, mientras las ovejas que habitan por allí no parecen inmutarse lo más mínimo ante semejante paisaje. La furia del viento y el frío que azotan este lugar no son suficientes para propiciar nuestra retirada, y seguimos avanzando hacia el oeste para admirar con mayor precisión los acantilados y los islotes que despiden la Península de Gower en su extremo más occidental. Realmente impresionante.

Así, de la forma más grata posible, despedimos la belleza natural de esta península, para poner rumbo al condado de Pembrokeshire, donde terminaremos nuestro recorrido por el sur de Gales de este a oeste. Antes de llegar a dicho condado, disfrutaríamos del sabor y el calor del café de algún Costa cercano a Swansea, y visitaríamos el enésimo castillo del viaje. Para ello, nos desplazaríamos hasta la localidad de Laugharne, llegando ya en compañía de las últimas luces del día y casi coincidiendo con el ocaso. Estacionaríamos, esta vez de manera gratuita, en King Street, e iniciaríamos un agradable paseo sumidos en la tranquilidad de las calles de esta población, acompañados por una temperatura envidiable, hasta el Castillo de Laugharne, el cual se encontraba ya cerrado al público.

Castillo de Laugharne

Castillo de Laugharne

Continuando hasta la desembocadura del río Coran, y atravesando un pequeño puente de piedra instalado sobre él, tenemos la oportunidad de observar una bonita y bastante épica imagen nocturna del castillo, pudiendo admirar en esta ocasión su impresionante altura y estructura. Esta edificación, como otras tantas en Gales, data del siglo XII, y a lo largo de la historia ha sido escenario de conflictos de diversa índole, sufriendo varias destrucciones parciales y posteriores reconstrucciones, dando como resultado la fortaleza que hoy en día nos muestra los efectos del paso del tiempo. ¡Probablemente, este sería un buen lugar para avistar al dragón rojo de Gales! …

Ya bajo una noche cerrada, nos echaríamos de nuevo a la carretera para penetrar, esta vez sí, en el condado de Pembrokeshire, donde, hambrientos en busca de nuestra cena, y por una de esas casualidades de la vida, nos toparíamos de manera fortuita con el restaurante asiático Dragon Palace poco antes de llegar a la localidad de Tenby, más concretamente en la pequeña población de Pentlepoir. Éste nos tenía preparada una grata sorpresa, pues el interior del local está muy bien ambientado y resulta un lugar bastante elegante. Además, los precios son muy asequibles (£20 entre los dos) y tanto la comida como el servicio son excelentes. De esta forma, superamos todas las expectativas que teníamos respecto a la cena del día.

Despidiendo un precioso día

Despidiendo un precioso día

Con nuestro apetito ya saciado, iniciamos la búsqueda del que sería nuestro alojamiento para esa noche, el YHA Manorbier. Encontrarlo no sería tan fácil como en un principio habíamos imaginado, y vagaríamos un buen rato recorriendo los laberintos que forman las estrechísimas carreteras de la zona, en medio de una oscuridad absoluta. A medida que los faros de nuestro vehículo iban alumbrando el frondosísimo bosque que cubre estos lares, éste parecía cobrar vida e ir engullendo progresavimante una diminuta carretera que se estrechaba cada vez más, llegando a resultar aterrador en algunos momentos si uno se pone a recordar las historias sobre fenómenos paranormales que escuchábamos en nuestra más tierna infancia…

Finalmente logramos encontrar el hostel y realizar el check-in en recepción, pues previamente habíamos reservado una habitación doble en su página web por £45:

http://www.yha.org.uk/hostel/manorbier

No soy capaz de encontrarle un sólo pero a este albergue. Nuevo, limpio, situado en medio de la naturaleza, cerca del mar, buen servicio y buen desayuno (£5 por persona, incluido ya en los £45 que pagamos por la habitación). 100% recomendable. En aquel magnífico lugar alejado de la civilización, y acompañados por una botella de Baileys y un par de copas, pondríamos el punto y final a un precioso día, pero no a nuestro viaje por el sur de Gales. El día siguiente, y después de un merecido descanso, aún tendríamos la oportunidad de conocer algunas de las maravillas de Pembrokeshire.

Simpático pony galés

Simpático pony galés

Amaneceríamos relativamente temprano para disfrutar de nuestro completísimo desayuno e ir a conocer la bahía de Skrinkle Haven, la cual se encuentra a pocos metros del YHA Manorbier. Si ya nos encantó este hostel, descubrir su enclave natural bajo la luz del día ya lo hace absolutamente inolvidable. Skrinkle Haven cuenta con pequeñas y pedregosas playas y varias lenguas de roca agujereadas por algunos arcos que le confieren un aspecto imponente. La meteorología, sin ser demasiado adversa, no sería ni mucho menos tan agradable como la del día anterior.

Con cierto pesar a nuestras espaldas, abandonaríamos nuestro alojamiento para despedir a un rebaño de simpáticos, peludos y curiosos ponys que viven en la zona y retroceder ligeramente en nuestro recorrido hasta la población de Tenby, descubriendo en el trayecto la belleza del mismo bosque que nos aterró la noche anterior. Dicha población cuenta con bastante fama en la zona, y al llegar allí divisamos algunos autobuses de turistas dispuestos a recorrer la muralla que rodea la parte más antigua y que se puede admirar en diferentes puntos de la localidad. Recorrer la playa sur (donde es posible aparcar gratuitamente en temporada baja) y el paseo marítimo, el cual ofrece bonitas vistas de la costa y la isla de St. Catherine, resulta muy agradable, y estoy seguro de que el ambiente veraniego del pueblo debe ser envidiable.

Capilla de St. Govan

Capilla de St. Govan

Retomando nuevamente nuestra ruta natural hacia el oeste, volveríamos sobre nuestros pasos para visitar el Castillo de Manorbier, el cual se encuentra cerrado al público en temporada baja y no nos impresionó en exceso, quizá por tomarlo como otro castillo más en la larga lista de la que presume Gales. De tamaño considerable, también es de origen normando y también data del siglo XII. Nuestra siguiente visita despertaría en mí un sentimiento mucho más intenso: la Capilla de St. Govan. Situada lejos de todo, en el extremo sur del condado de Pembrokeshire, probablemente la capilla en sí no tendría nada de especial si no se encontrase en el lugar en el que se encuentra.

Desde el parking instalado a fin de visitarla no es posible divisarla, debemos avanzar hacia la costa y descender por una larga fila de escalones que conducen hasta ella, pequeña y enclaustrada entre las paredes de dos pequeños acantilados. Su interior se encuentra completamente vacío, no hay imágenes religiosas, no hay absolutamente nada, tan sólo la piedra antigua que forma sus paredes, pero el sentimiento de conexión con la naturaleza que se puede tener allí no tiene nada que ver con el que se pueda tener dentro de cualquier templo cristiano convencional. La pequeña ventana orientada hacia el mar ofrece preciosas vistas de las agujas y arcos que componen el paisaje costero de la zona, y en el interior del diminuto templo tan sólo se acierta a escuchar el sonido de la rompiente de las olas. Bajo mi punto de vista, es un lugar mágico. Tiene ese algo que no se puede describir con palabras, pero que se siente perfectamente al estar allí.

Castillo de Pembroke

Castillo de Pembroke

Tras esta reconfortante visita, pondríamos rumbo al norte hasta Pembroke, la capital que da nombre al condado, y la cual presume de albergar uno de los castillos más grandes y antiguos de Gales, pues data originalmente del siglo XI. Dicha fortaleza domina majestuosamente la parte antigua de la ciudad y la laguna de Mill. Tras un paseo por sus inmediaciones, nos detendríamos a comer en el Old Kings Arms, hotel y restaurante típicamente británico situado en Main Street. Allí degustaríamos sendos platos de cordero y ternera con sus respectivas guarniciones acompañados de una buena pinta de cerveza. He de decir que la calidad y ternura de la carne aquí es perfecta, especialmente la del cordero galés.

Asi, deseando disponer pronto de la oportunidad de conocer el norte de la nación y sin poder ocultar mi debilidad y atracción por ella, pondremos el punto y final a nuestro particular recorrido por el sur de Gales, una tierra tan bella como envolvente, ideal para escapar de los excesos de Inglaterra, y la cual no descarto para algo más que una mera visita turística en un futuro no muy lejano… ¿quién sabe?

Skrinkle Haven. Hasta pronto, Gales

Skrinkle Haven. Hasta pronto, Gales

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