Norte de Gales: las cumbres de Snowdonia

Julio Iglesias y el té de las 5

Julio Iglesias y el té de las 5

El té de las 5. No hay costumbre más británica. Y no sólo en Inglaterra. También aquí, en Gales. Corrían los últimos días de verano, y un intensísimo viento nos había traído un sol maravilloso a esta tierra legendaria. Las ventanas del Loch Café, al tiempo que nos regalaban una preciosas vistas del lago Bala, nos resguardaban del vendaval, creando un espléndido clima de tranquilidad. El sol bañaba nuestros rostros mientras escuchábamos a Julio Iglesias… ¿a Julio Iglesias? Sí, sí, el mismo, aquí, en pleno corazón del Gales más rural. Sin saber cómo ni por qué, pues no parecía haber en el local ningún empleado de origen hispano, su discografía completa suena en el interior del Loch Café. Quizá la fama de nuestro cantante más “truán” fue en su día aún mayor de lo que pensaba…

Recorrido por Snowdonia (click para ampliar)

Recorrido por Snowdonia (click para ampliar)

Habíamos vuelto, pues, a mi amada Gales, esta vez para visitar su parte norte y, más concretamente, el espectacular Parque Nacional de Snowdonia, las montañas que constituyen el techo de la nación. Sería la primera prueba de fuego para mi última adquisición de matrícula británica y volante a la derecha, pues tuve que deshacerme de mi coche español para evitar problemas de matriculación y una fortuna en modificaciones y papeleos. A los mandos de mi nuevo vehículo, pues, habíamos entrado en Gales por la turística localidad de Llangollen, al noreste, la cual nos había recibido con un atasco de dimensiones bíblicas (algo normal cualquier fin de semana estival en todas las zonas mínimamente turísticas del Reino Unido), bajo la vigilancia de los escasos y tenebrosos restos que quedan de lo que fue el Castell Dinas Bran, un castillo medieval datado en el siglo XIII, situado en lo alto de la colina que corona Llangollen en su extremo norte.

Lago Bala

Lago Bala

La considerable pérdida de tiempo producida por el atasco nos llevó a no detenernos a visitar esta localidad para continuar hasta nuestro siguiente destino: el lago Bala. Éste ya se sitúa dentro del Parque Nacional de Snowdonia, aunque aún alejado de sus montañas más altas. Nos detenemos en su orilla noreste (abonando £2,5 por el parking, algo muy común en los lugares turísticos de la zona). El fortísimo viento no nos impide disfrutar del intenso verdor que rodea el lago, en el cual gaviotas y windsurfistas se pasean a unas velocidades de vértigo. Aprovecharíamos la ocasión para almorzar algunos sandwiches y demás provisiones que habíamos traído con nosotros en las mesas de piedra instaladas frente a la orilla, buscando una que se encontrase al menos mínimamente resguardada del vendaval. Acto seguido, nos refugiaríamos de la terrible fuerza del viento en el Loch Café, situado a pocos metros de la orilla, adelantando ligeramente el famoso té de las 5 (£1,40), y conectando así con el inicio de este post.

Betws-y-Coed

Betws-y-Coed

Tras el agradable descanso, nos dirigimos, rumbo al norte, hasta a la pintoresca localidad de Betws-y-Coed, la cual se encuentra perfectamente integrada en el maravilloso marco natural que la rodea. Agradable en toda su extensión, quizá lo más llamativo sea el puente que conecta con la zona norte del pueblo, el cual ofrece unas bonitas vistas de las pequeñas cascadas que allí forma el río Afon Llugwy, así como de las casas casi “colgantes” que rodean la zona. Mención especial merece también la iglesia de Santa María, la cual nos resultó muy interesante, diferente, muy acogedora. Uno se siente bien allí dentro, invadido por la paz y la calma que desprende el templo. Como curiosidad, cabe mencionar las biblias que se sitúan sobre los bancos, destinadas al uso de los fieles. Están impresas en gaélico, antigua lengua sobre la cual ya hablé en mi post Sur de Gales, y por la que siento una profunda curiosidad, respeto y admiración.

Continuando por la carretera A5 (la misma que nos había traído hasta aquí), y muy cerca de la propia localidad de Betws-y-Coed, visitamos las Swallow Falls, cuya oculta entrada se encuentra frente al hotel del mismo nombre. Estamos hablando de un conjunto de cascadas bastante bonitas pero prescindibles, pues aunque no pagamos por aparcar, tuvimos que abonar £1,50 por persona para poder acceder (a través de un sistema de tornos parecido al del metro). El lugar, rodeado de un bosque bastante frondoso, es agradable, pero no muy diferente a los miles de parajes gratuitos que podemos contemplar en Snowdonia.

Biblia impresa en gaélico

Biblia impresa en gaélico

Tras la visita, regresaríamos a Betws-y-Coed para tomar la carretera A470 en dirección norte hasta la pequeña población de Rowen, donde se encontraba el albergue en el que habíamos reservado la única noche que pasaríamos en Snowdonia: el YHA Rowen. En caso de llegar en coche, el acceso es pésimo. Las estrechísimas calles de doble sentido de circulación de Rowen constituyen el primer inconveniente. Después, y si no disponemos de un 4×4 preparado para el mismísimo rally Dakar, es preferible dejar el vehículo frente a la entrada de una granja que se ubica al comenzar la brutal subida de la colina en la que se ubica el albergue. Desde allí, se debe comenzar el ascenso a pie durante unos 10 minutos hasta la antigua casa. Cierto es que en el e-mail de confirmación al hacer la reserva ya avisan de este hecho. Afortunadamente, aún quedaban unas pocas horas de luz. En caso de llegar en horario nocturno, tendremos que hacer uso de la linterna de nuestro teléfono móvil, pues la iluminación es completamente inexistente.

Arrancando el día en el YHA Rowen

Arrancando el día en el YHA Rowen

Si, una vez salvados estos obstáculos, logramos llegar al albergue, nos encontraremos con un lugar muy agradable, en lo alto de una colina rodeada de naturaleza. Nuestra habitación doble (£36 incluyendo los £3 de descuento por la membresía de Hostelling International) es bastante correcta, a pesar de que la cerradura no funciona demasiado bien. Los baños y duchas compartidas están en buen estado. Las zonas comunes son muy agradables, y aunque el desayuno no está incluido (hay bolsas individuales para preparar té y café disponibles), nos encontramos con una de las cocinas más completas y bien cuidadas que hemos podido observar en un albergue europeo.

Tras instalarnos en nuestra habitación, aún tendríamos tiempo de visitar la cercana localidad de Conwy, enclavada en la desembocadura donde el río del mismo nombre se abre al mar de Irlanda, ya prácticamente fuera del límite norte del Parque Nacional de Snowdonia. Conwy es una ciudad medieval que fue amurallada en el siglo XIII y que cuenta con una larga y rica historia. Hoy en día posee alrededor de 15.000 habitantes y es una de las localidades más visitadas del norte de Gales, pues el estado de su muralla, su castillo y sus calles es más que aceptable. Su ambiente marítimo-fluvial y pesquero también juega un papel importante en su atractivo. Con todo y con ello, sus calles ya se encontraban prácticamente vacías a esas horas de la tarde. Así, dando un paseo por el siglo XIII, despediríamos las últimas luces del crepúsculo en medio de un silencio que parecía invocar tiempos pasados…

Castillo de Conwy

Castillo de Conwy

Tras el atardecer, nos dispondríamos a cenar en el restaurante The Bridge, situado frente al Castillo de Conwy, ofreciendo vistas del mismo desde las ventanas de uno de sus laterales. Lateral que elegiríamos para sentarnos. Como no podía ser de otra manera en un pub de innegable estilo británico, y ciertamente agradable, pediríamos un par de medias pintas de cerveza local para acompañar un plato de “fish and chips” y otro de carne de ternera (£22 en total). Tras la cena, pondríamos rumbo al albergue nuevamente para dar por concluido el día y reponer fuerzas para nuestra segunda jornada en Snowdonia, aquella que nos llevaría a divisar las cumbres más altas de Gales.

Amanecer en el YHA Rowen produce un sentimiento completamente distinto al que habíamos tenido al llegar. Un tímido sol, acompañado de nubes blanquecinas, nos da los buenos días. Un pequeño prado teñido de un vivo verdor y provisto de algunas mesas de madera se abre frente a la antigua casa y, desde allí, una impresionante y amplísima vista panorámica de los valles y las colinas que conforman el paisaje del noreste de Snowdonia se presenta ante nosotros. Preparamos un café y un té en la cocina del albergue y nos disponemos a disfrutar de semejante maravilla en las mesas exteriores de la casa. Inmejorable inicio del día…

De camino a Aber Falls...

De camino a Aber Falls…

Con las pilas cargadas, nos ponemos en marcha. Admirando la montañosa costa norte de Gales, Recorremos la autovía A55 hasta Abergwyngregyn, donde pretendíamos visitar la cascada de Aber Falls. Avanzamos con el coche hasta el parking habilitado para dicha visita, el cual, ¡cómo no!… es de pago… decidimos tentar a la suerte y no abonarlo, ya que no pretendemos estacionar demasiado tiempo. Más aún cuando los carteles informativos nos hablan sobre las 4 horas de caminata necesarias para completar el recorrido. Definitivamente no tenemos tiempo para ello si queremos culminar el resto de visitas planificadas para el día. Aún así, un pequeño paseo por las primeras fases del camino es muy agradable: bosque frondoso, riachuelos y un verdor espectacular. Naturaleza en estado puro.

Tras ello, retomaríamos la autovía hasta conectar con la carretera A5, donde comienza, sin ninguna duda, uno de los recorridos más impresionantes del Parque Nacional de Snowdonia. Uno de mis favoritos. Éste parte hacia el sur atravesando el idílico valle de Ogwen, regalándonos unas vistas absolutamente espectaculares. Es entonces cuando advertimos que estamos llegando a las proximidades de las cumbres más altas de Snowdonia y de todo Gales. Verde, verde y más verde. Sana sobredosis de prados y montañas mezclados con suma maestría. La naturaleza nunca deja de sorprendernos…

Valle de Ogwen

Valle de Ogwen

Así, tras varias paradas para contemplar el paisaje con la tranquilidad que un lugar así merece, llegaríamos hasta el Ogwen Cottage, punto desde el que se pueden iniciar gran cantidad de rutas de senderismo por la zona. ¡Sorpresa! ¡el parking es de pago! Fiel al prototipo de turismo en Reino Unido… nosotros, por nuestra parte, en nuestra incesante lucha por encontrar aparcamiento gratuito, obtendríamos nuestra recompensa tomando el camino que parte hacia el oeste. Desde el Ogwen Cottage, pues, iniciaríamos a pie la cómoda ruta que conduce hasta Llyn Idwal, una laguna enclavada en un paisaje soberbio, dominado por una enorme ladera de origen glaciar denominada Cwm Idwal, la cual cae vertiginosamente hasta el nivel del agua. Una pequeña cascada acompaña la verticalidad de la ladera para alimentar al pequeño lago. No pude evitar recordad en este momento la laguna de Peñalara de mi Madrid natal, pues en mi memoria permanece con una estampa similar a la de Llyn Idwal… momento nostálgico donde los haya…

Laguna de Llyn Idwal

Laguna de Llyn Idwal

El destino nos regalaría apenas 10 minutos para contemplar semejante maravilla natural sentados sobre la orilla de la laguna, antes de comenzar con una ténue lluvia que se iría acentuando poco a poco, y que nos obligaría a iniciar el camino de vuelta al coche. Nuevamente motorizados, nos dirigiríamos a la localidad de Llanberis, uno de los principales centros turísticos de Snowdonia, atravesando así valles y montañas y llegando a divisar el pico más alto de Gales, el monte Snowdon (1085 m), parcialmente cubierto por la nubosidad. El principal atractivo de Llanberis es el tren que conduce hasta la cima de esta montaña. Es posible reservar los tickets con antelación a través de la página web de Snowdon Mountain Railway, por precios que oscilan entre £20 y £37 dependiendo de la época del año, la elección de tren diésel o el encanto del tren de vapor, ida o ida y vuelta (muchos visitantes deciden bajar a pie), etc.

Las dudas debido al elevado precio y a los imprevisibles cambios meteorológicos característicos de Gran Bretaña nos llevaron a no reservar ticket, y aunque finalmente salió el sol y el viento amainó, tampoco pudimos subir al monte Snowdon porque las plazas se agotan rápidamente en estas fechas. También existe la opción de subir y bajar a pie, aunque ya no disponíamos de tanto tiempo. De esta manera, sustituiríamos el tren por una comida en el Llygad Yr Haul Cafe de Llanberis, donde un par de platos combinados 100% británicos junto a un par de cervezas de jengibre sumarían £18.

Tren de vapor al monte Snowdon

Tren de vapor al monte Snowdon

Tras reponer fuerzas, proseguiríamos con nuestra ruta rumbo al sur. Impresionantes paisajes de montaña, bosque y lagos, incluyendo la mejor vista del monte Snowdon de todo el viaje, nos seguirían acompañando hasta la que pretendía ser nuestra próxima visita: la localidad de Portmeirion, en la cual ya dejamos atrás la zona más montañosa de Gales. Pero cuál sería nuestra sorpresa al descubrir que el acceso al pueblo cuesta nada menos que £8 por persona. ¡Sí, únicamente el acceso al pueblo! Sin incluir nada más. Un fraude en toda regla… Portmeirion trata de emular un pueblo italiano, y parece ser que más que una localidad en sí es algo parecido a un parque temático. Realmente no captamos muy bien el concepto. Decidimos que si queremos visitar un pueblo italiano, iremos a Italia en algún viaje futuro. Seguramente no nos cobren por acceder a los municipios… así pues, y sin dudarlo un momento, continuamos hasta nuestro último destino en Snowdonia: Harlech.

Helado galés frente al Castillo de Harlech

Helado galés frente al Castillo de Harlech

Ésta es una bonita localidad costera situada en la parte oeste del citado Parque Nacional, cerca de Portmeirion, pero en la cual no cobran por entrar, y en la que aparcamos gratuitamente en sus calles. Algo tan básico como eso ya nos parece todo un privilegio a estas alturas del viaje… Estacionamos muy cerca del indudable principal atractivo del pueblo: el Castillo de Harlech. Esta fortaleza data del siglo XIII y se encuentra en bastante buen estado de conservación. Su ubicación en la parte más alta de la villa fue elegida de manera inmejorable para controlar todo lo que pudiese suceder en la kilométrica playa que se extiendo bajo la localidad, así como a lo largo de varias millas tierra adentro. La panorámica de 360º que rodea al castillo es espectacular, encontramos un terreno mucho más abierto que deja ver los picos más altos del norte de Snowdonia en el horizonte.

¡Duelo de rubias!

¡Duelo de rubias!

Paramos a tomarnos un sabroso helado con bandera de Gales (£2,70) en la acogedora terraza del establecimiento The Castle Creamery, situado prácticamente frente al castillo. Tras ello, descenderíamos a despedir Snowdonia desde la tan gigantesca como hermosa playa de Harlech, no sin antes hacer un alto en el camino para saludar a un amistoso y señorial pony que pretendía competir en belleza con el cabello rubio platino de Monika, y que vive rodeado de un paraje espectacular. Atravesar la vía del tren que recorre la costa y pisar la arena de aquella enorme y solitaria playa produciría inmediatamente la invasión de un sentimiento inigualable de libertad en mi ser.

Una despedida frente al mar siempre despierta sentimientos especiales, y un paraje como este no iba a ser, para nada, una excepción…

Maravillas de Gales

Maravillas de Gales

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